domingo, 5 de mayo de 2013

La Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y la competición por el Índico (III de III)


Una personalidad repelente ejerce una función social importante a la hora de unir a sus enemigos, y fue bajo la presión del barbarismo exterior que Europa alcanzó su civilización. Les pido, por tanto, durante un momento, que contemplen Europa y la historia europea como subordinada a Asia y la historia asiática, pues la civilización europea es, en un sentido muy real, el resultado de la lucha secular contra la invasión asiática.
 (Halford J. Mackinder, The Geographic Pivot of History).




ÍNDICE

- LA RUTA DE LA SEDA Y LA RUTA DE LAS ESPECIAS
- EL PRIMER COLLAR DE PERLAS FUE PORTUGUÉS
- EL IMPERIO BRITÁNICO
- RUTA DE LA SEDA: BLOQUEADA DE NUEVO
- IMPORTANCIA ACTUAL DEL ÍNDICO

- INDIA
- PAKISTÁN
- IRÁN —EL ATAQUE GLOBALISTA CONTRA SIRIA Y LA IMPORTANCIA ABSOLUTA DE PENTALASIA EN EL GRAN TABLERO
- YEMEN
- SOMALIA

TERCERA PARTE
- CAMBOYA
- TAILANDIA Y CORTAR EL CUELLO DEL DIABLO —EL ISTMO DE KRA
- BIRMANIA (MYANMAR)
- BANGLADESH = CUELLO DE POLLO
- SRI LANKA —EL PUENTE DE RAMA
- RUTA DE LA SEDA VS. RUTA DE LAS ESPECIAS, O EURASIA VS. OCEANÍA


Las mitologías antiguas hablaban de un eje del mundo o "Axis Mundi", una especie de hilo que conectaba los distintos mundos y dimensiones, el cemento que los mantenía unidos, aquello que tenían en común. También existían monstruos mitológicos que atentaban contra él, como la serpiente marina Iormungand en la mitología nórdica. En las anteriores partes de este artículo vimos cómo en geopolítica existe también un Axis Mundi: se trata de la Ruta de la Seda, un árbol alrededor del cual florecieron ramas y raíces que abarcaban buena parte del continente eurasiático, tendiendo a vertebrar especialmente todo el mundo indoeuropeo. Existía incluso una lengua franca en la Ruta de la Seda: el yagnob, dialecto persa que toma su nombre de un recóndito valle del actual Tayikistán. Los monstruos marinos de nuestros días son las potencias periféricas del mundo a las que les ha tocado desempeñar una estrategia marítima. Estas potencias, al no poder dominar la Ruta de la Seda por tierra, deben sabotearla por mar, especialmente sembrando los espacios continentales de divisiones e inestabilidades territoriales (balcanización) y drenando sus mercancías a través del Índico (Ruta de las Especias). En esta lucha de rutas, la Ruta de la Seda tiende a darle importancia al Heartland eurasiático, y la Ruta de las Especias al Rimland y al Índico.

Hoy, la existencia de virulentas guerras para salvaguardar los intereses económicos de una minoritaria camarilla de especuladores puede sonar a conspiranoia o a exageración, pero  sólo tenemos que pensar en los implacables conflictos que se producen en muchos de nuestros barrios por el control de unos pocos millones de euros de droga. Si cambiamos la droga por los hidrocarburos y otros recursos, y los millones de euros por docenas de miles de millones de euros, entonces entenderemos que haya en el mundo intereses lo bastante fuertes como para hacer que Estados y pueblos enteros vayan a la guerra, especialmente en un mundo donde la escala de valores que domina es la del beneficio material fácil, barato, inmediato y cortoplacista a cualquier precio. Esto se ve agravado por el hecho de que, en muchos lugares, las fronteras estatales parecen dibujadas por el mismísimo Diablo con el objetivo de perpetuar la inestabilidad y el conflicto y evitar el auge de bloques regionales organizadores y pacificadores.

Como los medios de comunicación oficiales están controlados por bancos y multinacionales a las que no les interesa que ciertas cosas sean del dominio público (al contrario, su propaganda va claramente dirigida a sedar y estupidizar a las masas), el individuo que quiera estar al tanto de "lo que realmente pasa en el mundo" debe recurrir a fuentes alternativas, a menudo haciendo un gran esfuerzo para discriminar la información inútil en un mar de desinformación. En la última y más larga parte de esta serie de artículos, seguimos sin perder de vista que hemos salido de un siglo atlántico para entrar en un siglo indopacífico. Toca, por tanto, terminar de pasar revista a los Estados importantes en el dominio del Índico y de las antiguas rutas de la seda y de las especias. Examinaremos también los diversos proyectos estabilizadores que, oponiéndose a la amenaza de Globalistán y de la influencia caótica de las potencias periféricas del mundo, buscan solidificar las conexiones entre Oriente y Occidente.

Demasiado a menudo queda evidente que en Eurasia hay un actor externo que hace todo lo que puede para promover la inestabilidad y evitar el ascenso de bloques soberanos y regionalmente hegemónicos. Sin embargo, esta "Eurasia" no es una unidad absoluta; tiene claras subdivisiones. Una de ellas, Europa, es una mera península de Asia, un continente patéticamente balcanizado y dividido, sembrado de nacionalismos, identidades, lastres culturales y viejas rivalidades absurdas que han agotado el valioso pozo genético de pueblos otrora fuertes y prometedores. Se trata de una tierra repleta de rompeolas geográficos, barricadas y fronteras naturales contra las vastas llanuras, estepas y mesetas de Asia ―el continente del gran vacío, de la tierra pura, de los grandes espacios, horizontes y poderes políticos. Históricamente, Europa es Grecia contra el Imperio Persa, los bosques y las montañas contra la estepa y el desierto, el Yang contra el Yin.

Un día, nuestro continente va a tener que elegir con qué "versión" de Asia quiere relacionarse, ya que, como declaraba Mackinder más arriba, Europa no puede sustraerse al Este. A Europa se le presentan varios interlocutores que gustarían de erigirse en intermediarios entre el Gran Oriente y el Gran Occidente:

• El islamismo radical yihadista de la corriente sunnita-wahhabita-salafista. Esta vigorosa corriente social se pretende enseñorear de todo Oriente Medio, Noráfrica, el Mediterráneo, Europa, partes de India y China y buena parte del Sudeste asiático, cultivado y mimado cuidadosamente por los servicios de Inteligencia del eje atlantista, las petro-dictaduras árabes del Golfo Pérsico, las casas reales (incluyendo la española) y los servicios sociales de los países de la Unión Europea. En Europa, los gobiernos, multinacionales e instituciones bancarias parecen estar muy interesados en que la natalidad musulmana (así como de todas las etnias no-europeas) no sufra restricciones, generando gran cantidad de lumpen social y provocando que la influencia del fundamentalismo islámico se proyecte agresivamente hacia lo profundo de nuestro continente, mientras que la demografía del sustrato étnico europeo autóctono se deteriora a un ritmo peligroso para nuestra supervivencia. Con el objetivo de financiar la sustitución étnica de las razas blancas por razas oscuras, los gobiernos de la UE subvencionan (con los impuestos de los trabajadores europeos-étnicos, claramente discriminados en el acceso a las ayudas sociales) a las familias étnicamente no-europeas ―especialmente magrebíes, pero también subsaharianas, gitanas y andinas. La expansión del islamismo radical en Oriente Medio significaría que Oriente Medio se hace intratable, separando a Europa de Asia Oriental y obligándola a echarse al Atlántico como en la época del Imperio Otomano.

• El Estado de Israel se nos presenta como un oasis de civilización, democracia y libertad, un muro de contención ante la barbarie yihadista, una brecha abierta en el mundo árabe, un grifo de petróleo saudí y gas natural qatarí, la única democracia y la única alternativa posible al islamismo radical en Oriente Medio. Aquí podemos incluir a los aliados regionales de Israel, como Jordania, Turquía, Marruecos, Albania o la provincia serbia de Kosovo, ocupada por terroristas de la UÇK albanokosovar, sostenida por Turquía, Estados Unidos y Reino Unido. La estrategia israelí, apoyada generalmente por la Anglosfera (EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y diversos aliados circunstanciales) parece ser polarizar Occidente entre Islam y anti-Islam, para envenenar para siempre las relaciones entre el Gran Occidente y el Gran Oriente, y para erigirse en el único interlocutor válido, así como en la única fuente de petróleo y gas natural, para Europa. Vale la pena recordar que "la primera línea de defensa de Europa ante el Islam" no es Israel, sino las Islas Canarias, Ceuta, Melilla, Kosovo, Chechenia, la Tracia turca y las zonas de non-droit (tercermundizadas y/o islamizadas) de la Unión Europea.

• La Federación Rusa es el único proyecto que representa verdaderamente la penetración de influencia europea hacia el núcleo duro de Asia. Podemos incluir a los aliados regionales de Rusia, como Siria, Líbano, Armenia, Irán, el chiísmo en general, las corrientes panarabistas, baasistas y nacionalistas laicas del mundo árabe y las importantes minorías cristianas de Oriente Medio (coptos en Egipto, caldeos en Iraq, maronitas y ortodoxos en Líbano y Siria, armenios en Irán y Siria, etc.), que son más antiguas que las comunidades musulmanas.

Como hemos visto con anterioridad, las relaciones entre Europa y Asia se condensan en torno a la Ruta de la Seda, una malla de vías naturales que coincide grosso modo con los caminos tomados por los linajes genéticos paternos R1a y R1b para entrar en Europa hace muchos milenios ―quizás se trate de un camino que Europa deba desandar simbólicamente para reencontrarse a sí misma. Durante buena parte de su historia, la Ruta de la Seda estuvo dominada por medios de transporte como el camello, el caballo, el carro y las caravanas militarizadas. Esta forma de vida cristalizó en la formación de hordas y tropas altamente móviles (persas, hunos, mongoles, turcomanos, tártaros, etc.), que barrían toda Eurasia repentina y periódicamente para horror de los países situados en las márgenes marítimas del continente.

A finales del Siglo XIX y principios del XX, las caravanas se cambiaron por trenes y lo que horrorizaba a los geoestrategas británicos era que toda Eurasia pudiese auto-vertebrarse con una tupida red de ferrocarriles, fermentando un vasto espacio económico que atraería a los mercados chino e hindú hacia un centro de gravedad totalmente inaccesible para el poder marítimo, inutilizando la inmensa flota comercial y militar de Gran Bretaña y estableciendo una versión ferroviaria de la Ruta de la Seda. Tanto el ferrocarril Trans-Siberiano como la vía Berlín-Bagdad (especialmente la construcción del tramo sirio de dicha vía) fueron motivos de peso en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial y de la revolución bolchevique de 1917.

Para ilustrar la importancia de la línea Berlín-Bagdad (en realidad Hamburgo-Basora), tengamos en cuenta lo siguiente. En 1914, si Alemania deseaba llegar a India, debía pasar forzosamente por la ruta del Canal de Suez (3 semanas de viaje) o, si éste era bloqueado, por el Cabo de Buena Esperanza (8 semanas de viaje). Ambas rutas estaban controladas por el Imperio Británico. Pues bien, el ferrocarril proyectado por el Káiser permitía hacer la misma ruta en sólo 8 días. En caso de conflicto armado con Reino Unido, Alemania podría colocar un ejército en las fronteras de India en menos de dos semanas.

Rusia estaba a punto de fermentar un espacio económico de extraordinario potencial en Siberia-Kazajistán-Mongolia (con ambiciones en Manchuria, Mongolia Interior, el Turquestán Chino, Tibet, Persia y Asia Central en general), y lo mismo estaban haciendo Alemania y Austria-Hungría en Europa del Este y Oriente Medio. Enfrentar a la superpotencia continental germana con la superpotencia continental eslava fue una obra maestra de la diplomacia del verdadero enemigo del continente: Reino Unido, o mejor dicho, la internacional financiera y plutocrática.

El presidente estadounidense Wilson describía la estrategia alemana como "lanzar un amplio cinturón de poder militar alemán y control político a través del mismo centro de Europa y más allá del Mediterráneo, hacia el corazón de Asia". El trazado de la vía férrea Berlín-Bagdad rompía el Rimland, coincidía en buena medida con la ruta tomada por los príncipes europeos para llegar a Tierra Santa durante la Primera Cruzada y en cierto modo desandaba el camino emprendido por el Neolítico danubiano para entrar en Europa. El verdadero objetivo de la vía férrea Berlín-Bagdad, financiada por el Deutsche Bank, era conectar el puerto alemán de Hamburgo (Mar del Norte) con el puerto iraquí de Basora (entonces parte del Imperio Otomano), en el Golfo Pérsico, a las puertas de las posesiones británicas y a un tiro de piedra de otro país germanófilo peligrosamente clave: Persia. Esta ruta habría sido mucho más corta, rápida y segura que la británica, y por ello entraba en mortal conflicto con Reino Unido. Rusia también buscaba salir al Mediterráneo, rodear Turquía y conectarse con Serbia, Grecia, Chipre y Siria. Los proyectos alemán y ruso entraban en conflicto en Estambul y, en menor medida, Chipre y Siria. Para evitar que Estambul cayese bajo el control de una superpotencia eurasiática (que podría utilizar el Mar Negro para fermentar una vasta flota y lanzar campañas de guerra submarina contra el Levante y el canal de Suez), el geoestratega británico Mackinder sugería "internacionalizarla" de alguna manera tras la Primera Guerra Mundial. Podemos imaginarnos la bestial influencia que habría tenido sobre la historia del mundo un control alemán del Golfo Pérsico y sus recursos energéticos, o una guerra entre Alemania y Gran Bretaña en las actuales Kuwait, Iraq e Irán. Asimismo, Bagdad era clave para el Imperio Británico: de ahí habían salido muchos agentes (como la familia Sassoon) importantísimos en la expansión del poder británico en Asia Oriental.

Tras el fin de la Guerra Fría, el Gran Oriente y el Gran Occidente volvieron a interaccionar tímidamente, a pesar de la desestabilización causada por la caída de la URSS. Los primeros conatos de esta interacción (Iraq y Yugoslavia) son sofocados duramente por Londres y Washington mientras Rusia, plenamente inmersa en el caos de la era Yeltsin, está demasiado débil como para reaccionar. Con la lenta reconstrucción del poderío ruso a partir de 1999, el fantasma de la Ruta de la Seda ha vuelto, esta vez bajo la forma de oleoductos y gasoductos, que tienden a normalizar las relaciones entre países y que suelen anunciar carreteras, ferrocarriles, tratados comerciales, alianzas militares y la constitución de espacios económicos y bloques geopolíticos. Hoy, el pánico de las potencias marítimas tiene que ver con estos corredores, que canalizan los jugosos recursos energéticos de ciertas regiones a través de vías a menudo muy alejadas del mar, y no sólo en Rusia, sino también en torno a China. Tanto Estados Unidos como Reino Unido e Israel contrarrestan esta "amenaza" cultivando inestabilidades territoriales y grupos terroristas (como están haciendo ahora mismo en Siria) para romper los eslabones estratégicos de la gran cadena eurasiática, y creando sus propios oleoductos y gasoductos, que desembocan invariablemente en Estados y/o espacios marítimos controlados por ellos, rodeando expresamente a sus rivales geopolíticos.

En este contexto, vale la pena que le prestemos una atención exquisita al Gasoducto Islámico, un herético proyecto iraní que el eje Londres-Washington-Tel Aviv quiere sabotear cueste lo que cueste:

El Gasoducto Islámico actuaría como aglutinador de un nuevo imperio persa que conectaría a Europa con India y China, al Golfo Pérsico con el Caspio y el Mediterráneo, al Heartland continental con los puertos del Sur eurasiático y al espacio turcomano y ex-soviético con el mundo árabe. El hecho de que el gasoducto desemboque en la costa siria, al lado de bases militares rusas, y que esté gestionado por el gigante estatal gasero ruso Gazprom, significa que Rusia dominaría todo este mercado y que el incipiente imperio persa-chiíta, intermediario entre Occidente y Oriente, sería "rusificado", obteniendo Moscú sus anheladas salidas a mares cálidos (Mediterráneo, Golfo Pérsico e Índico) y, si añadimos el gasoducto South Stream, recreando la historia de los imperios macedonio y bizantino. De completarse el Gasoducto Islámico, los grandes perdedores regionales serían Qatar, Arabia Saudí, Israel, Turquía y Jordania. En su tramo desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, el gasoducto transportaría 110 millones de metros cúbicos de gas, de los cuales el 25% serían consumidos por los países de tránsito y el resto por Europa. Bandar Abbas, ciudad costera iraní que ocupa una estratégica posición en el centro del gasoducto y presidiendo el estrecho de Hormuz, es un enclave con importante presencia tanto rusa como china.

Antes de poder concluir esta serie de artículos, es necesario repasar otros importantes Estados del Índico, de la Ruta de las Especias y del Collar de Perlas chino, sin los cuales no se pueden entender los tiempos del verdadero gran partido que se está jugando en el mundo, a espaldas de los pueblos pero afectándoles muy directamente.  



CAMBOYA

Las montañas de cráneos de represaliados de la era de Pol Pot y el Jemer Rojo demuestran que muchas cosas desagradables han tenido que ocurrir para que hoy Camboya albergue una perla del collar chino o para que podamos comprar un chándal Adidas made in Cambodia por mano de obra cuasi-esclava hacinada en sweatshops (factorías insalubres).

