domingo, 5 de mayo de 2013

Crisis española y los tabúes del 15-M (II de III)


El mundo está gobernado por personajes muy distintos a lo que se imaginan quienes no ven tras bastidores.
 (Benjamin Disraelí, Primer Ministro británico, 1868 y 1874-1880).

Algunos de los hombres más grandes de los Estados Unidos, en los campos del comercio y de la industria, tienen miedo de algo. Saben que en algún lugar hay un poder tan organizado, tan sutil, tan observador, tan interconectado, tan completo, tan penetrante, que es mejor para ellos no alzar su voz por encima de su aliento cuando hablan en condenación de él.
 (Woodrow Wilson, Presidente estadounidense).




ÍNDICE

- LA GLOBALIZACIÓN
- DESLOCALIZACIÓN EMPRESARIAL
- EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL
- MONOPOLISTA BIPARTIDISTA
- "LA CASTA", O COSTRA NOSTRA —PRIVILEGIOS DE LA NUEVA ARISTOCRACIA ESPAÑOLA
- LA BURBUJA ESTUDIANTIL
- LA INMIGRACIÓN ES LA PUNTA DE LANZA DE LA GLOBALIZACIÓN PARA DESTRUIR EL MERCADO LABORAL, LOS SERVICIOS SOCIALES Y LAS CLASES TRABAJADORAS DE OCCIDENTE
- OTRAS VENAS ABIERTAS DEL ESTADO

SEGUNDA PARTE
- PALACIO, TEMPLO Y MERCADO
· Contra el Mercado y los mercaderes, el Estado y los estadistas
- CONTRA LA GLOBALIZACIÓN, AUTARQUÍA Y SOBERANÍA
- ENERGÍA NUCLEAR: SOLUCIÓN PROVISIONAL AL PROBLEMA ENERGÉTICO
- SEGURIDAD CIUDADANA Y CÓDIGO PENAL
· Derecho a la legítima defensa
· Sistema penitenciario
- LA CRISIS NO ES SOLO ECONÓMICA NI SOLO ESPAÑOLA —DECADENCIA DE OCCIDENTE
· Crisis biológica
· Crisis antropológica
· Crisis étnica
· Crisis moral, ideológica y espiritual
· Crisis sexual
· Crisis medioambiental
· Crisis demográfica

- EL CONSUMISMO ES UNA ENFERMEDAD MENTAL
- AUSTERIDAD
- LA BURBUJA MULTICULTURAL —MITO Y BOMBA DE RELOJERÍA
· La fuente ideológica del multiculturalismo, o los traidores útiles
- ¿ES EL 15-M UN INVENTO DE LOS GLOBALISTAS?
· El concepto de las "alternativas controladas"
· Personas y grupos claves para entender el 15-M
· Ideología, filosofía y base social del 15-M
· Conclusiones sobre el 15-M
- POLÍTICA EXTERIOR
- EL FRANQUISMO A TRAVÉS DEL RETROVISOR
- QUÉ CAMINO PARA ESPAÑA


En la primera parte de este artículo se ha dejado caer cómo la crisis es uno de los síntomas de la guerra que "los mercados" le están haciendo al Estado. Se está produciendo una transferencia masiva de riqueza, que tiene por objetivo concentrar cada vez más dinero en cada vez menos manos… y para que unos pocos sean extremadamente ricos, unos muchos deben ser extremadamente pobres. Varias son las instituciones que van a ir degradándose cada vez más. La primera es la clase media, y la segunda el Estado. Ambas van a perder terreno a favor de "los mercados", es decir, los peces gordos del gran capital, la internacional del dinero.

La humanidad está inmersa en una guerra entre las fuerzas de la voluntad, centradas en el cerebro, y las fuerzas del deseo, centradas en el bajo vientre. En este contexto, el Estado, la Res Publica, es la herramienta de la voluntad; un organismo vertical y ramificado como un árbol. El Mercado (multinacionales, bancos, etc.), es la herramienta de los deseos, los apetitos y las necesidades bajas; un organismo horizontal y movedizo como el mar. Estas últimas fuerzas son las que actualmente están gobernando a la civilización humana.

A menudo se oye hablar de la "mano invisible de los mercados", pero ¿quiénes son "los mercados"? ¿Quién los elige? ¿Qué méritos tienen "los mercados" para copar tanto poder? ¿Qué constitución, qué código de leyes o qué disciplina rige a "los mercados"? ¿Quién nos garantiza que "los mercados" no carecen de todo escrúpulo a la hora de perseguir sus propios fines egoístas y que no les importe un rábano el destino del pueblo trabajador?

Actualmente, los políticos, que están financiados por el gran capital, dejan la política en manos de "los mercados" ―cárteles bancarios, megaempresas, fondos de inversión―, mientras ellos están apoltronados en sus despachos y el pueblo sufre acoso por todas partes, pero no siempre fue así. Para comprender las raíces del problema, es necesario retroceder en el tiempo y examinar otras formas de organización del poder.



PALACIO, TEMPLO Y MERCADO

Ustedes, señores políticos, tienen que acostumbrarse a obedecer los dictados de los mercados.
 (Hans Tietmeyer, Presidente del Bundesbank, década de los 90).

En las primeras civilizaciones de Próximo Oriente, tres eran los principales centros alrededor de los cuales giraba la vida de una ciudad-estado.

El Palacio era el asiento de los reyes, sucesores de los jefes tribales y machos alfa de los tiempos primitivos. Estos hombres descendían de individuos, familias y clanes que en tiempos de guerra, peligro o penuria, se habían destacado ante su pueblo como héroes y líderes. En ellos, el mismo pueblo reconocía una calidad humana superior y la capacidad de mando idónea para conducir a los guerreros. El Palacio se ocupaba de la guerra y de la administración del reino: el poder terrenal. A lo largo de la historia europea, la idea atávica del Palacio, comparable a la del corazón en el cuerpo humano, está representada en instituciones como el Estado, la Polis, la Corona, la República, el Imperio y el Ejército.

El Templo era el asiento de los sacerdotes, sucesores de los chamanes y virtuosos de los tiempos primitivos. A estos hombres se les presuponía una conexión con lo sobrenatural, que les facultaba para mantener el vínculo que unía a los vivos con los antepasados, a los mortales con los inmortales, y a lo profano con las fuerzas misteriosas del mundo ―aquello considerado sagrado y digno de devoción y respeto. Los sacerdotes se dedicaban a oficiar rituales ancestrales, ceremonias iniciáticas y sacrificios que supuestamente aseguraban el orden correcto, que ponían al individuo en contacto con la realidad transcendente y que todas las sociedades del mundo han realizado a su manera hasta el advenimiento de la globalización. También practicaban y enseñaban técnicas de alquimia interior que perfeccionaban el espíritu. Por lo general, se consideraba que el Templo era demasiado puro para dejarse ensuciar por los aspectos "impíos" del poder terrenal, por lo que los sacerdotes se aislaban de lo mundano y se contentaban con ejercer cierta influencia sobre los líderes políticos. Sin embargo, en muchos lugares, los sacerdotes superaron a los reyes en poder. A lo largo de la historia europea, la sombra del Templo, comparable al cerebro del cuerpo humano, reaparece una y otra vez en la Iglesia, las órdenes religiosas, las sectas y las logias esotéricas.

A diferencia del Palacio y del Templo, el Mercado no seguía una estructura jerárquica ni se consideraba supeditado a principio superior alguno, abominaba del orden y de la disciplina, no tenía una tradición de sangre, permitía el ascenso meteórico de individuos de toda condición moral y social, y mezclaba a mercaderes de todas las nacionalidades, por lo cual se convertía en una especie de red de Inteligencia. El Mercado no se identificaba con el cuerpo (como el Palacio) ni con el espíritu (como el Templo), sino con los objetos del deseo físico. A través de las rutas geográficas naturales, el Mercado movía oro, esclavos, prostitutas, telas, piedras preciosas, drogas, minerales, maderas, semillas de cereales, animales y materias primas en general. A pesar de que la economía del mercado no era productiva ―sino comercial y especulativa―, servía para apropiarse de la productividad de otros pueblos. El Mercado, comparable al sistema digestivo del cuerpo humano, exigía expediciones, exploraciones y lazos con tierras lejanas, especialmente a través de las rutas marítimas. El mar, horizontal y movedizo, era el medio de desarrollo idóneo para el Mercado. Al ser una institución vinculada con la materia inerte, era lógico que, en el sutil mundo de las ideas, cualquier rebelión de la materia y del bajo vientre emplease al Mercado como organismo de subversión.

El mayor ejemplo del poder del Palacio en España: San Lorenzo del Escorial. Dice mucho de una sociedad cuáles son sus edificios más grandes y fastuosos. En el caso del Antiguo Régimen, fueron esencialmente los castillos (Palacio) y las catedrales (Templo). En la actualidad, son los rascacielos de las megacorporaciones multinacionales (Mercado).

Existieron históricamente sociedades muy dominadas por el Palacio (asirios, espartanos, romanos), por el Templo (judíos, babilonios, etruscos o persas e hindúes durante algunas de sus etapas) o por el Mercado (fenicios, atenienses y cartagineses). Sucede que cuando una civilización dura demasiado tiempo sin renovar las raíces primitivas de su vigor, las instituciones se corrompen, dejan de cumplir su función originaria, pierden la armonía y se rebelan, volviéndose en contra del pueblo que las creó. El Palacio se convierte en una entidad opresiva, totalitaria y tiránica, el Templo en un pozo de dogmatismo, manipulación, hipocresía y superstición, y el Mercado en una red mundial de rutas, traficantes, espías y comerciantes que exprimen la riqueza de los pueblos, acumulándola en bancos y utilizándola de forma especulativa para avanzar sus propios intereses.

Durante el Antiguo Régimen, el afán común organizó de una forma bastante perdurable el Palacio (la Corona, el Estado), el Templo (la Iglesia) y el Mercado (los gremios, incluyendo la masonería). Existía en el Antiguo Régimen la idea del "buen rey", noción de origen mesopotámico según la cual el rey es un pastor que vela por el bienestar y la prosperidad de su pueblo, tiende sobre él su escudo para defenderlo de los enemigos extranjeros, escucha las preocupaciones de los gremios y pone firmes a los oligarcas, obispos, señores feudales, comerciantes, caciques, especuladores de cosechas y de tierras, y otras personas codiciosas que pretendían aprovecharse del pueblo indefenso ―mediante el endeudamiento, manipulando el precio del pan o sus creencias y sus miedos, con el fin último de esclavizarlos. Obviamente, no todos los reyes lo eran "por la gracia de Dios"; existieron tiranos, megalómanos y maníacos, pero la idea de que un rey tenía la obligación de cuidar de su pueblo estaba tan enraizada en el imaginario colectivo europeo, que nacieron instituciones a caballo entre el Palacio y el Templo, como el Eforado espartano, la Santa Vehme o la Orden del Temple, que les recordaban a los monarcas "usted será rey mientras sea justo". La frase Rex eris si recte facies, si non facies, non eris ("rey eres si obras rectamente, si no lo haces, no eres") ilustra esta idea.

