domingo, 5 de mayo de 2013

Crisis española y los tabúes del 15-M (I de III)


Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las corporaciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron. El poder de emisión debe ser arrebatado a los bancos y restaurado al pueblo, al que pertenece legítimamente.
 (Thomas Jefferson).

Un poder inmenso y una despótica dominación económica están concentrados en manos de unos pocos. Este poder deviene particularmente irresistible cuando es ejercido por los que, controlando el dinero, gobiernan el crédito y determinan su concesión. Ellos suministran, por así decirlo, la sangre de todo el cuerpo económico, y la retiran cuando les conviene: como si estuviera en sus manos el alma de la producción de manera que nadie ose respirar contra su voluntad.
 (S. S. Pío XI).




ÍNDICE

PRIMERA PARTE
- LA GLOBALIZACIÓN
- DESLOCALIZACIÓN EMPRESARIAL
- EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL
- MONOPOLISTA BIPARTIDISTA
- "LA CASTA", O COSTRA NOSTRA —PRIVILEGIOS DE LA NUEVA ARISTOCRACIA ESPAÑOLA
- LA BURBUJA ESTUDIANTIL
- LA INMIGRACIÓN ES LA PUNTA DE LANZA DE LA GLOBALIZACIÓN PARA DESTRUIR EL MERCADO LABORAL, LOS SERVICIOS SOCIALES Y LAS CLASES TRABAJADORAS DE OCCIDENTE
- OTRAS VENAS ABIERTAS DEL ESTADO

- PALACIO, TEMPLO Y MERCADO
· Contra el Mercado y los mercaderes, el Estado y los estadistas
- CONTRA LA GLOBALIZACIÓN, AUTARQUÍA Y SOBERANÍA
- ENERGÍA NUCLEAR: SOLUCIÓN PROVISIONAL AL PROBLEMA ENERGÉTICO
- SEGURIDAD CIUDADANA Y CÓDIGO PENAL
· Derecho a la legítima defensa
· Sistema penitenciario
- LA CRISIS NO ES SOLO ECONÓMICA NI SOLO ESPAÑOLA —DECADENCIA DE OCCIDENTE
· Crisis biológica
· Crisis antropológica
· Crisis étnica
· Crisis moral, ideológica y espiritual
· Crisis sexual
· Crisis medioambiental
· Crisis demográfica

- EL CONSUMISMO ES UNA ENFERMEDAD MENTAL
- AUSTERIDAD
- LA BURBUJA MULTICULTURAL —MITO Y BOMBA DE RELOJERÍA
· La fuente ideológica del multiculturalismo, o los traidores útiles
- ¿ES EL 15-M UN INVENTO DE LOS GLOBALISTAS?
· El concepto de las "alternativas controladas"
· Personas y grupos claves para entender el 15-M
· Ideología, filosofía y base social del 15-M
· Conclusiones sobre el 15-M
- POLÍTICA EXTERIOR
- EL FRANQUISMO A TRAVÉS DEL RETROVISOR
- QUÉ CAMINO PARA ESPAÑA


La crisis mundial en general, y la burbuja inmobiliaria en el caso particular de España, ha forzado a muchas personas a interesarse por la economía. Han circulado correos electrónicos, la gente ha hablado, la información ha corrido y, poco a poco, van formándose una serie de conclusiones en las mentes de una masa humana que crece cada día. Va tomando forma, entre otras, la idea de que el Mercado (grandes empresas, grupos financieros) le está haciendo la guerra total al Estado (el pueblo, los contribuyentes).

De lo primero que va quedando claro es que el mundo no está gobernado por los políticos o los votantes, sino por una pequeñísima casta de sociópatas y neuróticos, establecidos en Nueva York, Londres, Frankfurt y otros grandes centros de la finanza y la contaminación. Estos señores se pasan la vida entre paredes, carrocerías y fuselajes, por lo que están hundidos en la materia y han perdido el sentido natural de la vida hace mucho. El objetivo de estos sapos es rebelarse contra el orden natural de las cosas, abolir los pueblos y constituir un gobierno mundial, un banco mundial, una moneda mundial, una religión mundial y una sociedad mundial. Es lógico que, para conseguir eso, provoquen la caída de los gobiernos, bancos, monedas, religiones y sociedades preexistentes, y lleven hasta sus últimas consecuencias el proceso de domesticación humana comenzado por la revolución neolítica. 

La actual crisis económica (junto con las "revueltas" en el mundo árabe y otros movimientos geoestratégicos) forma parte de este plan de dominio político y económico del mundo por parte de unos pocos. El planteamiento es sencillo: los grandes financieros se dedican a inflar burbujas (deuda, inflación, ladrillo, inmigración, universidades, másteres, energías renovables, clubs de fútbol) que luego se encargarán de pinchar en el justo momento que mejor convenga a sus fines. Estos depredadores mercantiles quieren ser los únicos detentadores de riqueza y poder del mundo. Para ello, deben tercermundizar al resto del planeta, y para esto deben, a su vez, concentrar cada vez más dinero, recursos y medios de producción en cada vez menos manos. Los que salen peor parados en este proceso son los miembros de las clases medias occidentales, que serán proletarizados, y las clases bajas, que se ven prácticamente esclavizadas. A esta masiva operación de confiscación de riqueza, se le ha dado en llamar "crisis". En este artículo, prestaremos atención a las diversas cabezas de esta hidra, sin perder de vista que los enemigos verdaderos y absolutos de todos los pueblos y razas del planeta sin excepción, son los mundialistas acorbatados, los yonquis del poder que conforman la plutocracia internacional.



LA GLOBALIZACIÓN

"Globalización" consiste en que el conjunto de mercaderes de las grandes urbes internacionalistas, decide gobernar el mundo entero como si de una enorme empresa se tratase. Las exigencias de esta mega-empresa global son acabar con todo tipo de fronteras, restricciones, particularidades territoriales, culturas tradicionales, soberanías nacionales o identidades étnicas. Como una secta, la globalización extirpa al individuo de su marco ancestral y territorial, plantándolo de sopetón en una nueva sociedad gris, igualitaria y mentalmente uniforme, y encargándose de lavarle el cerebro para que jamás vuelva la cabeza hacia atrás: sólo puede aceptar la esclavitud quien no conoce otra cosa.

La globalización pide que los aparatos estatales sean organismos cada vez más débiles, corruptos, dependientes, decadentes y endeudados, que los Estados carezcan de un carácter autosuficiente, étnico y nacional, y que se vean subordinados a organismos mundialistas (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central Europeo, Naciones Unidas, Unión Europea, diversos bancos extranjeros, logias paramasónicas, think-tanks, etc.) para que no defiendan sus propios intereses, integrándose sin rechistar en las directrices cuasi-dictatoriales de los mercachifles de Wall Street, la City y Frankfurt.

La globalización exige también una libre circulación de productos, empresas, mano de obra, materias primas, información e ideas. Cuando estos recursos se hallan en manos de un Estado hermético y éste no quiere regalarlos, ni siquiera bajo soborno, a las megaempresas transnacionales, la maquinaria mundialista le hace la guerra a ese Estado, hasta que logra "liberalizar" sus recursos y ponerlos en circulación por la red global en lugar de permitir que los beneficios vayan a mejorar las condiciones de vida del pueblo de turno. En la práctica, "los mercados" cogen al país de turno, lo abren de piernas, lo violan en todas las posturas del Kamasutra, lo saquean y venden sus recursos al gran capitalista de turno.

¿Por qué hay tropas españolas estacionadas en Afganistán y Líbano y no en el Sahara Occidental? ¿Por qué traemos manzanas de Chile o naranjas de Argelia, gastando una millonada en queroseno y petróleo (y liquidando todo nuestro propio sector primario), cuando podríamos cultivarlas en el patio de la casa del vecino? ¿Por qué tenemos una dependencia total y absoluta del petróleo ajeno en lugar de producir nuestra propia energía? ¿Por qué están nuestras empresas buscando en el extranjero mano de obra más barata, dejándonos a nosotros en el paro? ¿Por qué se están llenando nuestras ciudades de negocios chinos? ¿Por qué se permite la entrada masiva de multinacionales y grandes empresas que se cargan sistemáticamente a las otrora dignas PYMEs y autónomos de barrio (cada día desaparecen una media de 268), creadores del 80% del empleo en España? Y finalmente, ¿por qué se ha inundado Occidente de esquiroles tercermundistas, dispuestos a trabajar por un sueldo ínfimo y en condiciones de esclavitud, hundiendo el mercado laboral de Occidente, destruyendo los derechos laborales que nuestros antepasados sólo conquistaron tras décadas de duras luchas obreras, y colonizándonos para diluir nuestra identidad popular? La globalización es la respuesta a todas estas preguntas.

Los procesos mundialistas siempre han venido de la mano de corporaciones multinacionales, poderosas entidades apátridas que flotan en el éter abstracto de "los mercados" como una compresa con alas, por encima del bien y del mal, y que ―a pesar de provocar guerras, crisis y cosas peores― no están sujetas a ley alguna, no responden ante nadie, mandan callar a los presidentes, manipulan a los pueblos, poseen mejor información que los servicios de Inteligencia y no le deben lealtad a ningún gobierno, antes bien, son los gobiernos los que (en las economías neoliberales capitalistas) trabajan para ellas.  