Camboya se encuentra en una encrucijada en la que nació un gran reino medieval, el Imperio Jemer, que desde el centro religioso de Angkor dominó la mayor parte de la Península Indochina, ejerciendo de bisagra entre tres espacios marítimos distintos: el Mar de Andamán (parte del Golfo de Bengala, a su vez parte del Índico), el Golfo de Tailandia y el Mar del Sur de China. El antiguo Estado camboyano era, por tanto, una alternativa terrestre a la ruta marítima del estrecho de Malaca (actual Singapur).

Durante la era colonial, el Sudeste Asiático fue el escenario en el que coincidieron varias superpotencias: China, Francia y Reino Unido. En la Segunda Guerra Mundial, Japón entró en la región de una manera increíblemente violenta. Los japoneses permitieron en 1941 que el gobierno colonial de la Francia de Vichy (aliada con Alemania) conservase el control y los franceses del Eje incluso permitieron que las tropas japonesas recorrieran la Indochina Francesa y acantonasen 25.000 hombres en Vietnam del Norte. En Marzo de 1945, tras la derrota de la Francia de Vichy, los japoneses tomaron brevemente el control de Indochina, establecieron un estado títere en Camboya, desarmaron a las fuerzas francesas y pusieron fin a la romanización del idioma jemer (o khmer), revirtiendo su escritura a los caracteres tradicionales. La Francia aliada tomaría el control en Octubre, pero su influencia no volvería a ser la misma y el idioma jemer no volverá a escribirse con caracteres romanos.

Camboya perteneció a Francia hasta que obtuvo, junto con el resto de la Indochina Francesa, su independencia en 1954, en buena parte gracias a las presiones del Vietminh ―una guerrilla comunista que, liderada por Ho Chi Minh, había sido apoyada por Washington para luchar contra los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Más adelante, el Vietminh se convertiría en el Vietcong, en una historia que nos recuerda inevitablemente al movimiento muyaidín, mutado en movimiento talibán.

Aun después de 1954, la ex-Indochina Francesa continuó formando parte del patio trasero geopolítico de Francia hasta que, en 1966, la escalada de intervencionismo estadounidense en la región (establecimiento del gobierno títere de Lon Nol en Vietnam, conscripción de medio millón de camboyanos para luchar contra Vietnam del Norte) marcó el principio del fin del poder de París en la zona. La intervención de Washington en el antiguo imperio francés nunca fue del agrado del dictador De Gaulle, que ese mismo año de 1966 se salió de la OTAN, dejó de hacer pruebas atómicas en el desierto de Argelia y comenzó a hacerlas en la Polinesia francesa, sin duda en parte como toque de atención a Washington: la República es una fuerza a ser tenida en cuenta en la región de Asia-Pacífico. Cada vez más, los intereses de Francia coincidían con los de la URSS: luchar contra la influencia estadounidense y china en la zona. Franco, en virtud de su afinidad por la Francia degaullista, se negó a intervenir militarmente en Vietnam.

En 1969, el presidente Nixon y su cerebro geoestratégico Henry Kissinger hicieron entrar a la Fuerza Aérea de los EEUU en el espacio aéreo de la región… sin la aprobación del Congreso. En los subsiguientes cuatro años, la USAF lanzó 280.000 bombas sobre Camboya ―el equivalente a 25 Hiroshimas. En total, EEUU lanzó más toneladas de explosivos sobre Camboya que durante toda la Guerra de Corea o en todas las operaciones del Teatro Pacífico (incluyendo Japón y ambas bombas atómicas) durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente, el objetivo era atacar bases de suministro de Vietnam del Norte, pero en realidad los bombardeos tuvieron el efecto de neutralizar a Camboya como Estado: murieron 750.000 camboyanos y el 75% del ganado del país, fueron destruidas el 40% de las carreteras y el 30% de los puentes (algo particularmente grave en un país tan fluvial, la destrucción de puentes lo convirtió en un archipiélago de facto), y el incipiente sector industrial camboyano fue estrangulado en su cuna. Las cosechas de arroz degeneraron y una catastrófica hambruna, seguida de enfermedades, se apoderó del pequeño país.

Bombardeos estadounidenses en Camboya. En total, 113.716 lugares bombardeados por la USAF. Las municiones no-explosionadas (UXOs) siguen siendo un peligro en Camboya a día de hoy. La franja bombardeada sugiere que se pretendía crear una "zona muerta" estéril en la frontera del Este para evitar la expansión de la influencia vietnamita (por ende soviética) hacia Camboya y Tailandia. La dictadura de Pol Pot no fue más que una prolongación política y económica de esta estrategia militar estadounidense, que seguramente ahorró millones de dólares en bombas. Las mismas fronteras estatales de Indochina parecen concienzudamente trazadas para promover la balcanización territorial y especialmente dividir el recorrido del río Mekong, que viene a ser una salida natural de China.

Raramente se nos brinda una interpretación clara acerca de los acontecimientos que rodearon el ascenso al poder de Saloth Sar (conocido como Pol Pot) en Camboya. Cuando EEUU se retiró de Vietnam en 1975, el país comenzó a caer bajo la influencia de la URSS, cambiando desde su anterior referente, China (aliada de EEUU). Salió de la sombra en Camboya una extraña guerrilla comunista, el Khmer Rouge (o Jemer Rojo), que era virulentamente anti-vietnamita. Pol Pot, el obscuro jefe del movimiento, era claramente un agente del exterior cuyo interés era neutralizar Camboya como Estado fuerte, convirtiéndola en un agujero negro geopolítico y patio trasero de Tailandia ―a su vez patio trasero de EEUU. Pol Pot parecía simplemente ser el continuador de la política seguida por los bombardeos estadounidenses en 1973: bajo sus instrucciones, Camboya desmanteló todo su potencial industrial, sus ciudades, vías de comunicación, su red eléctrica, aniquiló a la intelligentsia (especialmente francófona) del país (bastaba tener gafas o saber hablar francés para ser detenido y ejecutado), hizo matanzas de católicos, llevó al cabo masacres arbitrarias, torturó y asesinó hombres, mujeres y niños sin distinción y exterminó, directa o indirectamente, a un tercio del pueblo camboyano en tan sólo cuatro años de terrorismo de estado. El enfermizo gobierno de Pol Pot fue expulsado en 1979 por el ejército vietnamita, cansado de lidiar con razzias polpotistas en su territorio, y los jemeres rojos escaparon a las selvas del Oeste. 

El resultado de las ejecuciones políticas, las torturas, el trabajo forzado, las enfermedades, el fanatismo y el hambre de la era de los jemeres rojos: entre 2 y 3 millones de muertos en sólo cuatro años. Nótese en la foto de arriba el fusil de asalto estadounidense M-16, procedente de la época en la que Washington utilizaba camboyanos conscriptos para luchar contra Vietnam del Norte. Muchos jemeres rojos eran adolescentes ex-niños soldado, embrutecidos tras una vida entera de guerra y fácilmente manipulados por la cúpula polpotista. El genocidio camboyano nunca tendrá en Hollywood el eco que han tenido otros genocidios históricos. 

Sin embargo, la pesadilla jemer no se esfumó aquí. En 1980, Estados Unidos estaba financiando en secreto a los jemeres rojos en la frontera de Tailandia. La magnitud de estas ayudas (como mínimo 85 millones de dólares entre 1980 y 1986) se conoció gracias a la correspondencia entre Jonathan Winer, abogado del Congreso de EEUU, y la Vietnam Veterans of America Foundation, así como al periodista australiano John Pilger. Washington también apoyó a los jemeres rojos en las Naciones Unidas: aunque el gobierno de Pol Pot había sido derrocado en 1979, gracias a la ayuda estadounidense, sus representantes continuaron ocupando el asiento de Camboya en la ONU. EEUU incluso presionó para que la "comunidad internacional" reconociese a los jemeres (que dominaban el 10% del territorio y de la población de Camboya) como refugiados, contraviniendo una convención de la ONU según la cual los sospechosos de crímenes contra la humanidad no pueden gozar de tal estatus. Washington mandó a personal de alto rango de la CIA para apoyar a Pol Pot en la selva, pasándole un mínimo de 5 millones de dólares anuales. Otros países que apoyaron la presencia de los jemeres rojos en la ONU fueron China, Reino Unido (cuyas fuerzas especiales SAS, visiblemente asqueadas, habían entrenado a los jemeres rojos durante años en sabotaje, enterramiento de minas y supervivencia en la selva), Australia y los países de la ASEAN (Singapur, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia ―a partir de 1984, también el petro-sultanato de Brunei, que había sido colonia británica hasta entonces) y de la Comunidad Económica Europea, a su vez presionados por la OTAN. El delegado británico, Lord Peter Carrington [1], secretario de Estado de Thatcher, llegó a declarar que Londres apoyaba a Pol Pot como gobernante legítimo del "pueblo jemer". En Julio de 1985, George Shultz, Secretario de Estado de Washington, pidió apoyo para los continuos ataques de los Jemeres Rojos en Camboya.

Dos de los muchos responsables directos de lo que sucedió en Camboya bajo Pol Pot. Izquierda: George Shultz, Secretario de Estado del presidente Nixon. Derecha: Lord Carrington, Secretario General de la OTAN y ostentador de varios cargos políticos relacionados con la política exterior en Reino Unido entre los años 60 y 80.

EEUU también creó el KEG (Grupo de Emergencia Kampucheana) en la embajada estadounidense de Bangkok para distribuir ayuda humanitaria en los campos de refugiados de la frontera tailandesa, controlados férreamente por los jemeres. El KEG, oficialmente una organización humanitaria, era en realidad una tapadera para un proyecto del Departamento de Estado de EEUU cuyos directores eran oficiales de la CIA con años de experiencia en el Sudeste Asiático. A través de la World Food Program y del ejército tailandés, los jemeres recibieron 12 millones de dólares de comida, de la que se beneficiaron 20-40.000 guerrilleros según Richard Holbrooke, asesor del Secretario de Estado para Asia. Dos trabajadores humanitarios, Linda Mason y Roger Brown, escribirían después que "El Gobierno de EEUU insistió en que los jemeres rojos fuesen alimentados".

En 1981, el geoestratega Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter, declaró "Yo animé a los chinos a que apoyasen a Pol Pot. Pol Pot era una abominación, nosotros nunca podríamos apoyarlo, pero los chinos sí". EEUU, añadió, había "guiñado un ojo públicamente" mientras China y Tailandia mandaban armas a los jemeres rojos.

Reveladoramente, Pol Pot había estudiado en la universidad de la Sorbona en París, donde era fuerte la infiltración de movimientos trotskistas y maoístas financiados desde Washington y que no tenían absolutamente nada que ver con el Kremlin. Este tipo de movimientos, dirigidos contra la dictadura de De Gaulle en Francia ―hostil a EEUU―, son los que desembocaron en el Mayo del 68 y en la religión del progresismo, el multiculturalismo, el feminismo y la "corrección política".

Tras la expulsión de los jemeres en el 79, Phnom Penh estaba bajo el control de un régimen pro-vietnamita. El ejército vietnamita había acorralado a los terroristas en la selva, impidiendo el regreso de Pol Pot. Pero la ONU, reconociendo hipócritamente a los jemeres como únicos gobernantes legítimos y rechazando al nuevo régimen pro-vietnamita (por tanto pro-soviético), decretó inauditamente un embargo total sobre Camboya. La nueva Camboya "des-jemerizada" fue excluida de todos los acuerdos de comercio internacional, se bloqueó la ayuda humanitaria, se prohibió que UNICEF y la Cruz Roja entrasen en el país, y en EEUU hasta llegaron a negarse permisos para mandar juguetes y libros a Camboya. Ningún Estado, ni siquiera Corea del Norte, fue tan claramente excluido de las ayudas humanitarias de la ONU en toda la historia como lo fue Camboya. A su lado, Palestina era un paraíso de las buenas relaciones internacionales. El único país que protestó en la ONU por este estado de cosas fue la URSS, que poseía dos importantes bases militares en Vietnam (Da Nang y Cam Ranh) y que sostenía las operaciones vietnamitas en Camboya. Hanoi, por su parte, estaba dispuesto a retirarse de Camboya… a cambio de que China y la OTAN dejasen de apoyar a Pol Pot y de que Tailandia dejase de proporcionar santuarios a los jemeres rojos [2]. Vietnam fue condenado por la "comunidad internacional" y hasta sufrió una invasión china de castigo. Desde las selvas, los jemeres seguirían organizando razzias en las que desestabilizaban el territorio y robaban grandes cantidades de madera para venderlas al extranjero. Según el mismo presidente chino Deng Xiaoping, la estrategia era "desangrar a Vietnam".

Indudablemente, Washington quería cultivar Camboya como una especie de estéril Corea del Norte en el Sudeste asiático, un agujero negro geopolítico cuyo fin era interrumpir el flujo natural de influencias y mercancías, evitar que el poder de la URSS se expandiese más de la cuenta, atenazando potencialmente tanto a China como a Singapur, chocando con Tailandia (esfera de influencia estadounidense) y controlando ciertas ramas secundarias de la Ruta de la Seda que serían vitales para las exportaciones chinas en décadas posteriores. A EEUU no sólo no le molestó en absoluto la dictadura de Pol Pot ―que era anti-soviética, anti-vietnamita y pro-china―, sino que de hecho le convino.

Camboya repitió por tanto el macabro espectáculo que ya había tenido lugar con los bolcheviques en Rusia, las milicias del Frente Popular y las "brigadas internacionales" en España, los maoístas en China, los muyaidines en Afganistán, los "contras" en Nicaragua, los tigres tamiles en Sri Lanka, la UÇK en Kosovo u hoy en día con los narcos en Iberoamérica, el movimiento budista rakhine en Birmania y Al-Qaeda y otros grupos del "yihadismo salafista internacional" en el mundo musulmán: la financiación, lavado de cerebro y apoyo activo a un reducido pero violento y fanático grupo de criminales para desestabilizar un Estado y hacerle el trabajo sucio al eje Londres-Washington-Tel Aviv ―o, lo que es lo mismo, a la Finanza Internacional. Pol Pot se convirtió en uno más de un largo rosario de dictadores sanguinarios apoyados por Estados Unidos, desde Suharto en Indonesia hasta Mobutu en Zaire, junto con una ristra de tiranos iberoamericanos… muchos de ellos graduados en la US Army School of the Americas.  

Verdugos de Camboya apoyados tanto por EEUU como por China. Izquierda: Pol Pot. Derecha: Kang Kek Iev, alias Duch, director de varias cárceles, incluyendo la famosa S-21, donde se interrogaba y ejecutaba a los enemigos del régimen.

La ayuda del atlantismo a Pol Pot no se limitó a alimentar y entrenar a sus tropas o a proporcionar inmunidad diplomática a sus delegados a lo largo de los años 80. En 1991 ―mientras la URSS se desintegraba y EEUU atacaba el Iraq de Saddam Hussein― Washington y la Subcomisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, como parte del "esfuerzo de paz" en Camboya, garantizaron a los jemeres rojos que no serían juzgados por sus crímenes. Objetivo: favorecer una "transición" pacífica. Los diplomáticos de la ONU, EEUU y Australia se escudaban en la supuesta fuerza del Jemer Rojo para incluirlo en los planes de Camboya: no podemos dejar fuera de los acuerdos a un grupo armado de 40.000 hombres o el conflicto se prolongará. Bajo el acuerdo de paz de París de 1991, las tropas vietnamitas se retiraron del país, a los jemeres se les permitió volver a Phnom Phenh y hasta se les concedió de un cuarto a un tercio de la extensión rural de Camboya. 

La Unión Soviética, en pleno proceso de disolución, no estaba en condiciones de intervenir. A cambio de estas concesiones, los jemeres aceptaron no participar en las elecciones: ahora de repente, para la prensa internacional y para los diplomáticos atlantistas, los jemeres estaban "acabados" y "debilitados más allá de toda esperanza". Entretanto, se convirtieron en uno de los grupos terroristas más ricos del mundo, vendiendo grandes extensiones de las selvas y yacimientos de piedras preciosas de Camboya al gobierno tailandés, así como estableciendo cuatro grandes bases en Tailandia… protegidas por soldados tailandeses. Camboya se abrió a los "inversores internacionales" como plataforma de mano de obra barata y el dinero extranjero comenzó a fluir a raudales por el país ―aunque sólo una reducida oligarquía local, a menudo de perfil ex-jemer, se ha forrado con ello.

La siempre difusa "comunidad internacional" puso al frente del país a Hun Sen, un  antiguo comandante jemer renegado, acusado por Amnistía Internacional de asesinar y torturar a miles de prisioneros con descargas eléctricas, hierros al rojo y bolsas de plástico. Bajo el liderazgo de Hun Sen, dictador de facto, Camboya está siendo efectivamente convertida en una provincia de Globalistán. Aproximadamente la mitad del país (incluyendo tierras alrededor del antiguo complejo arqueológico de Angkor Wat, las costas arenosas, los edificios coloniales de Phnom Phenh y las islas del suroeste) ha sido vendido a inversores extranjeros, desplazando a 700.000 personas de sus hogares y obligándoles a convertirse en proletarios neo-esclavos de las multinacionales globalistas. El neoliberalismo extremista del Partido del Pueblo Camboyano (CPP por sus siglas inglesas) permite que en Camboya se formen compañías 100% extranjeras que compren tierras camboyanas sin más, cosa que no sucede ni siquiera en paraísos esclavistas como Tailandia o Vietnam, donde los extranjeros sólo pueden ser accionistas minoritarios de la especulación de tierras y similares maniobras. Las tierras han pasado principalmente de las manos de agricultores de subsistencia a grandes agronegocios tailandeses, estadounidenses y británicos. Camboya entera está siendo privatizada bajo la mirada del Banco Mundial, y aquellos que se oponen han sido golpeados, encarcelados, asesinados y/o sus casas quemadas. Esta campaña de saqueo no ha sido condenada ni por EEUU, ni por China, ni por los países de la ASEAN.