De vez en cuando, el Estado (representado por el Sacro Imperio Romano-Germánico y el Imperio Español) le hizo la guerra al Templo (representado por el Vaticano). Esto duró hasta que el desarrollo del Mercado durante el Renacimiento facilitó el ascenso del poder financiero (comienza el crédito), el protestantismo, el desmembramiento del Sacro Imperio y la toma de poder de la burguesía urbana. El Mercado (repúblicas marítimas italianas, Imperio Otomano, Holanda, Inglaterra y la Masonería) irrumpía en escena como potencia capaz de tratar de tú a tú a las otras dos. En 1460, se creó la primera bolsa de valores: la de Amberes, en Flandes. La segunda se creó en Ámsterdam, Holanda, en 1602. El Imperio Español llevó al cabo largas y cruentas guerras contra el poder del Mercado en esta época. El Mercado forjó un nuevo sistema social de vida, el sistema protestante, anglosajón, liberal y burgués, que sentará las bases de la idiosincrasia del "yanqui": cultura del materialismo capitalista, del trabajo frenético, del beneficio y del "rico por la gracia de Dios". La Ilustración y las revoluciones liberales a lo largo del Siglo XIX, junto con la emigración masiva del campo a la ciudad, provocada por los nuevos sistemas de reparto de tierras, fueron fundamentales para impulsar la revolución industrial e implantar el nuevo sistema de vida en las sociedades católicas, donde el Mercado tenía mucho menos poder que en las protestantes. Poco a poco, el sistema feudal, que había aprisionado las ansias expansivas de la burguesía en un corsé de rígidos convencionalismos, fue desmantelado.

Pocos fueron los intentos del Palacio para desembarazarse del poder de un Mercado omnímodo y hambriento. Napoleón, Abraham Lincoln, Hitler, Japón, Kennedy y los países del bloque comunista intentaron, cada cual a su manera, fortalecer al Estado a costa de "los mercados". Debido a que los mercaderes corrompieron y mataron a los verdaderos estadistas (a los Reyes y Césares del pasado, a esos líderes que marchaban a la guerra al frente de sus tropas, que compartían las penurias del soldado raso, que combatían al enemigo con la espada en la mano, que se preocupaban de verdad por el destino de su pueblo y que dedicaban sus vidas a la gestión del Estado), desde 1945, no hay política en el mundo, sólo economía, diplomacia y palabras entre bastidores, de espaldas a los pueblos. El Estado ya no existe sino como sucursal del Mercado y mera provincia de una red global interdependiente, controlada con puño de hierro por señores que no salen por la TV. "Los mercados" se han convertido en el ídolo pagano, el becerro de oro, la superstición de nuestro tiempo: se rinde culto al "libre mercado" (un desastre a medio camino entre el burdel y el casino) y se habla de "apaciguar a los mercados" como si se estuviese ofreciendo un sacrificio a los dioses. Los políticos ―que en teoría deberían servir al pueblo y protegerlo― y los medios de comunicación (que en teoría deberían difundir la verdad sobre lo que está pasando) en la práctica están comprados por los mercaderes, comen en su pesebre, sólo buscan el beneficio personal y utilizan los aparatos estatales para desangrar al pueblo trabajador. Las clases dirigentes de Occidente ya no buscan el bienestar ni la riqueza de sus países o sus pueblos, sino su propio beneficio, aunque tengan que buscarlo fuera de Occidente. Por eso los Estados (o lo que queda de ellos) son un obstáculo, que les impide hacer migrar sus capitales entre paraísos esclavistas, paraísos fiscales y bancos, sin pagar jamás su debido tributo a las arcas públicas.

Click para agrandar. La contradicción entre el Estado y el Mercado queda meridianamente clara en este gráfico, que contrapone el riesgo de la banca con los CDS (derivados financieros que protegen de un impago por parte del Estado) de las deudas soberanas, tanto antes como después de la quiebra del cártel financiero estadounidense Lehman Brothers. La crisis es una crisis de los Estados, las sociedades y los pueblos, pero no de los bancos y grandes empresas, que están multiplicando sus rentas cada vez más.

El beneficio del Mercado, que se identifica con los objetos y el dinero, está en contradicción con la riqueza del Estado, que se identifica con el pueblo que lo sustenta. Por poner un ejemplo, hay infinidad de productos claramente perjudiciales para la salud (refrescos, tabaco, comida rápida, gominolas), que se venden sin ningún tipo de traba, por el único hecho de que aportan beneficios a un selecto grupo de parásitos que se enriquecen haciéndole mal al pueblo. La misma bolsa de valores, institución que podría abolirse hoy mismo sin perjuicio alguno para el pueblo trabajador, cuando va bien, enriquece sólo a los mercaderes, y cuando va mal, empobrece sólo al pueblo. Como hemos visto en el gráfico de más arriba, lo que para el pueblo es una grave crisis, para la banca es una oportunidad de oro: comprar barato en tiempos de vacas flacas, vender caro en tiempo de vacas gordas. Es así, en plena crisis, como el banquero Emilio Botín (testaferro del banco neoyorquino JPMorgan Chase) se convirtió en el hombre más influyente de España.

En estos planes de acumulación de riqueza por parte de "los mercados", los Estados-nación son vistos como obstáculos para la consecución de un gobierno mundial, el control total de los recursos naturales y medios de producción del planeta en manos de una reducida oligarquía, y el establecimiento definitivo del "dinero sin fronteras". Estos señores tienen ahora la intención de adueñarse de los únicos grandes capitales y medios de producción que no están en manos del Mercado: los fondos sociales soberanos ―pagados con los recursos naturales de un país y el sudor de su pueblo―, las infraestructuras públicas y la cuenta corriente y patrimonio del trabajador agobiado. La crisis les da a estos señores la oportunidad de adueñarse de estos bienes a precio-ganga.


Contra el Mercado y los mercaderes, el Estado y los estadistas

El artículo 1.2 de la Constitución española reza que "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado". Democracia significa "el poder del pueblo". Por tanto, la única democracia es aquella en la que manda el Estado (es decir, los trabajadores que pagan impuestos), no los bancos, y el único Gobierno válido es aquel en el que los gobernantes realmente representan lo mejor del pueblo y han sido elegidos por el mismo, no mediante el afeminado e iluso gesto de depositar un papel en una urna cada cuatro años para votar a un candidato que ha pasado los filtros de "los mercados", sino por participación directa y cotidiana, y por aclamación popular en tiempos turbulentos. La expresión "Estado de derecho", usada actualmente de forma totalmente ignorante, significa en realidad "Estado que se constituye como resultado de un conflicto armado".

La única vía para vencer a la influencia pulpoide y totalitaria del Mercado es la reconquista del Estado por parte del pueblo, el fortalecimiento de los aparatos estatales, la federación de varios Estados en bloques geopolíticos coherentes, su identificación con una ideología vigorosa que represente y canalice los misterios ancestrales profundos de los pueblos que los forman, y la lucha resuelta y a muerte contra la usurpación de los mercaderes y los parásitos del mundo.

Las megaempresas (especialmente en sectores estratégicos como banca, energía, prensa, minería o telecomunicaciones) que se han hecho tan poderosas que están en condiciones de presionar gobiernos y desencadenar guerras, deben ser nacionalizadas, y cuando queda claro que la actividad de una empresa perjudica al pueblo y/o a la tierra (caso de poderosísimas multinacionales que venden chucherías-veneno o "bienes" innecesarios cuya demanda está manipulada por la publicidad agresiva y el consumismo), dicha empresa debe ser expropiada, desmantelada y sus responsables procesados legalmente por alta traición.

Por tanto, la liberación de la voluntad de las garras del deseo, de los apetitos y del ciclo vicioso del consumismo mercantil, sólo podrá venir de la mano de la conquista del Estado por parte de una nueva casta de estadistas, líderes populares, especialistas y técnicos, que, por necesidad, deberán forjarse y distinguirse en las turbulencias venideras.

Puede que Rusia llegue a ser un bastión del Estado ante los atropellos de "los mercados". En el vídeo, Vladimir Putin mete en cintura a los billonarios rusos, obligando al oligarca Oleg Deripaska, otrora el hombre más rico del país, a firmar un documento comprometiéndose, entre otras cosas, a pagarles los sueldos atrasados a sus obreros. "Y ahora devuélvame el bolígrafo". En España, el último Presidente que puso firmes a "los mercados", y que pagó por ello, fue Adolfo Suárez.



CONTRA LA GLOBALIZACIÓN, AUTARQUÍA Y SOBERANÍA

La palabra "autarquía" produce una respuesta mental programada en mucha gente: automáticamente se piensa en Corea del Norte o en la primera época del franquismo. Parece que a los que manejan la economía mundial les interesa que la autarquía sea una herejía impensable y se vea rodeada de tabúes. Y es que si algo turba el sueño de un mercader, es que los pueblos del mundo lleguen a ser autosuficientes. ¿Cómo se le va a vender algo a un pueblo que produce él mismo todo lo necesario para vivir con dignidad y al que no le interesan los lujos inútiles o los placeres fáciles? ¿Qué sentido tienen los intermediarios y los usureros cuando lo que se necesita está al alcance de la mano?

Decía el economista francés Charles Gide que "civilizar a un pueblo no es otra cosa que hacerle sentir nuevas necesidades". Los seres humanos de los tiempos primitivos poseían todo lo necesario para vivir; su salud física y sin duda psicológica era muy superior a la del hombre moderno, y tenían muy pocas necesidades materiales fuera de los animales que cazaban para comer y abrigarse, lo cual por un lado reducía sus relaciones con otras sociedades ―favoreciendo la evolución del código genético― y por otro, dejaba a las necesidades inmateriales del espíritu humano manifestarse sin trabas.