La primera multinacional no-terrenal, es decir, no atada a un pueblo ni a una nación, fue la Iglesia, cuya estrella prosperó a medida que declinaba la del Estado más fuerte de la época (el Imperio Romano). Rápidamente, la Iglesia se constituyó en una poderosa empresa económica, mediática, diplomática y de Inteligencia, hasta el punto de que influyó fuertemente en la geopolítica medieval, llegando a enfrentarse a otros poderes de carácter más estatal (como el Sacro Imperio). Su estrella comenzó a declinar con el auge del liberalismo y la formación de nuevos Estados fuertes y centralizados. Actualmente, los grandes consorcios comerciales y financieros son tan poderosos que están en condiciones de presionar, comprar o derrocar a los gobiernos que no les gustan, simplemente cerrando el grifo del petróleo, del gas, del cacao, del grano o del dinero, o cuando esto falla, difamando en los medios de comunicación, manipulando la opinión pública y empleando la fuerza de las armas mercenarias (pues los ejércitos modernos ya no defienden los intereses nacionales de sus pueblos, sino los intereses comerciales de las multinacionales) para defender sus intereses. 



DESLOCALIZACIÓN EMPRESARIAL

La deslocalización empresarial es uno de los efectos directos de la globalización. En la práctica, se reduce a "evasión de capital y medios de producción a países con mano de obra barata y sumisa".

Y es que "globalizar" implica liberalizar el mundo empresarial, permitiendo cualquier cosa con tal de obtener productos baratos que se produzcan y consuman a cada vez mayor velocidad. El efecto de esta política neoliberal ha sido que miles de empresas sin escrúpulos han abandonado sus lugares de origen en Occidente para instalarse en países orientales (China, India, Indonesia, Malasia, Bangladesh, etc.) donde la mano de obra es muchísimo más abundante, barata y sumisa que en el Primer Mundo.

El actual sistema busca instintivamente un filón a explotar, y cuando el filón se acaba o "pasa de moda", se dirige al siguiente como un ermitaño. Durante mucho tiempo, Occidente fue el filón a explotar. Ahora la consigna es mano de obra oprimible y empresas totalmente libres de cualquier regulación estatal: el nuevo filón es Asia Oriental. De ese modo, el capitalismo salvaje, despojado de ataduras, es el responsable directo del ascenso de China como superpotencia. Si en vez de una enorme economía global interdependiente existiesen infinidad de economías independientes, proteccionistas y "de circuito cerrado", China jamás habría pasado de la categoría de potencia regional.

En España, para esconder las cifras de paro provocadas por las deslocalizaciones empresariales y el desmantelamiento de nuestra potencia agrícola e industrial, el Gobierno (presionado siempre por "los mercados") ha subvencionado el turismo masivo, la hostelería, la burbuja inmobiliaria y la burbuja estudiantil, de la que hablaremos después. Con ello, el partido de turno ha logrado meter bajo las designaciones "obrero de la construcción" y "estudiante" a un montón de personas que no tenían perspectivas reales de trabajo, por la ausencia de una economía verdaderamente productiva. Era obvio que este panorama no podía prolongarse indefinidamente, pero eso poco importa en un sistema donde los gobernantes sólo piensan en términos de cuatro años como mucho.

Los empleos, y por tanto la riqueza, de la Civilización Occidental, están siendo transferidos masivamente a países que abusan de una mano de obra prácticamente esclava, poco imaginativa, dócil y que se conforma con muy poco.



EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL

El caciquismo, o fenómeno de los reinos de taifas, es uno de los problemas atávicos de España, que resurge una y otra vez en su Historia. España ha tenido también épocas centralistas, pero la organización actual, totalmente obsoleta, del territorio del Estado español, parece específicamente diseñada para evitar la formación de un Estado fuerte y centralizado.  

Actualmente, en España no hay un Estado, hay 17 estados en toda regla. Cada uno de estos mini-estados centrífugos tiene su propio aparato burocrático laberíntico, delegaciones, consejeros, empleados, formularios, "asesores", "vicesecretarios adjuntos", canales de TV, policías autonómicas, parlamentarios autonómicos, coches oficiales, sistema educativo, particularidades legislativas y hasta embajadas en el extranjero. En los últimos años, han ido aumentando en complejidad y tamaño (véase el caso de la Generalitat catalana). El trabajador español mantiene con su sudor una administración estatal, 17 autonómicas e infinidad de administraciones provinciales y locales. Probablemente los ciudadanos españoles de 1975 no tenían ni idea de lo cara que les iba a salir la "democracia".

Para mantener esta fastuosidad, basada en el endeudamiento público, obviamente hay que operar de espaldas al pueblo, lo cual implica el reclutamiento de toda una casta de políticos profesionales, redes clientelares, burócratas y otros chupópteros a nivel caciquil-regional. Muchos de estos ladrones de guante blanco sólo pueden perpetuarse en el poder predicando el separatismo, para lo cual, a su vez, necesitan promover la ignorancia histórica, la manipulación y la creación de todo un tenderete independentista. Por regla general, existen tres tipos de separatistas: los subvencionados que viven del negocio separatista, los que se creen las mentiras de los subvencionados, y los que le profesan a España un odio irracional y cuasi-religioso por el motivo que sea. Todos ellos están de una forma u otra relacionados con oligarquías capitalistas de Barcelona y de Bilbao, que junto con la oligarquía de Madrid, son las que gobiernan realmente el país.

Esta chapuza territorial tiene soluciones muy simples, que además le asestarían una buena puñalada a nuestra despreciable clase política, buena parte de la cual tendría que soltar la teta del Estado (es decir, del pueblo trabajador):

• Abolir el Estado de las Autonomías. Lo cual, dicho de paso, no equivale a abolir las identidades regionales, pues lo que se cuestiona no es la identidad de una región, ni siquiera su estatus de "nación", de "etnia" o de lo que se quiera, sino la viabilidad o conveniencia de que dichas regiones, naciones, etnias o como plazca llamarlas, se traduzcan en mini-estados. Las Comunidades Autónomas deben reciclarse en regiones subordinadas al Estado y cederle a éste la mayor parte de su poder y competencias, o bien delegar sus competencias en las diputaciones. Todo esto incluiría centralizar la administración, la sanidad, la educación (salvo en lo referente a las lenguas regionales), los reglamentos, las leyes, organismos medioambientales, etc. El sistema de organización territorial alemán (los länder) sería un buen modelo a imitar. Se necesita un Estado centralizado, que no centralista.

• Las diputaciones, de las cuales hay 48 en España, son otro lastre innecesario para el Estado, y por ende para los trabajadores que mantienen al Estado con sus impuestos. Las diputaciones deben disolverse, o bien suplantar a las autonomías. Además hay varias provincias que deberían desaparecer para fusionarse en mayores, como Ceuta, Melilla, las dos canarias o las tres vascas.

• Las comarcas. Otra institución inútil, cara y no elegida por el pueblo. Deberían reducirse sus competencias o suprimirse directamente.

• Los municipios son otro lastre fiscal, ya que cada municipio precisa de un ayuntamiento, cada uno de los cuales con su alcalde, sus concejales y burócratas de diverso pelaje, y todos ellos con sus coches oficiales, escoltas, "asesores", viajes oficiales pagados, comilonas oficiales pagadas, putas de lujo oficiales pagadas, deudas bancarias sin pagar y el resto de la panoplia a la que estamos acostumbrados. Queda claro que debería evitarse en lo posible la proliferación de municipios innecesarios. Pues bien, España tiene 8.116 municipios, por ende 8.116 ayuntamientos, 8.116 alcaldes, 65.000 concejales, 500.000 técnicos municipales y 100.000 asesores, todos ellos mantenidos por los impuestos del pueblo español trabajador. Existen casi 4.000 municipios de menos de 500 habitantes, y el 60% del total de municipios no supera los 1.000 habitantes. En estos recovecos burocráticos, pueden prosperar y prosperan, todo tipo de corruptelas, enchufismos, especulaciones, amiguismos, malversaciones y robos.

Para imponer un mínimo de cordura en este desastre bananero, deben disolverse la mayor parte de municipios, especialmente de poblaciones muy pequeñas o en la periferia de ciudades más grandes, y fusionarlos con los municipios cercanos más importantes. Un total de mil municipios es más que suficiente para garantizar una vertebración adecuada de las poblaciones del territorio español. Además, se deben recortar duramente las competencias de los ayuntamientos en materias como la recalificación de terrenos, que deberían ser cosa del gobierno regional, con aprobación previa del Gobierno central.

España no sería el primer país en poner coto a la proliferación de feudos caciquiles. En 2007, Dinamarca pasó de 271 municipios a 98, mientras que entre 1958 y 1974, Suecia redujo drásticamente sus municipios desde un total de 2.281 hasta 278. En 2010, debido a las medidas de recorte fiscal, Grecia se vio obligada a reducir sus municipios de 1.034 a 335, mientras que en Agosto de este año (2011), Italia ha hecho lo propio, suprimiendo 1.500 municipios y 36 provincias. Teniendo en cuenta que la situación económica española no está para tirar cohetes, y que el riesgo de intervención de nuestra economía es alto, alguien debería anticiparse, dar el paso que han dado los griegos y (esto es lo realmente amargo para la casta política) dejar en la calle a miles de parásitos públicos (en Italia se han suprimido 50.000 cargos). Todo ello supondría un inmenso alivio fiscal para el pueblo español trabajador, y un duro golpe para una casta política que se ha pasado de lista.