Al fin EEUU y China tienen en Camboya un patio trasero al que pueden saquear impunemente. Obama y Hu Jintao estrechan manos con el dictador camboyano Hun Sen.

China, antigua enemiga de Camboya, también ha entrado fuertemente en el país. Además de construir infraestructuras de transporte, obviamente orientadas a mejorar el flujo del comercio chino, Beijing ha incorporado Camboya a su Collar de Perlas. El emplazamiento escogido ha sido las islas Kampong Som y el parque nacional de Ream, en la provincia de Sihanoukville. En estos lugares, China ha invertido grandes cantidades de capital para mejorar el acceso a puertos y ha empleado el atractivo de la biodiversidad para emprender la construcción de infraestructuras turísticas. Probablemente, Beijing alberga la esperanza de que Sihanoukville se convierta en una estación intermedia entre el Mar del Sur de China y el estratégico istmo de Kra y/o el proyecto birmano de Dawei, que veremos más abajo.

Pol Pot fue detenido en 1997 y murió un año después durante su laxo castigo: arresto domiciliario, una pena mucho más suave que la que le puede caer a un ciudadano español de hoy en día por ejercer su derecho a la legítima autodefensa. Hoy, los medios de comunicación se complacen en presentarnos al tirano como un monstruo ―lo cual es cierto, pero también peligroso, ya que Pol Pot era un agente. Obcecarnos con él hace que nos olvidemos de los verdaderos monstruos: sus promotores con corbata en Washington, Londres, Hong Kong, Beijing, Singapur, Canberra, Brunei, Bangkok, Bonn, Estocolmo y otros centros del poder globalista de entonces.



TAILANDIA Y CORTAR EL CUELLO DEL DIABLO EL ISTMO DE KRA

A menudo se dice que, en este Globalistán fraguado poco a poco a golpe de guerra, atentados terroristas e ingeniería social, hay macro-regiones especializadas por sectores económicos. Occidente representaría el mundo consumidor, el Tercer Mundo la fuente de materias primas, Asia Oriental (o Estasia) el sector industrial, etc. Si esto es así, entonces sin duda al antiguo reino budista de Siam le corresponde ser el puticlub del mundo y el paraíso de todas las tendencias sexuales bordeando la legalidad, desafiando a la Naturaleza o saltándose ambas a la torera con un fajo de billetes en la mano. Como en el caso de Camboya, han tenido que pasar muchas cosas para que esto sea así.

Durante la época colonial, Tailandia ("Siam") fue, junto con Abisinia y Persia, de los pocos países no-occidentales que conservaron su soberanía bajo una monarquía tradicional. Probablemente, tanto los ingleses (desde Birmania) como los franceses (desde Indochina) consideraron oportuno no anexionar Tailandia a sus respectivos dominios para que hiciese de Estado-amortiguador que aliviase la tensión entre Reino Unido y Francia en la zona, impidiendo un conflicto armado.

En 1941, el primer ministro de Tailandia Plaek Pibulsonggram (formado militarmente en Francia y mejor conocido como Phibun) permitió que los japoneses transitaran por su territorio para alcanzar los dominios británicos en Birmania y Malasia, llegando por primera vez al Índico y acercándose peligrosamente a Singapur y el estrecho de Malaca. Tailandia firmó un tratado militar con un protocolo secreto, en virtud del cual Japón la ayudaría a recuperar territorios perdidos a los franceses (en Camboya) y a los ingleses (en Malasia y Birmania). En 1942, Tailandia entró en la Segunda Guerra Mundial del lado japonés y ese mismo año Singapur fue tomada por el Imperio Japonés. Winston Churchill calificó el evento como "el peor desastre y la mayor capitulación en la historia británica". En 1945, tras la derrota de Japón, entraron en Tailandia soldados británicos e hindúes a asegurar la zona.

Durante la época de la Guerra de Vietnam,  el capital y la influencia estadounidenses entraron en Tailandia produciendo una modernización del país y disolviendo poco a poco sus antiguas tradiciones. En unas décadas, se consumó lo que en Europa había tardado siglos y milenios. El mundo urbano creció exponencialmente a costa del mundo rural y la capital Bangkok multiplicó su población varias veces. Desde entonces hasta ahora, Tailandia ha pasado por una mareante sucesión de disturbios, golpes de Estado y cambios políticos patrocinados por el extranjero, incluyendo la represión por parte del ejército de un movimiento estudiantil en 1973, y en 2010 una "revolución espontánea" (la de las "camisas rojas") completa con francotiradores ejerciendo de agents provocateurs, en plena sintonía con las espontáneas "revoluciones de colores" orquestadas por Washington en toda Eurasia.

La tendencia de Bangkok en los últimos años ha sido bascular lentamente hacia China, algo lógico teniendo en cuenta la proximidad geográfica y que Tailandia es más de la órbita de "Estasia" que de ninguna otra ―aunque sus relaciones con India e Irán también son fuertes. En Enero de 2012, Tailandia reconoció a Palestina como Estado independiente. Aun así, Bangkok sigue siendo víctima de la relación amor-odio entre Washington y Beijing, sigue ofreciendo a su población como mano de obra barata para las multinacionales occidentales y, en cuanto a China, su principal interés en el país es "cortar el Cuello del Diablo".

El "Cuello del Diablo" es el nombre local del istmo de Kra, que separa a la Península Malasia (incluyendo Singapur) del resto de Indochina y al Océano Índico del ultra-estratégico y geopolíticamente tenso Mar del Sur de China, denominado por los estrategas del Pentágono como una de las "cajas de batalla" (battle-boxes) de China. Si hay un espacio "indo-pacífico" por excelencia, es sin duda todo lo que hay desde el comienzo del istmo de Kra hasta Singapur.

Como vimos en las anteriores entregas de este artículo, China (también Japón, Corea del Sur y Taiwán) depende desesperadamente del Estrecho de Malaca, especialmente en lo que respecta a sus importaciones petroleras (ver aquíaquí y aquí). El estrecho es, desde la época de la Ruta de las Especias, un chokepoint (punto de paso obligado o cuello de embudo) para el tráfico comercial marítimo, por lo que a principios del Siglo XIX cayó en manos de ―cómo no― la Compañía Británica de las Indias Orientales. Singapur se conectó rápidamente con otros enclaves comerciales británicos en Sudáfrica, Egipto, el Golfo Pérsico, Yemen, India, Hong Kong y Shanghai. Organizado por la familia Sassoon, el opio fluyó a toneladas hacia los puertos chinos causando inestabilidad social y cruentas guerras. En 1897, el Imperio Británico y la monarquía siamesa llegaron a un acuerdo para no construir un canal en Tailandia, a fin de proteger la posición dominante de Singapur. Hoy, Singapur sigue siendo de facto un enclave comercial británico, un centro de Inteligencia y uno de los más importantes centros financieros del mundo, pero su estatus depende de que el tráfico comercial chino pase por el estrecho de Malaca.

Una búsqueda de imágenes del puerto de Singapur nos dará una idea de la importancia de este extraño enclave. La ciudad-estado de Singapur es un eslabón más en la larga y antigua cadena de influencia del Imperio Británico en Asia. Ejerciendo de bisagra entre el Índico y el Pacífico en un estrecho cuello de botella que canalizaba todo el tráfico comercial, Singapur cayó en manos de los ingleses y en 1845 se estableció la primera logia masónica. Desde Singapur, se estrecharon lazos con Hong Kong y Shanghai. Los Sassoon, una familia de judíos baghdadíes, inundaron China de opio a través de Singapur, con la ayuda de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Nótese el edificio del centro: se trata del banco británico HSBC (Hongkong-Shanghai Banking Corporation). HSBC se fundó con capital procedente del tráfico de opio [3] y tuvo un peso decisivo en muchos acontecimientos de Estasia (Asia Oriental) desde la época colonial. Tras las Guerras del Opio, el Imperio Británico estrechó lazos con varias sociedades secretas chinas de siglos y hasta milenios de antigüedad ―las tríadas, o mafia china, así como otros muchos grupos, nacieron de esta interacción. La China capitalista-mercantil moderna es el resultado directo de la influencia del comercio británico en China tras las Guerras del Opio.

El estrecho de Malaca es la lifeline, o línea vital, de las economías asiáticas (China, Japón, Corea del Sur, Taiwán, etc.). En su zona más crítica (el estrecho de Singapur), el estrecho no es muy profundo (25 m) y el tamaño máximo para que una nave pueda transitar por él se llama Malaccamax. Algunos barcos (particularmente algunos petroleros y transportes de contenedores) exceden el Malaccamax y deben emplear otros estrechos. Como el cercano estrecho indonesio de Sunda (donde está situada la capital indonesia de Yakarta) es aun menos profundo (20 m), los barcos más mastodónticos emplean otros estrechos indonesios, como Lombok. Ello añade kilómetros a la ruta, aumentando los costes de transporte y por tanto el precio final del producto transportado. Esto no deja de ser un lastre para las codiciosas empresas capitalistas, cuyo objetivo es recortar costes al máximo para ofrecer un producto lo más barato posible y forrarse en el proceso.

China estableció su Collar de Perlas para dar seguridad a su tráfico marítimo, pero también intenta desesperadamente aliviar un poco su enorme dependencia del estrecho de Malaca para que sus mercancías y fuentes de energía no transiten por un grifo controlado por el atlantismo. Ha intentado sacar rutas terrestres (especialmente a través de Pakistán y de Myanmar) que sobrepasen Singapur, pero parece que todos sus intentos de salir al Océano Índico son rápidamente frustrados por el atlantismo, en la forma de desestabilizaciones territoriales o tratados diplomáticos. Eso le deja a China la opción de crear un nuevo estrecho de Malaca bajo su control: excavando un canal en el Istmo de Kra. La otra opción sería establecer puertos, refinerías, terminales de gas natural, etc., a ambos lados del istmo, y conectando dichas instalaciones mediante un corredor comercial que incluiría un gasoducto, un oleoducto, una vía férrea y una autopista. El proyecto del corredor tendría una longitud de 44 km, una anchura de 500 m y constaría de dos autopistas, una para cada sentido, separadas entre ellas 150 metros por una vía férrea, un oleoducto y un gasoducto. De tal modo, las mercancías podrían saltar desde el Mar de Andamán (Índico) al Golfo de Tailandia (Pacífico). El proyecto de corredor comercial se encuentra actualmente estancado debido a… preocupaciones medioambientales. 

Click para agrandarProyectos para un canal y/o corredor comercial en el Istmo de Kra. Los grandes perjudicados regionales: Malasia, Indonesia y especialmente Singapur, por tanto, indirectamente Reino Unido y Estados Unidos. La idea de un canal en Tailandia es tan antigua como el rey siamés Narai el Grande, que en el Siglo XVII ya mantenía relaciones diplomáticas con Francia y le pidió al ingeniero francés de Lamar que investigase la posibilidad de llevar al cabo la obra. En 1897, el Imperio Británico y la monarquía siamesa acordaron no construir un canal para proteger la posición dominante de Singapur.

Este proyecto le restaría importancia a Singapur de modo similar a como Suez se lo restó a Ciudad del Cabo, el canal de Panamá al estrecho de Magallanes o el canal de Kiel a Dinamarca. En sus diversas versiones, el canal/corredor tailandés ahorraría, con respecto a Malaca, entre 960-1300 km (de uno a tres días) de ruta entre el Índico y el Pacífico. Según su profundidad, ahorraría 2.500-3.000 km (cuatro-cinco días) con respecto al estrecho de Sunda y 3.000-3.500 km (cinco-siete días) con respecto al estrecho de Lombok. Los proponentes afirman que un oleoducto recortaría los costes de transporte petrolero a Asia 0.50 dólares por barril de petróleo, y el gasoducto 3 dólares por metro cúbico de gas. Se convertiría sin duda en la perla más importante del collar chino y en una "zona económica especial" de importancia global. Sería una revolución importante en la Ruta de las Especias y provocaría un nuevo orden regional.

La construcción del canal llevaría de cinco a siete años, tendría un coste de 20-25 mil millones de dólares (en comparación, la recaudación del tesoro público español en un año es de 100 mil millones de euros) y emplearía a 30.000 obreros. Según un informe interno preparado para el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y filtrado al "Washington Times" en 2005, China ―experta en infraestructuras hídricas y similares desde hace milenios― se ha ofrecido a sufragar los costes de la obra, incluyendo refinerías e instalaciones portuarias completas, una pista de aterrizaje y una base naval, como parte de su estrategia de "collar de perlas", bases avanzadas y seguridad energética. China ya ha contribuido a mejorar las infraestructuras portuarias de Laem Chabang en Tailandia. Si los gobernantes de Tailandia no se han decidido aun a construir el canal y/o corredor comercial es porque están comprados por los gobiernos de la ASEAN y por los intereses de Londres y Washington. Se alegan razones tan variopintas como impacto medioambiental, costes enormes o que el canal partiría Tailandia en dos, separándola de la minoría musulmana malaya del Sudeste [4] y convirtiendo la Península de Malasia en una isla de facto. En realidad, es normal que prosperen "teorías de la conspiración" según las cuales los políticos tailandeses son regularmente sobornados por Singapur y Malasia para votar en el parlamento en contra de la construcción del canal. Estas teorías no son despreciables dada la enorme dependencia económica de ambos países (Malasia posee su propio hub comercial en Malaca: Port Klang o Port Swettenham) del tráfico comercial en el estrecho.

Es indiscutible que un canal tailandés y/o puente terrestre reduciría drásticamente la distancia de las rutas marítimas, el tiempo de transporte y por tanto los costes finales, pero si el proyecto se llevase al cabo en Tailandia, tanto Malasia como Singapur e Indonesia sufrirían un enorme shock económico, los rascacielos de Singapur sólo servirían como nidos de gaviotas, la industria astillera singapurense se estrellaría, Estados Unidos y Reino Unido sufrirían un golpe tremendo y se podría desencadenar un conflicto armado naval en la región. Además, la Armada y flota mercante chinas obtendrían acceso a una vasta continuidad marítima que va desde el Mar del Sur de China hasta el Cabo de Buena Esperanza y los estrechos de Hormuz y Mandeb.

El canal de Kra es el ejemplo de cómo los intereses del eje angloamericano atlantista chocan de vez en cuando con los intereses del beneficio desalmado, del lucro, del capital y de la globalización sin patria y sin fronteras. Para un capitalista de la era de la globalización, el dinero es ciego y no tiene patria. El canal de Kra, sencillamente hablando, daría más beneficios a las multinacionales que lo usasen, pero no le conviene a la política exterior de la anglosfera, ya que resta importancia a Singapur y acerca la ruta marítima más al continente eurasiático, donde la influencia china es cada vez mayor. Saboteando los esfuerzos chinos en Pakistán, India, Myanmar y Tailandia, el atlantismo mantiene el status quo, forzando a toda Estasia a depender de Singapur y su imperio regional: la ASEAN.



BIRMANIA (MYANMAR)

Myanmar es la ruta más corta desde la dinámica costa Este de China hasta el Océano Índico, por lo que éste es de los apartados más importantes de esta serie de artículos. Durante décadas, Birmania ha estado en la lista negra de las potencias atlantistas. En 2005, la entonces Secretaria de Estado Condoleeza Rice la incluyó en su lista de "avanzadillas de la tiranía", su ejército es el malo de la última película de "Rambo" y el país hasta sufrió una revolución coloreada espontánea, la llamada "revolución del azafrán", promovida por EEUU en 2007 ―principalmente porque ese mismo año, PetroChina y Birmania habían firmado un memorándum de entendimiento según el cual Birmania suministraría gas natural a China. La revolución del azafrán también coincidió casualmente con Malabar 07, unas maniobras navales de la US Navy con las armadas de India, Japón, Singapur y Australia.

Sin embargo, en un brusco cambio de política, la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton (la primera Secretario de Estado estadounidense en viajar a Birmania desde 1955), manifiestamente muerta de sueño, visitó el país en Noviembre de 2012, junto con Obama, que se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar el país, hablando de un tal "proceso de reforma democrática y económica" que abriría oportunidades de "desarrollo" para el país. Clinton hasta recomendó literalmente a las multinacionales estadounidenses que invirtiesen en Birmania: el clima ha cambiado, ahora hay "apertura al exterior", es decir, ansias de dejarse violar por la globalización. ¿Qué ha sucedido realmente para que, en un giro geopolítico verdaderamente orwelliano, los enemigos pasen a ser los amigos, o al menos los no-enemigos? ¿Qué esconden el baboso dialecto diplomático del presidente estadounidense y el jet lag de la dignataria? La respuesta a ambas preguntas es la creciente influencia de Beijing en la región y su relación de amor-odio con Washington.

La saga "Rambo" corre el riesgo de convertirse en la más owneada de la historia del cine. Arriba, Rambo confraterniza con un talibán afgano (entonces llamados muyaidines) en la peli "Rambo III"… hoy EEUU combate a los talibán. Abajo, en "John Rambo", se encarga de un militar birmano como sólo él sabe hacerlo… hoy, EEUU estrecha relaciones diplomáticas con Birmania.