Hoy, con la ayuda de medios de comunicación totalitarios, se ahogan las necesidades inmateriales del individuo y en cambio se le hacen sentir necesidades materiales tan artificiales e inútiles, que sólo tienen sentido para una civilización centrada en la materia inerte (los objetos, las mercancías) antes que en la materia viva (el hombre). Se arranca al individuo de su interacción con la Tierra, siguiendo la mentalidad de Ayn Rand: "Incluso si la contaminación fuese un riesgo para la vida humana, debemos recordar que la vida en la naturaleza, sin tecnología, es un matadero al por mayor". Así, haciendo al hombre abominar del orden natural, el sistema económico le da rienda suelta a los instintos humanos bajos y mediocres, y cultiva cuidadosamente la mayor enfermedad del mundo moderno: el ego. Para subsistir, este ego reclama devorar materia insaciablemente hasta que la Tierra se agote. Ello ha provocado la multiplicación desordenada del ser humano y lo ha convertido en una plaga que amenaza al resto del mundo y de los seres vivos, una criatura tan alienada y enfermiza que su "kit de supervivencia" pesa toneladas y toneladas, se encuentra disperso por cinco continentes y produce toneladas de inmundicia y contaminación a diario.

Cuando un pueblo se resiste a sentir nuevas necesidades, se niega a aceptar que otros se las vendan a la fuerza, se empeña en producir él mismo todo lo que necesita, echando a las compañías extranjeras, o simplemente pretende disponer él mismo de los recursos de su tierra y los frutos de su trabajo, las potencias capitalistas "abren su mercado" a las compañías multinacionales. Y eso implica abrir de piernas, a golpe de misil Tomahawk, a las naciones insumisas del mundo, como están haciendo con Libia en el momento de escribir este artículo. Ya Marx criticaba esa tendencia del capitalismo a "abrir mercados", a menudo de formas increíblemente agresivas, como muestran las guerras del opio que provocó el Imperio Británico (concretamente la familia Sassoon) en China, las guerras boer en Sudáfrica (control del oro y los diamantes por parte de la familia Oppenheimer) o la Primera Guerra Mundial (o mejor dicho, Guerra Civil europea), desencadenada para hundir a Alemania, una nación que ―sin apenas colonias― estaba a punto de convertirse en la primera potencia mundial por derecho propio.

Mientras los pueblos del mundo permitamos que organismos extraños a nosotros nos dicten qué es lo que necesitamos y nos lo "presten" (a interés), nunca seremos libres y nunca tendremos verdadera soberanía. Por tanto, lo primero es preguntarse qué es lo que realmente necesitamos para sobrevivir en el mundo moderno, y lo segundo, producirlo nosotros en la mayor medida de lo posible. España es de los países de la UE con la balanza comercial más deficitaria: somos de los que más compramos al extranjero (especialmente Alemania y Francia), en vez de producirlo aquí. Esto puede perdonarse cuando las mercancías son automóviles de alta gama, pero no cuando son productos agrarios, armamento y similares, ya que renunciar a su fabricación implica perder puestos de trabajo aquí y crearlos en el extranjero.

Autarquía viene del griego "autosuficiente". En términos económicos, significa independizarse del sistema globalista y volver a las raíces de la economía: un pueblo produce todo lo que necesita. Actualmente, ningún Estado puede producir el 100% de sus necesidades, pero sí se puede alcanzar un porcentaje muy alto. Hubo un tiempo en el que daba igual lo que pasase en "los mercados", ya que uno obtenía de la tierra todo lo que precisaba para vivir. Volver a esta situación no es posible, y menos de repente, pero se puede recuperar en buena medida. Si se pretende autarquizar a los Estados, debe renunciarse a la economía especulativa (bolsa de valores, burbuja inmobiliaria, modas), que se basa en el devenir y en lo efímero, para volcarse en cambio en la producción de riqueza real, perdurable y tangible. Para ello, se debe sembrar todo el territorio nacional de medios de producción, desde campos de cultivo y pastos para la ganadería, hasta infraestructuras industriales, centrales nucleares o hidroeléctricas. Hasta ahora, Europa ha estado renunciando a buena parte de sus medios agropecuarios en favor del Tercer Mundo, y de sus infraestructuras industriales en favor de las "potencias emergentes" (especialmente China e India). A cambio, los europeos nos hemos quedado con un entramado de economía especulativa y comercial que no produce riqueza alguna, sino que gestiona la de otros, generalmente de manera odiosa, y encima los únicos que parecen estar beneficiándose de esto son un grupo reducido de oligarcas, mientras el resto del mundo se empobrece a pasos agigantados.

Algunos puntos a tener en cuenta en la búsqueda del mayor nivel de autarquía que sea posible:

• Un Estado sin soberanía alimentaria es un Estado sin soberanía alguna. Si un país depende del extranjero para poder comer, nada lo diferencia de los africanos que viven de ayudas humanitarias: una potencia enemiga puede bloquear su espacio marítimo y estrangular al Estado por hambre. Además, la dependencia alimentaria implica también excesiva dependencia del petróleo y de las veleidades menstruales de las grandes empresas, que pueden manipular a su antojo el precio de los productos. España tiene vastas extensiones de campos con buena fertilidad pero nula productividad debido a la despoblación del entorno rural, la falta de proteccionismo hacia los productos nacionales y, en suma, la globalización, que concede ventaja a los mercados agrarios extranjeros (especialmente franceses, marroquíes, turcos e israelíes). Por tanto, se debe incentivar la producción agrícola, ganadera y pesquera, repoblando nuestras zonas rurales de baja densidad de población y convirtiéndolas en regiones agrícolas productivas, y utilizando las Islas Canarias y el Sahara Occidental como base para convertir el Atlántico Norte en una zona pesquera privilegiada. Se debe fomentar la emigración de la ciudad al campo, suprimiendo puestos de trabajo ficticios o poco productivos, repoblando pueblos y poniendo la tierra a producir. Esto también solucionaría el desequilibrio territorial que padece España (población concentrada en las costas y en Madrid, vastas zonas despobladas al interior).

• Política arancelaria fuertemente proteccionista para con los productos nacionales. Freír a impuestos a las multinacionales. Comprar productos nacionales y, al ser posible, locales. Si algo puede producirse y consumirse dentro de las fronteras españolas, no es necesario importarlo, exportarlo o ponerlo en circulación por el mercado mundial de ningún otro modo. La economía debería ser esencialmente nacional y de circuito cerrado en la mayor medida de lo posible.

• Economía localista. Debe formarse una red de mercados comarcales, distribuidores, repartidores a domicilio, etc., para hacer circular productos locales y frescos, que no precisen de intermediarios usureros, petróleo, publicidad o aditivos artificiales, y que orienten la dependencia del individuo hacia sus familiares, sus vecinos, sus pueblos o sus barrios, no hacia oligarcas anónimos que se encuentran a miles de kilómetros. Debe implantarse un sistema de cooperativas y productores autónomos, como de hecho se hace en partes de Israel y el País Vasco. Debe también regularizarse esta nueva red y velar por que no degenere en la formación de una economía sumergida, aunque será lógico que una mínima parte se sumerja.

• Economía de subsistencia a nivel individual y familiar. Debe buscarse la autarquía de cada hogar en lo posible, en alimentación, electricidad y calefacción. Huertos, corrales, dinamos, paneles solares, pozos, etc. Lo ideal (que no necesariamente alcanzable) sería que cada hogar familiar fuese totalmente soberano.

• Debe volver a levantarse el tejido industrial de España, re-localizando las empresas que se fueron al extranjero en busca de mano de obra esclava sin importarles la epidemia de paro que estaban causando en el país de origen. También se deberá prohibir la especulación para que las personas con capital inviertan en economía productiva, no en pufos como la burbuja inmobiliaria o la bolsa de valores.

• Instaurar algún tipo de educación para la supervivencia. La civilización humana nunca ha sido tan frágil como ahora y es necesario que la población sea capaz de sobrevivir por sus propios medios en caso de crisis energética y/o derrumbe económico. Se debe recoger el conocimiento de los grupúsculos rurales acostumbrados a vivir en condiciones de pre-revolución industrial, y procurar formar a los jóvenes en la caza, la pesca, la recolección y la agricultura. También es necesario impartir a la juventud conocimientos artesanales que les den la cualificación necesaria para hacer cosas realmente útiles con sus propias manos.

• Promover la nacionalización de la energía nuclear y finalizar la moratoria de construcción de nuevas centrales.

Click para agrandar. El rostro de "los mercados" en España.



ENERGÍA NUCLEAR: SOLUCIÓN PROVISIONAL AL PROBLEMA ENERGÉTICO

Los tejidos industriales e infraestructuras de transporte de un país necesitan ser regadas de energía del mismo modo que los tejidos celulares de un cuerpo necesitan ser regados de sangre. En el caso de nuestro cuerpo, la energía se obtiene de la respiración y la alimentación, y en el caso de la industria, actualmente la principal fuente de energía son los hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón).

Actualmente, se nos está forzando de forma insistente a depender de los hidrocarburos, para encadenarnos a la política de quienes los controlan (en Europa Occidental, compañías privadas e increíblemente poderosas). Todas las supuestas medidas medioambientales, la supuesta preocupación por el peak-oil por parte de los mandamases de la economía, son una farsa. No se ha puesto el más mínimo freno al consumo descontrolado de petróleo, al contrario, traemos manzanas de Chile en lugar de producirlas aquí, los supermercados reparten bolsas a tutiplén, la gente utiliza el coche hasta para ir a comprar el pan, el transporte público es anecdótico y el uso de la bicicleta inexistente.

Por otro lado, la globalización se ha encargado de sembrar la nucleofobia entre la opinión pública. Resulta bastante extraño que esta nucleofobia haya arraigado precisamente en los colectivos supuestamente antiglobalización. A veces parece que el anti-nuclearismo es un dogma religioso que no atiende a razón alguna, y que el perroflautismo militante cree que las centrales nucleares arrojan polvo de plutonio a la atmósfera o algo similar. La nucleofobia es en buena parte herencia del movimiento del Mayo del 68, dirigido contra la Francia de De Gaulle. Washington veía cómo Francia se estaba nuclearizando y convirtiendo en un país soberano, "respondón" (se salió de la OTAN en 1966, en 1971 pediría oro en vez de dólares como pago por sus exportaciones) y autárquico energéticamente, y sus servicios de Inteligencia organizaron un movimiento anti-gubernamental ―antepasado directo de las "revoluciones de colores" del espacio ex-soviético y las revueltas de la "primavera árabe"― para sabotear las políticas nacionalistas francesas. [1] Lo que más preocupa a "los mercados" de la energía nuclear, es que autarquiza energéticamente a un país (actualmente, el 80% de la electricidad generada por Francia es de origen nuclear), blinda las soberanías nacionales contra injerencias extranjeras y emancipa a las naciones de su dependencia de los hidrocarburos, sus enormes fluctuaciones de precios, el control de las rutas marítimas y oleoductos, la especulación económica a la que están sujetos y las guerras que causan. Como consecuencia, la energía nuclear generalmente está mucho más controlada por los Estados que por "los mercados".