MONOPOLISMO BIPARTIDISTA

Hay que acabar con la estéril dicotomía "derechas vs. izquierdas". Esto hace mucho que no es una guerra entre partidos políticos, sino una guerra entre las "dos Españas". Y ahora estas "dos Españas" ya no tienen nada que ver con rojos y azules, o con moros y cristianos, o con partidos, o con frontera geográfica alguna, sino con el enfrentamiento de dos colectivos sociales perfectamente definidos y perfectamente separados:

1- El pueblo español trabajador. Gente que paga religiosamente sus impuestos, que crea riqueza de la nada con el sudor de su frente, que a menudo vive el día a día asfixiada por graves preocupaciones y que, por lo general, sólo aspiran a tener un hogar, fundar una familia, ser útiles a la sociedad, disfrutar de modestas satisfacciones cotidianas, ver crecer a sus hijos y vivir el resto de sus días con dignidad, dejándoles a sus descendientes un mundo justo en el que vale la pena vivir. Buena parte de esta gente ni siquiera conoce las prestaciones sociales a las que podrían tener derecho. Estas personas no son perfectas, pero con sus virtudes y defectos, constituyen la sustancia vital del país.

2- Los parásitos que viven del sudor del pueblo español trabajador. Minorías privilegiadas. Aquí cabe un amplísimo abanico de variedades parasitarias, desde banqueros, políticos, burocracias subvencionadas, trepas, estómagos agradecidos, patronales y sindicatos, hasta delincuentes, drogodependientes, vagos, enchufados, famosetes, "artistas" con carnet del PPSOE, ONGs, okupas, empresas público-privadas, gran proporción de periodistas, muchas madres solteras/divorciadas y la mayor parte de la inmigración tercermundista.

Sin embargo, esta polarización social no le conviene a la casta política, económica y mediática que vapulea y despluma a los trabajadores. Lo que le conviene a la casta es "divide y vencerás": partir al pueblo español trabajador en dos bandos opuestos para que jamás haga causa común contra los parásitos. Para mantener al pueblo dividido en bandos artificiales que no se corresponden con la realidad, se recurre a numerosas tácticas. No se puede promover que el pueblo se masacre mutuamente como hacen las tribus africanas o los cárteles mexicanos, pero sí se puede organizar un partido de fútbol del tipo Madrid-Barça, caldear el ambiente antes de una visita del Papa, azuzar la "lucha de sexos" con "leyes de género" anticonstitucionales, explotar la polémica de los toros o provocar a un colectivo de trabajadores (ayer controladores aéreos, mañana quizás médicos, profesores, policías, militares, camioneros o lo que cuadre) para luego suscitar antipatía y envidia hacia ellos.

En "Duelo a garrotazos", Goya inmortalizó uno de los rasgos característicos de la idiosincrasia española: el guerracivilismo. Actualmente, este fenómeno beneficia a la casta dirigente: mientras uno se pega con el de al lado, no se pega con el de arriba.

Sin embargo, la táctica más efectiva de división social es el bipartidismo, que recurre a memorias históricas y al fantasma de un dictador que murió hace 36 años, para provocar a ambos "bandos", hacer que se ponga a la defensiva y alcanzar la tensión necesaria para que el pueblo, electrizado, acuda en masa a las urnas. Los medios de comunicación caldean el ambiente para que las personas de uno y otro bando estén permanentemente "movilizadas", ofendidas y prestas a votar para auto-afirmarse. Con ello, mantienen el actual ciclo político. Los mismos políticos reconocen hasta qué punto les beneficia esta "tensión electoral", ya que de lo contrario, la participación bajaría en picado y no tendrían legitimidad para gobernar.

En España, los pilares gemelos del orden bipartidista son, a un lado, la izquierda ilusa, perrofláutica, progre, demagógica y afeminada del PSOE; y al otro lado, la derecha neoliberal, capitalista, hipócrita, rancia y explotadora del PP. Ambas columnas están de acuerdo en que este orden debe perpetuarse, ambas están de acuerdo con la globalización, ambas consideran que España debe llenarse de inmigrantes, que la presión fiscal sobre el pueblo trabajador debe aumentar y que hay que obedecer a los banqueros y a los mercaderes, quienes financian sus campañas y en cuyos pesebres comen dócilmente como cerdos. Desde luego, ambas columnas están totalmente de acuerdo en mantener sus jugosos privilegios, y hay muchas más semejanzas socioeconómicas entre dos políticos de signo contrario que entre un político y su votante medio.

Por todo esto, quienes entran en el juego "derechas vs. izquierdas", votando a uno de los partidos mayoritarios "para que no gane el otro", están contribuyendo a que la casta política-profesional que lleva estrangulando este país desde 1978, se mantenga en el poder, perpetuando esta pantomima.

Algunas soluciones para decapitar a este monstruo bicéfalo:

• No votar. Si se logra que haya un 20-30% de participación en unas elecciones, muchas cosas van a cambiar, ya que los políticos carecerán de legitimidad para gobernar. La insistencia de todos los políticos en que el pueblo vote, sea al partido que sea, patentiza bien lo importante que es para ellos que la gente lleve al cabo el ridículo y apolillado gesto de meter un papelito en una urna, creyéndose que con este gesto deciden el futuro de todo un país.

• Votar a un partido minoritario, preferiblemente anti-globalización, anti-capitalista y anti-inmigración. Esto destruiría la continuidad del circo burgués de derechas vs. izquierdas, desestabilizaría el panorama político, desarticularía las mafias partidistas que llevan décadas viviendo del chollo, y favorecería el ascenso de líderes conscientes de que están allí gracias al pueblo, y de que le deben a éste la autoridad y la legitimidad.

• Listas abiertas. Que cualquier ciudadano honrado de cualquier profesión (incluyendo mando militar) y con los méritos necesarios, pueda presentarse a puestos políticos, aun sin pertenecer a una mafia de políticos profesionales.

• Reforma de la ley electoral. La ley electoral actual está pensada para favorecer el monopolio bipartidista y de los partidos separatistas, ya que la composición del Congreso de los Diputados no es proporcional al número de votos recibido por cada partido. Se precisa una reforma para que el voto de cada ciudadano cuente igual sin importar de dónde proceda, y para que el Congreso refleje realmente las opciones de los votantes. 



"LA CASTA", O COSTRA NOSTRA PRIVILEGIOS DE LA NUEVA ARISTOCRACIA ESPAÑOLA

Nos indignamos cuando leemos que en el Antiguo Régimen había una sociedad estamental, con una minoría privilegiada de quizás el 3 ó 5% del total de la población. Sin embargo, actualmente también tenemos una sociedad estamental con una minoría privilegiada. La única diferencia es que el criterio que se sigue actualmente para jerarquizar a la sociedad es distinto ―y no necesariamente mejor que el que había en el Antiguo Régimen. La aristocracia de hoy es la aristocracia del dinero y del beneficio. Aquí podemos incluir a banqueros, famosillos, grandes empresarios, especuladores, comerciantes, traficantes, clubs de fútbol, etc., pero especialmente a los políticos, ya que son los únicos que elegimos nosotros, en su mano podría estar cambiar el panorama, y suelen traerse consigo todo un ecosistema de amiguetes, familiares, enchufados, favorecidos y otros (pagados siempre de nuestro bolsillo).

Cuando la Coalición invadió Afganistán en 2001, en seguida se dio cuenta de que necesitaba una serie de caciques locales que representasen adecuadamente los intereses atlantistas, haciendo de intermediarios entre los ocupadores y las tribus locales. Para lograr formar una casta obediente y adicta a la OTAN, los servicios de Inteligencia reclutaron a diversos jefecillos y les dieron casa, coche, muebles, policías, acciones empresariales, tierras, guardaespaldas, etc. Estos privilegios forjaron una clase social dependiente de las tropas de ocupación y permanentemente temerosa de perder sus beneficios, por lo cual colaboraron ávidamente con el Pentágono. Los gerifaltes de "los mercados" han hecho exactamente lo mismo en España con la casta de 80.000 paletos y codiciosos que forman nuestra clase política. Veremos a continuación por qué la casta política es un conjunto de ladrones que, sean del partido que sean, están de acuerdo en saquear el bolsillo del trabajador de a pie.



• Senado. Cámara inútil y cara, llena de sanguijuelas impresentables que desangran al pueblo trabajador (por ejemplo, con la escenita de los traductores de castellano-catalán a miles de euros la sesión). Noruega, Suecia y Dinamarca no tienen senado. Alemania, una locomotora económica de más de 80 millones de personas, sólo tiene 100 senadores, igual que Estados Unidos. En España, país con la mitad de población y con una economía calamitosa, mantenemos la friolera de 260 senadores, cada uno de los cuales disfruta de privilegios impensables para los políticos de otros países.

• Nepotismo. Cada político va colocando a miembros de su entorno, generalmente sin cualificación alguna, en puestos públicos con sueldos fabulosos pagados con el dinero de los contribuyentes, inventándoseempleos ficticios y "cargos de confianza" del tipo "secretario adjunto", "jefe de sección" o "asesor". Revisar, abolir y juzgar cada cargo según proceda.

• Gastos diplomáticos. España tiene más gastos diplomáticos que verdaderas superpotencias de la diplomacia como el Reino Unido. Esto incluye proyectos tan catetos como la embajada de Cataluña en Cuba.