Myanmar es el emplazamiento de antiguos Estados budistas que todavía en el Siglo XVII tenían suficiente fuerza como para infligir derrotas tanto a los portugueses como al reino de Siam. Durante la era colonial, los británicos fueron adquiriendo rápidamente influencia en la región, estableciendo la petrolera Rangoon Oil Company (posterior Burmah Oil Co) en 1871 y anexionándose Birmania en 1886, pasando el país a formar parte de una vasta continuidad territorial limitada sólo por dos antiguas monarquías tradicionales que retuvieron su independencia: Persia (Irán) al oeste y Siam (Tailandia) al este. El dominio británico chocó enseguida con las poblaciones locales, firmemente apegadas a sus tradiciones budistas, que motivaron grandes revueltas hasta bien entrados los años 30 del Siglo XX. Como había pasado con el Islam en Egipto, los británicos se dieron cuenta de la enorme ventaja estratégica que supondría meterse en el bolsillo a las autoridades religioso-sociales, en este caso budistas. Es así como a día de hoy, el Dalai Lama forma claramente parte de la esfera de influencia del atlantismo. Birmania, rica en opio, pasó a integrar la red de narcotráfico de todo el Sudeste Asiático.

Si la cocaína es una de las grandes protagonistas secretas de la geopolítica de Iberoamérica, el opio lo es en Asia. Las dos narco-zonas señaladas (Creciente Dorada y Triángulo Dorado) tienen varias cosas en común: ambas comparten frontera tanto con China como con India, ambas han sido ocupadas por EEUU de una forma u otra (Vietnam, Afganistán) y ambos se encontraron en el pasado bajo la influencia del Imperio Británico y del narcotraficante David Sassoon. Nótese como Camboya queda fuera del llamado "Triángulo Dorado".

En Marzo de 1942, las tropas japonesas entraron en Birmania y la administración británica colapsó. Los británicos organizaron unidades de élite conocidas como Chindits, que, acosados por la malaria y la disentería, operaban muy detrás de las líneas japonesas, siendo en muchos sentidos precursores de las modernas unidades de operaciones especiales. Una unidad estadounidense comparable, los Marauders de Merrill, se les unió en 1943. Mientras tanto, el antiguo tráfico de opio de la zona, tradicionalmente en manos británicas, sirvió para nutrir a la resistencia antijaponesa en China, financiando a las primeras repúblicas soviéticas del país: Jiangxi y Yan’an [5].

Los japoneses perdieron 150.000 hombres en Birmania, de los cuales sólo 1.700 prisioneros. Esto sugiere que los militares japoneses, con su imaginario colectivo fuertemente influenciado por el arcaico arquetipo samurai, solían preferir la muerte en combate antes que la rendición. En 1948, Birmania obtuvo la independencia del Reino Unido, siguiendo el proceso de des-europeización del mundo que se desencadenó tras la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de otras ex-colonias, Birmania no pasó a formar parte de la Commonwealth.

En 1962, un golpe de Estado colocó a Birmania bajo el control de una Junta militar que nacionalizó la industria, puso el grueso de la economía bajo control estatal y ha gobernado el país desde entonces. Durante toda la Guerra Fría, Birmania fue un país inestable y violento dominado por una larga sucesión de siglas insurgentes que, como las guerrillas en Colombia, controlaban y controlan el cultivo y tráfico de opio en las frondosas regiones interiores y fronterizas del país. En 1996, año que "supuestamente" debía marcar un golpe mortal al narcotráfico a raíz de la derrota de una narco-guerrilla, la embajada de los Estados Unidos en Rangún publicó un documento titulado "Country commercial guide" en el que afirmó que las exportaciones ilegales de opio birmano producen tantos ingresos como las exportaciones legales del país (incluyendo petróleo y gas natural). Continúa afirmando que las inversiones en hoteles e infraestructuras en Birmania proceden de organizaciones criminales dedicadas al cultivo y tráfico de opio.

Densidad de cultivo de adormidera en Birmania, en hectáreas por km cuadrado. Birmania fue el país líder en producción de opio hasta que fue adelantado por Afganistán tras la invasión de la Coalición en 2001. Birmania (y Tailandia como estación intermedia) es también un macrolaboratorio de importancia global en la fabricación de drogas sintéticas en general y metanfetaminas en particular. En la volátil y montañosa frontera birmano-tailandesa, existe toda una red de refinerías en las que el opio se transforma en heroína. Aquí trabajan activamente diversas narcomilicias, las tríadas y otras mafias chinas, tanto musulmanas como no-musulmanas. Durante décadas, los bancos de Singapur y Hong Kong (incluyendo HSBC) se han hecho cargo de los ingresos procedentes de estas actividades.

Otro problema de Birmania, éste bastante reciente, tiene que ver con el ataque de la minoría étnica rohingya por parte de la mayoría rakhine, acaecido en el estado birmano de Rakhine (conocido también como Rohang o Arakan) a partir de 2012, aunque el conflicto tiene raíces más antiguas. Los rohingya son de origen e idioma indo-ario, más emparentados con los pueblos de India y Bangladesh que con las etnias de Birmania, y son musulmanes. Los rakhine, por su parte, son sino-tibetanos y budistas.

El estado de Rakhine en el marco birmano, una costa que domina el Golfo de Bengala y en la que se entrecruzan las esferas de influencia de India y China. Nótese que en este estado se encuentran Sittwe (Akyab) y Kyaukphyu ―dos importantes perlas del collar chino. Sittwe se encuentra frente a Calcuta, la mayor ciudad y puerto de India.

La desestabilización del estado de Rakhine es necesaria para el atlantismo por varios motivos:

1. Gasoducto, collar de perlas chino y otras inversiones extranjeras. La ruta desde la costa birmana hasta la ciudad de Kunming, en la provincia china de Yunnan, puede ser considerada como una antigua "ruta del opio" y ahora parece que los chinos quieren cometer la herejía geopolítica de transportar gas natural en lugar de opio.

En la isla de Ramree, donde ingleses y japoneses lucharon una crucial batalla durante la Segunda Guerra Mundial (se dice que en los pantanos de alrededor de la isla los cocodrilos devoraron 400 soldados nipones), los chinos están construyendo diversas instalaciones y ductos para recibir petróleo y gas natural de África, el Golfo Pérsico y el Golfo de Bengala, y transportar estas mercancías a través del corazón de Birmania hasta la ciudad china Kunming. También se planea que, para el 2015, haya también una carretera y una vía férrea de alta velocidad. Obviamente, el proyecto es comparable al de Gwadar (Pakistán) o Kra (Tailandia) en su intento de evitar el traicionero estrecho de Malaca.

En la cercana ciudad costera de Kyaukphyu, los chinos están construyendo un puerto de agua profunda y una terminal petrolera, mientras que, más al norte, en la también costera Sittwe los chinos mantienen un hub de inteligencia y espionaje electrónico (orientado especialmente, se supone, al tráfico marítimo) desde 1994 y también se encuentran desarrollando un puerto y una base naval. Preocupantemente, en Sittwe los hindúes están construyendo una terminal energética pensada para alimentar el crecimiento de Bangladesh y el estado hindú de Bengala Occidental, de 90 millones de habitantes. Abriendo el flujo energético en Birmania, Delhi puede también dinamizar la aislada y subdesarrollada región del noreste de India, proporcionándole una salida marítima y quizás aplacando la enorme cantidad de guerrillas e insurgencias (incluyendo una "cristiano-maoísta") que infestan la zona.

Como siempre, los oleoductos y gasoductos levantan pasiones en Eurasia y especialmente fuera de Eurasia ―Estados Unidos y Reino Unido ven los proyectos terrestres como una amenaza a su control sobre las rutas marítimas. La China National Petroleum Corporation comenzó a construir el gasoducto sino-birmano en 2009 y se espera que cuando sea completado transporte 12 millones de toneladas de crudo al año —puede que el 10% de las importaciones petroleras chinas. Si estos proyectos se llevan al cabo, Kunming se convertirá en el principal hub comercial del Sudeste Asiático, donde convergerán todos los ferrocarriles, carreteras, gasoductos y oleoductos de Birmania, Tailandia, Laos y Vietnam. El perdedor regional sería, de nuevo, Singapur. China ha sido presionada para cancelar el proyecto.

2. Romper la continuidad territorial del mundo musulmán en el Sudeste Asiático. El mundo musulmán es un bloque que va desde el Sáhara Occidental hasta Indonesia, pero su continuidad se ve desafiada en ciertos puntos. El más obvio de estos puntos es el hachazo geopolítico conocido como Estado de Israel, pero existe otro hachazo en ciernes en el Sudeste Asiático: el estado birmano de Rakhine, una delicada franja costera donde los musulmanes son minoría y han sido atacados por radicales budistas en un verdadero intento de limpieza étnica.

Verde: importante población musulmana. Rojo: fronteras del mundo musulmán. Negro: puntos de ruptura del mundo musulmán. El estado birmano de Rakhine representa la divisoria entre el Islam propiamente eurasiático y el Islam "indopacífico". El atlantismo parece interesado en erradicar la minoría musulmana de Rakhine (los llamados rohingya, con una población de un millón) y cultivar este estado como una cuña geopolítica.

3. Piratería y militarización del estrecho de Malaca. El narcotráfico, gracias a sus contactos con la piratería regional, sirve a otro fin: proporcionar una excusa para militarizar el estrecho de Malaca y aguas circundantes.

Sittwe, el centro de los conflictos étnicos en Rakhine y cuna de "monjes políticos" rebeldes desde la época del dominio británico, es el epicentro de varias inversiones chinas e hindúes, incluyendo un puerto y posible base naval siendo construido por China y un importante hub de espionaje electrónico chino. Sittwe puede ser un puente o una brecha entre China e India, según se manipule. Teniendo en cuenta esto, resulta muy interesante prestar atención a la reacción de la "comunidad internacional", y de sus agentes, ante la violencia étnica contra la minoría musulmana rohingya por parte de fundamentalistas budistas. La "comunidad internacional" (léase la ONU, EEUU, Reino Unido y otros poderes globalistas) ha mantenido un silencio sepulcral sobre estos disturbios, llamando en cambio la atención sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas por la Junta militar birmana. Pero la proyección del poder atlantista en Birmania no sólo viene en la forma de condenas diplomáticas, apoyo a insurgentes o grupos radicales, o bloqueos comerciales. La penetración atlantista también viene de la mano de ONGs y agentes que operan dentro de Birmania con fondos estadounidenses. Uno de estos grupos es la NED (National Endowment for Democracy), una fachada legal de la CIA que actúa bajo las órdenes del US State Department y a la que ya hemos visto apoyando en Egipto a la Hermandad Musulmana y en Baluchistán a separatistas fundamentalistas. La NED suele utilizar frases-gancho inocuas y cínicas como "libertad de información", "transparencia", "democracia", "lucha no-violenta", "apertura" y "fortalecimiento de ONGs" para describir las actividades claramente subversivas en las que está involucrada.

Si el lector nunca concibió la existencia de grupos budistas radicales y violentos con la aprobación del Dalai Lama, quizás debería planteárselo de nuevo. En Birmania, dichos grupos han linchado a cientos de musulmanes rohingya, expulsándolos de sus casas y hasta acudiendo a los campos de refugiados para bloquear la entrega de ayuda humanitaria. Estos monjes se encuentran apoyados por la Open Society Institute del especulador neoyorkino George Soros, el National Democratic Institute for International Affairs y especialmente por la National Endowment for Democracy (NED), una organización sostenida por el US State Department a la que pudimos ver apoyando a la Hermandad Musulmana en Egipto. Al parecer, las radicalizaciones sectarias en la Isla Mundial no hacen sino beneficiar al eje atlantista, que es amigo sólo de las etnias y/o religiones que le convienen en un contexto regional y temporal determinado. Estos monjes fundamentalistas forman la base de la Liga Nacional por la Democracia (NLD), liderada por Aung San Suu Kyi [6].

Gracias a las maniobras de estos grupos de poder sostenidos por Washington, la "opositora" birmana Aung San Suu Kyi (a veces abreviada como ASSK) saltó a la fama internacional y obtuvo el premio Nóbel de la paz en 1991, compartiendo el dudoso honor con personalidades tan turbias como Henry Kissinger, Obama, Elie Wiesel, Nelson Mandela, Gorbachov y la UE. Desde entonces, Suu Kyi es una santa laica de la globalización como los ya mencionados, además de Gandhi, Martin Luther King, Rigoberta Menchú, el Dalai Lama (un títere del atlantismo que tiene mucha influencia en la budista Birmania), Desmond Tutu, Liu Xiaobo, Ai Weiwei y otros. Todos ellos son/eran básicamente unos mafiosos de cuidado, apoyados por fuertes poderes globalistas del momento con despiadados fines geoeconómicos y comerciales, amén de unos seres humanos vanidosos e impresentables moralmente. Esto chirriará a muchas víctimas de la nueva religión universalista, igualitaria y homogeneizadora auspiciada por la UNESCO, pero es una verdad comprobable.

Estas "fundaciones privadas" no sólo operan en países extranjeros al atlantismo para forzar cambios geopolíticos (por ejemplo, la "primavera árabe" de 2011 o las "revoluciones de colores" en Eurasia), sino que se han involucrado activamente, en el seno de Occidente, en operaciones de ingeniería social cuyo objetivo es cambiar el comportamiento de pueblos enteros, generalmente con fines de dominación por parte de la Alta Finanza. Así, la Ford Foundation fue uno de los motores de lo que hoy se llama "liberación de la mujer", junto con la CIA (y ver aquí).

En el caso de Aung San Suu Kyi, podemos destacar varios hechos turbios que vienen a robarle esa aura de altruismo y santidad que Washington ha colocado sobre su cabeza tirando de photoshop propagandístico:

• Suu Kyi, una antigua agente de la ONU con amplios y poderosos contactos internacionales, nunca ha protestado por la violencia étnica contra los musulmanes rohingya (700 muertos, 1.200 desaparecidos, 90.000 desplazados y miles de casas destruidas), a los que se les hace la vida imposible en un intento de expulsarlos del estado de Rakhine. En una entrevista para el periódico británico "The Guardian" en Junio de 2012, declaró que "no sabía" si los rohingya podían ser siquiera considerados ciudadanos birmanos.

• Sin embargo sí ha protestado por las represiones de la Junta militar, especialmente cuando ésta reprime protestas anti-chinas ―por ejemplo, durante una protesta en una mina de cobre china en Monya en Noviembre de 2012, en la que fueron heridos varios monjes budistas. La Liga Nacional por la Democracia se revela aquí como una sucursal del US State Department cuyo objetivo es acabar con el nacionalismo birmano y con los líderes que miran por los intereses nacionales de Birmania, e instalar un régimen cliente de Londres y Washington. El material propagandístico financiado por el Departamento de Estado sugiere que la Junta militar birmana es vista como un escollo para la integración de Birmania como una provincia más de Globalistán. Así, la Associated Press describió esta imagen como una manifestación de monjes budistas en contra de la violencia étnica, cuando el cartel azul pone en realidad que buscan la expulsión de los refugiados de Birmania y que sólo protestan por el uso de la fuerza por parte del ejército birmano para evitar que los refugiados sean atacados.

• Suu Kyi ha mostrado su vasallaje al imperio atlantista intentando alejar a los inversores de las firmas chinas y desestabilizando los proyectos chinos (como la mencionada mina de cobre y la presa de Myitsone), criticando a la MOGE (Empresa de Petróleo y Gas de Myanmar, nacional) a la vez que habla maravillas de petroleras occidentales como Chevron, Total, Shell o ConocoPhillips.

Tras su fama de "luchadora no violenta" y "activista de los derechos humanos", Suu Kyi en realidad esconde una mujer criada desde niña al amparo de la diplomacia internacional, a la que jamás le han puesto la mano encima ―a diferencia de docenas de miles de birmanos― y que ha cumplido su "encarcelamiento" cómodamente en su propia y lujosa casa. El rostro de Suu Kyi es en realidad el de la interferencia del atlantismo en los asuntos internos del continente eurasiático, la proyección de "poder blando" en consonancia con una opinión pública occidental decadente, pacifista, gafapasta, afeminada y perrofláutica, y el acoso a etnias estratégicas que incordian a la globalización en el Sudeste Asiático, como los musulmanes rohingya, a los que Suu Kyi no considera siquiera ciudadanos birmanos, expuestos al saqueo y al abuso por parte de  grupos radicales budistas. La revista "Time" es propiedad del mega-consorcio mediático Time Warner Inc. de Manhattan, el segundo gigante mundial de los medios de comunicación después de la Disney.  

La caída del Imperio Británico no fue tal, sino que simplemente dejó de ser un imperio del Reino Unido como Estado para convertirse definitivamente en el sutil imperio plutocrático de la City de Londres. Birmania perteneció al Reino Unido durante la era colonial, el padre de Suu Kyi "negoció" la independencia de Birmania con los británicos y ella misma no podía dejar de rendir pleitesía a sus verdaderos amos. Aquí se deja ver con la familia real británica.

Existen otros puntos sensibles y frentes de desestabilización en Birmania:

• Las Islas Coco pertenecen a Birmania y, junto con las Islas Andamán e Islas Nicobar (India), de las que están separadas por sólo 18 km, separan el llamado Mar de Andamán del resto del Golfo de Bengala. Las Islas Coco pertenecen de facto a China, que ha construido importantes infraestructuras de reconocimiento e Inteligencia electrónica, dándole a Beijing no sólo la posibilidad de monitorizar todo el tráfico marítimo del entorno, sino de espiar las actividades militares de India, incluyendo pruebas misilísticas.