En el debate a favor de la energía nuclear hay que tener en cuenta una serie de puntos:

• De momento, incluso aunque se promoviese la energía nuclear y se adoptase otra fuente de energía para mover nuestro transporte, el petróleo seguiría siendo una materia prima fundamental, ya que con él se fabrican los neumáticos, todo tipo de plásticos, lubricantes, fibras sintéticas, asfalto, fertilizantes, pesticidas, etc.

• Por tanto, hay que aceptar que, al menos de momento, el petróleo es necesario ―si bien mucho menos necesario de lo que nos hacen creer― de modo que se tiene que importar petróleo, guste o no. El petróleo controlado por compañías privadas procede de la zona más geopolíticamente inestable de todo el planeta, y los conflictos petroleros han causado un daño atroz a los pueblos del mundo. Se debe recurrir, por tanto, a hidrocarburos estatalizados y/o procedentes de zonas estables, como Rusia, Irán, Libia hasta tiempos recientes y Argelia (quizás por poco tiempo). Existe una bolsa petrolera cerca de las Islas Canarias; se trata de una cantidad modesta, pero podría ser un balón de oxígeno en la economía española si se solucionase el estatus del Sahara Occidental [2].

• Los residuos radiactivos son considerados uno de los motivos de peso para no abrazar la energía nuclear. Son altamente peligrosos y su radiactividad puede durar milenios. Sin embargo, por un lado, en la naturaleza existen depósitos radiactivos naturales, y por otro, actualmente hay métodos modernos para almacenar los residuos de forma segura y reciclarlos, reconvertirlos y reincorporarlos al ciclo nuclear más adelante.

• El mayor problema para quienes rechazan la energía nuclear, son los accidentes puntuales que se han dado ―por ejemplo, en Chernobil o en Fukushima. Existen claros indicios de que estos accidentes están relacionados con los programas de guerra climatológica y sísmica del Pentágono, pero incluso aceptando que se dieron de forma "natural" (y teniendo presente que ninguna zona de Europa está situada sobre la falla sísmica más activa del Pacífico), tendríamos que contraponer a las víctimas los daños que han causado otras fuentes de energía: duras guerras con millones de muertos y costes militares desorbitados, especulación con el precio del combustible, contaminación atmosférica con gases tóxicos (las centrales nucleares sólo expulsan vapor de agua), lluvia ácida, posiblemente efecto invernadero, problemas respiratorios, cáncer de pulmón y otras enfermedades, vertidos de crudo en el mar (con la destrucción de ecosistemas que ello implica), mineros muertos en accidentes, atentados terroristas sospechosos contra gasoductos y oleoductos, mano de obra que podría ser empleada en otros sectores y, en el caso de algunas energías renovables, nula rentabilidad, deterioro paisajístico o hasta aves destrozadas por las hélices de un molino de viento.

Número de muertes causadas por cada Teravatio-hora de diversas fuentes de energía (nuclear, hidroeléctrica, gas natural, biomasa, turba, petróleo y carbón). Probablemente, si se contabilizasen los muertos en guerras por el petróleo y el gas natural, dichas fuentes de energía tendrían unas tasas de muertos mucho mayor. En comparación, la energía nuclear viene a ser algo así como viajar en avión: es mucho más seguro y más rápido que viajar en coche, pero aun así existen personas que le tienen un miedo irracional.

Situación de las centrales nucleares en España.

España también tiene grandes yacimientos de uranio, pero nuestra soberanía nacional es tan inexistente que es Berkeley Resources Ltd. (una corporación minera australiana) la que explota y se beneficia de las minas. Otra fuente de uranio que España debería estar explotando es el Sahara Occidental.

Mapa de la empresa australiana Berkeley Resources Ltd. de los yacimientos de uranio en España.



SEGURIDAD CIUDADANA Y CÓDIGO PENAL

El mayor problema de España y del mundo entero, es la delincuencia de corbata, guante blanco y maletín. El ciudadano vive atosigado por parásitos que se alimentan de su trabajo, y aquí entran principalmente banqueros, políticos y burócratas, pero tampoco sirve de nada ignorar la delincuencia de baja estofa que, de un tiempo a esta parte, ha convertido barrios y ciudades enteras en infiernos.

Es del todo inútil y hasta patético intentar separar delincuencia e inmigración como si no tuviesen nada que ver. En Oslo, todas las violaciones del 2009 fueron cometidas por musulmanes (un 4% de la población), mientras que en Bilbao, cometen el 55% de los crímenes y están involucrados en el 90% de denuncias por violación (y ver aquí). El 80% de los delitos de las grandes urbes los cometen inmigrantes, y son responsables del 50% de la violencia doméstica, cuando se supone que en España son el 15% de la población (se "supone", ya que contando a ilegales y nacionalizados, la cifra superaría el 20%). Para colmo, en las estadísticas, los gitanos e inmigrantes nacionalizados computan como "españoles".

La inmigración es, lisa y llanamente, la más importante causa del impresionante aumento de la delincuencia en Europa en los últimos tiempos. Por ende, no se puede plantear una lucha seria contra la delincuencia si no se incluye el problema de la inmigración y las criminales leyes de extranjería que tenemos. En España ya hay suficientes delincuentes autóctonos como para que encima tengamos que importarlos de fuera, así que por lo pronto, el delincuente que no sea de aquí debe ser deportado.

El problema no es tanto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (que a menudo son los primeros que desearían cambiar las cosas), sino de la administración de justicia, la administración penitenciaria y la administración de extranjería. No sirve de nada tener una Policía eficaz y bien adiestrada (que en buena parte no la tenemos), si luego resulta que las leyes no culminan el buen hacer policial con una condena. Hoy en día, con nuestras leyes ridículas, un policía puede buscarse la ruina si le mete un par de guantazos a un delincuente. El día que haya un Gobierno que les deje a las FyCSE cumplir con su maldito trabajo, ese gobierno se ganará la lealtad incondicional de este importante sector social.

Por otro lado, se necesitan leyes celosamente proteccionistas para con la fuerza de trabajo productivo de este país, leyes que defiendan resueltamente al ciudadano corriente de los parásitos que, tanto desde arriba como desde abajo, se aprovechan de la tolerancia y la blandura de un sistema decadente, aplastando al trabajador español en un detestable sandwich. Es innegable que, actualmente, el sistema judicial funciona al revés, cebándose ferozmente en el ciudadano contribuyente, y recompensando la delincuencia. La Justicia, que consiste en darle a cada cual lo que se merece, es, en la práctica, inexistente. Se necesitan, por tanto:

• Cambios radicales en el código penal. Las FyCSE deben ser libres para detener delincuentes sabiendo que al día siguiente no van a salir libres del calabozo quedándose con su cara. De lo contrario, viene el hastío, las murmuraciones, la dejadez y finalmente la incompetencia, por parte de los funcionarios. Un policía debe sentir que su trabajo sirve para algo y que es útil a la sociedad. Cuando el profesional cree que él no puede marcar la diferencia y que da igual lo que él haga, el terreno está abonado para la desmoralización, la negligencia, la corrupción, el "cada uno a lo suyo" y el "sálvese quien pueda".

• Reorganización de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Actualmente tenemos Guardia Civil, Policía Nacional, policías autonómicas, Policía Local y Policía Portuaria, a menudo descoordinadas y con competencias que se solapan. La Policía Nacional (para entornos urbanos) y la Guardia Civil (para entornos rurales) bastarían de sobra para imponer el cumplimiento de las leyes y le ahorrarían dinero al pagador de impuestos.

• Cambiar los procesos de selección y el adiestramiento de las FyCSE. La Policía, como brazo importantísimo para imponer la autoridad del Estado en una época de crimen y corrupción, debería estar más preparada para las intervenciones violentas y menos para el papeleo estéril y la burocracia ridícula y odiosa. Otro sinsentido es permitir que la Policía se llene de mujeres por un lado, y canis y ex-delincuentillos por el otro, "agentes" valientes con el débil, cobardes con el fuerte y totalmente ineptos.

• Se necesita volver al concepto de justicia popular y otorgar más importancia a los jurados populares, ya que los magistrados en demasiados casos forman parte de la casta endogámica de chalet, y difícilmente pueden ser considerados hijos del pueblo. Los magistrados se encuentran totalmente divorciados de los problemas del ciudadano corriente y de la realidad del mundo, al margen de sus leyes decadentes y buenistas. Por tanto, se necesita que la voz del pueblo trabajador sea escuchada en los tribunales, de forma alta y clara.

• Juicios más rápidos. Agilización de trámites, supresión de intermediarios burocráticos, papeleo reducido al mínimo.

• Castigar a los reincidentes. No puede ser que haya personas que han sido detenidas docenas de veces (por ejemplo, carteristas con cientos de denuncias acumuladas) y que jamás hayan pisado la cárcel ni hayan sido expulsadas del país. Cada detención conlleva el consabido papeleo, pagado por el ciudadano trabajador, y el amargamiento cada vez mayor de unas fuerzas de seguridad que ven que su trabajo no sirve de nada, ya que los delincuentes salen en libertad al día siguiente y riéndose en su cara.

• Retirar cualquier tipo de subsidio a los delincuentes. No necesita mayor explicación. Hay delincuentes conocidos que viven en pisos de protección oficial y cobran todo tipo de subvenciones pagadas por el pueblo vía impuestos. Y como tal vez el dinero que les da el pueblo con sus impuestos no es bastante, el delincuente se dedica también a atracarlo directamente.

• Cambio radical de la educación de los magistrados. Los funcionarios de "justicia" han pasado los mejores años de su juventud (5 años de carrera + 5 años de oposición) entre papeles, lámparas, aulas y estudios tediosos, pero del mundo real a pie de calle, conocen más bien poco. Salen de sus estudios para entrar en los tribunales, sin haber pasado por la escuela de la calle y de la vida, y aplicando un concepto de la justicia totalmente psicotrópico y alienante. Son, en suma, una casta aislada y endogámica. Por tanto, los magistrados deberían pasarse la carrera estudiando menos leyes y pisando más las comisarías, las cárceles, los reformatorios, los coches-patrulla y los barrios conflictivos. El Estado debería poner un empeño exquisito en asegurar que cualquier persona que llegue a magistrado esté total y absolutamente familiarizada con los problemas reales del pueblo trabajador. Un magistrado deberá responder de un mal ejercicio de su profesión, con un código de leyes más duro que el del ciudadano común.