• Otros: viajes pagados, cursos pagados (como estudiar el cultivo del plátano en Canarias, en hotel de cinco estrellas), regalos, mariscadas, comilonas, escoltas, tarjetas de crédito oficiales, coches oficiales (España tiene más coches oficiales que Estados Unidos; la comitiva del ex-presidente de Galicia, Emilio Pérez Touriño, tenía más coches que la de George Bush durante la misma época), pensiones vitalicias, sueldazos, prebendas, dietas, propinas, sobornos bajo la mesa, corruptelas, petardos mentales en puestos de alta responsabilidad y un larguísimo etc.

Un día se debería hacer recuento de cuánto nos cuesta exactamente la casta a los españoles, y procesar legalmente a todo aquel que se haya aprovechado de la burbuja partidocrática. Es necesaria una revolución en toda regla, que ponga a la idiocracia donde se merece. Una verdadera clase dirigente debería estar compuesta por individuos superdotados que renuncien a la propiedad privada, a los intereses empresariales y a acumular riqueza a título particular. Individuos patrióticos, altruistas, austeros e imbuidos de justicia social, seleccionados por sus méritos, celo y vocación, sin ego, sin deseos y sin codicia, realmente preocupados por el destino del pueblo trabajador, y habiendo tomado votos de pobreza comparables a los de los monjes-soldados del medievo. Una verdadera casta debería estar fuertemente regimentada y tener una disciplina mucho más rígida que el ciudadano medio, ya que el pueblo siempre atiende al ejemplo de la clase dirigente. Cuando murió Ayatolá Jomeini, se descubrió que las únicas propiedades personales del hombre más poderoso de Irán eran sus túnicas y turbantes, una casa modesta en su pueblo natal, un huerto y su calzado.

Algunas medidas que les cortarían las alas a los parásitos de la casta:

• Reorganización territorial en lo que concierne a autonomías, diputaciones, comarcas y municipios. Nos desharíamos de buena parte de los políticos, burócratas y otras sanguijuelas que lastran nuestra Administración.

• Abolir el Senado nos ahorraría 3.500 millones de euros cada año, lo bastante como para pagarles el sueldo a 250.000 mileuristas.

• Reforma de la ley de financiación de partidos. Un partido o un sindicato no debe vivir mamando de la teta del Estado, ni aceptar que grandes corporaciones empresariales financien sus campañas electorales con el objetivo de influir en la política. Un partido debería vivir de las cuotas de sus miembros, de pequeños negocios y si acaso de una contribución voluntaria de cada trabajador a la hora de hacer la declaración de Hacienda, al igual que pasa con la Iglesia. Asimismo, los partidos deberían publicar sus ingresos y gastos, para que su gestión sea totalmente transparente, y se debería prohibir que un cargo político cobrase más de un sueldo público (incluyendo el que paga el partido a sus cargos). Asimismo, todos los políticos deberían ser investigados en busca de irregularidades económicas o actividades empresariales paralelas a su actividad política, y se debería prohibir que un político entre a desempeñar puestos en empresas importantes después de su servicio, so pena de que la política se convierta en un trampolín para catapultar a los trepas a puestos directivos del mundo empresarial.

• Ley de transparencia y acceso a la información pública. España es uno de cinco países de la UE que no garantizan el derecho de sus ciudadanos a saber qué diablos se hace con sus impuestos. 



LA BURBUJA ESTUDIANTIL

Formar a una generación en educación superior es imprescindible para un país. Lo que no tiene nombre es la situación de la España actual, en la que parece que absolutamente todos los jóvenes deben ir a la universidad, incluso aquellos que manifiestamente no tienen vocación alguna para el estudio. A la casta le ha convenido meter en la universidad hasta a verdaderos zopencos, ya que así, en lugar de ser jóvenes parados y cabreados que gastan y consumen poco, se convierten en estudiantes, es decir, en consumidores satisfechos que no hacen preguntas, que no conocen la verdadera realidad social del pueblo trabajador y que siguen manteniendo en marcha al sistema actual. Los padres españoles, por su parte, tienen la noción de que, si su hijo trabaja, es una señal de "paletismo" o bajo poder adquisitivo, y que para ser "gente de bien", el hijo tiene que cursar estudios universitarios, incluso si ello consiste actualmente en ponerse ciego en el botellón y luego ir directo al paro o al empleo precario.

Los estudiantes universitarios tienen un par de particularidades que exigen ser reconocidas por los ingenieros sociales: por un lado, son jóvenes y tienen ―o se les presupone― más energías que otros grupos de edad. Y por otro lado, tienen, o se les presupone de nuevo, una cultura por encima de la media. Estos dos factores convierten a los estudiantes en un "grupo sensible" a cuestionar el orden establecido y a pensar de forma crítica, por lo cual se les debe atontar, satisfacer y afeminar. Con vistas a ello, el mundillo universitario actual mantiene a toda una infraestructura de pan y circo, orientada a exprimir económicamente a las familias de los estudiantes, mermar la fuerza de la juventud y retrasar el inevitable momento en el que los jóvenes se den cuenta de que su futuro no es tan brillante como les vendieron. A todo este proceso le podemos llamar "burbuja estudiantil".

La burbuja estudiantil, igual que la inmobiliaria, ha servido durante mucho tiempo para ocultar las cifras reales de paro, y para mantener toda una sub-economía de sindicatos, burócratas, funcionarios, becas, cursillos, tasas, locales nocturnos, moda, conferenciantes, títulos de grado, copisterías, etc. Particularmente sangrante es el caso de las becas, que, pagadas por el pueblo español trabajador, se gastan principalmente en alcohol (en el caso de los estudiantes), en ropa (en el caso de las estudiantas) y en pisos de alquiler, buena parte de los cuales se encuadra en la economía sumergida o de otros países, por lo cual estas inversiones astronómicas no redundan en beneficio alguno para España. A día de hoy, a un licenciado universitario le esperan varios posibles destinos:

• El paro.

• Mileurista amargado o empleado precario. Cajeras de supermercado, dependientas, camareros, oficinistas, administrativos y similares, a menudo en puestos que nada tienen que ver con la carrera que escogieron.

• Enchufado, suertudo o individuo excepcional. Minoría que ha conseguido un buen trabajo, acorde con su titulación. Sangrante en el caso de los enchufados, ya que no han obtenido el trabajo por sus méritos.

• Trabajo brillante en el extranjero. Este caso también es sangrante, ya que el Estado (es decir, los españoles que pagan impuestos) ha invertido un dinero en la formación de un trabajador cualificado, pero será otro país (Alemania y países iberoamericanos especialmente) el que coseche los beneficios. La fuga de cerebros se debe al enchufismo imperante en nuestro país, al modelo económico basado en construcción, turismo y hostelería, y al paletismo incapaz de reconocer al verdadero talento. Por desgracia, nos hemos montado una nación que es el paraíso de la incultura y la vulgaridad, siendo el ambiente demasiado hostil para que prosperen los cerebros aventajados.

Otro aspecto de la burbuja estudiantil es la enorme cantidad de centros educativos que se construyeron durante la escolarización de la generación del "baby boom", y todos los puestos docentes que se convocaron. La consecuencia es que habrá que cerrar centros, despedir profesores y decirles a los que están esperando a la cola de las oposiciones que "mala suerte".

La solución a la burbuja estudiantil es que sólo los jóvenes con vocación y con nivel académico cursen estudios superiores, independientemente del poder adquisitivo de su familia, y que sólo los más brillantes de ellos puedan percibir becas. El resto de jóvenes no debe ser sobreeducado por encima de su intelecto ―ya que ello produce una indigestión del saber y da lugar al esnobismo, al gafapastismo y a la imbecilidad― sino que debe prepararse para trabajar en el seno de una economía productiva real, en la que no sirve de nada hacer análisis sintácticos, raíces cuadradas e infinidad de zarandajas (que con el paso del tiempo se olvidan en más de un 90%), si uno ni siquiera sabe hablar, leer, escribir, obedecer, mandar o trabajar con las manos adecuadamente. Las carreras sin futuro deben suspenderse, al menos temporalmente, así como las facultades que las enseñan. También debe cortarse el grifo a sindicatos y actividades de las facultades subvencionadas con dinero público.



LA INMIGRACIÓN ES LA PUNTA DE LANZA DE LA GLOBALIZACIÓN PARA DESTRUIR EL MERCADO LABORAL, LOS SERVICIOS SOCIALES Y LAS CLASES TRABAJADORAS DE OCCIDENTE

Si los actuales progres de sofá hubiesen leído a Marx, sabrían que, a un aumento de la cantidad de mano de obra le sigue una caída de los salarios (dumping laboral): una manifestación de la ley de oferta y demanda. Tanto la productividad económica como el sueldo medio, dependen actualmente del capital invertido en cada puesto de trabajo. Cuando se introducen en la economía nacional a millones de personas que no traen capital, los sueldos bajan automáticamente, del mismo modo que cuando llega de visita un jeque de un petro-régimen árabe a una ciudad, los sueldos de esa ciudad suben.

Por razones obvias, a los grandes depredadores capitalistas les conviene tener una mano de obra muy abundante y muy barata. Para lograr esta mano de obra abundante y barata, han promovido cuatro procesos históricos:

1- La emigración del campo a la ciudad durante la etapa del capitalismo industrial. Para ello fue necesario desmontar (mediante revoluciones liberales, desamortizaciones y expropiaciones), las estructuras económicas y políticas del Antiguo Régimen, que eran eminentemente rurales. El efecto de este proceso fue la aparición del proletariado, el crecimiento descomunal del mundo urbano, la pérdida de las tradiciones ancestrales y el auge de las enfermedades mentales.