El arco de Andamán. Si China posee instalaciones militares y de espionaje en las Islas Coco, India posee instalaciones comparables en las Islas Andamán, a sólo 18 km. Las islas Coco, Andamán y Nicobar (Chowra) forman un cinturón insular que tiende a hacer un puente entre Birmania y la provincia autónoma indonesia de Aceh, castigada tanto por el tsunami de 2004 como por el terrorismo y la Sharia islámica. Aceh también alberga una base militar estadounidense, la Sultan Iskandar Muda Air Force Base. El arco de Andamán preside la entrada al estrecho de Malaca desde Occidente. El estado de Rakhine puede ser considerado como una prolongación del arco. Igual que el Cinturón de Fuego del Pacífico, el Arco de Andamán coincide con una falla geológica.

• Los proyectos hídricos chinos son otro vector de penetración de la influencia de Beijing en Birmania que el atlantismo intenta frustrar a toda costa. Hay al menos 45 multinacionales chinas involucradas en 63 proyectos hidroeléctricos en Birmania. China es experta en el control de las aguas desde hace milenios, y no sólo en la construcción de presas, sino también en el control de inundaciones, excavación de canales y acondicionamiento de ríos para la navegación. La interferencia del atlantismo en los "asuntos hídricos" de China ha sido particularmente evidente en el caso de la presa de Myitsone, río Irrawaddy, en el inestable estado de Kachin, al norte del país. La presa, destinada a ser la quinceava más grande del mundo, iba a producir de 3.600 a 6.000 megavatios de electricidad (compárese con la central térmica de As Pontes en España, con 2.200 MW, la chimenea más alta de Europa y contaminación a raudales), principalmente para uso chino (pagando impuestos al Gobierno birmano) en la provincia de Yunnan. China había previsto el coste de la obra en más de 4 mil millones de dólares.

El proyecto pronto se convirtió en un pivote diplomático para EEUU y la "comunidad internacional". Varias ONGs estadounidenses, junto con Suu Kyi, conspiraron para detener el desarrollo de los ríos birmanos por parte de China, especialmente la presa de Myitsone: la Kachin Development Networking Group y la Burma River Network, ésta apoyada por International Rivers, a su vez financiada por "fundaciones" como la Ford Foundation, Sigrid Rausing Trust, Tides Foundation y la Open Society Institute (ahora llamada Open Society Foundations u OSF) de George Soros. Los motivos que alegaron fueron "sociales" y "medioambientales". Es innegable que la civilización moderna se está cargando el planeta con la falacia del "crecimiento económico" y con sus proyectos heréticos de intentar dominar la Naturaleza sin someterse a ella, pero lo que llama la atención aquí es el doble rasero de estos organismos: mientras que EEUU mantiene la friolera de 75.000 presas, parece que Birmania no puede construir más de 40 sin poner nerviosos a Wall Street y a la City.

Localización del río Irrawaddy y de la presa de Myitsone en el estado de Kachin.

Dice un revelador artículo de Tony Cartalucci, analista geopolítico basado en Bangkok:

Naturalmente, la razón primaria por la que los globalistas financian ONGs de "sociedad civil" es para subvertir y reemplazar totalmente el gobierno soberano funcional de una nación designada. Entonces entrelazan su "sociedad civil" con una red de administración global homogénea que a su vez responde a "instituciones internacionales" artificiales, como el Tribunal Criminal Internacional o la ONU. Cuando se establece plenamente, este estado-financiado-por-el-extranjero-dentro-del-Estado lleva al cabo la agenda de sus patrocinadores extranjeros, generalmente bajo la cubierta de inquietudes sobre los derechos humanos o el medioambiente, o en el caso de la presa de Myitsone, de ambos.

Suu Kyi no podía faltar a esta cita tan crucial e hizo lo que pudo para agitar en contra de la construcción de la obra. En Abril de 2011, diez bombazos explosionaron cerca de la presa, y en Septiembre, la británica BBC pudo anunciar orgullosa la puesta en "standby" del proyecto hídrico, poco menos que dando las gracias a varios actores regionales, incluyendo la Kachin Independence Organization (milicia separatista de Kachin), empeñados, gracias al dinero de la foreign social development aid y similares quimeras, en la balcanización de Birmania. Meses después, el Wall Street Journal (17/11/2011) denominaría a Birmania "el último gran mercado de frontera de Asia", describiendo su "potencial" como "demasiado grande como para que los inversores lo ignoren".

La detención del proyecto hidroeléctrico fue claramente el peaje que tuvo que pagar la diplomacia birmana para congraciarse con Occidente. Cuando Naypyidaw (aclaración: la capital birmana) llevó al cabo la medida, seguramente intimidada ya por la fulminante destrucción de Libia, EEUU optó por aprobar los "esfuerzos en democratizarse" por parte de la Junta militar birmana, quitando al país de su lista de enemigos mortales, poniendo un embajador por primera vez en 22 años y mandando a la Secretaria de Estado Hillary Clinton en soporífera visita oficial. Clinton incluso llegó a declarar: "Hoy le decimos al negocio americano: ¡inviertan en Birmania!" (NYT, 17/5/2012), sugiriendo que "al fin" el país se había "abierto" al comercio internacional. Poco después, el británico William Hague hizo otro tour diplomático, siendo el primer ministro de asuntos exteriores de su país en visitar Birmania en 56 años.  

Desde el acontecimiento crucial en 2011, las autoridades birmanas habían comenzado a vender edificios gubernamentales, instalaciones portuarias, sus aerolíneas nacionales, minas, tierras de cultivo, la red de distribución de combustible y las fábricas de refrescos, cigarrillos y bicicletas. Incluso se abrieron de par en par las puertas de la salud y la educación a los inversores privados. También se aprobó una ley de inversión extranjera para permitir la entrada de bancos extranjeros y compañías de telecomunicaciones. Birmania incluso ha sido elegida para acoger la cumbre de la ASEAN en 2014 y su integración en la organización comenzará en 2015.

A pesar de estos gestos, EEUU ha renovado en 2012 las sanciones económicas hacia Birmania, posiblemente en parte debido a las buenas relaciones del país con el paria de la globalización, Corea del Norte, y definitivamente también porque China sigue adelante con el gasoducto.

• Kachin es uno de los estados birmanos fronterizos con China. Este estado en particular es cruzado por varios ríos de origen tibetano, en los que la Asia World Company, la China Power Investment Corporation y el Ministerio de Energía Eléctrica de Birmania están activamente implicados en diversos proyectos hídricos. Por Kachin también transitarían todos los proyectos energéticos y comerciales sino-birmanos que hemos visto (gasoducto, oleoducto, carretera, ferrocarril, corredor comercial). Es suficiente decir que, en un esfuerzo por romper el eslabón natural formado por los ríos sino-birmanos, Kachin está siendo desestabilizada por la llamada Kachin Independence Organization (KIO), una guerrilla separatista.

• El proyecto de Dawei. La construcción, por parte de los japoneses, de un puente sobre el río Kwai en 1942-43 ―utilizando como mano de obra esclava a prisioneros aliados para completar el llamado ferrocarril de la muerte― es un dramático testimonio histórico acerca de las dificultades geográficas que entraña la frontera birmano-siamesa. Siete décadas después de aquellos sucesos, Japón ha vuelto a la zona, esta vez como patrocinador de un nuevo corredor comercial en el que la ciudad costera birmana de Dawei (antigua Tavoy) tendrá una importancia clave. Dawei se encuentra en una región aislada y poco desarrollada de Birmania, que sólo recientemente se ha enlazado con el resto del país con un ferrocarril y una carretera. Sin embargo, en un futuro cercano, Dawei puede convertirse en uno de los extremos de un puente terrestre que vendría a ser una versión más septentrional del canal de Kra, y conectarse, entre otros, con un puerto tailandés que ha sido desarrollado por China, el de Laem Chabang, mencionado más arriba. De momento, a un barco le lleva 10 días llegar de Laem Chabang a los puertos orientales de India. El proyecto de Dawei podría recortar el viaje en tres días. Y si hablamos de mercancías chinas y japonesas, el recorte es aun mayor gracias a las prolongaciones del corredor en Camboya y Vietnam.

Cuando Henry Kissinger convenció a Nixon para emprender su campaña de bombardeos secretos en Camboya, probablemente tenía en mente evitar que se llegase a consolidar, especialmente bajo influencia soviética, un espacio económico similar al que vemos en la imagen. Este corredor comercial, de nuevo evita el fatal, pirateado y congestionado estrecho de Malaca y su guardián regional, Singapur, poniendo sobre la mesa del comercio internacional una ruta mucho más corta y rápida entre el Mar del Sur de China y el Índico. El arco de Andamán adquiriría una enorme importancia si este proyecto se lleva a término con éxito. Se prevé promulgar leyes para convertir Dawei en una Zona Económica Especial —la primera de Birmania. Nótese también el proyecto tailandés de construir un ferrocarril desde Pak Bara hasta Kunming, esto puede interpretarse como otra estrategia más de China para saltarse el estrecho de Malaca, diversificar sus rutas y aislar a Singapur. Nótese cómo Bangkok se encuentra en la encrucijada de rutas. Fuente del mapa: Italian-Thai Development y "Bangkok Post".

Como parte de un proyecto de diez años, un total de 80 mil millones de dólares y que dará trabajo a 30.000 obreros, se está procediendo a excavar, a dinamitazo limpio, veinte túneles en las montañas de la complicada frontera birmano-siamesa, vaciar 40 mil hectáreas de terreno en Dawei (incluyendo 250 km cuadrados para extensiones industriales) y llenarlas de refinerías, complejos petroquímicos, plantas eléctricas, carreteras, ferrocarriles, oleoductos, gasoductos y un puerto de aguas profundas. El principal promotor es la Ital-Thai Industrial Co., una multinacional basada en Tailandia y con participación italiana, pero también ha entrado en Birmania otro veterano actor en el Sudeste Asiático: Japón, que ya ha hecho acto de presencia en Birmania a través de multinacionales como Hitachi, Marubeni y Sojitz, y que también está heréticamente interesado en diversificar sus rutas comerciales, demasiado dependientes de Malaca. Esta tendencia de Tokio a involucrarse en Estasia (Asia Oriental) nunca ha sido del agrado del atlantismo, que teme el nacimiento de, por así decirlo, un "pacifismo".

Es de prever que el atlantismo alimentará insurgencias locales en pleno corredor comercial, especialmente a la guerrilla separatista de Karen en Birmania, que controla una región por donde pasará la carretera. El atlantismo seguramente asustará a los inversores cuestionando la fiabilidad del Estado birmano, planteará dudas medioambientales y traerá a colación los derechos humanos y el asunto de la población local desplazada por las obras. Si el proyecto de Dawei y el corredor comercial al Mar del Sur de China llegan a completarse, todo el paisaje del comercio internacional cambiará drásticamente y las fichas del Sudeste Asiático serán reordenadas de forma radical [7].

Como hemos visto al principio de este apartado, Birmania es simplemente la ruta más corta desde los grandes centros económicos chinos hasta el Índico. Además, tiene casi 15.000 km de costa en el Índico, casi tanto como los 17.000 de la vecina India. Como tal, es innegable que al eje atlantista le conviene la desestabilización y/o bloqueo y/o conquista diplomático-comercial del país, igual que le conviene la desestabilización de Pakistán. Los motivos son idénticos: evitar que China obtenga salida al Índico sobrepasando el estrecho de Malaca y su parásito financiero Singapur, y frustrar la construcción de un bloque regional económico controlado por Beijing ―un imperio chino bi-oceánico (indopacífico). Todos los elementos de los que pueda echar mano el atlantismo para reventar la zona (diferencias étnicas y religiosas, grupos terroristas, fundamentalismo, atentados, milicias narcoguerrileras, minas chinas, proyectos hídricos chinos, etc.) serán explotados una y otra vez. Nada complacería más en Washington que Birmania se volviese tan volátil que hubiese que establecer una base militar estadounidense en el país ―cuanto más cerca de las plantaciones de opio en la frontera con China, mejor. Y, como pasa en Colombia o en Afganistán, esta presencia militar no reduciría en absoluto el narcotráfico, sino que lo impulsará. Si a esto le añadimos que Birmania es rica en petróleo, gas natural, carbón, zinc, cobre, níquel, piedras preciosas, leña y potencial hidroeléctrico (casi 40.000 megavatios), así como que posee yacimientos de uranio, el panorama se complica más.

Las intenciones del atlantismo en el Sur de Asia probablemente caminen en esta dirección: robar el gas de Asia Central y el Caspio y mandarlo al Índico y al Sudeste Asiático para unir a India con la Asean, creando un bloque regional que atenace a China por el Sur. Sin embargo, sería necesario que cambiase mucho el clima geopolítico en la región para que esto pasase. La principal multinacional interesada en este proyecto sería Unocal (actualmente parte de Chevron, una de las muchas hijas de la antigua Standard Oil de Rockefeller), que posee acciones en la mayoría de los gasoductos señalados y que ha estado muy involucrada en Afganistán.



BANGLADESH = CUELLO DE POLLO

Incluso en un artículo sobre el Índico, hablar del diminuto Estado de Bangladesh puede parecer redundante, pero lo que mejor describe la importancia de Bangladesh no es tanto su extensión como su población: el país tiene 150 millones de habitantes (la mayoría musulmanes), más que la vasta Rusia. Tiene por tanto el dudoso honor de ser de los Estados más densamente poblados del mundo, muy representativo de la reproducción irresponsable y desmesurada del Tercer Mundo. Esta plaga de crecimiento demográfico y reproducción de la pobreza está en plena sintonía social con su contrapartida económica: la del crecimiento indefinido, la mano de obra barata y el dumping social, con el objetivo de que las multinacionales esclavistas (incluyendo la española Inditex) puedan vender a las masas consumistas y zombis de Occidente un flamante producto, generalmente textil, made in Bangladesh. Esto se traduce en que el sistema capitalista neoliberal y globalista basado en Occidente, es muy sensible a lo que sucede en países como éste. Añadamos a esto que Bangladesh es totalmente dependiente del río Ganges, cuyas fuentes están controladas por India, y tenemos una interesante receta para el conflicto y las malas vibraciones geopolíticas.

Estas escenas son de Dhaka, la capital bangladeshí, pero podrían perfectamente ser de Calcuta o cualquier otra ciudad superpoblada del sur de Asia. La multiplicación humana y masificación demencial que tiene lugar en esta región es muy representativa de una civilización que sólo puede sostenerse artificialmente a base de cereales, hidrocarburos, endeudamiento, consumismo, contaminación, condiciones de vida miserables, esclavitud, vulgarización racial y otros callejones sin salida de la evolución humana, agrupados bajo la eufemística etiqueta de "desarrollo sostenible". Este cuadro social conviene a la alta finanza: cuando una mayoría se hace muy pobre, inevitablemente una minoría se hace muy rica. 150 millones de personas con un tren de vida propio de la clase media de Occidente no serían sostenibles en un país como Bangladesh [8].

Bangladesh, la ruta más corta desde Tíbet hasta el Índico y un Estado que carece de cualquier tipo de defensa geográfica para organizarse como territorio, tiene una historia muy interrelacionada con la antigua tradición hindú (se menciona en el Ramayana y el Mahabharata), los sultanatos islámicos medievales de Bengala, la Compañía Británica de las Indias Orientales (por la que fue conquistada en 1757) y tres potencias nucleares modernas: China, India y Pakistán. El país se constituyó con el nombre de "Pakistán Oriental" en 1947, bajo la misma autoridad estatal que "Pakistán Occidental" hasta que una cruenta guerra los separó definitivamente a ambos en 1971.

Junto con Pakistán y Sri Lanka, Bangladesh, el "País de Bengala", es el resultado de la intriga británica. Atenazando a India con países musulmanes y promoviendo las luchas sectarias dentro de la misma India, Londres evitaba la aparición de un Estado hindú claramente hegemónico en el Índico y el sur de Asia. En el caso de Bangladesh, su papel consiste en arrebatarle a India una tierra llana, fértil y de costa muy accesible, que podría unir fácilmente a la India propiamente dicha con sus problemáticas y aisladas provincias orientales. Debido a Bangladesh, estas provincias sólo se hallan unidas a India por una franja de 30 km de anchura: el Corredor de Siliguri, también llamado "Cuello de Pollo".

Las provincias del noreste de India, llamadas las "Siete Hermanas", una región problemática (insurgencias guerrilleras, conflictos territoriales con China, microclima, aislada) de 40 millones de habitantes, se encuentra separada del resto del país por el corredor de Siliguri o Cuello de Pollo (círculo rojo), un angosto pasillo estrujado entre Nepal y Bangladesh, cuyo dominio debe de ser una enorme tentación para Dhaka (aclaración: la capital bangladeshí) y, a través de ella, para Beijing. Por "culpa" de India, la frontera bangladeshí se encuentra a 22 km de Nepal, 30 km de Bhutan y 100 km de China. Compartir frontera con estos países haría de Bangladesh una ruta privilegiada de tránsito desde China hasta el Índico, de hecho en los tiempos de la Ruta de la Seda, por Bangladesh transitaba una importante ramificación de dicha ruta que la conectaba con la Ruta de las Especias. Técnicamente, Bangladesh es la salida marítima natural de las siete provincias hindúes; de no existir, India lo tendría mucho más fácil para conectarse con ellas y darles una salida marítima.

El otro aspecto de la interacción entre Bangladesh y Pakistán es la tendencia a utilizar a las poblaciones musulmanas de India (con cerca de 180 millones de musulmanes, India es el tercer país islámico del mundo después de Indonesia y Pakistán) ―especialmente a las del arco superpoblado que subraya la cordillera del Himalaya― como puente entre ambos países, tendiendo a separar a India de China (en el Cinturón de Hielo) y a crear un puente terrestre entre el Mar Arábigo y el Golfo de Bengala. Este concepto geopolítico ha recibido el nombre de Mughalstán o Moghulistán. No es de extrañar, por tanto, que el wahhabismo-salafismo (la misma marca de Islam de Al-Qaeda) haya sido exportado tanto a Bangladesh como a Nepal y Cachemira, estableciendo numerosas madrasas y mezquitas regadas abundantemente con petrodólares saudíes. Posible meta: la pakistanización de India.

Poblaciones musulmanas de India. Estas poblaciones tienden a crear un puente entre Bangladesh y Pakistán, aislando catastróficamente a India del resto de Eurasia. Este puente se prolonga hacia Rakhine, el estratégico estado birmano, y a través del arco de Andamán, salta hacia Indonesia.

Tanto el Corredor de Siliguri como Sikkim, Nepal, Bhutan, Arunachal Pradesh, la llanura del Ganges, Cachemira, diversos territorios contestados y varios parques naturales, forman parte del Cinturón de Hielo, una franja geográfica que tiende a contener a China en el Sur y en el Oeste. Mughalistán también podría llegar a ser una jugada maestra de China para aislar a su rival hindú, pero en vista de que el fundamentalismo islámico está totalmente en manos del atlantismo, es de prever que estas poblaciones musulmanas se utilicen como pivote para las maniobras geopolíticas del eje atlantista. Mughalistán sería un Estado que ofrecería al comercio internacional el pasar del Mar Arábigo al Golfo de Bengala evitando expresamente a India y a Sri Lanka, así como del Índico a China sin pasar por Malaca. Mughalistán tendería a conectarse con Rakhine, las Islas Andamán, las Islas Nicobar y Aceh en Indonesia, para erigir una definitiva barrera en torno al estrecho de Malaca.

Por estos motivos, no es de extrañar que en la universidad bangladeshí de Jahangir Nagar se haya creado un tal Mughalistan Research Institute (MRI), patrocinado tanto por los servicios de Inteligencia de Pakistán (ISI) como los de Bangladesh (DGFI y NSI). Esto puede englobarse bajo la Operación Tupac (1988), el plan del antiguo presidente pakistaní Zia ul-Haq para balcanizar India. En esta misma línea, el Movimiento de los Estudiantes Musulmanes de India (SIMI) y los muyaidines de India, trabajan con las mencionadas organizaciones para llevar la Yihad contra los hindúes en toda India. Grupos integristas de India como Jamaat e-Islami, Lashkar e-Tayyaba, Jaish e-Mohammad y Hizbul Mujahideen han prestado su apoyo a estos esfuerzos, declarando abiertamente que los hindúes son enemigos del Islam a los que hay que convertir/matar, y que su objetivo es la destrucción de la República hindú y la aniquilación del hinduismo. Estos grupos han detonado numerosas bombas en India y hay que notar que el odio que le tienen al hinduismo es mayor que el que le puedan tener a cristianos, judíos o musulmanes chiítas, ya que los hindúes no son "gente del libro" (de la Biblia) y veneran a la vaca, algo incompatible con el ritual Halal.

Todo esto forma parte de una guerra etno-religiosa que lleva décadas recrudeciéndose en todo el Indostán. Una rápida búsqueda de Hindu Muslim atrocities en Google o Google Images nos brindará gráficos testimonios de los que nunca se habla en los medios de comunicación de Occidente ―entre otras cosas, porque Europa ya se encuentra en una situación precursora a la de India. Es muy difícil que este preocupante cuadro, cultivado por servicios de Inteligencia y poderosos intereses económicos, termine bien.

A cambio de su situación geobloqueante para con India, Bangladesh está rodeada por India en casi toda su frontera salvo un pequeño segmento fronterizo que comparte con el mecionado estado birmano de Rakhine. También, como nación-delta fluvial que es, depende de India por el tránsito de 54 ríos compartidos. El hecho de depender de varios ríos pero no controlar sus fuentes es siempre motivo de tensiones, como en el caso de Egipto con Etiopía o Israel con Siria. Bastaría que Nueva Delhi hiciese algo raro en uno o varios ríos (por ejemplo, una presa o un desvío, o contaminarlos) para que Bangladesh se sumiese en la hambruna. Pero a la vez, el estar cruzada por tantos ríos convierte a Bangladesh en un archipiélago en potencia sólo conque un enemigo arrase sus puentes ("objetivos de uso dual") como hizo Henry Kissinger con Camboya. Otra extraordinaria debilidad natural de Bangladesh es lo llano y bajo de su terreno: cualquier fluctuación del nivel marino, cualquier inundación o maremoto, tiene en el país efectos devastadores y podría algún día desencadenar una avalancha de docenas de millones de refugiados. Además, su topografía excesivamente llana carece de barreras naturales que la protejan en caso de enfrentamiento militar.

La nación bengalí según los nacionalistas. Verde: Bangladesh actual. Rojo: territorios reivindicados (Bengala Occidental, incluyendo Calcuta, la ciudad más grande y puerto más importante de India). Nótese que, al norte, los territorios reivindicados separarían a las Siete Hermanas del resto de India ―colocando a estas provincias hindúes bajo la influencia de Dhaka y Beijing― y conectarían a Bangladesh con Nepal, Bhutan y China, dándole más proyección internacional. Esto supone sin duda una gran tentación para Dhaka y seguramente para Beijing. Juntas, Bangladesh (la antigua Bengala Oriental de Pakistán) y el estado hindú de Bengala Occidental, suman 240 millones de habitantes.

Existen dos ejemplos que resumen las tendencias de los dos vecinos de Bangladesh. La primera, típica de una estrategia marítima, es que el puerto hindú de Calcuta se dedique a entablar lazos con el puerto birmano de Sittwe, ninguneando directamente a Bangladesh, que puede verse tentada a considerar el estado de Rakhine como una prolongación natural de su territorio y a los musulmanes rohingya como bangladeshíes oprimidos por una nación extranjera. La segunda tendencia, más lógica bajo el punto de vista eurasiático-continentalista, es que Bangladesh se convierta en zona de paso entre el Indostán y Estasia. Tres mapas ilustran a continuación las diversas posibilidades.

Proyecto de gasoducto MBI (Myanmar-Bangladesh-India), el plan para transportar gas natural desde el campo gasífero birmano de Shwe (situado frente a Sittwe), a Calcuta (la ciudad más grande y el puerto más importante de India), pasando por Bangladesh. India tendría que pagar un impuesto a Bangladesh por ser ruta de tránsito, pero esto le resultaría más barato que rodear Bangladesh por las problemáticas provincias del Noreste y el angosto corredor de Siliguri. El gasoducto, que calmaría la paranoia de Dhaka a ser rodeada por India, ayudaría en buena medida a mejorar las relaciones regionales, razón por la cual es de esperar que encuentre oposición en el atlantismo y que todo el estado birmano de Rakhine sufra de desestabilización artificial o hasta que intente separarse de Birmania.

Su situación en el Golfo de Bengala hace que Bangladesh sea fácilmente atenazable por India y Birmania, por ejemplo debido a los lazos portuarios y de tráfico marítimo entre Calcuta y Sittwe. La respuesta bangladeshí para no quedarse marginada es fortalecer el puerto de Chittagong como perla china y convertirse en zona de tránsito terrestre entre Birmania e India (ver abajo). Tanto Chittagong como Sonadia son perlas del collar chino.

Tras ver un poco el panorama geopolítico del Índico y del Collar de Perlas en la primera y segunda partes de esta serie de artículos, entenderemos que Bangladesh sea también una prolongación natural de los posibles gasoductos TAPI e IPI (este último a su vez prolongación del ambicioso Gasoducto Islámico que vimos a principio de este artículo), que vimos en los anteriores artículos de esta serie. El IPI, un proyecto detestado por EEUU, ya que vertebra el sur de Asia con gas natural iraní, ha sido aceptado por Pakistán, que lo llevará adelante con o sin India (que se retiró del proyecto en 2009 ante las presiones de Washington). El TAPI, favorecido por EEUU al drenar Asia Central (antiguo feudo ruso) de recursos energéticos y cortar las salidas orientales de Irán robándole mercado, ha sido aceptado por Bangladesh.

China no ha ignorado la importancia estratégica de Bangladesh y se ha apresurado a incorporarla a su Collar de Perlas. Existen en Bangladesh dos perlas del collar chino en Bangladesh. La primera es el puerto de Chittagong, al sureste del país. Chittagong es una de las ciudades de crecimiento más rápido del mundo, amén de puerto de tránsito para el 90% de las importaciones-exportaciones bangladeshíes (principalmente productos textiles para Occidente) y salida natural para todo el sur de Asia privada de acceso al mar: Tíbet, Bhután, el Turquestán chino, las Siete Provincias hindúes, Nepal y algunas regiones de Birmania occidental. La China Harbour Company, en colaboración con las autoridades bangladeshíes, han invertido alrededor de 9 mil millones de dólares para transformar toda la costa sureste del país y para desarrollar en Chittagong un puerto de aguas profundas, varias terminales comerciales para contenedores, un puente de 950 metros, un túnel subfluvial, un parque industrial y hasta una carretera que conecte a Chittagong con Kunming a través de Birmania. Vale la pena destacar que muchas de estas infraestructuras son de uso dual (tanto civil como militar) y pueden albergar a las armadas tanto de China como de Bangladesh. La naturaleza estratégica de estos proyectos quedó meridianamente clara cuando el teniente coronel Moazzem Hossain, jefe de seguridad de la autoridad portuaria de Chittagong que ya ha estudiado los puertos de Le Havre (Francia) y Hamburgo (Alemania), declaró ni más ni menos que "Nuestra intención es sustituir el puerto de Singapur".Esto no habrá sentado muy bien en las oficinas de la mafiosa Port of Singapore Authority International (PSA), que muy recientemente ha perdido posiciones en el puerto pakistaní de Gwadar, en beneficio de la China Overseas Port Holding Authority (COPH).

Proyecto para unir la ciudad china de Kunming (destinada a convertirse en uno de los hubs comerciales más importantes de China) con el puerto bangladeshí de Chittagong, una de las perlas del collar chino.

La otra perla china en Bangladesh es Sonadia, una isla cercana a la ciudad de Cox’s Bazaar, en la que China ha invertido 5 mil millones de dólares para construir un espectacular puerto de aguas profundas. Sonadia se conectaría con Chittagong y con Kunming, previsiblemente a través de Birmania, para convertirse en otra cabeza de puente alternativa a Singapur.

Existe otro atractivo estratégico, menos conocido, de Bangladesh: el país se encuentra repleto de reservas de gas natural, estimadas en 90-225 mil millones de metros cúbicos. En comparación, el recientemente descubierto y mastodóntico campo gasífero israelí de Leviatán tiene 400 mil millones de metros cúbicos de gas. Es cierto que Bangladesh no puede compararse en términos energéticos con Estados como Rusia, Irán o Qatar, pero sigue siendo un botín bastante llamativo, especialmente teniendo en cuenta que Bangladesh no tiene medios de producción adecuados para la explotación de su gas y que es previsible que invite a multinacionales extranjeras.

En este mapa vemos los distintos puertos que China desea controlar para estrechar corredores comerciales que abaraten costes, recorten tiempo y la libren de depender de Singapur. Además, tenderían a atraer el núcleo económico chino desde la costa (por ejemplo Shanghai y Hong Kong) hacia el interior continental (por ejemplo Chongqing y Kunming), donde la influencia de las potencias oceánicas siempre será más débil. Con vistas a ello, China está invirtiendo mucho en el estratégico sector de trasportes en Pakistán, Bangladesh, Birmania, Nepal y Bhután. Todos estos países rodean… a India, que se halla justo en el medio de las rutas energéticas chinas.



SRI LANKA EL PUENTE DE RAMA

La antigua Ceilán portuguesa es, como Pakistán y Bangladesh, otro Estado geobloqueante para India, separado del Indostán por el delicado estrecho de Palk. Sri Lanka separa también la costa occidental hindú de la oriental, ya que el estrecho de Palk no es transitable por embarcaciones de gran tamaño, que deben rodear Sri Lanka por el sur. La antigua epopeya hindú del Ramayana ya menciona a la "isla de Lanka" y la lucha entre el rey Rama, del norte de India, contra Ravana, el monarca local. Rama habría ganado la guerra al construir un puente de piedra entre la India continental y la isla de Lanka. En Occidente, los navegantes griegos conocían la isla como Taprobane. Hoy Sri Lanka es, según el US Economist Intelligence Unit, la segunda economía asiática de mayor crecimiento después de China. 36.000 naves pasan cada año a través de Hambantota, incluyendo 4.500 petroleros. El 85% de las importaciones energéticas chinas de Oriente Medio y grandes riquezas minerales de África, pasan por Sri Lanka.

Tras haber formado parte del collar de perlas portugués, Ceilán pasó, guerra mediante, a manos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1656. Durante breves periodos, Francia ocupó militarmente algunos fuertes o puertos. En 1796, los ingleses tomaron la isla temiendo que, tras la invasión francesa de Holanda, pudiese pasar al control de París. Desde entonces hasta la época colonial, Sri Lanka estuvo sujeta a la influencia británica, que se benefició de las riquezas naturales de la isla, como el té, el caucho, las especias, las piedras preciosas o las arcillas. Ceilán también poseía (y posee) algunos de los mayores jardines herbales del planeta y una vasta selección de plantas medicinales. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la caída de Singapur en manos del Imperio Japonés, Trincomalee―posiblemente el mejor puerto natural del Índico― se convirtió en la principal base de la Flota Este de la Royal Navy, así como de submarinos holandeses. El puerto y el aeródromo llegaron a ser atacados por los japoneses en 1942.

En 1948, Sri Lanka se independiza, pero el Estado seguirá llamándose oficialmente Royal British Ceylon Goverment y los británicos continuarían poseyendo su valioso puerto de Trincomalee hasta 1956. A lo largo de los años 60, el país fue cayendo bajo la órbita de la Unión Soviética y del Movimiento No-Alineado. En 1971, una extraña insurrección juvenil fue aplastada por el gobierno de Colombo. La rebelión estaba dirigida por Rohana Wijeweera, una especie de Ché Guevara esrilanqués (Sri Lanka fue el primer país de Asia que reconoció el triunfo de la revolución cubana) que había estudiado en Moscú pero al que la Unión Soviética, debido a sus simpatías abiertamente maoístas (por tanto más alineadas con China) denegó futuros visados para viajar al país. En Sri Lanka, Rohana Wijeweera se había alineado con la facción pro-china del Partido Comunista, siendo acusado por la facción pro-soviética de ser un agente de la CIA. Al año siguiente del fallido golpe de Estado de Wijeweera, Sri Lanka se dotó de una constitución, declarándose república y denominándose con su nombre actual.

En adelante, las potencias extranjeras echarían mano de las divisiones étnicas de Sri Lanka para desestabilizar la desafortunada isla y crear una brecha geopolítica. El país tiene una minoría tamil (relacionada por tanto étnicamente con los hindúes del otro lado del estrecho de Palk) que con 2 millones de miembros conforma aproximadamente el 9% de la población de Sri Lanka. Los tamiles hablan una lengua dravídica (pre-aria). El resto de la población esrilanquesa, salvo una minoría árabe del 7,7%, es de etnia cingalesa (también llamada singalesa o sinhalesa) y habla un dialecto indo-ario. Los cingaleses son budistas en su mayor parte, mientras que los tamiles son mayoritariamente hinduistas.

Por desgracia para ellos, los tamiles son lo que se podría llamar una etnia estratégica. Dominando ambos lados del estrecho de Palk, influyen decisivamente en el tráfico marítimo de esta región. En el mapa viene representada la zona que durante décadas fue reivindicada por los tigres tamiles como patria tamil, independiente del gobierno de Colombo. El antiguo puerto británico de Trincomalee se encuentra dentro de esta zona. Los tigres tamiles recibieron apoyo logístico, armamentístico y de otros tipos, por parte de Estados Unidos, Reino Unido, Noruega y el atlantismo en general. El imperio chola, de origen tamil, da una idea acerca de la proyección estratégica de esta etnia. Interesantemente, la región reivindicada por los tigres tamiles coincide esencialmente con la cuenca de Cauvery, donde existen importantes yacimientos de petróleo y gas natural.

La desestabilización de la etnia tamil vino de manos de los Tigres de Liberación del Elam Tamil (LTTE), más conocidos como tigres tamiles. La organización no sólo era un frente guerrillero y un ejército en toda regla, sino que tenía también una rama terrorista que causó numerosos atentados tanto en India como en Sri Lanka, una rama naval ("tigres del mar") que destruyó el 35-50% de las embarcaciones costeras esrilanquesas y hasta era el único grupo insurgente del mundo que mantenía una fuerza aérea ("tigres del cielo"). Muchos gobiernos y agencias de seguridad consideraban a los tigres tamiles como uno de los grupos terroristas más implacables y mejor organizados del mundo. El LTTE utilizó sin escrúpulos los escudos humanos, los atentados con bomba en lugares públicos, la limpieza étnica, la piratería y se le acusa de asesinar a 8.000 compatriotas tamiles considerados traidores a su causa.

Tanto Rusia como Irán, China y Cuba apoyaron al gobierno de Colombo en su lucha contra el LTTE. EEUU, Reino Unido, India, Japón, Australia y la Unión Europea en general, han apoyado al LTTE, ya de forma abierta o de forma encubierta. Noruega ha proporcionado asilo político a numerosos cuadros de mando de la organización terrorista.

La insurgencia del LTTE supuso el principio de un sanguinario y largo conflicto intermitente, la Guerra Civil de Eelam (1983-2009), que desestabilizó gravemente el estrecho de Palk. 2007 fue un año clave: Beijing firmó un acuerdo naval con Colombo para desarrollar el puerto de Hambantota y Moscú mandó como asesor militar al coronel-general Moltenskoy, que ya había luchado contra un movimiento similar al LTTE en Chechenia. Además, EEUU firmó un acuerdo parecido, habiendo puesto a los LTTE en su lista de organizaciones terroristas, probablemente con la esperanza de ganar influencia en el gobierno esrilanqués, mandar asesores en antiterrorismo y poder acceder a Trincomalee como estación de repostaje y apoyo logístico para su Séptima Flota, localizada en la isla Diego García. En 2009, con ayuda militar china y rusa, Velupillai Prabhakaran, líder del LTTE, fue abatido por el ejército de Sri Lanka y el país entró en la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO), que incluye a Rusia, China, Bielorrusia, Mongolia e Irán entre otras.

La relación de Sri Lanka con el Collar de Perlas chino se concentra en la ciudad costera de Hambantota, al sur de la isla, uno de los puertos naturales más privilegiados del Índico, donde China ha invertido sumas astronómicas de dinero para desarrollar un puerto de aguas profundas. China es también la fuerza motora tras una planta energética de carbón de 1,3 mil millones de dólares en Puttalam, otro estratégico puerto natural desde el que se anima a los ciudadanos tamiles y/o musulmanes a marcharse a Australia en barco. La Torre del Loto en Colombo es otro llamativo proyecto chino en Sri Lanka.

India tiene sus propios intereses en Sri Lanka, especialmente en Trincomalee y en el proyecto de canal de Sethu Samudram. Las aguas del estrecho de Palk son poco profundas y están llenas de arrecifes, de modo que las embarcaciones pequeñas, especialmente pesqueras, no tienen problemas a la hora de atravesarlo, pero es una vía imposible para las grandes naves (especialmente petroleros, transportes de gas natural licuado y similares). India durante mucho tiempo ha resentido el hecho de que el tráfico marítimo pasase principalmente frente a la costa sur de Sri Lanka, y espera que construyendo un canal, los barcos se acerquen más a sus costas. Espera también poder unir sus costas este y oeste con una ruta marítima navegable y sin salir de sus aguas territoriales. El proyecto ha encontrado oposición de tipo medioambientalista (en teoría porque generaría una nueva corriente marina, haría India más vulnerable a "tsunamis y otras catástrofes naturales" y destruiría formaciones de coral) y hasta religioso (romper el puente de Rama sería una especie de sacrilegio para muchos hinduistas devotos). No se puede negar que esta tendencia humana de reorganizar la Naturaleza con fines económicos sea perniciosa tanto para el planeta como para la humanidad, pero no es menos cierto que estas objeciones nunca fueron de peso a la hora de construir el canal de Suez o el de Panamá.  

Proyecto de canal de Sethusamudram. Excavar un canal en el estrecho de Palk, rompiendo el puente de Rama, ahorraría unos 650 km de trayecto a los barcos grandes, atraería el tráfico marítimo hacia las costas hindúes y daría un gran impulso a la región tamil que, recordemos, se encuentra a ambos lados del estrecho. Las aguas territoriales hindúes dejarían de estar partidas en dos e India podría pasar desde el Mar Arábigo al Golfo de Bengala sin salir de sus aguas territoriales (hasta ahora debe dar un rodeo por Sri Lanka, ver aquí). El final de la guerra civil de Sri Lanka en 2009 y la derrota de los tigres tamiles hacen que este proyecto sea actualmente más viable. Fuente del mapa: tamilnation.co

Sri Lanka llega a 2013 como un país que no se somete gratuitamente a los dictados del FMI, que rechaza la interferencia extranjera en sus asuntos internos, así como la privatización de empresas estatales (especialmente en bancos estatales, aeropuertos e infraestructuras eléctricas), que está experimentando un auge bestial en sus sectores de agricultura y pesca y que mantiene buenas relaciones con China, Rusia, Cuba, Brasil, Irán, Pakistán, Venezuela y el Movimiento No-Alineado en general.

Colombo es también la pieza central de una arquitectura insular de seguridad que abarca todo el Índico y que preside un denso tráfico marítimo. Es particularmente clave su cercanía con Maldivas (donde China está estrechando importantes lazos y desea construir una base naval) y con la isla Diego García (base militar británica cedida a EEUU). Durante la guerra indo-pakistaní en 1971, EEUU despachó un portaaviones al Golfo de Bengala, en una muestra de apoyo a su aliado pakistaní e intento de intimidación a Nueva Delhi, por aquel entonces aliada de la Unión Soviética.

El puerto esrilanqués de Hambantota se encuentra en una posición central entre los estrechos de Hormuz, Malaca y Mandeb y las penínsulas Arábiga, Indochina, Indostán y Cuerno de África, tendiendo a partir el Índico en dos. Nótese la relativa proximidad a Hambantota de las Maldivas, la isla Diego García (territorio británico del Índico donde hay una base naval estadounidense) y las Islas Cocos y Navidad (pertenecientes a Australia). Puede ser ilustrativo comparar este mapa con el mapa de rutas que vimos en la primera parte de esta serie de artículos. Un rápido vistazo a las zonas económicas exclusivas del Índico vuelve a mostrar hasta qué punto, para pasar de Hormuz y Mandeb a Malaca, hay que atravesar una cadena insular de la que Sri Lanka forma parte. La isla tiene también una posición idónea para convertirse en un hub de telecomunicaciones.



RUTA DE LA SEDA VS. RUTA DE LAS ESPECIAS, O EURASIA VS. OCEANÍA

La peor y más antigua división de todas, la madre de todas las balcanizaciones, es la que hay entre el Yin y el Yang, entre lo material y lo espiritual, el instinto y la voluntad, el inconsciente y el consciente, la intuición y la razón, lo dionisiaco y lo apolíneo, lo femenino y lo masculino. El continente eurasiático también refleja esta división, ya que puede compararse con los hemisferios de un inmenso cerebro. Europa representa el hemisferio izquierdo, racional, lógico, científico y tecnológico, que ha heredado el pensamiento lineal y recto y que conserva la herencia genética más activa y evolucionada del planeta. Asia representa el hemisferio derecho, instintivo, intuitivo del cerebro, que ha heredado el pensamiento curvo, circular y cíclico, así como las tradiciones, los misterios y los rituales de los tiempos antiguos. Históricamente, la instintiva Asia se tragó la sangre y los genes, mientras que la racional Europa devoró al espíritu. Esta complementariedad puede ayudar a los pueblos del mundo, en particular los de origen europeo, a reencontrarse a sí mismos. Occidente puede fecundar tierras asiáticas (especialmente Siberia, Kazajistán y Mongolia) física, demográfica y económicamente, mientras que Asia puede aportar sus herencias tradicionales para reencender la llama espiritual y moral en Occidente ―algo para lo que también hay que contar con el Vaticano y la Iglesia ortodoxa, o al menos con algunos sectores de estas instituciones.

Brecha Interhemisférica (elipse roja) y principales centros económicos de Eurasia (elipses azules). En este mapa viene representada lo que Mackinder llamaba "Isla Mundial": la continuidad terrestre de Eurasia-África. Un gigantesco paso en la balcanización de este espacio fue el establecimiento del Canal de Suez primero (donde la ruta marítima corta a la ruta terrestre) y del Estado de Israel después, que separaron ambas unidades convirtiéndolas de facto en islas separadas y permitiendo que el poder marítimo las envolviera a ambas. Bajo un punto de vista telurocrático (continentalista y terrestre), el Sinaí debería ser un puente entre Eurasia y África, no un canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. El segundo paso ha sido alimentar la Brecha Interhemisférica, un eje que separa al Gran Oriente del Gran Occidente, y que incluye los campos petrolíferos rusos de Nenets, los Urales, el territorio del antiguo reino jázaro (khazar), el Caspio-Cáucaso, Pentalasia (incluyendo el Estado de Israel), el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén y el Cuerno de África. Rusia e Irán son los dos países clave que neutralizan la brecha interhemisférica, Rusia por su simple territorio e Irán tendiendo a obtener una salida en el Mediterráneo, partiendo la brecha en dos. También Grecia y las poblaciones cristianas y chiítas de Oriente Medio tienden a neutralizar la brecha. Además, si Rusia e Irán consiguen conectarse territorialmente a través de espacios balcanizados (Cáucaso y Asia Central) o a través del Caspio, se formaría un eje interhemisférico y el Rimland quedaría roto, lo cual supondría un desastre para las potencias oceánicas del mundo.

Como se ve, en muchos sentidos, ambos subcontinentes son antitéticos, pero en otros, se complementan a la perfección, especialmente cuando concebimos la Ruta de la Seda como la columna vertebral de un cuerpo, que "verticaliza" a Eurasia. Bajo este punto de vista, Asia es el cuerpo principal, Europa la cabeza y la Brecha Interhemisférica el cuello. La corona de Eurasia se encontraría en el espacio marítimo atlántico de la Península Ibérica, de Ferrol a Cádiz.

Los únicos países que podemos considerar propiamente eurasiáticos son Rusia, Grecia, Kazajistán, Turquía y Azerbaiyán. Pero basta dar un rápido vistazo a un mapa para darse cuenta de que todo el espacio entre Europa y China está concienzudamente balcanizado… salvo uno. La Federación Rusa es el único espacio común eurasiático que proporciona continuidad territorial directa y estable entre ambos polos de Eurasia. Por tanto, en cualquier tipo de relación entre el Gran Occidente y el Gran Oriente, es necesario contar con Rusia. Particularmente delicada es la zona donde Rusia se transforma en Oriente Medio y en donde se entrecruzan el cristianismo ortodoxo, el Islam y el budismo, es decir, el espacio correspondiente a las repúblicas ex-soviéticas de Asia Central y el Cáucaso ―o como lo denominó Zbigniew Brzezinski, los Balcanes Eurasiáticos. Aquí Rusia tiene la gran baza, ya que conoce las gentes y dialectos de esta región, que en el pasado ha administrado directamente, y en ella se habla ruso y existen poblaciones rusas.

Rusia también alberga la mayor parte del Heartland de Eurasia, la clave del mundo material, el lugar donde domina lo horizontal y la tierra; donde el tiempo, devorado por el espacio, pasa más lentamente y donde la modernidad no acaba de penetrar del todo: en el corazón de Eurasia, los cambios no se han producido al mismo ritmo que en Europa Occidental o en Norteamérica. No sería de extrañar, por tanto, que Rusia acabe suplantando, como enorme puente terrestre que es, a las rutas marítimas controladas por el comercio internacional y por las potencias atlantistas del mundo.

No sería la primera vez que Rusia juega este papel integrador de rutas entre Occidente y Oriente. En la Alta Edad Media, los vikingos fundaron los primeros Estados rusos, abriendo rutas comerciales desde Escandinavia, el Báltico y el Mar del Norte hasta el Imperio Bizantino y el Gran Oriente, a través de los grandes ríos rusos, las estepas y los territorios del conquistado reino jázaro (khazar). En varias campañas militares, los escandinavos derrotaron a los jázaros tomando su capital, Sarkel ―ahora sumergida por el pantano de Tsimlyansk, cerca de Volgogrado (ex-Stalingrado). Los vikingos mantuvieron una red de rutas que iba desde Norteamérica hasta la estepa asiática, constituyendo un espacio plenamente en sintonía con lo que Guillaume Faye llamó "Septentrión". Sólo la invasión de Genghis Khan en el Siglo XIII rompió esta prometedora red, estableciendo un khanato geobloqueante que frustró las conexiones entre Occidente y Oriente y se enriqueció con los impuestos y el control de rutas hasta tal punto que llegó a ser conocido como Horda Dorada ―es el periodo conocido en la historia rusa como el "yugo mongol". Esto anticipó lo que pocos siglos después pasará más al sur con el Imperio Otomano.

La Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique fueron una maniobra de la estrategia atlantista para frustrar la conexión terrestre entre Occidente y Oriente, separando y enfrentando a las principales superpotencias continentales y especialmente intentando introducir, mediante el terror, la esclavitud y la muerte, la "modernidad" en el Imperio Ruso, produciendo una aceleración del tiempo para intentar devorar al gran espacio. También Alemania quiso devorar el gran espacio, pero mordió más de lo que podía tragar. Resulta una pena que, debido a intereses y tabúes de la posguerra, el pensamiento geopolítico alemán, la Geopolitik, cuyo grado de desarrollo era comparable al británico, haya caído en el olvido dejando de ser estudiado. Ya en 1924, en la revista "Weltkampf" (lucha mundial) del 1 de Julio, el intelectual nazi Alfred Rosenberg, que había estudiado tanto en Riga como en Moscú, que era "eurasiatista", rusófilo y eslavófilo y que llegaría a ser ministro del Reich para los territorios ocupados del Este, analizaba, de una forma un tanto judeocéntrica, los motivos que tuvo la finanza internacional para desestabilizar Rusia y subvertir su gobierno a través del bolchevismo, pero identificó perfectamente la naturaleza soberana, tradicional y autárquica del imperio eurasiático por excelencia:

Rusia era el único país del mundo en el que la clase dirigente oponía una resistencia organizada al judaísmo mundial. Al frente del Estado había un autócrata que se hallaba a cubierto de la presión parlamentaria, y los dirigentes eran independientes, ricos, y de tal modo estaban impregnados en las tradiciones religiosas y políticas, que el capital judío, con rarísimas excepciones, no tenía sobre ellos ninguna influencia. Los judíos no eran admitidos ni en los cargos del Estado, ni en las funciones judiciarias, ni en el Ejército.

Fuera de ellos, la clase dirigente era independiente del capital judío porque poseía grandes riquezas territoriales y forestales. Rusia poseía trigo en superabundancia, y completaba para siempre su provisión de oro con las minas del Ural y Siberia. La provisión de metal del Estado comprendía cuatro mil millones de marcos, sin contar las riquezas acumuladas por la familia imperial, de los monasterios y de las propiedades particulares. A pesar de su industria proporcionalmente poco desarrollada, Rusia podía vivir por si misma sin importar nada.

Todas estas condiciones económicas hacían casi imposible la esclavitud de Rusia por el capital judío internacional según los procedimientos que tan buenos resultados dan en Europa occidental.

Si agregamos, además, que Rusia era la depositaria de los principios religiosos y conservadores del mundo, la que con la ayuda de su ejército había aplastado todos los movimientos revolucionarios serios, y la que no admitía en su territorio ninguna sociedad secreta, se comprenderá por qué el judaísmo mundial debía dirigir sus ataques contra el Imperio Ruso.

En la Rusia pre-bolchevique y anterior a la Primera Guerra Mundial, la deuda nacional era de las más reducidas del mundo, el 80% de la tierra cultivable estaba en manos de los mismos agricultores. Rusia producía el 42% de la cebada, el 30% de la avena, el 67% del centeno y el 31% del trigo del planeta, de tal modo que su producción agrícola superaba ampliamanente a la combinación de Estados Unidos, Argentina y Canadá. La inflación era casi inexistente, el banco central emitía dinero casi sin interés y los impuestos eran de los más bajos del mundo. Sus reservas de oro eran las mayores del planeta. La presencia del parasitismo usurocrático en el aparato económico ruso era casi inexistente.

Por parte británica, el geógrafo inglés Halford J. Mackinder, uno de los padres fundadores de la Geopolítica moderna, tenía una fijación con el land power (poder terrestre o telurocracia), a pesar de haber formado sus ideas en un país que debía su inmenso imperio al empleo del sea power (poder marítimo o talasocracia). Obsesionado especialmente con Prusia, Austria y el Imperio Ruso, Mackinder afirmó que "Quien gobierna Europa del Este controla el Heartland; quien gobierna el Heartland controla la isla mundial; quien gobierna la isla mundial controla el mundo". Su mensaje tenía la idea de crear un "cordón sanitario" de estados-tapón entre Alemania y Rusia a fin de evitar la aparición de una potencia hegemónica en Europa del Este. Y es que tanto Rusia como Alemania son las potencias mejor situadas para dominar Europa del Este ―y por tanto, según Mackinder, el mundo.  

Obteniendo una continuidad territorial directa desde El Cairo hasta El Cabo, y creando un "cordón sanitario" de estados-tapones entre Alemania y Rusia, la diplomacia del Imperio Británico mantiene una brecha interhemisférica que separa Eurasia de África y Europa de Asia, partiendo la Isla Mundial en dos. De sus principales adversarias geopolíticas, Rusia ha sido consumida por una guerra y arrasada por una revolución destructiva, y Alemania se encuentra inmersa en luchas sociales y civiles, bajo la bota de una enorme deuda de guerra, castrada militarmente y mutilada territorialmente. El cordón sanitario europeo tenía una enorme población judía (coincide en buena parte con la antigua Mancomunidad Polaco-Lituana, el Imperio Austro-Húngaro y la Zona de Asentamiento decretada por Catalina la Grande en un intento de expulsar a los judíos de su imperio), como hoy la tiene otro Estado importantísimo de la actual Brecha Interhemisférica: Israel. En 1939, Alemania se adelantó a la URSS rompiendo el cerco allá donde era más estrecho y frágil: en Danzig-Prusia Oriental. En África, el Eje también intentó romper la barrera británica a la altura de Egipto y, por parte italiana, intentando unir Libia con Abisinia. Al norte, Noruega fue invadida por Alemania y Finlandia por la Unión Soviética.

Alemania decidió romper el cordón sanitario de Europa del Este en Septiembre de 1939, invadiendo a una Polonia presionada ferozmente por la diplomacia británica y francesa. La URSS también invadió Polonia (por segunda vez, puesto que ya lo había intentado en 1919-1921), pero los aliados occidentales sólo le declararon la guerra a Alemania, evidenciando que el actor regional que más les inquietaba era Berlín, con su promoción del "mito de la sangre", su comercio internacional de trueque que se saltaba a las monedas de reserva del comercio internacional de la época y su subversión total de las finanzas y la política monetaria (abolición del patrón-oro y del interés del dinero, instauración del patrón-trabajo o riqueza). El resto de la historia ya lo conocemos: la Segunda Guerra Mundial supuso la aniquilación de la nación más poderosa de Europa, el fin del prusianismo y el establecimiento de un nuevo cordón sanitario en suelo europeo, esta vez llamado "Telón de Acero". A lo largo de la Guerra Fría, la Unión Soviética fue transformándose en una potencia de carácter cada vez más nacional y continental ―en parte por su misma geografía y en parte gracias a la naturaleza patriótica y religiosa de su sacrificio en la Segunda Guerra Mundial―, hasta convertirse en un obstáculo en el camino de la globalización planeada por la Alta Finanza.

Cuando la URSS se desintegró en 1991, el imperio soviético perdió la mitad de su población, un cuarto de su masa terrestre y la mayor parte de su influencia global. En la misma Rusia, hubo una oleada de liberalizaciones y privatizaciones, la corrupción se enseñoreó del vasto país y surgió una poderosa casta de multimillonarios bien relacionados con Wall Street y la City londinense: los llamados oligarcas se irguieron como señores feudales, abriendo Rusia al comercio internacional para que sus recursos pudieran ser saqueados por las multinacionales extranjeras. Algunos oligarcas incluso crearon ONGs, partidos políticos, bancos de cerebros y redes clientelares a imagen y semejanza de las "fundaciones" privadas que tanta influencia habían tenido en la ingeniería social y económica del Occidente capitalista. Uno de estos oligarcas rusos fue el magnate petrolero Mijaíl Jodorkovsky, jefe de la petrolera Yukos. Jodorkovsky creó la Open Russian Foundation, claramente inspirada en la Open Society de George Soros. La Open Russian Foundation tenía en su consejo directivo a personalidades de la talla de Henry Kissinger y Jacob Rothschild, lo cual nos ofrece en bandeja la clave de su naturaleza. El objetivo de este consorcio, bien financiado por el petróleo ruso y por las ayudas de la finanza internacional, era desmantelar la soberanía rusa, comprando a precio-ganga su tejido económico de la época soviética y transformando el país en algo más digerible para el neoliberalismo globalista, algo así como la Alemania moderna: un "accionista responsable" y gestor regional complaciente de un sistema global unipolar dominado por el establishment (que no por el pueblo) angloamericano, a su vez fuertemente obediente a los intereses judíos. George Bush padre, que también tenía intereses petroleros en el asunto Jodorkovsky, había predicho un "nuevo orden", quizás esperando que los recursos y rutas comerciales de Rusia se pondrían al servicio de los usureros globalistas, que Jodorkovsky tendría éxito en su plan de estrechar oleoductos privados para favorecer a China y EEUU, y que el mundo entero sería tomado por la nueva convergencia globalista: neomarxista en lo cultural y capitalista-neoliberal en lo económico.

Izquierda: George Soros, especulador financiero. Derecha: Mijail Jodorkovsky, petro-oligarca y aspirante a la presidencia de Rusia. Cuando individuos como estos pronuncian su palabro favorito "global", es como para echarse a temblar.

La historia más reciente demuestra que las teorías de Mackinder sobre el Heartland y la necesidad de un "cordón sanitario" en Europa del Este siguen más vigentes que nunca. Para un año después de la invasión de Iraq ―de la que se desmarcaron peligrosamente tanto Alemania como Francia―, el atlantismo ya había reclutado a una serie de familiares Estados: Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria, amén de Estonia, Letonia y Lituania. Este cuadro se completa con el "escudo antimisiles" y con los viejos miembros otaneros Turquía y Noruega, además de la desestabilización de toda Pentalasia y la "atlantización" del Consejo de Cooperación del Golfo (los Estados árabes rojos que hay al sur de Iraq). El nuevo cordón sanitario se extiende desde Noruega hasta Omán, desde el Océano Ártico hasta el Índico, partiendo Eurasia en dos. Sin embargo, los muros de contención que el atlantismo erige militarmente, son fácilmente derribados por Rusia energética y comercialmente, con su estrategia del gas natural y de los "rusoductos" (Nord Stream y South Stream). El otro intento de romper este cordón sanitario viene de la mano del Gasoducto Islámico, que pretende unir el Golfo Pérsico (Irán) con el Mediterráneo (Siria y Líbano) a través de Iraq, de hecho en el mapa se aprecia cómo Iraq-Siria-Líbano son, junto con Constantinopla, la parte más vulnerable del cordón sanitario ―la importancia de Kurdistán, en particular, es muy visible. El Gasoducto Islámico pretende prolongarse también hacia el Este para transitar por Pakistán, India (proyecto IPI) y quizás con el tiempo Bangladesh, China y el Sudeste Asiático.

En 2003, Vladimir Putin arrebató a Jodorkovsky el control de la petrolera Yukos, nacionalizándola justo cuando el oligarca estaba a punto de entregársela a Lord Rothschild y a ExxonMobil o Chevron (dos de las descendientes de la Standard Oil de John D. Rockefeller). Dos años después, Khodorkovsky fue mandado a una cárcel siberiana. Este caso puede compararse con la persecución y proceso de muchos otros oligarcas (Oleg Deripaska, Vladimir Gusinsky, Boris Berezovsky) durante la era Putin. En vista de las graves inestabilidades causadas por fundaciones-ONGs estadounidenses en otros países, en Septiembre de 2012 Moscú expulsó de su territorio a la turbia organización USAID, una fachada legal de la CIA y del US State Department establecida en el país desde 1992.

Lo que estos hechos simbolizan es simplemente que Rusia se considera a sí misma como un poder soberano e independiente, con una voluntad propia y con unos intereses propios, que no tiene porqué obedecer los dictados de la globalización promovida por la Alta Finanza y cuyo ejemplo puede inspirar a otras potencias como Brasil o Irán. Se puede decir más alto, pero no más claro: por encima de los problemas del Estado ruso, el potencial geopolítico de la Federación es extraordinario. El país proporciona una continuidad no-balcanizada desde Europa hasta Estasia, se encuentra al lado de Pentalasia (sólo tiene que cruzar el Cáucaso), mantiene un pie en el Levante gracias a Siria, uno en el Báltico gracias a Kaliningrado y otro en los Balcanes gracias a Serbia. Es también el país número uno en reservas de gas natural, el primer productor de petróleo del mundo, posee un tercio de las reservas de agua dulce del mundo (el segundo país en importancia después de Brasil), tierras arables, pastos, metales y piedras preciosas y otras riquezas minerales, vastos espacios vírgenes, biodiversidad tanto humana como animal y vegetal, más superficie boscosa que ninguna otra nación, el mayor arsenal nuclear del mundo, un imponente complejo militar-industrial y una tradición imperial en lo que respecta a la diplomacia, la geoestrategia (Rusia tiene un pensamiento y una escuela geopolítica plenamente desarrollada) y la Inteligencia, además de puro tamaño aplastante y una magnífica posición geográfica ―la mejor y más dominante del mundo. Tiene además enormes potenciales desconocidos y/o aun por explotar, como la ruta marítima del Ártico (Rusia es el país con más tierras en el Círculo Polar y más costa en el Mar Ártico, encontrándose por tanto en la mejor posición para dominar el Polo Norte) o las riquezas encerradas en el permafrost siberiano. Si aun existe en el mundo algo parecido a una "tierra prometida", debe encontrarse en algún lugar de Siberia-Kazajistán-Mongolia.

Pero este cuadro tan privilegiado y prometedor necesita igualmente de una férrea autoridad. Quien organice los recursos y potenciales (incluyendo humanos) de la Federación hará de ella la principal superpotencia del mundo. Rusia necesita, ante todo, cultivar su mayor riqueza: el pueblo ruso, reconociendo que los eslavos son la etnia vertebradora de la nación y la base del Estado. El Kremlin ya ha tomado medidas serias para poblar Siberia y para aumentar la natalidad de los rusos. Otro paso que Rusia necesitaría dar es promover un espacio económico común eurasiático y una alianza militar que pueda ejercer de eje de integración eurasiático, de contrapeso al poder omnímodo de la plutocracia angloamericana encarnada en la OTAN, que haga que Europa, especialmente Alemania, vuelvan a mirar al Este, y que organice los recursos del Heartland como si de un "nuevo Nuevo Mundo" se tratase. Siguiendo el ejemplo de los antiguos vikingos y cosacos, se poblaría el corazón de tierra firme con europeos prometedores y valientes, para crear los verdaderos Estados Unidos de Eurasia y sentar las bases del tipo humano que heredará el planeta. El desarrollo del "salvaje Este" puede suponer una verdadera revolución geopolítica, cultural y humana.

Por estos motivos, resulta muy interesante prestar atención a los diversos proyectos eurasiáticos de poder continental promovidos por el Kremlin, como la Unión Aduanera, la Comunidad de Estados Independientes (CIS), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO), la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO) y especialmente la Unión Eurasiática, propuesta pero todavía no constituida. También es indispensable seguir de cerca la estrategia de los "rusoductos", especialmente en lo que respecta al proyecto South Stream, y el puente terrestre China-Turquía, un conjunto de vías ferroviarias que básicamente recrearán la Ruta de la Seda [9].

Pero a pesar de estos pasos, se dista mucho de romper el cordón sanitario más importante que resultó de la Segunda Guerra Mundial: el bloqueo psicológico colectivo, el Telón de Acero cultural, levantado por la ONU, la escuela de Frankfurt y la alta finanza en torno a  nuevos tabúes de nuestro tiempo, como las razas humanas, el nacionalismo, el patriarcado, la genética, la tradición, la eugenesia, la identidad, la desigualdad natural, las diferencias entre sexos, la agresividad, el derecho a la legítima autodefensa, la disciplina, la autoridad, la jerarquía y el instinto territorial ―por ende geopolítico―de pueblos enteros, incluyendo de algunos que "en teoría" habían ganado la Segunda Guerra Mundial. Mientras este represor telón de acero subsista en el imaginario colectivo de los pueblos europeo-étnicos (no sólo en la misma Europa, sino también en Norteamérica, Iberoamérica, Australia y Sudáfrica), nuestros pueblos retrocederán y perderán poder mientras que todos los demás pueblos del mundo avanzarán, simplemente ocupando el vacío creado. Una Eurasia fuerte nunca será posible si la primera mitad de su nombre, que representa la cabeza del continente, está secuestrada por una cultura debilitante, enfermante y autodestructiva. Europa, hablando en plata, tiene que dejarse de tonterías, despertar al hecho de que el mundo es un lugar cada vez más conflictivo, y defender, como cualquier potencia digna de tal nombre, sus malditos intereses, tanto económicos y estratégicos como étnicos, reproductivos, demográficos, culturales y militares. Y ello no es posible con la actual Europa de los tenderos, los mercaderes y los usureros, que nos han convertido en un continente de consumistas y esclavos oficinistas dispuestos a aceptar sin rechistar la estrategia globalista criminal de los parásitos cobardes atrincherados en las torres de marfil de la Alta Finanza.

En el pensamiento políticamente correcto imperante hoy en día, las fronteras existen sólo sobre papel, la vieja Europa representa una cultura de vencidos abatidos, de perdedores, de tristes burócratas y burgueses sin sustancia, y los europeos, cada vez más envejecidos y esterilizados, no sólo debemos dejarnos colonizar por el resto de razas del planeta, sino que además debemos pagarles la estancia y subvencionar con nuestro trabajo la multiplicación indefinida de dichas razas, aun a costa de extinguirnos nosotros mismos y de agotar los recursos del planeta. El resultado final será un África africana, un Asia asiática… y una Europa, Norteamérica, Iberoamérica y Oceanía habitadas por una raza híbrida, maleable, desorganizada, sin conciencia colectiva y de manutención barata, que proporcionará la base social del Nuevo Orden Mundial planeado desde hace siglos por la alta finanza. Guste o no, la disolución de la raza blanca generará―está generando ya― una enorme inestabilidad global, tras la cual se produciría el definitivo advenimiento de Globalistán.

Para alcanzar este fin, el instinto natural de supervivencia y de auto-preservación, consustancial a cualquier animal, está siendo extirpado meticulosamente de la humanidad europea. Si según Mackinder, la "virilidad" de un pueblo era (junto con el "equipamiento" y la "organización") el factor más importante a la hora de juzgar su potencial, está claro que los pueblos europeos están siendo castrados de su virilidad natural ―que en otros tiempos era muy fuerte― y despojados de su herencia patriarcal. Esto se traduce inmediatamente en una blandura en la lucha contra el crimen, especialmente organizado, y en el afeminamiento de la política tanto interior como exterior de nuestros Estados.

Cualquier intento de romper este nuevo telón de acero psico-cultural, este nuevo cordón sanitario de balcanización mental, será inmediatamente tachado por la "comunidad internacional" y por los agentes tanto voluntarios como involuntarios de la globalización capitalista-financiera neoliberal, como intolerancia, nacionalismo, militarismo, racismo, fascismo, nazismo, oscurantismo medieval, conspiranoia y otra docena de sucedáneos modernos del temido "hereje" de otros tiempos, creados en realidad para extirpar cualquier debate. Pero el hecho permanece que los europeos étnicos estamos siendo sometidos, con nuestro propio trabajo, a un plan global de disgenesia y limpieza étnica blanda que diezma nuestro manpower mientras se nos hipnotiza a base de consumismo y entretenimiento. Esto sugiere a su vez que los europeos étnicos somos un obstáculo para los geoestrategas de la globalización, que no se consideran atados a un suelo ni a una sangre, sino al dinero y al poder, y que actúan a través de lobbies, ONGs, logias, sectas, fundaciones privadas, servicios de Inteligencia, think-tanks y agentes de dichas organizaciones en universidades, empresas, ejércitos, ayuntamientos, medios de comunicación y otros organismos tanto privados como públicos ―incluyendo infinidad de gobiernos. ¿Quién romperá este telón de acero, mucho más sutil e insidioso?








NOTAS

[1] Lord Carrington también destacó apoyando, financiando y armando al movimiento muyaidín (antepasado de los talibán) que, basado en Pakistán, luchaba contra la influencia soviética en Afganistán. Los muyaidines, en muchos sentidos comparables a los jemeres rojos de Pol Pot, atacaron objetivos civiles en Afganistán, destruyendo 1.800 escuelas, 40 hospitales y 110 centros de primeros auxilios, poniendo fin a la influencia modernizante que ejercía la URSS sobre el país.

[2] "British Foreign Policy Since 1870", Will Podmore, 2008.

[3] Más información:

[4] Y ver aquí:

[5] La financiación de los maoístas con dinero negro procedente del narcotráfico del opio es un hecho poco mencionado en la historia oficial. En la garganta de Nanniwan, provincia de Shaanxi, los comunistas chinos montaron en 1941 un comité de producción de opio al mando de Ren Bishi, en respuesta al bloqueo económico por parte del ejército japonés y el Kuomintang. El opio financió las primeras repúblicas soviéticas en China: Jiangxi y Yan’an. Más información sobre el tráfico de opio y el movimiento comunista-maoísta en:

"New Perspectives on the Chinese Communist Revolution", The Blooming Poppy Under the Red Sun (Tony Saich, Hans J. Van de Ven).

"The Blooming Poppy under the Red Sun: The Yan’an Way and the Opium Trade", (Chen Yongfa, 1995).

"Diario de Yan’an", Peter Vladimirov (ver aquí).


[6] Más información:

[7] Más sobre el proyecto de Dawei:

[8] Especialmente desde principios de los años 90, revistas como el National Geographic y otros medios de prestigio internacional, nos presentan cómo es la vida en los suburbios chabolistas indostanos, las favelas brasileñas, las villa-miseria nigerianas y similares, describiendo estas sociedades como "vibrantes", "vitales", "coloridas", "auténticas", "espontáneas", "alegres", "festivas", "dinámicas", etc. Parece que lo que le interesa a la globalización es extender este modo de vida austero de felicidad en el seno de la miseria y de fatalista conformismo rebañil en el seno de la esclavitud. La huella ecológica que produce el estilo de vida de las clases blancas de Occidente no es sostenible en comparación con los hábitos de "reutilización de recursos" (buscar en la basura, construir chabolas a partir de chapa, madera y coches abandonados, tener hijos aun bebiendo agua corrompida, vivir de sobras) de la sociedades urbanas del Tercer Mundo. Puede que la globalización desee que Londres, París, São Paulo, Madrid, Roma, Berlín, Ámsterdam, Estocolmo o Nueva York, se parezcan cada vez más a un suburbio proletario masificado de Calcutta, Lagos, Karachi, El Cairo, Manila, Yakarta o Ciudad de México: mano de obra barata, el sueño de las multinacionales esclavistas.