• ETA. Los nacionalismos periféricos de España son una creación británica de la época de la revolución industrial e incluso antes. ETA nació mucho después, como parte de la Operación Gladio de la OTAN. Se trató de un intento de las potencias atlantistas para desestabilizar España durante el tardofranquismo y la transición, y arrojar al pueblo español a las manos de las fuerzas políticas "moderadas, sensatas y ordenadas" avaladas por el Fondo Monetario Internacional y otros poderes financieros. Probablemente los únicos estadistas españoles que realmente estaban interesados en acabar con ETA fueron Franco, Carrero Blanco y Adolfo Suárez. Después, se han tenido, y se siguen teniendo, numerosas oportunidades para acabar con "la banda", reducida a un papel de "terrorismo residual" de conveniencia. Las FyCSE saben perfectamente quiénes son los etarras y podrían detenerlos a todos, pero desde arriba vienen órdenes de no actuar. Hoy, ETA está controlada por las cloacas del Estado (con el ex-vicepresidente, ex-ministro del Interior y candidato a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, a la cabeza) y sirve para mantener a todo un chiringuito de burócratas, empresarios y políticos que usan la lucha contra el terrorismo para colgarse medallas y como medio de subsistencia económica y autojustificación existencial.

• Alta traición. Deben incluirse en el concepto de "alta traición" las corruptelas de altos vuelos, la mala gestión de recursos y fondos públicos, el espionaje, la manipulación informativa y propagandística, la gran especulación, la deslealtad institucional y la manipulación del dinero por parte de banqueros, y castigarse con la pena de muerte. La correcta aplicación de este concepto aterrizaría a buena parte de nuestra clase política y cultural, y a la práctica totalidad de nuestra supra-élite económica, en el patíbulo.

• Alta responsabilidad. Ser un alto cargo (político, público, empresarial, etc.) debe automáticamente implicar la aceptación de un código penal mucho más duro que el del ciudadano corriente, ya que el más mínimo error por parte de un político, banquero, gran empresario, magistrado, etc., puede computar perfectamente como alta traición. Los servicios de Inteligencia deben someter a los altos cargos a un escrutinio cotidiano exquisito en busca de la más mínima irregularidad. Actualmente, los peores delincuentes que existen, han endeudado ayuntamientos, fondos públicos, cajas de ahorro, etc., hasta límites inverosímiles, sólo para llevar al cabo obras de construcción con las que consiguen por un lado votos y por otro enriquecerse mediante la especulación y el tráfico de influencias. Con ello, han condenado al pueblo al pago de una deuda surrealista, por generaciones enteras. Estos delitos son muchísimo más graves que un asesinato, pero sus perpetradores jamás han sido llamados a responsabilidad para que rindan cuentas.

• Castigos físicos. Los países que tienen mucha más experiencia que nosotros en la lucha contra la delincuencia dura, saben perfectamente que la cárcel no "reforma" a nadie, sino que, al contrario, junta al recluso con otros de su condición, confirmándole en su camino y dándole la oportunidad de aprender de los "mejores". Sin embargo, un castigo físico a tiempo (por ejemplo, una paliza o unos azotes) tiende a hacer que el delincuente desista de profundizar en el submundo del crimen. En países como Brasil, de los que tenemos mucho que aprender en materia de lucha contra el crimen, este método se ha demostrado muy efectivo con delincuentes jóvenes. Aplicar un poco de brutalidad al delincuente precoz tiende a evitar que luego ese mismo delincuente aplique "un mucho" de brutalidad a la sociedad. 

• Trabajos forzados. Parece una aberración digna del mundo al revés que cuando un delincuente comete un delito, la sociedad tenga encima que pagarle un retiro y mantenerlo. Si el preso ha causado un daño a la sociedad y encima su mantenimiento le cuesta dinero a la sociedad, es justo que pague su deuda trabajando gratis y haciendo algo útil en vez de estar sentado en una celda consumiendo dinero por gentileza del contribuyente. Quien debe pagar siempre es el criminal, no el ciudadano corriente. El flujo de beneficios, por tanto, debe ir del preso al ciudadano, no viceversa.

• Pena de muerte. Existen delitos y criminales tan odiosos (asesinos en serie, pedófilos, altos traidores, alta corrupción, terroristas, psicópatas, violadores reincidentes, grandes narcotraficantes) que es un insulto pedirle al pueblo que pague con el sudor de su frente la comida y el alojamiento de estos elementos durante décadas. Suprimir las vidas de los criminales odiosos es simplemente más rentable económicamente para el pueblo, y además la misma connotación ritual de una ejecución lanza un claro mensaje al subconsciente de la sociedad.


Derecho a la legítima defensa

Es de derecho natural defenderse del enemigo…
una ley sagrada, no escrita, pero que nace
con el hombre: ante un ataque injusto,
todo medio de salvación es legítimo.
(Cicerón).

El derecho más básico y fundamental de cualquier ser vivo es el de la autopreservación. Ello incluye respirar, comer, beber, refugiarse... y defenderse cuando se es atacado. Este derecho básico NO está garantizado en la España moderna, donde se protegen los derechos del perpetrador mucho más que los derechos de la víctima (sólo una casta dirigente de criminales, ladrones y gentuza podría promulgar leyes que benefician a los criminales, los ladrones y la gentuza). Parece que si un delincuente comete un robo en un domicilio y luego tropieza escaleras abajo, poco menos que se reprende al dueño de la vivienda por no tener medidas de seguridad adecuadas. En una España que sufre niveles de delincuencia en constante aumento, es corriente que se repita un esquema una y otra vez:

- Ciudadano corriente es robado, atacado o lo que sea por parásito social.

- Ciudadano corriente denuncia los hechos ante la Policía. La Policía no hace nada porque no se lo permiten.

- Parásito social se entera de que le ha denunciado y corre a amenazarlo con sus amigos, también parásitos sociales como él. Parásito social agrede de nuevo al ciudadano corriente y amenaza con dañar a su familia.

- Ciudadano corriente, desesperado por la inacción de las "autoridades competentes", se toma la justicia por su mano.

- Ciudadano corriente es condenado a una larga pena de prisión. Su familia sufrirá las amenazas y el acoso de los parásitos sociales familiares y amigos del parásito social defenestrado. Ni las "autoridades pertinentes" ni los familiares del parásito social defenestrado recibirán castigo alguno por su despreciable conducta.

Otro esquema que se repite es el del parásito que entra a robar en casa de un ciudadano corriente, el ciudadano corriente se defiende y, como consecuencia, el parásito acaba muerto y el ciudadano corriente en la cárcel.

Hay toda una subclase de criminales que se encuentran al margen del sistema y que actúan como por encima de la ley, ya que la Policía no quiere meterse en problemas, debido a presiones que vienen desde arriba. Las oleadas de delincuencia, como la que estamos sufriendo ahora, sólo vienen cuando los delincuentes se sienten totalmente impunes, amparados por el sistema, y especialmente porque saben que las víctimas no se pueden defender. Generalmente, dicha víctima es una persona honrada que "forma parte del sistema", que paga sus impuestos, que no tiene un "clan" que lo defienda (salvo supuestamente el Estado, que no cumple su función) que tiene mucho que perder y que intenta no meterse en problemas. Se trata del perfil típico de víctima de la globalización: varón europeo blanco, trabajador, heterosexual y de clase media o baja. Este tipo humano es el que más contribuye a mantener el sistema en pie, pero a la vez siempre es el más perjudicado y criminalizado por el mismo sistema.

Las víctimas de la globalización —es decir, las clases medias y bajas de Occidente— están siendo bombardeadas con una propaganda que extirpa de ellas el instinto natural de autodefensa, como si quisiesen convertirlas en un rebaño manipulable, asustado, sojuzgable y dependiente del pastor, para que sean capaces de vender su alma a cambio de un poco de seguridad. Decía Thomas Jefferson que "quienes renuncian a la libertad esencial para obtener seguridad temporal, no merecen ninguna de las dos cosas". La sensación de indefensión del individuo es utilizada por el sistema para ir promulgando medidas de control social cada vez más atenazantes. El actual poder quiere, por la cuenta que le trae, ciudadanos indefensos y privados de todo derecho, ya que una turba de ciudadanos armados y legítimamentecabreados (lo de "indignados" no basta), no tendría problemas para cazar como animales y ajusticiar por su cuenta a quienes percibe como manzanas podridas, desde alcaldes, banqueros, jueces, oligarcas, ministros y concejales hasta delincuentes comunes. La casta, grupo social endogámico que no se entera de cómo es el día a día del pueblo trabajador, va protegida hasta las trancas. Sin embargo, esta misma casta es la que le niega al pueblo indefenso los medios para protegerse. Para acabar con este repugnante estado de cosas, deben introducirse cambios en el sistema:

• Fin de la ley de proporcionalidad entre defensa y agresión. El ciudadano tiene derecho a defenderse de los parásitos que le chupan la sangre ―sean ladrones de guante blanco, de pasamontañas o de navaja― con medios más contundentes de los que el criminal usa para atacarlo a él. Es cierto que las FyCSE están para proteger al ciudadano de los criminales, pero si se ha producido un robo o un ataque, es precisamente porque las FyCSE no lo han podido evitar y han fracasado en su labor. En tal caso, el ciudadano tiene derecho a protegerse sin miedo a que la ley recaiga sobre él.

• Relajación de los requisitos para conceder licencias de armas para la autodefensa de civiles honrados y sin antecedentes penales ―previo examen psicotécnico, curso de manejo y examen teórico-práctico. Actualmente existe una licencia de armas (la B) que autoriza a portar armas a personas que están bajo peligro. Sin embargo, en un reflejo típico de la sociedad "igualitaria" de este "Estado de derecho", dicha licencia sólo suele concederse a políticos, futbolistas, famosos, jueces, banqueros y similar ralea de la casta privilegiada, mientras que a otras personas que necesitan la licencia igual o más, se les pone todo tipo de trabas administrativas. Un taxista, un joyero, un farmacéutico o un dependiente de kiosco o de gasolinera, trabaja con riesgo y tiene derecho a defender su vida, su propiedad y los frutos de su trabajo. Lo mismo reza para cualquier persona que desee estar en condiciones de defender su hogar, su vida y la de los suyos. Tanto las armas cortas como las escopetas deberían poderse guiar con una licencia de autodefensa.