2- La entrada de la mujer en el mercado laboral durante la etapa del capitalismo comercial. Desde los tiempos de la "liberación femenina" [1], la mano de obra se ha duplicado, el consumo ha crecido exponencialmente, los costes de producción (por ende los precios) se han abaratado y los sueldos se han reducido a la mitad de su poder adquisitivo o más. Como efectos secundarios sociales, la natalidad ha caído en picado, los hijos están en manos del sistema educativo y de los medios de comunicación, y tanto la vida familiar como las identidades sexuales están siendo desmanteladas.

3- La inmigración tercermundista y la deslocalización empresarial durante la actual etapa del capitalismo: la de la globalización. Se trata de un último intento de buscar mano de obra abundante y barata para poder mantener el crecimiento ficticio de unas cifras abstractas que nunca redundan en un beneficio real para el pueblo. En este apartado nos concentraremos en cómo beneficia la inmigración a los grandes empresarios.

El capitalismo no quiere trabajadores caros que exijan buenas condiciones laborales y que tiendan a repartir la riqueza del país de forma equitativa. El capitalismo desea trabajadores dóciles, dispuestos a trabajar hasta la muerte por un mísero cuenco de arroz. Actualmente, los únicos lugares donde se puede encontrar mano de obra vapuleable a millones es fuera del Primer Mundo. China se ha convertido en la tierra prometida de la deslocalización industrial, pero también Occidente se ha convertido en la tierra prometida de las masas tercermudistas, atraídas por multinacionales codiciosas que se cubren de beneficios a costa del pueblo autóctono, y por políticas "solidarias" completamente divorciadas de la realidad.

Desde que llegaron los inmigrantes, quedó claro que en sus países de origen no había habido grandes luchas sociales, por lo cual aceptaban términos de contratación que para cualquier autóctono serían insultantes. Los inmigrantes no pedían seguro médico, horas extra pagadas, 30 días de vacaciones al año, bajas por maternidad, excedencias y otras "mariconadas" que encarecen los costes de contratación y por tanto de producción. La consecuencia es que los sueldos han bajado y el mercado laboral autóctono se ha hundido. Donde antes el empresario tenía que aceptar a regañadientes a un trabajador español exigente, ahora puede decirle "700 euros al mes o te vas a la calle, que fuera hay cuarenta ecuatorianos y cincuenta magrebíes esperando". De esa manera, mientras la vida se encarecía cada vez más por la inflación, los sueldos simplemente no subieron. La consecuencia de este estado de cosas es que la inmigración no ha supuesto un reparto de riqueza, sino un reparto de pobreza. La riqueza perdida por el pueblo trabajador autóctono se la ha embolsado una pequeñísima élite de grandes empresarios, usureros y especuladores.

La ley de la oferta y la demanda en el mercado laboral capitalista, llevada al extremo.

Por poner un ejemplo, digamos que la entrada de la inmigración ha supuesto que los salarios no subiesen a (seamos muy generosos) 100 euros más al mes. Con catorce pagas anuales, nos colocaríamos en 1400 euros al año que se han ahorrado las empresas por trabajador. Volvamos a ser generosos y presupongamos que el dumping laboral "sólo" ha afectado a 10 millones de trabajadores: resulta que las empresas se ahorran 14 mil millones de euros al año. Si multiplicamos eso por los años que van desde el 2000 hasta el 2008, nos encontraríamos conque los empresarios se han ahorrado en ocho años 112.000 millones de euros (y si tomamos el periodo 1996-2012, ya estaríamos hablando del doble). Esta cifra puede no decirnos gran cosa a quienes no estamos acostumbrados a concebir estos números en términos económicos. Para comprenderla, la producción petrolera anual de Kuwait asciende a 90.000 millones de euros. La recaudación del tesoro público español en un año es de 100.000 millones de euros. Google pagó 8.700 millones por Motorola. Los gastos en pensiones en España son de 6.600 millones de euros, el presupuesto para educación es de 3.000 millones y el subsidio de paro de 420 euros nos cuesta 1.300 millones al año. Si pensamos en la cantidad de guerras que se libran debido a unos beneficios petroleros de unos pocos miles de millones de euros, entendemos el enorme interés que tiene el capitalismo en mantener el descomunal negocio de la inmigración y que nadie lo cuestione.

De hecho, los intereses económicos involucrados en la inmigración son tan fuertes que se han procurado todo un aparato defensivo cultural: quien delata este estado de cosas, es calificado con vocablos acuñados artificialmente por políticos y magnates mediáticos, como el consabido "xenófobo". Es la equivalencia moderna del "hereje" medieval: una palabra-comodín para apelar al lado irracional-instintivo y quitarse a un oponente molesto del medio cuando faltan los argumentos racionales. Hay que dejarse de retóricas obsoletas, la realidad es que los perjudicados por el multiculturalismo son los obreros nacionales, y los beneficiados han sido los grandes oligarcas capitalistas, siendo ellos los que utilizan la palabra-tótem "xenofobia" y los que menean el espantajo del "racismo" para que nadie critique sus políticas económicas criminales.

Vemos la acción de estos oligarcas en la iniciativa Programa Empresa e Inmigración (2006), en la que unos cuantos grandes consorcios capitalistas (principalmente bancos, multinacionales explotadoras, empresas de trabajo temporal y otras grandes fortunas) pedían más inmigración en España. Estos consorcios eran: Bancaja, Banco Santander, Banesto, BBK, BBVA, Caja Navarra, Cajasol, Coca-Cola España, Corporación Grupo Norte, Correos, Deutsche Bank, El Corte Inglés, Grupo Banco Popular, Grupo Eulen, Grupo Redur, Grupo Vips, Iberia, La Caixa, Manpower, PeopleMatters, Prosegur, Randstad, Sol Meliá. Un año después, los asociados se habían ampliado a 121 [2]. Son este tipo de consorcios los que realmente están detrás de la inmigración y las regularizaciones masivas en Europa, utilizando sus lobbies de presión para importar hordas de trabajadores tercermundistas como si de esquiroles se tratasen, con el fin de hundir las condiciones de trabajo, disolver las molestas identidades étnicas europeas y apropiarse de los fondos sociales en manos del Estado (los inmigrantes reciben ayudas del Estado, pero ese dinero acaba en manos de mega-empresas privadas, que es de lo que se trata). Seguir pidiendo más inmigrantes cuando hay 5 millones de parados en nuestro país sólo es explicable si estas mafias criminales buscan crear un inmenso "dumping social", es decir, fraguar una sociedad en la que el valor de cada individuo tienda a cero.

Los costes de la inmigración (para el Estado, que no para el Mercado) son harina de otro costal. Las leyes de extranjería implantadas por los plutócratas son de risa. España es el país europeo con la mayor tasa de paro… pero también el que más inmigrantes ha aceptado en los últimos años, como si nos sobraran puestos de trabajo. Somos el único país europeo en el que se permite a los inmigrantes empadronarse en un municipio sin tener tarjeta de residencia, y donde se les concede automáticamente acceso a los servicios básicos (educación, sanidad y otras ayudas) simplemente por estar allí. Los inmigrantes a menudo están muy informados (ONGs y otras fundaciones mediante: Cáritas, Cruz Roja, Secretariado Gitano, etc.) y saben muy bien cómo aprovecharse de las ayudas sociales (y ver aquí). A muchos de ellos se les concede automáticamente paga de 1.000 euros al mes, un suplemento de 350 € por cada hijo, PIRMI, cheques-bebé, tarjeta sanitaria, vivienda de protección oficial (en Cataluña el 90% de estas viviendas se concede a inmigrantes, y una buena porción del 10% restante a gitanos e inmigrantes nacionalizados), guardería gratuita para sus hijos, un "asistente social" para llevarlos a la guardería si los padres no pueden, carné de conducir gratis, un trabajo fijo, consejos para tramitar la apertura de un negocio, exenciones de impuestos, desgravaciones fiscales, vales para comer gratis, cheques alimentarios, comedor escolar para los niños y posibilidad de traerse de su país a toda su familia, cosa que probablemente harán (efecto llamada). El inmigrante medio disfruta, en suma, de unas prestaciones sociales que el español medio no puede ni concebir, simplemente por el color de su piel o su procedencia. A este racismo a la inversa se le llama "discriminación positiva".



Nos encontramos, por tanto, con bolsas sociales de millones de personas (y no sólo inmigrantes, sino también gitanos y españoles) que no tienen necesidad alguna de matarse a estudiar para matarse a trabajar para ganar un sueldo de miseria. Es más fácil vivir de rentas, trapichear con droga, robar carteras o bolsos a punta de pincho, trabajar de vez en cuando en negro, ir de víctimas, echarle la culpa de todo al "sistema" y al pueblo español, lloriquearle a los servicios sociales y andar por la vida con zapatillas de marca, ropa de marca, móviles sofisticados y mejores coches que los trabajadores españoles que se parten el espinazo para pagarlos, y a los que la Administración les dice que no hay dinero y que hay que recortarles el sueldo y las pensiones. Otro de los obvios problemas de tener a todo un sector social dependiente de subsidios es que, cuando haya que meterles tijeretazo a dichos subsidios (y el momento llegará), se producirán graves conflictos. La situación es una receta para el desastre, y el desenlace traumático está 100% garantizado.

De más de 7 millones de inmigrantes que tenemos, sólo 1,8 millones [3] cotizan a la Seguridad Social. El resto no vive de su trabajo, sino del trabajo del pueblo español, disfrutando de sanidad pagada, educación pagada, uso de infraestructuras públicas e infinidad de prestaciones sociales. En la práctica, el pueblo español trabaja para ellos y es su esclavo. En términos más indignantes, podemos decir que el pueblo español trabajador está pasando graves penurias para pagar de su bolsillo a las personas que lo están agrediendo, desplumando, robando, violando, asesinando, insultando, despreciando, amenazando y odiando. Pero en última instancia, los españoles trabajan para los banqueros y empresarios que han traído la inmigración, ya que es en sus manos donde acaba la mayor parte del dinero arrancado al pueblo y dilapidado por el Estado.

Obviamente, una idea que es un desastre social en toda regla nunca echa raíces si no tiene algún tipo de gancho. En el caso de la inmigración, el gancho se dirige ¡a los empresarios: mano de obra barata y sumisa. Otros ganchos menores iban dirigidos al público crédulo y buenista: los inmigrantes vienen generosamente a pagarnos las pensiones (habría que preguntar qué pensiones paga un senegalés que está en paro y no cotiza a la Seguridad Social, o un rumano que cobra subsidios de España pero vive en Rumanía, o un marroquí que no sabe leer o escribir, trabaja seis meses en España, se apunta al paro y vuelve a su país para traerse a toda su familia), a trabajar en los trabajos que nosotros no queremos (resulta que antes de la inmigración, los suelos se fregaban solos, los nabos se arrancaban solos del suelo y las copas volaban solas a las mesas de los clientes) y a aportar un toque de color en nuestra aburrida y monolítica homogeneidad étnica (como si la identidad no fuese un factor de vertebración para cualquier país).

La inmigración paga al Estado, siendo generosos, 5.000 millones de euros en impuestos, mientras que el Estado gasta 13.000 millones sólo en su educación y sanidad, sin contar problemas de seguridad ciudadana, ayudas sociales, trabajo negro, atención a drogodependientes, reaparición de enfermedades erradicadas en Europa hace tiempo, puestos de trabajo irregulares, no-cualificados y de cuestionable creación de riqueza (prostitutas, vendedores de top-manta, vendedor de kleenex en semáforos, vendedor de flores ambulante, vendedor de objetos falsificados y/o robados, aparcacoches, masajistas, empleados de McDonald’s o Telepizza) y diversos subsidios, que superarían fácilmente los 15.000 millones anuales. El truco, por supuesto, es que todos estos costes no corren de la cuenta de las grandes empresas o bancos, sino del Estado, es decir, del contribuyente currante.

Ningún partido de izquierdas, ningún sindicato, ha cuestionado o denunciado esta inyección de mano de obra tercermundista como parte de la globalización capitalista, como una conspiración para degradar los servicios sociales (especialmente sanidad, educación y pensiones) a niveles cuasi-tercermundistas y para expropiar los fondos y medios de producción del Estado, mientras los especuladores se forran. Ningún partido izquierdista ha denunciado que la inmigración es parte de la guerra que el Mercado (consorcios capitalistas) le hace al Estado (los contribuyentes, es decir, nosotros), ya que los empresarios no subvencionan a la inmigración (sino que externalizan los costes de la inmigración sobre el pueblo trabajador), pero sí cosechan los beneficios, mientras que el Estado sí subvenciona a la inmigración, y pierde la mayor parte del dinero. Los movimientos "alternativos" del tipo 15-M tampoco han aportado ideas nuevas al grave problema del multiculturalismo; al contrario, los "indignados", que parecen portavoces de la mismísima UNESCO, se han limitado a repetir el manoseado discurso de siempre ―que es precisamente el culpable de que actualmente estemos como estamos. En toda Europa, los únicos partidos que se mojan denunciando la naturaleza económica y social de la inmigración tercermundista masiva, son algunos de los "ultraderechistas", y se encuentran bajo una fuerte campaña de desprestigio, infiltración y amordazamiento por parte de la industria mediática y la seguridad del Estado. Cabe esperar que, en el futuro, las políticas inmigratorias sean la principal línea de división ideológica entre partidos y tendencias políticas en Europa, y que acaben provocando una nueva polarización social cuando los efectos del multiculturalismo crucen el umbral de la tolerabilidad.

La solución al gravísimo problema de la inmigración no es reaccionar infantilmente en contra de los inmigrantes, sino procesar legalmente a los oligarcas capitalistas responsables de haber promovido la invasión. Por otra parte, los inmigrantes vinieron a trabajar en una burbuja económica artificial. Ahora ya no hay burbuja. Así que, para empezar, que no sigan llegando. Y para continuar, que se vayan la mayoría de los que ya han llegado, que en este país tenemos 5 millones de parados y sencillamente no hay trabajo ni bote para todo el mundo, de modo que lo lógico es que salgan los últimos trabajadores en entrar. Debe modificarse la ley de extranjería, introducirse visados y exigencia de reconocimientos médicos y certificados de penados (lo mismo que se exigía a los españoles que emigraban en otros tiempos), acabar con la "discriminación positiva" en el mercado laboral y deportar:

• A todos los inmigrantes que hayan delinquido, incluyendo los que se encuentran en régimen penitenciario. Detención = deportación.

• A todos los ilegales y en situación irregular, que por cierto, podrían incluirse en la primera categoría, ya que han incumplido la ley. Ningún ser humano es ilegal, pero incumplir la ley sí lo es, y de delincuentes ya estábamos servidos en España mucho antes de la multiculturización impuesta, como para importar más.

• A todos los que se legalizaron en regularizaciones masivas, suicidas y anticonstitucionales.

• A todos los que están apuntados al paro.

• A todos los que no cotizan ni pagan impuestos.

• A todos los que vienen sin contrato de trabajo de origen, certificado de antecedentes penales limpio o certificado sanitario.

•  Y, a partir de ahí, a todos los que hagan falta para hacer espacio a los trabajadores autóctonos en paro.

El coste de tal operación no debería suponer demasiado lastre para una Administración que actualmente puede permitirse el lujo de distribuir por toda la geografía nacional a los inmigrantes llegados a Andalucía y Canarias, con billetes de autobús pagados por los ayuntamientos. Además, la deportación de los inmigrantes redundantes sería más barata que seguir pagándoles subsidios, de modo que la deportación se auto-financiaría a corto plazo. Otra opción perfectamente legítima es que los banqueros, empresarios, políticos y ONGs responsables de la situación actual, se viesen obligados por ley a costear los gastos de repatriación de sus propios bolsillos. Sería un ejemplo que los oligarcas económicos paguen los platos que ellos mismos han roto, como una enorme multa. Y en última instancia, si se pidiese financiación al mismo pueblo, muchos millones de trabajadores españoles estarían más que dispuestos a contribuir con fondos de sus propios bolsillos. De un modo o de otro, las deportaciones acabarían saliendo mucho más baratas que seguir desangrándonos en ayudas sociales.



OTRAS VENAS ABIERTAS DEL ESTADO

Antes que continuar es necesario dejar bien claro que la principal vena abierta del Estado son los bancos privados, que emiten moneda y crédito a su libre arbitrio y sin respaldo alguno, y que cuando obtienen beneficios, se los quedan ellos, y cuando sufren pérdidas, las pagamos todos menos ellos. En este contexto, el Estado debe importarnos porque lo mantenemos con nuestros impuestos y en sus manos está el decidir de qué formas se emplea todo ese dinero.

• Funcionariado. Durante la dictadura franquista, había 600.000 funcionarios. Ahora, tenemos 3.500.000, un incremento de 6x, y no por ello la Administración "funciona" mejor, sino más bien todo lo contrario: se ha vuelto obesa y patosa, son más chupópteros para la misma teta y más organismos cuyas competencias se solapan y confunden. La Administración necesita una cura de adelgazamiento; buena parte de los funcionarios deben ser sacados de sus puestos ficticios y puestos a trabajar en sectores productivos de una nueva economía de carácter nacional.

• Tercera Edad. 9 millones de jubilados no serían un problema si tuviésemos una pirámide de población mínimamente normal, pero no la tenemos. Y cuando la generación del baby-boom se jubile, la pirámide sufrirá un grave desequilibrio. Las empresas y sus siervos de la casta quieren que este problema se resuelva importando más esquiroles tercermundistas, pero en realidad sólo una sesuda política de promoción de la natalidad entre los sectores sociales productivos y rentables podría subsanar esta situación. Eso, y retirarles o ajustarles las pensiones a aquellos jubilados que, probada y manifiestamente, tengan patrimonio como para parar un tren, al menos mientras haya penuria económica.