• Relajación del reglamento de armas. Existen toda una serie de trabas (armeros caros, restricción por calibres, revistas periódicas, cupos de munición, etc.) a la posesión de armas, diseñadas para entorpecer y encarecer la adquisición y tenencia de armas por parte de los ciudadanos corrientes. Esto resulta particularmente exasperante por cuanto existe un mercado negro de miles de armas ilegales (en 1999 la Guardia Civil estimaba 350.000, hoy este número es mucho mayor tras la distribución de material de los Balcanes), contra el cual no se está luchando como es debido, sino que se atosiga a los tiradores deportivos, cazadores, aficionados a las armas y coleccionistas, propietarios de armas perfectamente registradas, controladas por el Estado y con todos los papeles en regla. No se debe mirar con sospecha a los ciudadanos corrientes, sino a los altos cargos y peces gordos del capitalismo y a los delincuentes de baja estofa, que se aprovechan de un sistema judicial decadente y odioso.

• Endurecimiento de la lucha contra las armas ilegales. Las FyCSE saben perfectamente que existen focos de tráfico de armas ilegales, pero no actúan contra ellos por razones de "fuerza mayor" y para no suscitar las quejas de ONGs y medios de comunicación financiados por el gran capital. Los campamentos gitanos, los barrios conflictivos, los lugares donde abundan las bandas étnicas y el tráfico de estupefacientes, etc., están armados hasta los dientes. Incluso bandas organizadas han llegado a robar grandes cantidades de armamento en bases militares y comisarías, pero la "justicia" se ceba en los poseedores de armas legales. Esto recompensa al delincuente, penaliza al ciudadano honrado y encima estimula la proliferación de armas ilegales. Sólo una política férrea de intervenciones policiales, como ha realizado Brasil en sus favelas, podría poner orden en estos agujeros negros territoriales. El problema es que dichas intervenciones no quedan bonitas en las noticias, no son buenas para captar votos y además supuestamente violan los derechos humanos de toda la basura humana que no tiene reparos en violar los derechos de los demás.


Sistema penitenciario

La cárcel debería ser un lugar donde a nadie le gustaría estar, no un hotel pagado por el contribuyente. En España, se ha llegado a un punto en el que los delincuentes extranjeros viven mejor enjaulados que en sus países de origen, y en el que no les importa ser encarcelados, ya que se encuentran con sus familiares, sus amigos, y tienen una serie de comodidades impensables para muchos ciudadanos corrientes (carrera pagada, cursos de formación profesional, gimnasio gratuito, etc.). Resulta también muy representativo que el Estado gaste más dinero en la comida de los reclusos que en la comida de los soldados. Cada recluso le cuesta al contribuyente 26.000 euros al año (unos 2.150 euros al mes, muy por encima del salario medio). Esta burrada es una grave hemorragia para el Estado.

Durante "la dictatura franquista", la proporción de reclusos sobre el total de la población era de las más bajas del mundo: durante 1975, en plena efervescencia de detenciones anti-terroristas, había unos 15.000 reclusos de un total de 36 millones de habitantes, es decir, 24 presos por cada cien mil habitantes. Actualmente, España tiene 80.000 presos, el equivalente a 170 por cada cien mil habitantes. En comparación, Reino Unido tiene una proporción de 150, Francia 96, Italia 95, Alemania 90 y Suecia 75. Lisa y llanamente, desde la caída del franquismo, la proporción de presos se ha multiplicado por siete.

Dos son los factores que explican la particularidad española, puesto que el argumento de la inmigración no sirve al ser común con el resto de países europeos:

a) Presencia de focos de población autóctona altamente problemática (especialmente gitanos y similares).

b) Ley Integral de Violencia de Género de 2007, Ley de Igualdad de 2007, Ley de Matrimonio de 2005 y Ley de Divorcio de 2005.

Como en el caso de la delincuencia común, los problemas penitenciarios no pueden abordarse sin tener en cuenta además el problema de la inmigración. El 60% de los presos encarcelados en España en la última década son extranjeros. Como de costumbre, una importante parte del 40% restante se compone de gitanos e inmigrantes nacionalizados que computan como "españoles". Durante este periodo, el número de reclusos nacionales ha crecido un 29%, mientras que el de extranjeros ha crecido un 228%. Las cifras van en aumento.



En torno al sistema penitenciario florecen todo tipo de negocios y chiringuitos parasitarios, cosa que podría acabar desembocando en una privatización de las cárceles, como en Estados Unidos (país con la mayor tasa de encarcelados del mundo: 756 por cada cien mil habitantes), donde hay megaempresas a las que les conviene mucho tener una población penitenciaria anormalmente numerosa. Para mantener bajo el número de reclusos y evitar que sigan siendo una hemorragia para el Estado, se tendrían que aplicar una serie de medidas.

• Repatriación de toda la población penitenciaria de origen extranjero. Que delincan o vayan a la cárcel en su propio país, si tienen valor para ello. El contribuyente español bastante tiene ya con mantener a los reclusos españoles.

• El ya mencionado asunto de los castigos físicos podría ahorrarle al Estado el tener que gastar dinero en mantener a otro recluso. No sale rentable meter en la cárcel a un pequeño trapero o a un aprendiz de macarra, si luego resulta que en la cárcel se junta con individuos de mucha peor estofa, se endurece y aprende de ellos. Sale más rentable darle un correctivo físico, totalmente gratuito, de tal modo que no se atreva a volver a delinquir. La cárcel debería reservarse en la medida de lo posible a elementos socialmente peligrosos e incorregibles.

• Fin de los lujos en las cárceles. No puede ser que un ciudadano trabajador y padre de familia no llegue a fin de mes y que a un criminal no le falte de nada. Es inmoral, injusto y odioso. Las ayudas sociales, para los ciudadanos trabajadores, y sólo si sobra dinero puede llegar a pensarse en mejorar las condiciones de vida de los criminales.

• Amnistía a los hombres condenados por "leyes de violencia de género" anticonstitucionales, que tienen buena parte de la responsabilidad en el aumento de reclusos y en la sobresaturación del sistema penitenciario español, muy a menudo con hombres totalmente inocentes. Esta medida debe complementarse con la derogación de la Ley Integral de Violencia de Género y la Ley de Divorcio y la lucha contra el fenómeno social de las denuncias falsas por parte de mujeres sin escrúpulos, dispuestas a aprovecharse de la imbecilidad de una "justicia" decadente.

• Castigar a los organismos e individuos responsables de subvencionar y promover la misandría y la criminalización del varón ―especialmente del varón blanco y heterosexual―, sea con dinero privado o especialmente con dinero público.

• Ir a la raíz del problema. Es innegable que una sociedad aberrante produce inadaptados sociales, y probablemente muchos de estos inadaptados son seres humanos más cuerdos que quienes les condenan. Se debe trabajar para constituir una sociedad que no esté en contradicción con la naturaleza humana y que no aliene ni desposea al individuo de sus vocaciones naturales ―que en el caso del hombre, tienden a la acción, y en el caso de la mujer, a la maternidad.



LA CRISIS NO ES SÓLO ECONÓMICA NI SÓLO ESPAÑOLA DECADENCIA DE OCCIDENTE

Hubo un tiempo en el que el ser humano estaba gobernado por la voluntad, y sus apetitos eran instrumentos de esa voluntad. Ahora está gobernado por el deseo, y su voluntad es el instrumento de sus apetitos. Mientras vivamos en un sistema económico que convierte en rentable el envenenamiento del planeta y del cuerpo y la mente del hombre, esto jamás se podrá cambiar. Se necesita un sistema económico antropocéntrico, que se base en el hombre, y en el que la economía esté al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la economía.

Nos encontramos en una época de transición. Un sistema de vida muere, y otro ocupará su lugar. Como todas las sociedades que llegan a fin de ciclo, la nuestra es una sociedad fuertemente decadente y desorientada. Nadie cree en nada, el idealismo está muerto y todo son intereses, beneficios e impulsos del bajo vientre. En esto, tienen la responsabilidad tres instituciones encargadas de formar los valores del individuo: la familia, el sistema educativo y los medios de comunicación.

La familia, depositaria del imaginario colectivo de la antigüedad, ha sido totalmente neutralizada como célula independiente. En los pocos lugares donde los lazos familiares todavía son superiores a los lazos económicos (como en las tribus libias), la globalización se está encargando de imponer su ley. La familia tradicional es antisistema: una familia, usando la misma casa, el mismo coche, compartiendo gastos, etc., consume menos que cada individuo por su lado con su propia casa, su propio coche, comiendo fuera de casa, etc. Lo que interesa no es que el individuo comparta sus posesiones y haga causa común con otros, lo que interesa es que abunde la gente independiente, "liberada", hedonista, superficial, insatisfecha y egoísta, cuanto más frustrados e infelices, mejor —ya que buscarán la felicidad de manera artificial, en placeres superficiales, vicios fáciles y compras compulsivas, y ello multiplica las rentas de la casta.

Además, la familia es la unidad social más básica. El individuo tiende a aplicar en su vida social los mismos patrones que ha absorbido en su familia. Quien no sabe vivir en familia, nunca podrá vivir en una sociedad estructurada, y por tanto, sin familia, es imposible construir un verdadero socialismo —ya que el individuo pasa a regirse por directrices que no tienen nada que ver con su propia gente, sino con lo que se vocea en los medios de comunicación y en la "cultura" oficialmainstream.

El sistema educativo se ha convertido en una fábrica de esclavos en serie, recompensando las virtudes del animal de ganado, ahogando la excelencia humana, machacando el vigor de la juventud y neutralizando a los superdotados. Se ha convertido también en un negocio y en un centro de adoctrinamiento para la ingeniería social con directrices impuestas por la UNESCO (multiculturalismo, igualitarismo, aborto libre, sexualidad libre, normalización de la homosexualidad, cultura de la anti-voluntad y del anti-esfuerzo, anti-patriotismo, tecnofilia, anti-racismo, consumismo, moral del esclavo, globalismo, etc.).

En cuanto a los medios de comunicación, están secuestrados por el gran capital y sólo difunden la ideología oficial, la publicidad, las modas necesarias para que el sistema económico de consumo se mantenga en pie, y las consignas que están envenenando la mente de la humanidad.



Las crisis que veremos a continuación se añaden a las más graves de todas, que son la multiplicación exponencial de los seres humanos en las áreas más deprimidas del planeta, la lucha por los recursos y la degradación del código genético humano. Cuando se promueve la disolución social y moral más absoluta, el ateísmo, el igualitarismo, el relativismo, el nihilismo y el cortoplacismo, todo se hunde, y sólo una élite financiera y comercial, firmemente religiosa, cohesionada, educada y rica, asciende a lo alto del desastre como la nata a lo alto de la leche.


Crisis biológica

El ser humano, como cualquier otro animal, interacciona con el medio que le sostiene de diversas formas: respirando, bebiendo, comiendo, observando, escuchando, sintiendo, saboreando, tocando. Estos procesos estimulan todo un sistema psicofísico, y de ellos depende la creación de un ser humano sano, equilibrado y amante de lo suyo, o la creación de una criatura enfermiza, autodestructiva, endofóbica y neurótica.