• Economía sumergida. Casi un tercio del total de la economía española es sumergida, es decir, trabajos, compras y ventas que se hacen en negro y por tanto no cotizan, no pagan impuestos, no declaran a Hacienda, etc., pero cuyos beneficiarios a menudo sí disfrutan de servicios sociales (como el paro) a los que no deberían poder optar. Desde luego, toda economía va a tener siempre un sector negro por mínimo que sea, pero la proporción de España, país de "chanchullos" y entrada masiva de drogas, lastra nuestro desarrollo nacional. Es cierto que si España no se ha hundido hace tiempo, es en gran parte gracias a la economía sumergida, pero esta situación no puede durar eternamente, y tarde o temprano será necesario sacar a la superficie la mayor parte de la actividad económica "negra", especialmente la más lucrativa. Esto debe implicar, entre otras cosas, los arrendamientos (y sub-arrendamientos, etc.), los trabajos del mundo de la noche, operaciones económicas con "arte moderno", transferencias de dinero de "fundaciones", actividad de ONGs, la remuneración del trabajo doméstico de las amas de casa (que no deja de ser un trabajo como cualquier otro) y quizás hasta la legalización de las drogas para acabar de un plumazo con el mundo del tráfico.

• Remesas al extranjero. Muchos inmigrantes mandan parte del dinero que ganan en España a sus familiares, gobiernos u empresas en el extranjero, de modo que en la práctica, están provocando una fuga de divisas y un empobrecimiento del país. Se calcula que el valor de las remesas al extranjero supera los 7.000 millones de euros anuales.

• El Estado del bienestar y la "solidaridad". Una cosa es ser solidario y otra muy distinta es ser bobo. El Estado del bienestar es un concepto muy positivo y debe mantenerse, pero debe también ser replanteado, ya que cuando se usa para subvencionar la pobreza, la delincuencia, la invasión, la drogadicción y la mendicidad, lo único que se obtiene es que esas cosas se multipliquen y se perpetúen. Por tanto, el Estado del bienestar debe subvencionar, apoyar y defender resueltamente a los sectores productivos y cualificados de la sociedad (resolvedores de problemas), no a los parásitos (causantes de problemas). Se debe velar por que la moral y la tasa de fertilidad de estos sectores sociales no se vea mermada por culpa de una administración económica que parece estar diseñada específicamente para castigar la honradez y recompensar el crimen. Hay algo casi metafísico en las ayudas sociales, que parece inculcar una mentalidad "porqueyolovalgo" a todos aquellos que las perciben: una mentalidad de minoría privilegiada. La cuestión, por tanto, es decidir quiénes deberían ser la minoría privilegiada, si la sustancia viva del país, o bien las madres solteras que se pulen la ayuda en alcohol, ropa y drogas, o los gitanos que, armados con cheques alimentarios, adquieren whisky, cerveza y vodka, que posteriormente introducen en el maletero de un Mercedes. Las ayudas deben ir sólo a personas que a) las van a rentabilizar, y b) están realmente necesitadas de ellas. Por tanto, deben abolirse entelequias como la "caridad" y la "solidaridad", y sustituirse por la idea eterna de la Justiciaque es ciega.

• Lucha contra el fraude fiscal. Las grandes empresas defraudan al fisco más de 42.700 millones de euros al año. El 60% del fraude fiscal procede de empresas del IBEX 35. Obviamente, esto lo paga el pueblo trabajador, ya que de algún sitio tiene que sacar dinero Hacienda para tapar el agujero fiscal. El Estado tiene la obligación de luchar contra la prostitución ilegal, el tráfico de drogas, el blanqueo de dinero (incluyendo aquel camuflado como ayudas a ONGs, fundaciones benéficas y operaciones de compra-venta de "arte moderno"), la evasión de impuestos, la fuga de capital a paraísos fiscales y buena parte de las operaciones constructoras e inmobiliarias. La mayor parte de la casta política española debe ser procesada legalmente por corrupción, malversación de fondos, fraude fiscal y conducta antisocial, por no hablar de alta traición. Del mismo modo, hay que tener presente que la excesiva presión fiscal tiende a producir fraude por parte del trabajador humilde que se ve en apuros para llegar a fin de mes. Por tanto, debe aumentarse la presión fiscal sobre las grandes fortunas, y rebajarse sobre las rentas modestas.

• Burbuja inmobiliaria. El daño que esta espiral ha hecho a nuestro país tardará mucho tiempo en ser curado. Durante demasiados años le hemos concedido desmesurada importancia a la cáscara, el recipiente (los edificios, las apariencias) mientras que hemos ignorado la importancia del contenido (actividades productivas, vida familiar, crecimiento personal, ocio). Según la Constitución, todo ciudadano español tiene derecho a una vivienda digna. Ahora, debido a años de especulación, la vivienda se ha convertido en un artículo de lujo en lugar de un bien básico de primera necesidad, igual que la comida o la ropa. España es, como ya se comenta, un país de "casas sin gente y gente sin casas", pero insólitamente los precios siguen por las nubes porque aun hay acaparadores, especuladores y simples imbéciles que no se enteran de que las cosas han cambiado y que guardan la esperanza de que los precios de la vivienda vuelvan a subir. Estas viviendas, que permanecen acaparadas para que la oferta sea baja y los precios altos, deben liberarse y ponerse en circulación a precios de crisis. Debe crearse un stock de viviendas públicas ―expropiando, si hace falta, a las barriadas-fantasma que se han empleado para especular y que se encuentran en manos de la banca privada― y concedérselas a ciudadanos españoles, muy especialmente a parejas en edad reproductiva. Asimismo, debe gravarse con impuestos la segunda, tercera, cuarta, etc., viviendas, ya que muchas personas poseen más de una casa, utilizándolas para la especulación y negándose a venderlas por su valor real, permaneciendo dichas viviendas desocupadas y con el precio alto.

• Sistema sanitario. El mayor problema del sistema sanitario es el lobby de la industria farmacológica, que está en el negocio de las enfermedades (con eso está todo dicho). Que alguien se pase por una consulta cada dos por tres para obtener una receta, o porque se aburre, o que consuma 7 tipos de pastillas distintas en un solo día, es algo que conviene a las multinacionales farmacéuticas, pero perjudica al Estado, por no decir al mismo individuo, que ve cómo sus enfermedades y miserias biológicas se convierten en un lucrativo negocio. No puede plantearse ningún ahorro serio en materia de sanidad mientras no exista algún tipo de "educación para la salud", mientras el estilo de vida promovido como la panacea sea urbano y sedentario, mientras la alimentación esté copada por multinacionales y mientras la gente delegue su salud en un producto químico, en un individuo con bata blanca o en el dinero del prójimo, en lugar de implicarse activamente. Por otro lado, existen en el sistema sanitario una serie de "gastos psicotrópicos", promovidos por los iluminados del último gobierno socialista: operaciones de cambio de sexo, abortos y pastillas del día después para menores de edad, etc. Estas cuestionables decisiones personales ―que hacen bien poco por solucionar el grave problema de disolución social que padece Occidente― deben dejar de ser cosa del bolsillo del contribuyente. Un trabajador sano tampoco debería tener que pagar de su bolsillo la irresponsabilidad de los alcohólicos, fumadores, obesos, adictas a los barbitúricos, sedentarios o drogodependientes, a los que nadie les obliga a llevar un estilo de vida insalubre. Las negligencias para con la propia salud deberían castigarse con multas, o simplemente pagando el importe del tratamiento. También podría someterse a la población a análisis clínicos y reconocimientos médicos, a fin de restar impuestos a los individuos sanos y añadírselos a los enfermizos irresponsables. Esto se correspondería mucho más con la realidad de cada persona, y constituiría un aliciente de primer orden para que cada persona se implicase en el saneo de sus hábitos cotidianos. Finalmente, muchas personas, especialmente aquellas que vienen de la pobreza, tienen una filosofía de "como es gratis, hay que usarlo", y van al hospital a buscar atención médica por cualquier cosa. Eso satura los servicios sanitarios, hastía al personal médico y supone un gran gasto social.

• Privatizaciones. La privatización (o mejor dicho, expropiación) de los medios de producción de los Estados y de los individuos, está en la agenda del sistema capitalista. Grecia ha vendido a entidades privadas buena parte de sus infraestructuras públicas, como carreteras, tierras, agua y autoridades portuarias. Esto también está pasando en algunos estados norteamericanos, como Wisconsin. En España, comenzó a pasar con Felipe González, se disparó durante el Aznarato y ahora se mantiene durante el Zapaterismo, privatizando aeropuertos nacionales y vendiendo las loterías del Estado a los Rothschild ―la privatización más brutal de la historia española. En la práctica, lo que está pasando es que las entidades privadas intentan despojar al Estado (es decir, a los pagadores de impuestos) de sus propiedades y medios de producción, lo cual equivale directamente a un robo de riqueza. En adelante, los beneficios de tales medios de producción no revertirán a la sociedad, sino al gran empresario de turno. El objetivo final es que cualquier cosa que dé beneficios sea privada, y cualquier cosa que provoque pérdidas, pública.

• Multinacionales extranjeras. Las grandes empresas apátridas de tipo McDonald’s vulgarizan el mercado laboral ―ya que sólo desean proletarios baratos y descerebrados―, son máquinas de pedir inmigrantes, hunden a las pequeñas y medianas empresas del autónomo digno (como los antiguos ultramarinos y "todo a cien") y además suponen un agujero negro en la economía, ya que la mayor parte de sus beneficios no se quedan en el barrio, sino que van a engrosar las arcas de algún capitalista extranjero. Si se permite la presencia de una multinacional, debe ponderarse si la actividad de esta empresa redunda en un beneficio real para el pueblo (por poner dos ejemplos, ni McDonald’s ni Coca-Cola son beneficiosas para el pueblo). Una economía nacional y proteccionista, y freír a impuestos a las multinacionales, subsanaría en buena parte el problema.

Las grandes empresas como destructoras de los negocios locales y del empleo autónomo.

• Negocios parasitarios chinos. Por cada negocio chino que se abre, cierran 2,5 españoles. Esta competencia desleal viene dada por lo barato de la mano de obra y las desgravaciones fiscales privilegiadas de las que disfrutan, que a su vez son fruto de acuerdos con el Gobierno chino. La mayor parte de los beneficios de estos "bazares orientales" (y, cada vez más, centros comerciales, restaurantes y establecimientos de calidad) son mandadas en jugosas remesas a China, desangrando nuestra economía.

• La casa real. Podría ser una figura tradicional y folklórica, una especie de ejemplo a seguir por parte del resto de la sociedad. Pero actualmente, no lo es. La Corona defiende los intereses de la Corona, no del pueblo trabajador, y se ha convertido en un conglomerado de intereses empresariales privados, que están en la base de muchos problemas del Estado español, incluyendo la pérdida del Sahara Occidental y de nuestra soberanía nacional.

• Iglesia y ONGs. Instituciones sumamente interesadas en ayudar a los inmigrantes, en perpetuar la pobreza (es decir, subvencionarla) para obtener bolsas sociales dependientes y adictas, y en dejar que los trabajadores españoles se pudran. La consabida casilla de la declaración de la renta parece que significa que estamos obligados a ser solidarios ―es decir, a ser bobos y dar los frutos de nuestro trabajo a quienes están destruyendo nuestro país e inflamando las bolsas de banqueros y grandes empresarios.

• La oligarquía capitalista española. Un círculo cerrado de empresarios que ya existía antes del franquismo, existió durante el mismo, y sigue y seguirá existiendo después, a menos que una autoridad resuelta se atreva a meterle mano como es debido. Se trata de buena parte de los miembros de consejos administrativos de empresas del IBEX-35: 1.400 personas (el 0,0035% de la población española) que manejan unas cantidades de dinero equivalentes al 80% del PIB. La mayor parte de este dinero debe ser arrancado de las manos de las oligarquías privadas que lo acaparan, y puesto en manos del Estado. Eso es impensable si no se nacionalizan la mayor parte de megacorporaciones españolas, especialmente de los sectores más estratégicos (banca, petróleo, gas natural, energía eléctrica, minería, prensa, telecomunicaciones).

• Leyes de género (Ley de Igualdad, Ley Integral de Violencia de Género, Ley de Divorcio, Ley del Aborto Libre, Ley de Matrimonio). Han conseguido poco más de dos mil condenas por medio millón de denuncias (0,4%). De estas condenas, menos de un décimo son culpables: las cárceles están llenas de hombres honrados que no han roto un plato en su vida. Cantidad récord de denuncias falsas, vidas arruinadas y abusos por parte de mujeres que pretenden un divorcio ventajoso, aprovechándose de esta ley que vulnera todo derecho constitucional. 400 hombres denunciados cada día, 100.000 pasan por el calabozo cada año, por culpa de esta ley. 75% de denuncias sobreseídas o archivadas, sin consecuencias para la denunciante, pero con muchas consecuencias para el denunciado (y para el erario público). Cada denuncia le cuesta 3.200 euros a la UE (van más de 2.000 millones de euros desde 2004), que van para juzgados, colegios de abogados, psicólogos, asociaciones de mujeres, subvenciones y todo un chiringuito de puestos de trabajo establecidos a la sombra de los Institutos de la Mujer, PIM, CIM, comunidades autónomas, diputaciones, "fundaciones", etc. Los presupuestos del Estado para la "lucha contra la violencia de género" desde el 2004 superan los 12.000 millones de euros (!!). Esta sobreprotección hacia la mujer, típica de una sociedad decadente, criminaliza a los hombres por el mero hecho de serlo y les quita todo lo que tienen, causando una crispación social latente, que a largo plazo no va a llevar a nada bueno. Pero derogar esta ley no sirve de nada si no se va a la raíz del problema: el hembrismo o feminazismo subvencionado.

• Gastos psicotrópicos. Incluyo en esta categoría las inversiones y ayudas surrealistas brindadas por lumbreras del gobierno a causas tan peregrinas como los "gays y lesbianas" de Zimbabue, los "derechos sexuales y reproductivos" de las mujeres en Bolivia, las "relaciones comerciales" con Angola (700 millones de euros), el nuevo gobierno de Túnez (300 millones), mapas de la sexualidad femenina, aeropuertos-fantasma (Castellón, Ciudad Real, Girona, Huesca, León, Lleida, Murcia, algunos de ellos han costado 1.000 millones), los seis trenes que compró por 143 millones el presidente de Baleares (sólo para descubrir que no encajaban en las vías), el apoyo presupuestario directo a Mozambique (7 millones), la educación en Bolivia (4,6 millones), el programa pesquero del sudeste asiático (2 millones), el "desarrollo rural del oriente cubano" (1,75 millones) o las subvenciones a los festivales de cine, al cine español, a los días del orgullo gay y a la memoria histórica. Estas malversaciones irresponsables, criminales y de nula rentabilidad, deberían ser juzgadas como alta traición. Me niego a creer que "los mercados" no han permitido y favorecido este tipo de movimientos adrede para hundir a España en la miseria y empobrecer al pueblo español. Este dinero, arrancado al Estado, acaba, tarde o temprano, en las bolsas de los bancos y las grandes empresas. Si sobra dinero para gastos psicotrópicos, que nos bajen los impuestos, y si no sobra, que no se dilapide alegremente, es así de simple.

• Otros. Empresas público-privadas (4.700 en España), sindicatos (206), patronales (199), diversas subvenciones (63.000), etc.

Sin embargo, todos estos gastos-chorra, aprobados por una casta político-económica criminal, corrupta y que se sirve a sí misma, son los que más tardarán en suprimirse. Lo que si harán será seguir derrochando en estos temas, al tiempo que aumentan la presión fiscal (recortes salariales, impuestos, tasas, multas, peajes, pensiones, pagas extra, ayudas, seguridad social, descuentos, etc.) sobre el trabajador español agobiado.

El marxismo cultural (que no económico) de estos "proletarios de caviar", es causante de buena parte de los gastos psicotrópicos del actual gobierno.




NOTAS:

[1] Patrocinada por la Fundación Rockefeller, Fundación Ford, Banco Mundial, UNESCO y otros organismos de la globalización capitalista neoliberal de toda la vida. Gloria Steinem, feminista estadounidense relacionada con los servicios de Inteligencia, reconoció entre otras cosas que la revista "Miss" fue financiada por la CIA. Lejos de las connotaciones nobles que le han querido atribuir, la "liberación de la mujer" fue una operación de ingeniería social en beneficio de la élite capitalista.

[2] Accenture, Acciona, Accor Services, Adecco, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, Aguirre Newman, Alcampo, American Nike, AT Kearney, Avon Cosmetics, Bancaja, Banco Urquijo, Banesto, Banco Santander, Bankinter, Barclays España, BBVA, Bilbao Bizkaia Kutxa-BBK, Booz & Company, BT España, Caja Madrid, Caja Navarra, Cajamar, Cajasol, Canal de Isabel II, Celer Soluciones, Citi, Clear Channel España, Coca-Cola España, Compass Group, Contrapunto, Correos, Cuatrecasas Abogados, Deloitte, Deutsche Bank, DKV Seguros, El Corte Inglés, Ericsson, Ernst & Young, Euroconsult, Europa Press, Ferrovial, Ford España, FREMAP, Freshfields Bruckhaus Deringer, Garrigues, General Electric, Genetsis, GMP, Gómez Acebo & Pombo Abogados, Grupo Arturo, Grupo Banco Popular, Grupo Caser, Grupo Cortefiel, Grupo Eulen, Grupo Fundosa, Grupo Hospitalario Quirón, Grupo Inforpress, Grupo Joly, Grupo Konecta, Grupo Lar, Grupo Norte, Grupo Redur, Grupo Siro, Grupo SOS, Grupo Vips, Hewlett-Packard Española, HOSS Intropia, Iberdrola, Iberia, Ibermutuamur, IBM España, Inditex, ING Direct, Instituto de Crédito Oficial, JPMorgan Chase, JT International Iberia, KPMG, La Caixa, Laboratorios Inas, L’Oréal España, MAPFRE, McKinse & Company, Media Responsable, Merrill Lynch, Microsoft España, MRW, Mutua Intercomarcal, ONCE, Penteo ICT Analyst, PeopleMatters, Pérez-Llorca, Phillip Morris Spain, Phillips Ibérica, PricewaterhouseCoopers, Probuilding, Prosegur, Randstad, Red Eléctrica Corporación, Renfe, Repsol, Rochefarma, Sanitas, Schindler, Sol Meliá, Supermercados Sabeco, Telecinco, Telefónica, The Boston Consulting Group, The Royal Bank of Scotland, TNS, TNT, Unidad Editorial, Unilever España, Unión Fenosa, Uría Menéndez, USP Hospitales, Vocento, Vodafone, Willis Iberia.

Estas empresas y otras son las que realmente controlan el Gobierno de España. Cabe añadir que ninguno de los ejecutivos de estas empresas lidia con los efectos de la inmigración masiva; eso les toca a los trabajadores de a pie que viven en los antiguos barrios obreros.

[3] Por cada inmigrante trabajador, hay 3,9 que no trabajan. En los autóctonos, la proporción, a pesar de nuestra alta tasa de jubilados y parados, es de 1 por cada 2,6.