En los tiempos antiguos, el ser humano interaccionaba con un entorno virginal, prístino y natural, tal y como nos pedía nuestro código genético, moldeado por dicho entorno. Actualmente, interaccionamos con un entorno corrompido y contaminado, que está en contradicción con todos los circuitos físicos y mentales de nuestro cuerpo. El agua está contaminada, el aire está contaminado, la comida está corrompida, la contaminación electromagnética es constante y nuestro entorno está desnaturalizado. En una frase, estamos respirando, bebiendo, comiendo, observando, escuchando, sintiendo, saboreando y tocando cosas que no son aptas para el consumo humano, y que desequilibran la salud tanto física como mental del individuo. Es en las ciudades grandes y zonas industrializadas donde este proceso está más avanzado, y donde ha causado una grave epidemia de esterilidad, problemas de salud, enfermedades mentales y feminización debido a los xenoestrógenos y otras sustancias estrogenizantes. El ser humano moderno tiene, para consigo mismo y para con el medio, comportamientos anormales y destructivos, propios del animal enjaulado.

La culpa de esta involución la tiene un determinado mindset, o bagaje mental-ideológico, que considera que el ser humano no es un animal sujeto a las mismas leyes naturales que rigen la evolución del resto de animales. Incluso a quienes afirmen que el hombre tiene un espíritu que lo distingue y que lo eleva, habría que explicarles que sigue teniendo, hasta el momento de su muerte, una parte material, sujeta a las leyes de la tierra. Este lastre mental sólo puede solucionarse con un cambio total de paradigma, basado en la idea de que "si perjudica a la especie, es malo".

La única manera de volver a someter a los pueblos europeos a unos hábitos de vida mínimamente sanos, es operando una militarización y regimentación total de toda la sociedad, y familiarizándola con la vida de campamento, lo cual sólo podría hacerse cuando un sistema de poder político de carácter socialista haya reconquistado los Estados.


Crisis antropológica

El proceso de domesticación de un animal es largo y triste. Por poner un ejemplo, para pasar de los antiguos y salvajes uros a la vaca, se tuvo que operar una selección artificial que contradecía radicalmente a la selección natural hasta entonces vigente. Los hombres capturaron rebaños de uros y sistemáticamente, generación tras generación, mataron a los más bravos, inquietos e inteligentes para que su código genético no pasase a la siguiente generación. Al final, los hombres obtuvieron lo que querían: un animal al que le da igual que una persona se le acerque descaradamente y le agarre de un pezón para ordeñarle toda la leche que debería ir para sus terneros.

Desde el Neolítico, la civilización ha operado una "selección a la inversa" en el genoma humano. En cada generación, los individuos más nobles, bravos, abnegados, altruistas, valientes, heroicos, sanos e inteligentes, han caído en guerras y luchas por el poder. La civilización lleva milenios recompensando evolutivamente la multiplicación de los individuos vagos, cobardes, aduladores, mentirosos, materialistas, egoístas, débiles, "espabilados" o simplemente mediocres. Actualmente, el "superviviente" ya no es el cazador o el guerrero de otros tiempos, sino el buitre oportunista, el buscavidas, el mercader, el tendero o el tacaño que acapara riqueza como un roedor. Este horroroso retroceso en la evolución, prolongado al infinito, acaba creando dos tipos humanos:

1- El rebaño. Un tipo humano conformista, sin anhelos, curiosidades, inquietudes, imaginación, valor, idealismo ni inteligencia ―salvo la estrictamente necesaria para desempeñar su puesto de trabajo. Un tipo humano gobernado por apetitos mediocres y desordenados: un ser apto para aceptar su esclavitud como animal de ganado en una inmensa granja gestionada por una selecta casta de granjeros. A cambio de ser ordeñado hasta el agotamiento, el hombre-ganado obtiene lo que Nietzsche llamaba "bienestar digno de lástima". Se trata del tipo humano mayoritario en las sociedades más involucionadas, un tipo humano que se cree lo que le cuentan. Dentro del rebaño aun hay encerradas porciones del genoma de los mejores hombres de otros tiempos, pero la hipnosis a la que están sometidos sus portadores evita que esta sangre maravillosa se exprese, y el paso del tiempo la va erosionando y diluyendo irremisiblemente generación tras generación.

2- El pastor. Un tipo humano taimado, retorcido, materialista, vivaz, que ha sabido aprovechar la coyuntura para subir a lo más alto, que prospera con la desgracia ajena, que fomenta deliberadamente la estupidez del resto de la humanidad y que neutraliza a las cabezas pensantes del rebaño. Un carácter gobernado por la ambición material y el ansia por trepar hacia ni él sabe dónde. Estos individuos se unieron entre ellos por intereses comunes, adularon a los antiguos héroes para fomentar las ambiciones que les hicieron caer, usurparon su lugar y se colocaron en condiciones de explotar de forma parasitaria al pueblo huérfano. Este tipo humano es el que predomina en las castas económicas y políticas que gobiernan al mundo actualmente, y no le conviene que el hombre evolucione para despertarse y liberarse.

La degeneración de la especie, debida a la sobreprotección y domesticación del ser humano civilizado, puede compararse con lo que pasa cuando un jardín se descuida y se abandona: las malas hierbas lo invaden y amenazan con convertirse en la especie dominante. Sólo una política de eugenesia impuesta por el Estado podría poner coto a este proceso. Se trata de un tema complejo que queda fuera del marco de este escrito y que será tratado en un artículo futuro.


Crisis étnica

La globalización está gobernada por una casta financiera, comercial y mediática altamente endogámica, que considera que la amalgama de la "raza blanca", que vertebra a la Civilización Occidental (especialmente las clases medias y bajas europeas y los WASP y "rednecks" estadounidenses), es el único bloque social multinacional que, bajo ciertas condiciones, podría ser capaz de desafiar la hegemonía económica y política de la plutocracia globalista.

Las identidades étnicas (especialmente las occidentales) son vistas como un obstáculo en los planes de la globalización, un bastión reaccionario del antiguo orden natural de las cosas. Muchas culturas y muchos pueblos son difíciles de dominar por una casta internacionalista, ya que son miles de escenarios, cada uno con sus reglas —pero una cultura y una sociedad global, es fácil de dominar: se forjan los valores y las mentalidades, se toma nota de las debilidades, y se procede. Por eso la globalización busca de forma sistemática y agresiva la disolución de las identidades de todos los pueblos del planeta. Y aunque a la homogeneización racial total le falta tiempo, la homogeneización de las ideas y del carácter, está muy avanzada: cada vez más se tiene la sensación de que la gente piensa igual en todas partes y tiene metas similares.

La inmigración masiva de los últimos tiempos sirve bien al objetivo de la homogeneización masiva de la humanidad, y está abocada a provocar gravísimos conflictos sociales en el futuro próximo. Se tratarán otros aspectos de la crisis étnica en la tercera parte del artículo.


Crisis moral, ideológica y espiritual

No sólo de pan vive el hombre. Como se ha dicho más arriba, el hombre tiene necesidades inmateriales, y necesita formas de organizar y canalizar las capacidades más elevadas de su cerebro. A un nivel básico, el ser humano necesita sentirse identificado con un proyecto común "tribal" digno de orgullo, que le dé la oportunidad de formar parte de algo que trascienda su individualidad mediocre y efímera, algo que lo aúpe a la eternidad. El hombre del hemisferio norte, cuyos antepasados vivieron en condiciones que exigían cooperación y trabajo en equipo, parece particularmente programado para querer ser útil a su "tribu". Cuando se le niega la posibilidad de ayudar a sus semejantes y participar en una gran empresa común, el hombre sufre. Sin una tabla de salvación, una brújula que le señale el Norte, el hombre se vuelve desorientado y sus instintos se disgregan. Por ende, las civilizaciones necesitan una disciplina social, un imaginario colectivo que organice a las masas y las cristalice y estructure, convirtiéndolas en una unidad férrea y pletórica de fe.

El problema del hombre moderno corriente no es ya que tenga una ideología equivocada, sino que directamente no tiene ideología alguna —pues no está dispuesto a luchar y morir por absolutamente nada. De eso se ha encargado el sistema, cultivando una de las peores enfermedades mentales que existen (el ego, el "yo no creo en nada, sólo en mí mismo" y el "yo soy más guay que el vecino"). Esto es pernicioso por cuanto las ideologías proporcionan cohesión social y vertebran a un pueblo, mientras que los egos lo dividen. Cuando no hay ideología (podríamos decir "ego común"), la colectividad carece de propósito y de sentido, tanto para bien como para mal. La India védica, la antigua Esparta, la Roma imperial, la Europa medieval, los califatos árabes, los pioneros puritanos, el Japón feudal, la Francia napoleónica, la Alemania nazi, la Unión Soviética y la España franquista (o actualmente Corea del Norte o Irán), fueron, para bien y para mal, sociedades fuertemente ideologizadas, en las que "se creía en algo". En Occidente, ese "algo" ha sido arrancado, y el hueco ideológico no se ha llenado con nada nuevo satisfactorio, de modo que automáticamente el vacío atrae a las fuerzas parasitarias, las malas hierbas: materialismo, hedonismo, pereza, indolencia, nihilismo y otros vicios. Parece que el hombre moderno no siente respeto por nada, que nada lo motiva y que nada le conmueve de verdad el alma… salvo el dinero y el estatus socioeconómico.

Que la sociedad debe ser fuerte y honorable lo corrobora el hecho de que las mismas masas, de carácter netamente femenino, tienden a despreciar y a revolverse contra las sociedades y líderes que les permiten comportarse de manera disoluta e indisciplinada. La proliferación de tribus urbanas, sectas, independentismos, hinchadas de fútbol, mundos virtuales, estéticas raras, aficiones extravagantes, etc., se debe a que el individuo carece de una fe, una ideología vigorosa y prometedora con la que sentirse identificado, y una Tradición ancestral que asegure la continuidad de su código genético y su mentalidad —de modo que busca sucedáneos cutres para auto-afirmarse, de manera inadecuada e infantil. Este proceso surgió ya durante la decadencia de Roma: proliferaron infinidad de "cultos de salvación", de los cuales sólo el cristianismo acabó imponiéndose. La Europa actual, que es hija de Roma, está atontada por las sustancias químicas y los impulsos sensoriales desordenados, y parece que será el Islam quien se llevará la palma, a menos que Europa sea capaz de crear un sistema de valores que supere al Islam en fuerza y magnetismo, recuperando ideas "medievales, anticuadas y obsoletas" como el patriotismo (que no patrioterismo), el honor, la lealtad, el valor, el orden, la jerarquía, la obediencia, el sacrificio, el altruismo y la disciplina.

Los pueblos europeos deben ser capaces de crear, de forma espontánea y bajo una fuerte presión ambiental (ya que el hombre nunca ha evolucionado por iniciativa propia, sino arreado por el látigo de la vida y del mundo), un nuevo sistema de valores y creencias que invierta totalmente la perniciosa tendencia de los últimos milenios y que inyecte una masiva dosis de fe, ilusión, pasión y fanatismo en el triste espíritu del hombre europeo. Es difícil concebir este proceso de transformación sin contar con la mayor maquinaria trituradora de egos individuales que ha llegado hasta nuestros días: el mundo militar.


Crisis sexual

El sexo es una de las mayores fuerzas que mueven al ser humano y, actualmente, es también un enorme negocio para un sistema que intenta sacar beneficio económico hasta de los instintos naturales. La pornografía, las modas, la prostitución, la economía del mundo de la noche, las drogas, el alcohol, las hipotecas, las profesiones y un sinfín de negocios extremadamente lucrativos, utilizan al sexo como su principal combustible.

Resulta muy claro a estas alturas que el sistema moderno, utilizando principalmente los medios de comunicación y diversas consignas y "memes" lanzados a las masas, se dedica a:

a) Sobre-estimular sexualmente al individuo, especialmente a los varones. Con ello, promueve la expresión desordenada y superficial de los instintos sexuales naturales, la subordinación de la voluntad a los deseos y el drenaje de la fuerza vital. Además, evita que el individuo piense en otras cosas que lo puedan convertir en un disidente.

b) Derribar los sentimientos naturales de pudor, inocencia, idealismo y dignidad, que obstaculizan la "libre circulación" de flujos sexuales en la nueva sociedad-revoltijo pseudomatriarcal.

Del mismo modo que el capitalismo busca "abrir mercados" violando la soberanía de países ajenos, también ha descubierto que en el seno de cada individuo también hay "mercados" susceptibles de ser explotados, y que deben ser también abiertos. En una época de promiscuidad y corrupción universales, sólo los grupos altamente organizados, puritanos, jerarquizados y de alta natalidad, ascienden a lo alto. Simplemente, "los mercados" quieren asegurarse de que los pueblos a los que explotan no sean de esos grupos.

En otro orden de cosas, el sistema económico se ha dado cuenta de que los hombres producen la mayor parte de bienes y servicios que circulan por el mundo, pero son las mujeres quienes los consumen en mayor cantidad. Obviamente, al sistema económico le conviene un "individuo universal", sin identidad sexual, que tenga los hábitos de trabajo y competitividad de un hombre, pero los hábitos de consumo de una mujer. En términos de ingeniería social, eso se traduce en intentar inocularle al hombre la enfermedad del consumismo, de la moda y de la superficialidad social, y en intentar embrutecer el carácter de la mujer insuflándole agresividad masculina para volverla "competitiva". El resultado ha sido una generación de poco-hombres y poco-mujeres, quizás aptos para el sistema, pero no para la especie. Ahora se ve con más claridad que la "liberación de la mujer" en realidad ha sido una estrategia del gran capital para destruir la célula familiar, duplicar la mano de obra, reducir los sueldos a la mitad, aumentar el consumo y dejar a los hijos a merced de la agresiva propaganda emanada de las multinacionales. Entendemos que el verdadero machismo consiste en pensar que la mujer debe adoptar la conducta de un hombre, y en no reconocer la importancia económica y social de la madre y del ama de casa.

Finalmente, el hombre autoritario, el pater familias de los tiempos romanos, ejerce una influencia magnética sobre la masa social, disciplinándola. Los pastores sociales saben que para obtener un rebaño disoluto, vulnerable y atolondrado, necesitan anular la influencia de los "machos cabríos" y conceder libre albedrío al consumismo, asegurándose de que las inseguridades y veleidades consumistas de las mujeres no se vean restringidas por la seguridad ofrecida por un hombre que se viste por los pies. El patriarcado ha sido efectivamente desmantelado.

Esto, junto con la consabida táctica del "divide y vencerás", es el verdadero origen de la "lucha de sexos" y de las leyes y convenciones sociales que criminalizan al hombre blanco heterosexual de a pie e intentan arrancarle poder y autoridad sobre su entorno, para concedérselo a "los mercados" (medios de comunicación, gobiernos, sistema educativo, mega-empresas, bancos). En la práctica, la atenuación de las identidades sexuales, que comenzó con el Neolítico, está acelerándose en las sociedades "desarrolladas". Los hombres son cada vez menos hombres, las mujeres cada vez menos mujeres, la esterilidad se ha incrementado de forma alarmante, la natalidad ha caído en picado y ha aumentado drásticamente la cantidad de homosexuales.


Crisis medioambiental

La fuente de energía más efectiva, limpia y renovable es la que utilizó el hombre durante la mayor parte de su historia: animales, productos vegetales, agua, piedra y madera. La civilización moderna devora infinidad de recursos, desde petróleo hasta minerales, y desde ríos hasta montañas, endeudándose con la Naturaleza por generaciones y generaciones. Este proceso, para colmo, ha aumentado la cantidad de seres humanos, pero no ha aumentado su calidad, sino todo lo contrario, ya que el hombre no puede volverse contra la tierra que lo sustenta sin involucionar. Las sustancias tóxicas se están acumulando en la tierra, el aire, el agua, nuestros alimentos y nuestros propios cuerpos, produciendo seres humanos cada vez más endebles y enfermizos. Parece que la humanidad se ha concentrado tanto en el progreso de la tecnología que se ha olvidado del progreso evolutivo del mismo hombre, y que en vez de utilizar la tecnología para mejorar al hombre, estamos utilizando al hombre para mejorar a la tecnología.

Los eufemismos como el "crecimiento sostenible" o el "desarrollo sostenible" son palabroides políticamente correctos (ya que ningún crecimiento ni desarrollo es sostenible indefinidamente) que enmascaran las verdaderas intenciones de la finanza internacional: privatizar la Naturaleza, ponerla a producir rentas y utilizar problemas globales (cambio climático) para introducir medidas, soluciones y organismos igualmente globales. Lo que se necesita es un cambio radical en los hábitos del ser humano civilizado si se pretende salvar a la biosfera. Tres simples medidas que borrarían de un plumazo buena parte de nuestros problemas ambientales serían:

• Reducir drásticamente el consumo, eliminando las modas, simplificando el estilo de vida y fabricando productos necesarios y que duren mucho tiempo. Lo veremos con más detalle en la tercera parte del artículo.

• Economía nacional, local y de circuito cerrado en la máxima medida de lo posible. Se emplearía menos petróleo y menos aditivos químicos, fertilizantes y pesticidas (que a su vez son en buena parte derivados del petróleo).

• Promover la reforestación.


Crisis demográfica

Un país equivale, antes que a sus materias primas o capitales, a la calidad, cantidad, composición y distribución de su capital humano, es decir, a su llamado manpower. Todos los aspectos de una nación (economía, cultura, productividad, política, relaciones exteriores, etc.) se basan en última instancia en que las mujeres producen hijos. Cuando esto falla, todo lo demás falla.

Todas las sociedades decaen porque el sustrato biológico que aseguraba su existencia, sucumbió. Una sociedad puede sobrevivir a una guerra, una hambruna, una peste, una sequía o una catástrofe natural, pero no puede sobrevivir a la modificación de su código genético, a la proliferación de los tipos humanos menos valiosos o a la molicie inducida por un confort demasiado prolongado. Si un sistema económico entra en crisis, si una catástrofe destruye una ciudad o si cae un régimen político, todo eso se puede solucionar. Lo que no tiene solución es la disolución de un pueblo, su mentalidad, su carácter y su sangre. En otras palabras, los pueblos no sobreviven a la deformación de sus rasgos originarios o al agotamiento de su pozo genético.

Existe un problema demográfico en Occidente. El problema demográfico es que no se tienen hijos. Las corporaciones capitalistas dieron un paso al frente y dijeron "traed gente de fuera". ¿No habría sido más fácil fomentar políticas de natalidad, apoyo a las familias numerosas, remuneración del trabajo de las amas de casa, que ser madre fuese prácticamente un trabajo pagado por el Estado, etc.? Sí, habría sido más fácil. Y no tendríamos los problemas que tenemos ahora, de grupos inasimilables que odian a muerte al Estado que les da de comer, que lo desangran económicamente y que, para celebrarlo, han disparado la tasa de delincuencia. El problema es que esto no habría multiplicado las rentas de "los mercados" (es decir, de una reducida casta de parásitos).

Una sociedad necesita una media de hijos de por lo menos 2 por individuo si desea asegurar el relevo generacional. Actualmente, la media de hijos en las sociedades "desarrolladas" ronda el 1,2. Es decir, que prácticamente nuestra población se divide por 2 en cada generación.

Pirámide de población de España de 2007.

Pirámide de población de África Occidental vs. Europa Occidental. Numéricamente, los africanos son demasiados para los medios que tienen, pero las proporciones de su pirámide poblacional son mucho más naturales. En Europa, nuestros números son más acordes con nuestros medios, pero la composición de nuestra pirámide es totalmente antinatural.

El pronóstico es insostenible: una minoría de trabajadores jóvenes va a tener que sostener con su trabajo a una mayoría de pensionistas. El remedio propuesto por "los mercados" (importar inmigrantes a mansalva) está demostrando ser peor que la enfermedad. Sólo una política social de apoyo a la familia y fomento de la natalidad entre la población autóctona, podría revertir esta tendencia: remuneración y cotización a la Seguridad Social del trabajo de las amas de casa, los préstamos sin interés a las parejas jóvenes (cosa que se hacía en la Libia gadafista), pisos de protección oficial (se necesitaría nacionalizar stocks enteros y poner orden en el mercado de la vivienda), y cualquier medida que tienda a estimular la natalidad y solidificar la familia tradicional.




NOTAS

[1] Más tarde, el mismo De Gaulle pediría a EEUU oro en vez de dólares para pagar sus exportaciones, desencadenando la abolición del patrón-oro decretada por Nixon en 1971. En 1973, Carrero Blanco amenazaba con convertirse en el nuevo De Gaulle, debido a sus planes para armar a España con la bomba atómica y otros asuntos. El Secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger lo hizo asesinar. Las naciones soberanas, sin duda, son un quebradero de cabeza para las potencias hegemónicas de la era de la globalización. (Francia volvió a entrar en la OTAN en 2009 bajo Sarkozy).

[2] Ver los siguientes enlaces: