domingo, 9 de junio de 2013

Heartland ―el corazón de tierra firme (I de III)


Los espacios interiores del Imperio Ruso y Mongolia son tan inmensos, y su potencial en población, trigo, algodón, combustible y metales tan incalculablemente grande, que es inevitable que un vasto mundo económico, más o menos apartado, se desarrolle allí, inaccesible al comercio oceánico.
(Halford J. Mackinder).



ÍNDICE

PRIMERA PARTE
- INTRODUCCIÓN
- LAS CUENCAS ENDORREICAS Y LA IMPORTANCIA DE LOS SISTEMAS FLUVIALES
- ¿QUÉ ES EL HEARTLAND?
- BREVE HISTORIA DEL HEARTLAND
   · Prehistoria
   · Antigüedad
   · Edad Media: Pax Mongolica
   · Antiguo Régimen: cosacos y zares
   · Los socialismos telúricos
   · La Guerra Fría
   · La globalización

- LA BANANA ROJA
- LA TEORÍA DEL HEARTLAND
· El mundo según Mackinder
· Extensión del Heartland e importancia de Europa del Este
· Alemania según Mackinder —Realpolitik, Kultur, Weltanschauung, la       Escuela de Munich y la Geopolitik de Haushofer
- ¿ESTÁ OBSOLETA LA TEORÍA DEL HEARTLAND?
- ¿EXISTEN OTROS HEARTLANDS?
- EL HEARTLAND ÁRABE —NEJD Y EL CUERNO DEL DIABLO
- EL HEARTLAND AFRICANO
- EL CERRADO —BRASIL POSEE EL HEARTLAND DE SUDAMÉRICA
- LA GRAN CUENCA Y OTROS HEARLANDS NORTEAMERICANOS
- CASTILLA LA VIEJA ES EL HEARTLAND DE ESPAÑA

TERCERA PARTE
- LA TEORÍA DEL MANPOWER ―LA GLOBALIZACIÓN CONTRA LA RAZA BLANCA
· La lucha por la mente humana: el ser humano como campo de batalla
- LA REBELIÓN DE LA TIERRA —DESMEMBRAR EL OCÉANO MUNDIAL ES ENSANCHAR EL HEARTLAND
· El Gran Tiempo contra el Gran Espacio 
· Futuribles para el Heartland —un nuevo nuevo mundo, o el imperio 
  de tierra cerrada
· Génesis del atlantismo
- EL ESTADO COMERCIAL CERRADO —AUTARQUÍA VS. GLOBALIZACIÓN
- EL EJEMPLO COSACO Y LA IMPORTANCIA GEOPOLÍTICA Y SOCIAL DE LAS FUERZAS ARMADAS
- NUEVOS VIKINGOS Y COSACOS PARA EURASIA: NECESIDAD DE UNA BIOPOLÍTICA DEMOGRÁFICO-REPRODUCTIVA Y ÉTNICA PARA EL HEARTLAND
· España en el contexto del Heartland ―de Iberia a Siberia


Si en Occidente hemos heredado leyendas sobre Atlántida —un rico estado comercial marítimo que, por sus pecados, fue castigado por los dioses a perecer bajo el mar—, en Oriente también abundan menciones sobre tierras perdidas. En las enormes regiones budistas de Asia Central existen infinidad de mitos sobre ciudades subterráneas y valles ocultos, como Shambhala, a donde se habrían replegado los antiguos poderes tradicionales y espirituales del mundo, esperando manifestarse en la guerra final entre los espíritus del bien y los espíritus del mal. Los mongoles identifican Shambhala con diversos valles del sur de Siberia, mientras que en el folklore altaico, la puerta de la ciudad secreta está escondida en el monte Beluja, de la cordillera del Altai, donde según la leyenda fue enterrado Genghis Khan. El Kalachakra, un escrito tántrico del budismo tibetano con fuertes influencias hinduistas, afirma que cuando el mundo degenere en una vorágine de guerra y codicia, de Shambhala emergerá Kalki ("caballo blanco", o "destructor de la inmundicia"), una especie de mesías que formará un ejército y luchará contra las fuerzas demoniacas, matando por millones a los "bárbaros" y a los "ladrones que han usurpado el poder real". Reuniendo a todos los brahmanes del mundo, fundaría una nueva raza para poblar la edad dorada que vendrá. En su pasado chamánico, los pueblos túrquico-mongoles hablaban de Ergekenon, un aislado valle supuestamente situado en el Altai, donde sus antepasados estuvieron aprisionados durante cuatro siglos hasta que un herrero consiguió derretir la barrera que los encerraba. El mito de Ergenekon luego sería usado estratégicamente por el nacionalismo turco en su promoción del pan-turanianismo.

Desde China, la tradición contaba que Lao Tsé ("anciano sabio", el fundador del taoísmo) se marchó hastiado del país montado en un búfalo blanco hacia el Oeste, es decir, hacia Asia Central, quizás hacia los montes Kunlun Shan, donde se encontraban las fuentes del río Amarillo, un lugar considerado santo por los monjes y ermitaños, donde el aire era puro y energizante, donde crecían hierbas curativas y avanzaban enormes glaciares, donde nacieron escuelas de artes marciales y en cuyos ríos vivían peces de larga vida. El folklore taoísta explicaba que en esa especie de Edén espiritual, en la "montaña del centro del mundo", unos hombres "regios" encontraron la bebida de la inmortalidad en tiempos muy remotos, y que el rey Mu (un milenio antes de Cristo), halló allí el palacio de jade del Emperador Amarillo, fundador de la civilización china. Mitológicamente hablando, la cordillera conectaba la Tierra con el Cielo y en algún lugar de su seno se erguía un palacio de jade donde moraba Xiwangmu, la "reina madre de Occidente". Como una versión oriental del mito griego del jardín de las Hespérides, crecía allí un enorme árbol que brindaba melocotones de la inmortalidad cada tres mil años.

La cordillera de Kunlun Shan.

En Occidente también se contemplaba el interior de Eurasia a través de un prisma de leyendas. En "Historias", Heródoto habla de un lugar "al noreste", más allá del Mar de Hircania (el Caspio) y de los escitas, donde existen vastas cantidades de oro guardado por grifos. Buran (un fuerte viento invernal del Norte, equivalente al Boreas griego), soplaba allí con fuerza desde una caverna montañosa en la llamada Puerta de Zungaria, que separa Uiguristán (también llamado Turkestán chino o Xingjiang) del resto de Asia Central. Más allá de este dominio se encontraba el "país de los hiperbóreos", cuyo territorio llegaba al mar (probablemente el Océano Ártico). En los mitos bizantinos, Alejandro Magno no halló otra solución para las hordas de "Gog y Magog" (bárbaros del interior continental, asimilados a veces a los escitas y destinados a caer sobre el resto del mundo en el futuro) que contenerlas con un muro de hierro o adamantio. Seguramente se trate de las Puertas Caspias, situadas en el sur de Rusia, donde siglos después un ejército de eslavos y vikingos aniquilará el reino jázaro (khazar) fundando el primer Estado ruso. El contenido metafórico de la construcción de las Puertas Caspias quedó servido —especialmente teniendo en cuenta que, en el folklore centroasiático, una "puerta de hierro en un lago" o un "agujero en una montaña" son considerados el origen de los vientos. Tras las malhadadas campañas de los macedonios en el norte de India, una historia helenística llegada a Occidente hizo circular la idea de que en lo más profundo de Asia Central había un valle alfombrado con diamantes y patrullado por aves de presa y serpientes "de mirada mortífera". En tiempos del comercio de la seda, Roma sabía de la existencia de los seres, un pueblo alto, longevo y sano (posiblemente los tocarios) situado en Serica, la "tierra de la seda", que se correspondería con Uiguristán. Estos mitos y rumores encarnaban de alguna manera la voluntad de Europa de no perder su conexión con Oriente.

En tiempos medievales, tanto en Roma como en Bizancio y los estados cruzados se hablaba del reino de Preste Juan, un monarca que mantenía el orden en las tierras de Gog y Magog gobernando sobre un país cristiano aislado entre dominios musulmanes y "paganos" (léase budistas, hinduistas y/o religiones ancestrales chamánicas y animistas). Las tradiciones gnósticas consideraban que los reyes magos procedían de este país, donde se encontraría, junto con otras reliquias santas de la Cristiandad, el Santo Grial, obtenido por Parzival en Monsalvat y llevado al Gran Oriente en unas naves con velas blancas y cruces rojas… "Juan" era probablemente una corrupción de "jan" o khan: el título de los reyes tártaros. El personaje en cuestión seguramente era un khan-obispo nestoriano de origen mongol deseoso de estrechar lazos con Occidente, pero la situación pronto se envolvió de símbolos y arquetipos en el imaginario colectivo europeo. Marco Polo, que no podía faltar en este escrito, ubicaría Gog y Magog al norte de Catay (China), es decir, en Mongolia o Siberia. En la misma China, las autoridades imperiales hicieron algo parecido a Alejandro Magno, dando al Heartland por imposible y conformándose con levantar la Gran Muralla para proteger el reino de las incursiones bárbaras del Norte.

Todavía en pleno Siglo XIX, los colonos rusos en Siberia, hombres y mujeres de una calidad humana sobresaliente en todos los sentidos, tenían la idea de Belovodye, mítico lugar de "aguas blancas" situado en Siberia oriental, que jugaba el papel de Tierra Prometida en su imaginario religioso y que probablemente influyó de forma importante en el flujo de poblaciones étnicamente europeas hacia el Este, estableciendo colonias cada vez más cercanas al Mar de Japón y a las fronteras con China y Mongolia. Mientras Rusia conquistaba Asia Central, Nikolai Fiodorovich Fiodorov, fundador de la corriente filosófica rusa del cosmismo, situó Shambhala en el Pamir, actual Tayikistán. Asia Central se iría haciendo popular en Occidente gracias al "Miguel Strogoff" de Julio Verne, a la incipiente ciencia geopolítica, al "Bestias, hombres y dioses" de Ferdinand Ossendowsky y al auge de corrientes ocultistas que idealizaban Asia Central como un santuario de tradición y sabiduría. En los años 20, el pintor, arqueólogo y esoterista ruso Nikolai Roerich también puso su grano de arena describiendo una extraordinaria expedición por toda Asia Central, incluyendo sus visitas de más de 50 monasterios y sus encuentros con lamas budistas.

Mongolia.

Como se ve, las zonas más recónditas de Asia Central eran vistas como fuente de misterio, fantasía e incertidumbre por parte de las sociedades que recogían su influencia. También eran consideradas como un avispero de hombres y animales, al que se le podían poner diques pero que no debía ser agitado. Todos los mitos que hemos visto coinciden en presentar el corazón de Eurasia como un lugar, como mínimo, interesante y digno de ser visitado por los valientes y los nobles. El presente artículo tratará sobre este vasto espacio habitado por interrogantes y posibilidades infinitas aun por desvelar, un nuevo mundo en potencia, una enorme fortaleza cerrada, inaccesible, inexpugnable, celosamente tradicional, replegada sobre sí misma en innumerables valles, montañas, llanuras, bosques, estepas y desiertos, que no pudo ser conquistada por Alejandro Magno, ni por Roma, ni por Bizancio, ni por los emperadores chinos, ni por la Mancomunidad Polaco-Lituana, ni por los jesuitas portugueses, ni por Napoleón, ni por el Imperio Británico, ni por Hitler, ni por Japón, ni por los oligarcas mafiosos del espacio ex-sovético, ni por las multinacionales y bancos de la globalización capitalista-neoliberal ―a largo plazo ni siquiera por los khanes asiáticos o el terrible bolchevismo soviético―, sino sólo por dos extraordinarios pueblos: los vikingos y los cosacos, que, como Alejandro Magno antes que ellos, llevaron la cultura griega (caracteres cirílicos, herencia bizantina) al corazón de Asia.

Desde el amanecer de la Historia, quien posee el Heartland se mueve en él como pez en el agua, ya que es un océano de tierra, pero quien no lo posee se estrellará contra sus muros una y otra vez, y sólo podrá contentarse con asediarlo…



LAS CUENCAS ENDORREICAS Y LA IMPORTANCIA DE LOS SISTEMAS FLUVIALES

La palabra "endorreico" procede del griego νδον (éndon: "interno") y εν (rheîn: "fluir"). El segundo vocablo comparte raíz con el Rhin y también con Rea, una diosa primordial ctónica de la mitología griega. Una cuenca fluvial endorreica es, por tanto, una cuenca de flujo interno o, si se prefiere, de circuito cerrado, donde las aguas no se derraman hacia los mares, sino que permanecen encerradas hasta que van a dar a "ombligos" centrales terminales, especialmente lagos (a menudo salados, como el Caspio, el Mar Muerto o Great Salt Lake), sistemas cavernarios, corrientes subterráneas, acuíferos, oasis, pantanos, arenas movedizas y otros espacios de clausura. A diferencia del resto de cuencas fluviales, que están abiertas hacia un océano y por tanto son imperfectas, las endorreicas son cuencas perfectas que retienen el agua, calderos cerrados donde las corrientes acuáticas que corren por la superficie no pueden ni entrar ni salir.

Si el mundo dentro de las cuencas marítimas convencionales representa el derroche, el cambio y la explosión de lo perecedero ("nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir", escribía Jorge Manrique en el Siglo XV), dentro de las cuencas continentales endorreicas representa la conservación, la fermentación, el cultivo y la implosión de lo perenne. De hecho, la misma civilización, cuya esencia es el devenir y la dilapidación, nació en cuencas marítimas: la del Mediterráneo y la del Golfo Pérsico —aunque interesantemente, Jericó, la primera ciudad del registro arqueológico con murallas, torres y fortificaciones, surgió en una pequeña cuenca endorreica: la del Mar Muerto.

Las cuencas endorreicas suelen corresponderse con climatologías secas, ya que en áreas de frecuentes precipitaciones, estas cuencas rebosan por la salida más baja de las mismas, conectándose con una cuenca convencional, o bien erosionando la barrera de menor resistencia hasta encontrar una salida hidrológica (como pasó con el Mar Negro, antiguamente un lago, tras la última edad de hielo). En climatologías secas, el agua se evapora o es absorbida por el subsuelo antes de que esto pueda pasar. Por este motivo, la húmeda Europa apenas posee cuencas endorreicas (aunque la del Caspio representa el 19% del territorio europeo), tratándose generalmente de excepciones diminutas como la del lago salado de Akrotiri, en Chipre, donde Reino Unido mantiene un enclave estratégico de tipo Gibraltar. En España los sistemas endorreicos son pequeños, como el de Los Monegros (Aragón) o el Complejo Endorreico de Puerto Real (Cádiz).

Click para agrandar. Cuencas endorreicas del planeta.

En geoestrategia, las cuencas de los ríos no son un criterio aleatorio ni caprichoso, ya que muestran mejor que ningún otro la fuerza de la gravedad, es decir, la influencia de la Tierra a la hora de conducir poderes. El motivo por el que en este artículo prestaremos tanta atención a las cuencas fluviales es porque la Naturaleza y la voluntad de la Tierra siempre se acaban imponiendo —y las cuencas son una expresión de dichas fuerzas, ya que sus aguas descienden obedeciendo la atracción gravitatoria de la ruta más sencilla y lógica.

En la escritura china, "orden político" se expresa con los ideogramas "río" (elemento agua) y "dique" (elemento tierra). El río representa las fuerzas "caóticas" de la Naturaleza, que intentan ser controladas y contenidas por la civilización humana, por el "orden". Como se repite en la geopolítica moderna muchos milenios más tarde, los ríos son sistemas políticos supranacionales: no en vano, las cuencas fluviales cruzan fronteras, canalizan mercancías, influencias, tecnología, ejércitos, religiones, ideologías, animales, economías y estrategias, además de proporcionar tierras fértiles y húmedas en las que sembrar cereales. Fue a orillas del río Jordán que nacieron las primeras sociedades proto-civilizadas, el Tigris y especialmente el Éufrates constituyeron el eje de las civilizaciones mesopotámicas y el Nilo fue y es la columna vertebral de Egipto, como el río Wei y posteriormente, la cuenca del río Amarillo, lo fue en el nacimiento de China. Frente al río, la construcción de una presa no es sino un intento de crear una cuenca endorreica artificial.

Las cuencas fluviales también son vías naturales de infiltración desde el mar: el Neolítico penetró en Europa por el Danubio, como milenios después lo harán los otomanos —la Primera Cruzada tomará la misma ruta en sentido inverso. Los romanos entraron en Hispania a través del Ebro y los moros del Guadalquivir, y a partir de los afluentes de dichos ríos, ramificaron su estrategia de conquista y dominio. El simple hecho de remontar ríos (Misisipi, Missouri, Ohio y San Lorenzo) les dio a los franceses control sobre una superficie de Norteamérica muy superior a la controlada por los ingleses, mientras que los belgas pudieron dominar lo que hoy es Congo-Kinshasa gracias al río Congo y sus afluentes. Hasta los vikingos tuvieron que agradecer su dominio de las Rusias o su llegada al Imperio Bizantino y al Califato de Bagdad a los grandes ríos del Este, fácilmente navegables. Gracias a los ríos de Europa Occidental, los vikingos pudieron llegar a ciudades tan importantes como París, Sevilla y Pamplona. El río Perla fue la vía de entrada de la influencia británica en China, el Yangtze de la japonesa. Más al sur, el Mekong fue crucial para la incorporación de Indochina al Imperio Francés. En Sudáfrica, los ríos Orange, Vaal y Limpopo fueron claves en la expansión de los bóers. La cuenca del Zambezi dio el nombre al proyecto geopolítico de Cecil Rhodes y la British South Africa Company en el interior de África, proyecto que se llamó Zambesia antes de llamarse Rhodesia. Los conflictos en Ruanda también tenían que ver con una lucha de cuencas fluviales (Nilo vs. Congo), igual que en Darfur (Nilo vs. cuenca endorreica del Lago Chad) y actualmente en el norte de Nigeria (Níger vs. Lago Chad). Tampoco es necesario recordar hasta qué punto la fértil cuenca del Duero vertebró Castilla en tiempos de la Reconquista, el papel central del Ebro en la Guerra Civil española, el papel del Vístula (cuya internacionalización llegó a proponerse) y su desembocadura, la ciudad libre de Danzig, en el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, o la importancia que tienen el Amazonas y el Río de la Plata para varios Estados de Sudamérica. En cuanto a Norteamérica, el sistema fluvial de la cuenca del Mississippi sumado al Canal Intracostero (Intracoastal Waterway) del Atlántico  proporcionan más kilómetros de vías fluviales navegables que la suma del resto del mundo junto, aparte de nutrir con gran capilaridad y rodear el mayor territorio continuo de tierras cultivables del planeta, convirtiéndolo en una isla de facto. A principios de 2014, los conflictos de Crimea y Ucrania dirigieron nuestra vista de nuevo hacia el mapa de las cuencas fluviales, revelándonos la enorme silueta dibujada por la cuenca del río Don, que se geobloquea fácilmente en el estrecho de Kerch, que separa Crimea de Rusia. La parte más pro-rusa de Ucrania coincide sospechosamente con la región ucraniana de la cuenca del Don. Casi como confirmándolo, en esas zonas se formó la Milicia Popular de la Cuenca del Don (Donbass), grupo paramilitar prorruso.

Shanghai, Hong Kong, Macao, Alejandría, Amberes, Rotterdam, Londres, Gdansk, Nueva Orleans, Nueva York, Buenos Aires, Dhaka, Calcuta, El Cairo y Ho Chi Minh tienen en común que deben su importancia a dominar lugares donde una gran cuenca se encuentra con el mar. Tampoco puede entenderse el desarrollo y la historia de ciudades interiores como Moscú, Kiev, Volgogrado, Frankfurt, Estrasburgo, Basilea, París, Milán, Roma, Budapest, Belgrado, Montreal, Asunción o Chongqing —o en España Valladolid, Zaragoza, Toledo, Madrid, Sevilla o Córdoba— sino como parte de los ríos que presiden: otro motivo más para no subestimar la importancia de los sistemas fluviales.

Por todo ello, en los Estados dignos de tal nombre, lo que pasa en sus cuencas fluviales, especialmente cuando son compartidas con otros países (caso de Egipto-Sudán-Sudán del Sur-Uganda-Etiopía, de Bangladesh-India, de Birmania-China, de Vietnam-Camboya-Laos-Tailandia-China, de España-Portugal, de Holanda-Alemania, de Ucrania-Rusia o de Brasil-Paraguay-Argentina-Uruguay), es un asunto de seguridad nacional. Por poner ejemplos, a Serbia le quitaron sus salidas mediterráneas tras sus conflictos con la OTAN, pero no le pudieron quitar el Danubio (río navegable y por tanto una conexión fluvial que rompió el aislamiento al que la OTAN quería someter a Belgrado), y si a Etiopía y/o a Uganda les da por hacer algo "raro" en las fuentes del Nilo, estrangularían de forma tremendamente efectiva a una nación de 80 millones de almas. Lo mismo podemos decir de Turquía, que puede arrebatarle a Iraq el 90% de las aguas del Éufrates con desviarlo. Siria también estaba en posición de presionar a Israel con el asunto de las fuentes del Jordán... hasta que Israel invadió y ocupó (hasta nuestros días) los Altos de Golán. También Pakistán mantiene tensiones con India por el hecho de que ésta controla un tramo alto del río Indo, del que dependen los sistemas de irrigación de Pakistán, aunque sus fuentes están en Tíbet. Quizás el ejemplo más claro lo constituya Bangladesh, un Estado inviable con una demografía ultra-densa y explosiva (150 millones de habitantes, más que Rusia, concentrados en un territorio del tamaño de Nepal, ultra-llano y bajo, muy sensible a las inundaciones y crecidas del nivel marino), que depende completamente del río Ganges, que a su vez está controlado por India. Como ya vimos en el artículo sobre la guerra de Libia, la lucha por los acuíferos y fuentes de agua es una realidad geopolítica irresistible y lo será en cada vez mayor medida, según una humanidad enloquecida por el crecimiento económico y tecnoindustrial va contaminando y dilapidando las reservas de agua fresca del planeta.

Entre cuencas siempre hay fronteras naturales como cadenas montañosas, o al menos una clara divisoria de aguas, por lo que las cuencas fluviales delimitan dominios geográficos naturales. Así, en la época del Imperio Español, la Corona de Castilla se correspondía esencialmente con la cuenca atlántica de la Península Ibérica, mientras que la Corona de Aragón lo hacía con la mediterránea —ambas entidades tenían por tanto una coherencia geográfica que tendía a dotarlas de coherencia política. También el Imperio Austro-Húngaro coincidía sospechosamente con la cuenca del Danubio y las Trece Colonias inglesas en Norteamérica con la cuenca atlántica del continente; uno de los motivos por los que Inglaterra entró en guerra con sus colonias fue porque prohibió a los colonos rebasar los Apalaches (la Proclamation Line), cosa que los hubiera hecho irrumpir en la enorme cuenca del Mississipi, convirtiéndolos en una entidad continental que se sustraería más fácilmente al poder, fuertemente marítimo, de Londres. En aquellos casos en los que los ríos no tienen este papel central, tienen un papel periférico como frontera entre Estados (casos del Río Grande, el Congo, el Orange o el Amur), por lo que su importancia sigue incuestionable.

Cuando uno se sitúa en una cuenca marítima convencional, siguiendo la fuerza de la gravedad y de la "ruta más fácil", la tierra le conduce invariablemente al mar, por eso sucede tan a menudo en la Historia que cuando un país incrementa su potencia política y económica, produciendo un excedente de poder material, se acaba echando a la mar. Pero hay otras cuencas donde la tierra te conduce… a la tierra. La particularidad de las cuencas endorreicas es que si estás fuera de la cuenca, la tierra jamás te conducirá naturalmente a ella, y si estás dentro, la tierra jamás te conducirá naturalmente fuera; en este simple hecho hay una trascendencia casi metafísica: el Heartland es, a todos los efectos, una burbuja, una anomalía, una contradicción en el sistema geográfico general, que se rige por leyes totalmente distintas y hasta opuestas a las del resto de superficies terrestres del planeta.

Finalmente, en las cuencas endorreicas, los diques del agua —recordemos, la clave del "orden político"— ya vienen puestos de serie por la geografía…



¿QUÉ ES EL HEARTLAND?

El Heartland es la mayor fortaleza natural de la Tierra.
(Mackinder).

Heartland procede del inglés heart (corazón) y land (tierra), siendo quizás "tierra nuclear" o "región cardial" las traducciones castellanas más aproximadas. El Heartland es la suma de una serie de cuencas fluviales contiguas cuyas aguas van a dar a cuerpos acuáticos inaccesibles para la navegación oceánica. Se trata de las cuencas endorreicas de Eurasia Central más la parte de la cuenca del Océano Ártico congelada en la Ruta del Norte con una capa de hielo de entre 1,2 y 2 metros, y por tanto impracticable buena parte del año ―salvo para rompehielos de propulsión atómica (que sólo la Federación Rusa posee) y similares embarcaciones. Aunque la palabra fue usada en su significado específico por primera vez por James Fairgrieve (discípulo mackinderiano) en "Geography and world power" (1915), el concepto de Heartland fue definido por primera vez por el geógrafo inglés Halford John Mackinder (1861-1947), uno de los padres fundadores de la Geopolítica moderna, en su obra "The Geographical Pivot of History" (1904), donde dibujó la primera representación gráfica de lo que, en un principio, denominó Pivot Area o "Área Pivote":


Dice Mackinder en su más completa "Democratic ideals and reality" (1919):

El margen norte de Asia es una costa inaccesible, obstruida con hielo excepto una estrecha vía marítima que se abre aquí y allá a lo largo de la costa durante el breve verano, debido al derretimiento del hielo local formado durante el invierno entre los témpanos y la tierra. Ocurre que tres de los mayores ríos del mundo, el Lena, el Yenisei y el Obi, fluyen septentrionalmente a través de Siberia hacia esta costa, y por tanto están divorciados a efectos prácticos del sistema general de navegaciones oceánicas y fluviales. Al sur de Siberia hay otras regiones al menos igual de extensas, drenadas hacia lagos salados sin salida oceánica; tales son las cuencas de los ríos Volga y Ural que fluyen hacia el Caspio, y del Oxo [1] y Jaxartes [2] hacia el Mar de Aral. Los geógrafos normalmente describen estas cuencas internas como "continentales". Tomadas a la vez, las regiones de flujo ártico y continental ocupan casi la mitad de Asia y un cuarto de Europa, y forman un gran parche continuo en el norte y centro del continente. Todo este parche, que se extiende desde la gélida y llana orilla de Siberia hasta las tórridas y escarpadas costas de Baluchistán y Persia, ha sido inaccesible para la navegación oceánica. Su apertura mediante ferrocarriles pues de antemano carecía de carreteras y rutas aéreas en el futuro cercano, constituye una revolución en las relaciones de los hombres con las mayores realidades geográficas del mundo. Llamemos a esta gran región el Heartland del Continente.

Ciñéndonos estrictamente a la definición mackinderiana del Heartland, su extensión exacta sería ésta:



Mackinder describe el interior de este Heartland en tales términos:  

El norte, centro y oeste del Heartland es una llanura que se alza, a lo sumo, solo unos pocos cientos de pies sobre el nivel del mar. En esta mayor tierra baja del mundo están incluidas Siberia occidental, el Turkestán y la cuenca europea del Volga, pues los montes Urales, aunque se trata de una cordillera larga, no son de altura importante, y terminan unas trescientas millas al norte del Caspio, dejando un amplio corredor desde Siberia hasta Europa. Hablemos de esta llanura como la Gran Tierra Baja [3].

Al sur, la Gran Tierra Baja termina a lo largo de una meseta cuya elevación promedio es de media milla, con crestas montañosas que ascienden hasta milla y media. Esta meseta sostiene sobre su amplia espalda los tres países de Persia, Afganistán y Baluchistán; por conveniencia podemos describirla entera como Tierra Alta Iraní [4]. El Heartland, en su sentido de drenaje ártico y continental, incluye la mayor parte de la Gran Tierra Baja y la mayor parte de la Tierra Alta Iraní; se extiende por tanto hasta el largo y curvo borde de las Montañas Persas, más allá de las cuales está la depresión ocupada por el valle del Éufrates y el Golfo Pérsico. 

La estepa eurasiática es la parte más transitable y abierta de lo que Mackinder llamaba Great Lowland o "Gran Tierra Baja". Puede ser consideada como la columna vertebral de Eurasia y la cuna del pastoralismo, del espíritu de la caballería y del poder terrestre. Ucrania, Kazajistán y Mongolia son los países clave para su dominio, de hecho el control de la estepa es un imperativo estratégico para la Federación Rusa del mismo modo, el atlantismo procura que la estepa no esté jamás bajo el control de una sola superpotencia. La puerta de Dzungaria, marcada en el mapa, es un paso montañoso que separa Uiguristán del resto de Asia Central. Dominar un estrecho montañoso como éste es tan importante para una telurocracia como el control de un estrecho marítimo lo es para una talasocracia. Entre la gran estepa occidental (desde Hungría hasta Kazajistán) y la gran estepa oriental (Mongolia y Manchuria principalmente) existe una única barrera importante: el macizo del Altai. Budapest, Bucarest, Odessa, Kiev, Volgogrado (Stalingrado), Astana, Omsk o Ulan Bator son ciudades clave en la vertebración de la estepa eurasiática.
                                                    
La base de la Geopolítica es la contradicción entre el sea power o poder marítimo ("talasocracia" en griego), y el land power o poder terrestre (telurocracia). El sea power tiende a engendrar Estados comerciales y liberales, el land power Estados productivos y autocráticos. Talasocracias históricas típicas han sido Fenicia, Atenas, Cartago, Venecia, la Liga Hanseática, la República de Ragusa, la República de Salé, el Imperio Otomano, Portugal, Holanda, el Imperio Británico y Estados Unidos después de 1898. Telurocracias claras han sido los escitas, Esparta, el Sacro Imperio, el Imperio Mongol, el Imperio Ruso, Alemania, Austria-Hungría, EEUU antes de 1898 y la URSS. 

Ambos tipos de poder tienen sus ciudadelas naturales y sus esferas de influencia en la geografía terrestre. La ciudadela de la talasocracia es la mitad norte del Atlántico (Midland Ocean u "Océano Mediterráneo") y su esfera de influencia es la Oceanía descrita en "1984" por George Orwell, célebre autor que claramente sabía de geopolítica. La ciudadela de la telurocracia es el Heartland y su esfera de influencia es la Eurasia orwelliana. La Estasia de "1984" en realidad quedaría, junto con otras regiones del globo, disputada entre ambos poderes arquetípicos, o tendría una mezcla de ambos: el Sudeste Asiático, Corea, el sur de India y la costa china tendrían fuerte influencia oceánica, mientras que Tíbet, Uiguristán, Mongolia interior y exterior, Manchuria y el norte de India serían de influencia continental. Según Orwell, en un mundo donde la geopolítica se ha impuesto, las zonas disputadas del planeta —en perpetua guerra, cambiando de manos y siendo conquistados y reconquistados una y otra vez por las tres superpotencias—, forman un cuadrángulo con esquinas en Tánger-Hong Kong-Darwin-Brazaville, además de las fronteras entre Estasia y Eurasia. Estos territorios disputados se corresponden vagamente con el mundo musulmán. 

Las ciudadelas naturales de la talasocracia y de la telurocracia. Se notará que el camino más corto entre ambas es Escandinavia y el Océano Ártico, cerca de la frontera ruso-noruega. Europa en general tiene la desgracia de ser el campo de batalla natural entre la talasocracia y la telurocracia. En la actualidad, se está constituyendo un nuevo espacio talasocrático en el Asia-Pacífico, que junto con el atlántico desde el Oeste, asedia el Heartland desde el Este.

En la novela "1984" de George Orwell, se menciona un ensayo ficticio titulado "Teoría y práctica del colectivismo oligárquico", que explica cómo la URSS ha conquistado Europa Occidental convirtiéndose en Eurasia (rojo), los Estados Unidos y el Imperio Británico se han unido para formar Oceanía (azul), y Estasia (amarillo) ha emergido tras una década de luchas confusas. Ninguno de los tres superestados puede ser conquistado ni siquiera por los otros dos combinados, ya que su poderío militar está al mismo nivel y sus defensas naturales son demasiado formidables. Dentro del cuadrángulo Tánger-Hong Kong-Darwin-Brazaville, se encuentran las zonas disputadas del planeta. Las fronteras entre Eurasia y Estasia no quedan claras del todo, salvo por una referencia a la inestable frontera en Mongolia.
  
La globalización tiene su trono en "los mercados" (principalmente bancos y multinacionales) y en el comercio internacional, que se desenvuelve en el mar en un 90%, a pesar de que el ferrocarril y los ductos son medios más baratos, rápidos y eficaces —o lo serían si no fuese por las oportunas inestabilidades en los eslabones más estratégicos de las rutas terrestres. Por ende, un Estado que posea salida marítima tiene un gran vector de proyección de influencia a su disposición y comparte frontera de facto con todos los países con costa en el cuerpo acuático en cuestión. A diferencia de las tierras emergidas, los mares del planeta constituyen un solo cuerpo (teoría de Panthalasa u Océano Mundial), de manera que quien salga al Océano Mundial y lo domine, tenderá a envolver todas las tierras emergidas del mundo e infiltrará su poder en ellas, especialmente a través de los valles y las llanuras de las grandes cuencas fluviales. Pero a pesar de esta gran ventaja, el mar, cambiante, caprichoso y movedizo, sólo sirve para transportar cosas que proceden de la tierra y para asediar la tierra en sí. Si dominar el mar es un simple medio para dominar la tierra, dominar la tierra es un fin en sí mismo, por ende, que una superpotencia marítima necesite asediar la tierra no hace más que confirmar la importancia de la tierra en sí.

Halford J. Mackinder (1861-1947).

El presente escrito, por tanto, se situará en el punto de vista del antagonista natural del mar. La tierra representa lo firme, estable, fértil, nutriente, productivo, organizado y disciplinado, si el mar se asemeja mucho al "devenir" con sus vaivenes, la tierra se acerca al "ser" con su obstinada permanencia. Si el mar se levanta sólo en momentos tormentosos, la tierra se alza por siempre en las montañas, que podrían definirse como "tierra concentrada". En el ámbito económico, la estrategia telúrica no está volcada en mover mercancías de un lado a otro, sino en producirlas y hacer que se queden lo más cerca posible del suelo de donde brotaron. La productividad y la fecundidad sustituyen por tanto al comercio y a la especulación para formar un sistema político, económico y social muy distinto al que hoy impera en el planeta. Asimismo, la apertura de espacios de libre navegación, que es la obsesión del atlantismo, se ve sustituida por la tendencia de las grandes masas de tierra a estrangular el tráfico marítimo en delicados cuellos de botella, para romper Panthalasa, convirtiendo los diversos mares en meros lagos interiores bajo férreo control. Y es que, como veremos en otro artículo, tanto el Báltico como el Mar Negro, el Adriático, el Egeo, el Mediterráneo entero, el Mar Rojo, el Golfo Pérsico, el Mar de Andamán, el Mar del Sur de China, de Japón, y hasta el Caribe, el Golfo de México y la Bahía de Hudson, pueden ser extirpados del seno del Oceáno Mundial y convertidos en lagos tan inaccesibles como el Caspio, sólo con accionar cerrojos naturales: estrechos marítimos como Gibraltar u Hormuz, o barreras insulares como Japón o el Arco de Andamán.



BREVE HISTORIA DEL HEARTLAND

Prehistoria

Durante la última edad de hielo (la glaciación de Würm), se formaron en el Heartland bolsas geográficas rodeadas de glaciares, y es en las condiciones extremas de una de estas bolsas gélidas donde pudo desarrollarse un extraordinario tipo humano, despiadadamente seleccionado por el entorno. En el artículo sobre clasificación racial, vimos que la raza nórdica centroasiática, progenitora de los linajes genéticos R1a y R1b y por tanto antepasada paterna de la mayoría de europeos étnicos modernos del mundo, nació en el Paleolítico en el corazón de Eurasia, proponiéndose las regiones de Zungaria y Altai como posibles Urheimaten de este tipo evolutivo. El mismo Mackinder, que vivió en una época en la que la eugenesia y el estudio de la biodiversidad humana no eran tabúes políticamente incorrectos, relacionaba el Heartland con los cráneos braquicéfalos y consideraba que el tipo racial centroeuropeo "alpino" es un apéndice del mundo antropológico de la antigua Asia Central [5], separando cual cuña a las poblaciones dolicocéfalas del sur de Europa ("mediterráneas") de las dolicocéfalas del norte ("nórdicas").

Tras la desglaciación, el modo de vida cazador-recolector era todavía el dominante en todo el mundo, pero habían surgido dos sistemas de vida nuevos: en Próximo Oriente, el agricultor (evolución de la recolección), y en el Heartland, el ganadero (evolución de la caza). A partir del Neolítico, el Heartland no dejará de vomitar horda sobre horda de pueblos pastoralistas y montañeses sobre los márgenes de Eurasia, llegando estos pueblos a conformar las aristocracias de muchas civilizaciones antiguas de Oriente Medio.

A través de la meseta persa y de los espacios montañosos de Oriente Medio, el linaje R1b llegará a Europa, remontando el Danubio y acumulándose en núcleos de reproducción en la región de los Alpes (cultura de Unetice y afines), así como en la franja franco-cantábrica. Los R1a cogieron el más sencillo camino de la estepa para acabar en Europa del Este y la Llanura Germano-Polaca. Es aquí donde nacerá el mundo propiamente "indoeuropeo", relacionado con la movilidad de grandes tropas conquistadoras, el uso del carro y del caballo, el patriarcado y el sentido de los grandes espacios y horizontes que dará lugar a los imperios, hasta tal punto que milenios después, "caballero" sigue designando al hombre considerado digno de respeto. Es por tanto en las culturas pastoralistas-ganaderas de Yamna (o Yamnaya), de Poltovka y del hacha de combate del Volga, que tenemos que buscar el origen de las tradiciones caballerescas e imperiales de la Historia.

La primera cultura de la era de los metales típica del Heartland estepario es probablemente la de Sintashta-Petrovka. El yacimiento de Arkaim, al sur de los Urales y en plena estepa, datado en 1600-1900 AEC, es el testimonio material más conocido de esta cultura madre. Llamada "ciudad esvástica", "ciudad-mandala", "la Stonehenge rusa" (situada aproximadamente en la misma latitud que la Stonehenge inglesa) y hasta "capital de la antigua civilización aria", Arkaim es un poblado-fortaleza de círculos concéntricos, orientado según los puntos cardinales y las estrellas, y sus habitantes probablemente eran los antepasados de los arios descritos en el Rigveda (India) y el Avesta (Persia). 

Nacimiento y expansión del uso del carro de guerra con dos ruedas radiales, el precursor de las modernas formaciones militares acorazadas. Su aparición se da dentro del Heartland, en el sur de los Urales, actual Kazajistán, lo que según Mackinder era "el mismísimo pivote del Área Pivote". Aquí floreció la cultura de Sintashta-Petrovka, donde la ganadería, la minería del cobre y la metalurgia del bronce tenían un papel central, junto con el carro de guerra y los asentamientos humanos bien fortificados, como el yacimiento de Arkaim. Posteriormente aparecerá la cultura de Andronovo (naranja) con sus complejos funerarios donde el guerrero era enterrado en túmulos junto con sus armas, sus caballos y su carro. En Anatolia y Siria, el carro vendrá de la mano de los hititas, en Egipto de los hyksos, en Mesopotamia de los kasitas y en Europa de los celtas.

En la Edad del Bronce, toda la estepa está en ebullición. Sobre sus carros y caballos, los mitanios caen sobre Pentalasia, los aqueos micénicos invaden Grecia y los hyksos conquistan el Bajo Egipto. El Rigveda narra cómo hace tres milenios y medio los rubios arya, liderados por el dios Indra, arrasan las ciudades de la civilización del Indo, dispersando a "la piel negra" y estableciéndose como nueva aristocracia de la región. Tanto en India como en Persia, conquistadas por pueblos indoeuropeos procedentes del Heartland y de estilo pseudo-escita, los dioses más importantes son representados como conductores de carros. En Grecia, la "Ilíada" homérica es todo un canto al estilo de vida de los guerreros indoeuropeos de la Edad de Bronce. Hasta en la lejana e inhóspita Escandinavia, el pelirrojo Thor era concebido conduciendo un carro tirado por machos cabríos. Incluso después de la civilización de vastos espacios de Europa y Oriente Medio, en las estepas del interior continental seguirán subsistiendo pueblos de estirpe irania ("aria") que, como los escitas, sármatas y alanos, mantendrán un modus vivendi bárbaro hasta ser barridos o empujados por nuevas migraciones del interior.

Culturas de la era de los metales donde estaba implantada la ganadería del caballo. El uso del caballo estaba muy relacionado con un paisaje de espacios abiertos y horizontes llanos como el de la estepa eurasiática, así como en formas de hacer la guerra basadas en la rapidez. Esta cultura acabará teniendo un éxito social y militar tremendo en todo el planeta. 

Estas sociedades indoeuropeas esteparias tenían un claro predominio de linajes paternos R1a —asociados a los eslavos, los persas y las castas altas del norte de India— y legaron a la arqueología (soviética primero e internacional después) el fenómeno de los kurganes: túmulos de tierra en cuyo interior se enterraban hombres importantes, y que encontramos desde Europa Occidental hasta Asia Central. Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, fue enterrado en un túmulo. Este imaginario ritual es el origen de las leyendas del rey perdido: soberanos desaparecidos y a menudo pelirrojos (como el rey Arturo, Federico Barbarroja o Genghis Khan) que duermen en el interior de una montaña esperando "el momento de máxima necesidad" para su pueblo.

El origen de los mitos sobre reyes que duermen en el interior de montañas se encuentra en los kurganes (túmulos) de la Era de los Metales, donde se enterraba a los guerreros importantes junto con sus armas, su caballo y otras pertenencias. Aquí debe buscarse la génesis del mundo indoeuropeo. Kurgán en Dnipropetrovsk, Ucrania.

En el artículo sobre herencia genética indoeuropea en Asia Central vimos, además de  algunos mapas que ilustran el tema que tratamos, hasta qué punto muchos rasgos antropológico-físicos considerados europoides sobreviven en algunas bolsas étnicas de Asia Central, incluyendo Mongolia y Uiguristán. Precisamente de China proceden referencias a pueblos occidentales denominados Dinlins y Boma, que sorprendieron a la población autóctona con su aspecto rubicundo, ojos azules y cabello rojizo. Algunos arqueólogos rusos relacionan estos pueblos con descendientes de la cultura de Afanasiev.


Antigüedad

El primer gran imperio del Heartland, el persa, surgió tras la irrupción, en la meseta iraní, de varias tribus arias procedentes de las actuales Rusia y Ucrania: los medas, persas y partos. Desde entonces, Persia ha sido un país que no ha hecho más que reciclarse como imperio una y otra vez a lo largo de la historia, tendiendo a proyectar poder en los cinco mares de Pentalasia (Mediterráneo, Mar Negro, Caspio, Golfo Pérsico y Mar Rojo) y a ser un puente entre Europa-Estasia, Estasia-África, Asia Central-Índico y el Heartland eurasiático y el árabe.
                                                                                    
El Siglo IV vio un acontecimiento que influiría de forma decisiva en la consolidación de la Ruta de la Seda como columna vertebral del comercio internacional: el empuje hacia el Este de Alejandro Magno. Partiendo desde su base balcánica en el norte de Grecia, los macedonios conquistaron Anatolia, el Levante, Pentalasia, Egipto y el Imperio Aqueménida, llegando a India. Los griegos fundaron varias Alejandrías en el Heartland: Alejandría de Aria (la actual ciudad afgana de Herat, por donde pasa un estratégico gasoducto y una carretera, y cerca de la cual hay una base militar hispano-italiana), Alejandría Escate (actual Jodzend, Tayikistán), Alejandría del Oxo (actual Ai Khanum, Afganistán), Alejandría del Cáucaso (probablemente actual Bagram, Afganistán, donde existe una importante base aérea de la OTAN) y Alejandría de Aracosia (actual Kandahar, Afganistán, donde existe otra base militar estadounidense). Según Isidoro de Cárax, los partos llamaban a esta región "India Blanca". Al norte de estas colonias griegas militarizadas y fortificadas, los escitas y masagetas —a los que Alejandro Magno nunca se atrevió a atacar— fluían libres por la estepa. Los macedonios habían llegado a las puertas de Gog y Magog.

Ciudadela de Herat (Afganistán), antigua capital de una provincia persa que Heródoto describía como "el granero de Asia Central". Viendo el éxito de las conquistas macedonias en el Gran Oriente, se comprende que Pompeyo, Trajano, los cruzados medievales, Napoleón, los actuales ejércitos de la OTAN y cualquier poder del Oeste que busque penetrar en lo más profundo de Asia, tengan como uno de sus referentes a Alejandro Magno.

Algunas expediciones griegas, partiendo del valle tayico de Fergana, llegaron a la ciudad de Kashgar (actual Uiguristán), donde moraba una tribu indoeuropea: los tocarios. Se cree que los dayuan ("grandes jonios") de las crónicas chinas de la dinastía Han eran descendientes de estos colonos griegos del Heartland. Alejandro Magno fue el primero que, estabilizando un vasto espacio entre el Gran Occidente y el Gran Oriente, abrió ambos dominios al comercio mutuo. Por ende, el efecto más importante y duradero de las campañas macedonias fue la apertura definitiva de la Ruta de la Seda.

Cuando murió Alejandro Magno en 323 AEC, los diádocos (generales del ejército macedonio) se repartieron su imperio, luchando durante veinte años por la hegemonía regional. A su muerte, los epígonos, sus sucesores, reinarán sobre las unidades territoriales resultantes de la fragmentación del imperio alejandrino. El que más nos interesa en este artículo es el Reino Greco-Bactriano, centrado en Bactria (actual Balkh, norte de Afganistán). El Siglo III AEC vio la entrada en este dominio griego del budismo, procedente del imperio Maurya de India, con el que el Reino Greco-Bactriano mantuvo numerosas relaciones políticas y comerciales. Es el comienzo de una extraordinaria civilización helenístico-budista, liderada por monjes griegos y una aristocracia militar griega, descendientes de los antiguos ejércitos macedonios, en plena Asia Central, un episodio rara vez recordado en la historiografía moderna [6]. Las primeras representaciones artísticas de Buda, que influyeron fuertemente el imaginario budista en toda Asia, se dieron en este reino. Incluso se ha especulado razonablemente con la influencia de Apolo en las primeras esculturas del santo hindú, con lo cual el legado del dios más típicamente occidental habría llegado hasta el Pacífico ―algo que seguramente los pastores-guerreros de los Balcanes no habrían podido imaginar jamás. Toda la corriente artística Gandhara es de génesis griega y por tanto europea. En plena Ruta de la Seda, las colosales estatuas de Buda en Bamiyan (Afganistán, demolidas por los talibán en Marzo del 2001), eran de clara herencia greco-budista. Esta corriente cultural es un soberbio ejemplo de los extraordinarios frutos que podría brindar una sana y positiva interacción entre Occidente y Oriente.

Extensión aproximada del Reino Greco-Bactriano en el año 180 AEC. Para entonces, el budismo con influencias pagano-helénicas era ya la religión dominante, hasta el punto de que se esculpieron relieves del Buda hindú protegido por el Heracles griego. A pesar de las problemáticas barreras montañosas, el reino estará orientado principalmente hacia India. Dominaba claramente un importante segmento de la Ruta de la Seda, controlando las salidas de China hacia Occidente.

Museo de Lahore, Pakistán. Esta estatua gandhara del Siglo II es claramente la Atenea griega, esculpida al estilo griego y con rasgos faciales propios de la aristocracia de la Grecia clásica. Es parte del legado del primer Estado europeo en pleno Heartland.    

Entorno a 130 AEC, el reino Greco-Bactriano fue invadido por los tocarios, que acabarán fundando el Imperio Kushán. Sin embargo, durante un tiempo subsistirá el Reino Indo-Griego, desprendido del greco-bactriano cuando éste conquistó la cuenca del Indo y parte de la cuenca del Ganges, en una expansión que recuerda a las conquistas indo-arias de catorce siglos atrás.

Reinos indo-griegos en 100 AEC, en lo que hoy son Afganistán y Pakistán. 14: Pushkalavati. 15: Taxila. 16: Sakala. Ocupan una posición a caballo entre el Heartland y las fértiles, superpobladas y ricas llanuras del Indo y el Ganges. Incluyen lo que hoy son la frontera AFPAK y las problemáticas zonas tribales de Pakistán (FATA). Estos reinos, siguiendo la estela de los antiguos indo-arios, acabarán conquistando buena parte de las cuencas del Indo y del Ganges. Se observará que las regiones de Nuristán (Afganistán) y los valles de Chitral y Hunza (Pakistán), donde los rasgos físicos europeos se han conservado mejor hasta hoy, se encuentran dentro de esta área de influencia helenística.

El empuje de los macedonios hacia el corazón de Asia no era más que el clímax lógico del proceso iniciado siglos atrás por las colonias griegas en Asia Menor, actual oeste de Turquía. A estas alturas se habrá apreciado que en la civilización hindú, centrada en el norte del Indostán, predomina la influencia del Heartland, independientemente de que más adelante India fuese conquistada por un imperio típicamente marítimo como el británico [7]. Parece que desde entonces, los territorios montañosos que separan el Indostán de Asia Central son un claro frente de batalla entre la talasocracia y la telurocracia. Es inevitable que esto nos recuerde el papel de Afganistán y Pakistán en el panorama internacional hoy en día.

Tanto Roma como China eran mutuamente conscientes de la existencia del otro imperio y mantuvieron hasta cierto punto relaciones, esencialmente indirectas. El Imperio Han consideraba a Roma una especie de contrapartida occidental, y probablemente Roma tenía la misma imagen de China. Sin embargo, entre ambas potencias se interponían dos estados situados en las antiguas conquistas alejandrinas: el Imperio Parto y el Imperio Kushán. Roma tendió a penetrar hacia el Este, llegando a conquistar el Cáucaso y lo que hoy es Iraq, pero los problemas en el Levante hicieron que las conquistas romanas en el resto de Pentalasia fuesen más bien efímeras. El Mediterráneo fue el único mar que Roma podía llamar Mare Nostrum; ni el Mar del Norte, ni el Atlántico, ni el Mar Negro, ni el Mar Rojo ―ya no digamos el Caspio o el Golfo Pérsico― podían llamarse plenamente romanos.

El Senado romano llegó a proclamar varios edictos prohibiendo, en vano, el uso de la seda, ya que su comercio sangraba al Imperio de sus reservas de oro, lo que indica que hace ya dos milenios, lo que pasaba en un extremo de la Ruta de la Seda influía al extremo opuesto ―todo un ejemplo de proto-globalización. Decía Plinio el Viejo en "Historia Natural" que "según la estimación más baja, India, Seres y Arabia hacen que nuestro Imperio pierda 100 millones de sextercios cada año: esto es lo que nos cuestan nuestros lujos y nuestras mujeres". Parece que en Roma había fenómenos comparables a los del flujo de la plata hacia China antes de las guerras del opio, así como a Inditex y el relajamiento del patriarcado en el Occidente actual.

En el año 56 AEC, Roma lucha contra el Imperio Parto en la batalla de Carras (actual Kurdistán). La temida caballería parta consigue vencer a la legión y Craso, el general romano, es ejecutado. Diez mil militares romanos son hechos prisioneros y deportados al extremo oriental del imperio enemigo, hacia el Heartland eurasiático ―concretamente a Bactriana (Afganistán). Plutarco y Plinio el Viejo nos cuentan que buena parte de los supervivientes romanos fueron esclavizados o mandados a hacer trabajos forzados, pero que algunos consiguieron hacerse un hueco en el mundo parto como mercenarios. Supuestamente, los partos emplearían estas tropas romanas para luchar contra los hunos en la provincia de Margiana, lo que hoy es Turkmenistán. El Imperio Romano y el parto firmaron un tratado de paz en el 20 AEC y se intentó traer de vuelta a los prisioneros, pero para entonces se había perdido todo rastro de la desafortunada legión. Unas crónicas Han del año 36 AEC, que describen una campaña militar china al oeste del país, hablan del disciplinado ejército enemigo que guardaba la plaza de Zhizhi, actual Uzbekistán. Estas crónicas mencionan una fortaleza cuadrangular de madera y soldados enemigos que entraban en combate perfectamente alineados y construyendo con sus escudos una formación con aspecto de escamas de pescado: la "tortuga" de las legiones romanas había llegado al Heartland. Tras ser finalmente derrotados, estos soldados fueron llevados, de nuevo en calidad de mercenarios, a la frontera sur del desierto de Gobi, para proteger China de las incursiones bárbaras. Finalmente fueron asentados en Li-Jien (actual Liqian), un nodo de la Ruta de la Seda cuyo mismo nombre es una corrupción de "legión". La presencia de la "legión perdida de Craso" fue sacada a colación en 2001 y los análisis genéticos han confirmado la huella de sangre europea en esta zona, presencia que puede comprobarse a simple vista en la alta frecuencia de narices más aguileñas, cabello ondulado y castaño, y ojos claros.

El periplo de la "legión perdida".

La irrupción de las legiones romanas en el Levante catalizó un proceso histórico de importancia descomunal. En los Siglos I y II, se dieron en el Mediterráneo Oriental varias limpiezas étnicas de griegos. Chipre, Libia, Egipto, Siria, Creta, Sicilia, Rodas y otros lugares vieron cómo las comunidades judías, aprovechando la ausencia de legiones romanas —ocupadas en una campaña militar contra el Imperio Parto— se alzaron de forma totalmente sincronizada contra las odiadas comunidades griegas de la región. Aunque estas revueltas judías serán sofocadas duramente por Roma, la europeización del Levante nunca cuajará, la colaboración de los judíos con el Imperio Parto proseguirá y, a la larga, todo el Imperio Romano será semitizado y verá de una forma mucho más rotunda la erradicación del legado grecolatino, esta vez bajo signo cristiano. Estas limpiezas étnicas de poblaciones europeas fueron una reacción de la voluntad del Oriente desértico, seco e infecundo, cuyo efecto fue romper la continuidad de cultura griega desde el Imperio Romano hasta India. Las bolsas griegas en India y Asia Central, privadas de la fuente de su cultura y de su capital humano, irán perdiendo influencia hasta ser tragadas por el Heartland. Pasarán catorce siglos antes de que otra potencia, esta vez Rusia, vuelva a introducir la llama de la cultura griega en el corazón del continente.

Los hunos, surgidos del Heartland en los últimos tiempos del Imperio Romano, son de etnogénesis nebulosa. Sabemos que eran una sociedad de guerreros pastorales cuyos principales alimentos eran la carne y la leche, y cuya táctica militar se basaba en grandes formaciones de caballería ligera empleando con maestría el arco y el lanzamiento de jabalina. Los hunos eran, más que una etnia concreta, una confederación de jinetes esteparios, en cuyas filas había pueblos uralo-altaicos, túrquicos, mongoles, iranios, germanos, eslavos y otros, probablemente dominados por una aristocracia túrquico-mongola, aunque en los territorios hunos de Europa del Este, la lengua franca era el gótico. A la muerte de Atila, su confederación se disolvió tan rápidamente como había aparecido, pero los efectos de su breve existencia ―especialmente poner en marcha la gran migración de los pueblos germanos, que constituirán las noblezas medievales de Europa Occidental― perdurarán durante mucho tiempo. 

El caso de los hunos es comparable al del comercio de la seda en cuanto a las repercusiones que tenía en un extremo de la Ruta de la Seda lo que pasaba en el extremo opuesto, ya que si los hunos se desparramaron por Europa es porque no pudieron hacerlo por China. Europa, a diferencia de Estasia, carecía de un Estado con una clara doctrina estratégica que tuviese en cuenta la importancia del Heartland. Por el contrario, los chinos, que ya habían levantado diques para controlar las desastrosas inundaciones del Río Amarillo (cuyas fuentes se encuentran en el Heartland), habían decidido poner diques también a las inundaciones humanas procedentes del corazón del continente, construyendo la Gran Muralla China… una vez más, con el objetivo de preservar su "orden político". La Gran Muralla es un impresionante testimonio acerca de la importancia del interior eurasiático; de hecho, en muchos tramos, coincide exactamente con los límites del Heartland. Parece que los emperadores chinos veían al Heartland como un dominio impenetrable, una fuente de bárbaros y un avispero que era mejor dejar en paz. Pero la Gran Muralla no era meramente una barrera militar, sino también un corredor de transporte y un sistema de cerrojos para extraer impuestos, tasas y peajes del comercio de la Ruta de la Seda, poner aranceles y controlar los flujos migratorios.

El hecho de que la Gran Muralla sea más bien toda una infraestructura de infinidad de murallas distintas, construidas a lo largo de dieciocho siglos, muestra que defenderse de las tribus del Heartland fue una obsesión constante para las sucesivas dinastías chinas. Los mongoles tenían una alimentación basada en los productos animales y eran, como pueblo, más belicosos que los chinos, aunque en China existían las tradiciones marciales más efectivas del mundo.

En el año 431, el cristianismo nestoriano es condenado por el Primer Concilio de Éfeso, llevando a un gran exilio de cristianos nestorianos hacia la Persia sasánida. En adelante, Bagdad y Seleukia-Ctesifonte serán centros del nestorianismo, que mandará gran cantidad de misioneros (o quizás mejor dicho "agentes", sobre todo sirios y persas) hacia los confines del continente, fundando comunidades cristianas a lo largo y ancho de casi toda Asia. Ciudades como Herat, Farah, Almalik (conocida por los cristianos del Siglo XIV como Armalec), Samarcanda, Kashgar y hasta la mismísima Beijing de la época Tang, albergarán prósperas comunidades nestorianas desde la Alta Edad Media.


Edad Media: Pax Mongolica

Pero los cristianos nestorianos serán una anécdota como poder en Asia Central. Si en un principio los comerciantes hindúes y bactrianos habían dominado el comercio de la Ruta de la Seda, entre los siglos V y VIII lo harán los sogdianos y, tras las conquistas musulmanas, los árabes y persas. En el extremo occidental de la ruta, Bizancio fue la primera potencia europea en tener claro que el Heartland era una realidad geopolítica muy a tener en cuenta. Alternando la diplomacia y la guerra con los pueblos de la estepa (ávaros, pechenegos, kipchacos y otros), Constantinopla pudo prolongar su existencia durante un milenio tras la caída de Roma.

Muy interrelacionada con la historia de Bizancio está la de los varegos (así llamaban los eslavos a los vikingos de Suecia) que, remontando los grandes ríos rusos, pasaron de la cuenca del Báltico a la del Mar Negro y se aliaron con los eslavos en un intento de derrotar a los jázaros ―una confederación esteparia del sur de Rusia que había adoptado el judaísmo como religión oficial y que propablemente es la antepasada de buena parte de los judíos asquenacíes. Los varegos tomaron Kiev, la ciudad más meridional de las que había sobre el Dniéper, que les permitió mantener un contacto constante con Bizancio, y acabarían conquistando la capital jázara, Sarkel, no lejos de la actual Volgogrado. Al hacerlo, pasaron a dominar el corredor comercial establecido donde los ríos Don y Volga se acercan más, saltando de la cuenca del Mar Negro a la del Caspio ―por tanto al Heartland― y estableciéndose como una especie de segundo Imperio Bizantino para conectar Europa con Asia: comienza la historia de las Rusias, aglutinadas entorno a ciudades como Kiev, Novgorod, Vladimir, Suzdal, Pskov o Moscovia, en territorios por lo general fuertemente boscosos, donde la fe ortodoxa se acabará imponiendo.

Rojo: áreas sujetas a la colonización vikinga. Verde: áreas sujetas a la influencia vikinga. Rusia nació como intermediaria entre el mundo escandinavo y el bizantino, del mismo modo que Germania lo hizo entre el mundo escandinavo y el romano. Los vikingos, siendo los fundadores de los primeros Estados rusos, sentaron las bases del único poder capaz de dominar el Heartland a largo plazo y conectarlo con Europa del Este. Aunque el núcleo de la Rusia histórica nace en Kiev, se irá desplazando lentamente hacia el Norte, pasando por ciudades como Smolensk, Novgorod, Vladimir, Suzdal, Moscú y San Petersburgo.

Genghis Khan, un hombre alto, blanco, pelirrojo y de ojos azules, fue en muchos sentidos la contrapartida asiática y medieval de Alejandro Magno. Su extraordinaria personalidad tuvo éxito uniendo a las tribus y clanes de Mongolia y lanzándose a conquistar el control de la Ruta de la Seda, de tal modo que a su muerte en 1227 era soberano de un imperio que iba desde el Mar de Japón hasta el Caspio, gobernado desde la capital mongola de Karakorum (no confundir con la cordillera del mismo nombre). El carácter fuertemente continental de estos dominios quedó genialmente retratado cuando fracasó la invasión mongola de Japón: los jinetes esteparios, que jamás habían visto el mar antes, padecieron fuertes mareos y vómitos en su aventura naval y además lo que los japoneses denominaron kamikaze o "viento divino" causó pérdidas tan fuertes a la flota mongola que la invasión fracasó. Otros entornos donde Mongolia nunca pudo hacer sentir su dominio de una forma rotunda fue en las montañas y en los bosques ―los mongoles eran gente de llanura y estepa, y tanto Siberia como los principados rusos tenían enormes masas boscosas. De hecho, en la época del "yugo mongol", durante la cual las Rusias eran tributarias de los tártaros, el khanato de la Horda Dorada terminaba donde la estepa dejaba paso a los bosques del Norte. Desde estos espacios cerrados e impenetrables, Alexander Nevsky, Dimitri Donskoi, Peresvet y otros héroes nacionales de la historia rusa forjarán la grandeza del futuro Principado de Moscovia.

Las aventuras militares de los mongoles llegaron a Siria, Polonia, Hungría y las puertas de Viena, pero fueron incapaces de cruzar el mar de Japón u otros espacios marítimos. No hace falta ser un lince para apreciar que el Imperio Mongol obtenía su poder del dominio del Heartland. En el Oeste, los mongoles pudieron avanzar gracias a la información excelente que les brindó en todo momento la red de Inteligencia de los mercaderes venecianos. Uno de estos agentes era el padre de Marco Polo.

Para bien o para mal, las conquistas mongolas proporcionaron la Pax Mongolica (o Pax Tatarica) y una continuidad territorial relativamente estable desde Próximo Oriente y Europa del Este hasta China. Gracias a ella, a partir de 1245, con motivo del Primer Concilio de Lyon, podemos encontrar emisarios europeos mandados a los dominios mongoles por orden del Papa y del rey de Francia: Giovanni da Pian del Carpine, Ascelín de Lombardía y Andrés de Longjumeau. El objetivo era, por parte del Papado, adquirir influencia en Asia, especialmente ganándose a las antiguas comunidades de cristianos nestorianos y, por parte de Francia, entablar lazos entre Luis IX de Francia y Güyük Khan y solidificar una alianza franco-mongola, supuestamente para hacer causa común en el Levante (época de las cruzadas).

En 1253, el monje franciscano flamenco Guillermo de Rubruk pudo cruzar toda Asia Central y llegar a Karakorum, donde encontró franceses, rusos y húngaros capturados en Hungría. El fraile informó también de la presencia de prisioneros alemanes que trabajaban en minas de hierro en Asia Central ―parece que Stalin no fue el primero en capturar germanos en Europa del Este y deportarlos como esclavos al Heartland. En Mongolia ya florecían el Islam, el budismo, el maniqueísmo y el cristianismo nestoriano, amparados bajo la tolerancia religiosa de los khanes. Rubruk volvió a Europa con un detallado informe para el rey Luis IX de Francia, titulado "Itinerarium fratris Willielmi de Rubruquis de ordine fratrum Minorum, Galli, Anno gratia 1253 ad partes Orientales".

Viajes de fray Guillermo de Rubruk. En la época, Sarai jugaba el mismo papel que había jugado la jázara Sarkel antes y que jugará la soviética Stalingrado después: servir de puente entre los ríos Don y Volga, entre las cuencas del Mar Negro y del Caspio... y por tanto entre Europa y el Heartland.

Más adelante en el mismo siglo, los hermanos Niccolo y Maffeo Polo, mercaderes venecianos, pudieron establecer prósperos emporios comerciales en Constantinopla y en Sudak o Soldaia (ver mapa de las conquistas Mongolas más arriba), donde era fuerte la presencia de la poderosa talasocracia veneciana. Animados por la riqueza del khanato de la Horda Dorada, los hermanos Polo acabaron estableciéndose en su capital, Sarai, situada ya dentro de los confines del Heartland eurasiático. Sarai se encontraba en el sur de Rusia, cerca de la antigua Sarkel jázara y la Volgogrado de nuestros días, compartía con estas ciudades su papel de bisagra entre la cuenca del Mar Negro y la del Volga (siendo ésta parte del Heartland) y, con 600.000 habitantes, era de las ciudades más grandes y ricas del Siglo XIII. Allí, los hermanos Polo se familiarizaron con las costumbres de los tártaros, el mundo de la estepa y la información que traían comerciantes extranjeros sobre lejanas rutas más al Este. Siguiendo estas indicaciones, los venecianos procedieron hasta Bujara, actual Uzbekistán, donde vivieron durante tres años. Remontando la Ruta de la Seda, llegaron a Dadu (Beijing), donde se alzaba el trono de Kublai Khan, nieto de Genghis. El monarca asiático les proporcionó un embajador mongol para el Papa de Roma, un salvoconducto para viajar por todos los dominios mongoles y una carta al Papa, en la que pedía una muestra de aceite de la lámpara del Santo Sepulcro, así como cien "hombres sabios" para enseñar cristianismo y costumbres occidentales en China: las relaciones sino-romanas, que nunca habían podido concretarse en la Antigüedad, estaban empezando a tomar forma en plena Edad Media gracias a Venecia, el Papado y las conquistas mongolas.

El Papa Gregorio X recibió la misiva del Khan mongol en 1271, mandando solamente dos frailes dominicos con los hermanos Polo, esta vez acompañados también por Marco, el hijo de Niccolo, de diecisiete años. Los frailes no completaron el viaje por miedo, mientras que los mercaderes venecianos completaron la Ruta de la Seda de parte a parte, llegando a la capital del khanato en 1274, tres años tras su partida. Bien acogidos por el khan, vivieron diecisiete años bajo su hospitalidad antes de volver a Europa. Los viajes de los Polo nunca hubieran sido posibles sin la existencia de un único Estado desde Oriente Medio hasta el Pacífico; gracias a esto, Europa pudo leer los relatos de Marco Polo, accediendo a un testimonio de primera mano acerca de lo que había en el corazón de Eurasia.

Marco Polo no fue el último europeo en pisar Estasia gracias a la estabilidad de la Pax Mongolica. En 1318, cuatro años después de la disolución de la Orden del Temple, el fraile franciscano Odorico da Pordenone se embarcó en un impresionante periplo que lo llevó desde Venecia hasta Armenia, Persia, India, China, Indonesia y otros lugares del lejano Oriente, llegando a describir incluso Tíbet, "donde mora el Papa de los idólatras".

Varios acontecimientos terminaron por truncar la Pax Mongolica:

• La virulenta expansión de la peste negra en los años 1340. Originándose en Asia Central, la plaga se propagó a través de las rutas comerciales tanto terrestres como marítimas, afectando tanto a Europa como a China, India y Arabia e introduciendo el terror, la desconfianza y la cuarentena de ciudades enteras en las rutas comerciales.

• Los jinetes mongoles se estaban volviendo gordos, cómodos y decadentes, y los chinos, avezados en las intrigas palaciegas, se hicieron con el poder, expulsando a la dinastía mongola Yuan y otras influencias extranjeras (incluyendo europeas y cristianas) y fundando la dinastía Ming en 1368. El golpe de estado en China estuvo fuertemente influido por una sociedad secreta: el Loto Blanco.

• El ascenso fugaz de Tamerlán, el último gran conquistador estepario, que aniquiló a los cristianos nestorianos de Persia y atacó el khanato de la Horda Dorada (sur de Rusia), haciendo que Moscovia, entonces gobernada por Vasily I, dejase de pagar tributo a los tártaros. Así y con todo, en 1382, Moscú todavía sería saqueada por ellos.

• En la misma Mongolia había penetrado el budismo, una nueva corriente cultural e ideológica muy diferente al paganismo ancestral que habían profesado los mongoles hasta entonces. El budismo aun tardaría un par de siglos en afianzarse en el país, pero era cuestión de tiempo que los nuevos monjes se acabasen imponiendo a los chamanes locales, captando a la aristocracia mongola y erigiendo monasterios en encrucijadas de rutas y en los parajes de los grandes pastos donde solían reunirse gran número de pastores para realizar sacrificios y otros rituales. Nunca ha dejado de rumorearse que fueron los chinos los que favorecieron la introducción del budismo en Mongolia, esperando que el nuevo credo desactivase la ancestral mentalidad guerrera de los mongoles y ello a su vez descongestionase la presión sobre la franja de la Gran Muralla; de hecho, el Loto Blanco era una sociedad budista. El proceso culminaría siglos después, en 1568, cuando Altan Khan concedió al cabeza del linaje tibetano, Gelug, el título de "Dalai Lama".

Pero si la peste negra, las razzias de Tamerlán y el desmoronamiento del Khanato habían truncado las comunicaciones entre Oriente y Occidente, un nuevo acontecimiento, a primera vista desafortunado, provocaría el restablecimiento de las mismas: la caída de Constantinopla en manos de los turcos en 1453 cerró la "ruta varega" y bloqueó la salida marítima natural de las estepas, a la vez que muchos inmigrantes griegos emigraron escalonadamente desde Constantinopla a través del Mar Negro hacia Ucrania y finalmente Moscú. Europa quedó convertida en una isla, rodeada al Oeste por el Atlántico, al sur por el Mediterráneo, al Sureste por el Imperio Otomano y al Este por la Horda Dorada y otros khanatos. En esta tesitura, los únicos Estados capaces de romper la insularidad de Europa y reunirla por tierra con el Gran Oriente eran los principados rusos. De modo que la catástrofe de 1453 obligó a los pueblos rusos a echarse al Este, hacia la conquista de los dominios tártaros, del mismo modo que forzó a los pueblos de Occidente a echarse al Atlántico a la conquista del nuevo mundo. Ambos movimientos europeos, oriental y occidental, tenían en un principio un objetivo parecido: volver a conectarse con Estasia. Sin embargo, mientras que el empuje occidental de Europa acentuaría su insularidad y carácter marítimo, el empuje oriental acabaría enfatizando su carácter terrestre.


Antiguo Régimen: cosacos y zares

Esta diferencia entre la Europa marítima y la Europa continental, que contrasta las meteóricas conquistas marinas con los penosos avances terrestres, quedó establecida en el año clave de 1571: mientras la Europa mediterránea (España, Venecia) derrotaba a los turcos en Lepanto y la Europa atlántica (Portugal) fundaba Nagasaki en Japón, en la telúrica Europa del Este, la mismísima Moscú es saqueada por los tártaros una vez más. Sin embargo, los vientos estaban a punto de cambiar en el Este, y lo harían a través de la única punta de lanza que podía romper la insularidad del mundo europeo: los cosacos.

Los cosacos eran una confederación de hombres y mujeres libres, ya nobles pobres comparables a los hidalgos de España o campesinos escapados de la servidumbre feudal en Rutenia, Galitsia y Europa del Este en general a partir del Siglo XIII. Estas sociedades con una fuerte pasión por la libertad cuajaron en el actual suroeste de Ucrania, allá donde coincidían las turbulentas fronteras de la Mancomunidad Polaco-Lituana, el Imperio Ruso, el Imperio Otomano y los khanatos tártaros. Ninguno de estos poderes podía controlar a los cosacos, que hacían de la independencia su bandera y que llevaron al cabo razzias en todas las direcciones, causando cruces de misivas oficiales en las que el zar ruso, el sultán otomano, el gran duque polaco o el khan tártaro de turno, pedían a su homónimo que controlase a "sus" cosacos. La respuesta solía ser que los cosacos no eran propiamente "suyos" y que no respondían ante ninguna otra autoridad salvo la emanada de ellos mismos. "Los cosacos no me juran lealtad y viven como les place a ellos mismos", le escribía el sultán a un impaciente gran duque Vasily III de Rusia en 1539. "Los cosacos del Don no son de mi incumbencia y van a la guerra o viven en paz sin mi conocimiento", replicaba diez años después Iván el Terrible al sultán.

El modo de vida cosaco representa la definitiva adaptación de los eslavos, originalmente un pueblo de bosque cerrado, al mundo de la estepa, por aquel entonces dominado por pueblos túrquico-mongoles de religión musulmana, llamados "tártaros" en Occidente. Los cosacos, a pesar de su naturaleza independiente, fiera, libre y guerrera, tenían claro que eran europeos y cristianos, y por tanto enemigos, ante todo, de poderes extranjeros como los representados por el sultán y los khanes. Un cosaco debía casarse con una cosaca o raptar una eslava de un pueblo vecino; le estaba prohibido el matrimonio con turcas, tártaras, mongolas, judías o gitanas. Para el Siglo XVII, los príncipes rusos probablemente ya se habían dado cuenta del potencial de los cosacos como punta de lanza europea ante las profundidades de Asia. Por su papel clave en la conquista de Siberia, prestar un mínimo de atención a los cosacos es esencial si pretendemos entender la historia del Heartland.

El primer zar ruso, Iván el Terrible, derrotó el khanato de Kazán en 1552, llegando al Caspio (y por tanto cerrando un definitivo muro protector en torno a Europa del Este) y librándose así del último obstáculo entre las Rusias y Siberia. En 1582, una partida de 840 hombres, liderados por el atamán cosaco Yermak Timofeyevich y financiados por la familia Stroganov, derrotaron a Kuchum Khan y conquistaron el khanato de Sibir. La familia Stroganov descendía de campesinos pomor —colonos de la región subártica de Rusia, a orillas del Mar Blanco, que prolongaban el recorrido de la Ruta Hanseática— y habían medrado como comerciantes de pieles, que en Rusia tenían la misma importancia que el comercio de lana y paños en Europa Occidental, o el comercio de la seda para el Imperio Romano. La intención económica detrás de este suceso era abrir Siberia a los cazadores rusos, controlar la "ruta de las pieles" y acceder al vasto potencial de la región, que siglos después dejará de consistir en pieles y pasará a ser cuestión de petróleo, gas natural, carbón, hierro, cobre, oro, grafito, aluminio, níquel y toda una gama de otros minerales, además de la madera y el potencial hidroeléctrico de los poderosos ríos siberianos. Yermak se convirtió en héroe folklórico ruso, una especie de versión eslava de Hernán Cortés o Pizarro, y se dio el pistoletazo de salida de un masivo flujo europeo que, ya armado con las armas de fuego de la Edad Moderna, barrería a los tártaros y acabaría conquistando toda Siberia. Los cosacos consiguieron lo que jamás había conseguido ninguna superpotencia europea: someter el Heartland. Estableciendo redes de stanitsas (fortines) y colonias protegidas, y empleando con maestría el arte de la equitación para dominar las distancias, los cosacos aniquilaron los khanatos locales, alzaron la cruz sobre la estrella y la media luna y, emulando a los antiguos escitas, godos y vikingos, prepararon la interminable estepa eurasiática para una nueva Drang nach Osten ("empuje hacia el Este") de pueblos indoeuropeos, en la misma época en la que las Américas eran conquistadas por los indoeuropeos del Oeste.
                                                           
Click para agrandar. Cuadro de Vasily Surikov. Año 1582: mientras los europeos de Occidente, de herencia céltica, romana y germana, conquistan las Américas, otros europeos, de herencia eslava, griega y vikinga, conquistan Asia. Los cosacos, que comenzaron pareciéndose a los conquistadores españoles de América, a los bóers sudafricanos o a los vaqueros del Oeste norteamericano, acabaron siendo para el Imperio Ruso lo que los casacas rojas fueron al Imperio Británico, y lo que fue California para el empuje occidental de la humanidad europea, lo será Siberia para el empuje oriental.

El Siglo XVII vería una nueva penetración europea hacia el Heartland, esta vez marítima y a través de India: la de los jesuitas. Tanto el italiano Mateo Ricci como el portugués Antonio de Andrade llevaron a cabo exitosas implantaciones de cultura europea en suelo chino. Gracias a sus conocimientos científicos, Ricci consiguió infiltrarse en la corte imperial Ming y en la mismísima Ciudad Prohibida, consiguiendo importantes conversiones a la fe católica, mientras que Andrade viajó desde la ciudad hindú de Agra hasta la tibetana de Tsaparang con el objetivo de encontrar restos de sectas nestorianas y recabar información sobre Asia Central o la "Gran Tartaria". El hielo quedó roto: el extremo Occidente se encontraba con el extremo Oriente.
                                      
En 1648, mientras la Guerra de los Treinta Años finalizaba en Europa Occidental, el cosaco Dezhnev llegaba a los confines de Eurasia, allá donde Siberia se enfrenta a Alaska. Hoy, el estrecho marítimo que separa Asia de América se llama Estrecho de Bering —en honor de un hombre que lo "descubrió" 80 años más tarde—, cuando realmente, debería llamarse Estrecho de Dezhnev. El mismo año se desató en lo que hoy es Ucrania una rebelión cosaca contra la Mancomunidad Polaco-Lituana, el levantamiento de Khmelnytsky (o de Chmielnicki). Rusia escogió luchar al lado de los cosacos, emergiendo de esta guerra con importantes ganancias territoriales en Europa del Este y con una colaboración aun más estrecha con los cosacos. En adelante, ninguno de los principales rivales de Rusia en Europa del Este (Suecia y la MPL) iban ya a poder invadir el Heartland. En 1649, tras haber arremetido violentamente contra los judíos de la actual Ucrania, los cosacos instauraron la República de Zaporozhia. En 1670 se instauró la República de Astrakán, plaza conquistada a los tártaros. A la vez, el Mar Negro se llenó de piratas cosacos que causaban gran estorbo al Imperio Otomano, llegando a saquear plazas costeras muy cercanas a Estambul. A pesar de las amenazas del Sultán, los cosacos de Ucrania, futuros conquistadores del Heartland, siguieron mostrándose hostiles al poder turco.

Cuando el zar Pedro I el Grande ascendió al trono en Rusia en 1672, el país era ya el más grande del mundo gracias a la reconquista de Kiev, a la "pacificación" de las tribus siberianas y a la llegada de la colonización rusa a las orillas del Pacífico. En 1709, la población rusa de Siberia llegaba a 230 mil. Pedro el Grande estaba decidido a modernizar el país para afirmar su europeidad y se encontró por primera vez con una fuerte influencia económica y comercial procedente de Europa Occidental: la de los judíos. A su muerte en 1725, su viuda, Catalina I, decidió expulsar del Imperio Ruso a "todos los judíos de sexo masculino y femenino que se hallen en las ciudades rusas y ucranianas… De hoy en adelante no serán admitidos en Rusia bajo ningún pretexto y se les observará de cerca en todos los lugares". El carácter telurocrático de Rusia, tan propicio al fortalecimiento del Estado, parecía no llevarse bien con los poderes comerciales, internacionales y supra-estatales del Mercado, ni tampoco con estados dentro del Estado o redes paraestatales que velaban por sus propios intereses aunque estuviesen en contra de los intereses del organismo anfitrión. Los judíos llevaban muchos siglos disfrutando de un estatus privilegiado en el Imperio Otomano y, cordialmente odiados por el campesinado ruso y ucraniano, así como por los cosacos, iban a encontrar en el Imperio Ruso un dominio impenetrable a sus intrigas económicas, sociales y políticas. Entretanto, en el Indostán, en 1739, un ejército turco-afgano liderado por el persa Nadir Afshar saquea la mismísima Delhi, capital del Gran Mogol.

Entre 1756 y 1763, la Guerra de los Siete Años —una guerra mundial en toda regla— vería la lucha entre Inglaterra y Francia en Norteamérica, y Prusia y Rusia en Europa del Este. Aunque Prusia emergerá como una gran potencia, la mismísima Berlín sería brevemente ocupada por las tropas del Zar en 1760. En 1762, Catalina II la Grande fue coronada zarina en Moscú. Catalina dio más poder a los nobles, pero a cambio tuvo que lidiar en 1773 con furiosas revueltas campesinas y cosacas, especialmente en Ucrania, contra las políticas que los reducían a la servidumbre. Catalina, ella misma de origen alemán, invitó a los europeos (excepto judíos) a emigrar a Rusia para poblarla y solidificarla como país. Tal es el origen de los alemanes del Volga. Todas las expansiones territoriales rusas del Siglo XVIII en buena parte se deben al descubrimiento de grandes yacimientos de mineral de hierro en los bosques de los Urales, con el que se fabricaron cañones y mosquetones.

Tras la primera guerra ruso-turca, Rusia se había anexionado las estepas del sur de Ucrania, ese territorio tan maltratado por la Historia y que, tras siglos de opresión turca, tráfico de esclavos y trata de blancas (llamada "la cosecha de la estepa", con importante participación de judíos del Imperio Otomano en los mercados de esclavos de Crimea), volvía definitivamente al mundo eslavo. Un español, el almirante José de Ribas, fundó la estratégica ciudad de Odessa en el emplazamiento de una antigua colonia griega. En 1783, la no menos estratégica isla de Crimea, el último vestigio del khanato tártaro, fue anexionado por Rusia.

Nuevos y extraños vientos soplaban desde el Oeste. En 1789, la violencia extrema de la Revolución Francesa —incubada durante décadas por logias masónicas e iluministas de origen inglés y judío, por ende de carácter fuertemente comercial, internacional y marítimo— hizo que Catalina se asquease ante las ideas ilustradas que antes había apoyado. Mientras la Ilustración en Francia emancipó a los judíos, en 1791, Catalina expulsó a los judíos rusos a un área llamada Zona de Residencia, que constaba de territorios tradicionalmente muy judaizados, incluyendo zonas posteriormente arrebatadas a la Mancomunidad Polaco-Lituana y el Imperio Otomano. Se cree que la Zona de Residencia llegaría a albergar un total de 5 millones de judíos, que se segregaban de los no-judíos, especialmente en las ciudades, donde se formaron herméticos guetos y extrañas sectas fundamentalistas como los hassidim o judíos chasídicos, que durante muchas generaciones alimentaron un enorme resentimiento contra los pueblos eslavos que tanta resistencia oponían al avance de sus instituciones financieras y comerciales.

El origen de los judíos de Europa del Este se encontraba en buena medida en los antiguos jázaros y en las incesantes expulsiones de la mayoría de Estados europeos organizados. Poco a poco, los judíos aumentaron su presencia en el amplio istmo que, entre el Báltico y el Mar Negro, conecta Rusia con el resto de Europa. Esta franja fuertemente judaizada tendía por tanto a separar Europa del Heartland eurasiático. 

Densidad de judíos en la Zona de Asentamiento. El origen de las persecuciones y matanzas en guetos judíos a manos de la SS, la SD, los Einsatzgruppen y la policía militarizada alemanas durante la Segunda Guerra Mundial (siendo estas matanzas, no las supuestas ejecuciones en cámaras de gas, el verdadero holocausto judío), debe ser buscado en la creación de la Zona de Asentamiento, decretada por Catalina la Grande en 1791. Los judíos tenían prohibida la entrada en el resto del territorio del Imperio Ruso. Nótese de nuevo cómo esta zona tiende a formar un muro que, como el Imperio Otomano al sur, aísla a Europa del resto de Eurasia. En la actual Lituania, una estrecha franja libre de judíos, correspondiente a dominios prusianos y de la Orden Teutónica, mantiene la conexión con Eurasia.

A comienzos del Siglo XIX, a Rusia le tocó ser invadida por un nuevo reflujo occidental: el de Napoleón y la República francesa. En la Batalla de Borodino (1812), los rusos aniquilaron a un tercio del ejército francés, pero los franceses se hicieron con el control del terreno. Después de eso, los rusos decidieron abrir filas y dejar que los franceses se internasen más y más en el vasto país. Siguiendo la vieja estrategia de tierra quemada, la población abandonó sus hogares, se llevó sus pertenencias, arrasó los campos de cultivo y se dirigió hacia el Este, dejándole pista libre a Napoleón, que llegó a Moscú encontrándosela vacía e incendiada. Los rusos sabían lo que hacían, ya que el ejército de Napoleón carecía de un servicio logístico propiamente dicho: como los ejércitos del pasado, sus hombres vivían de lo que sustraían del terreno ocupado. Eso les había funcionado bien en las zonas europeas densamente pobladas y cultivadas, pero en las inmensas llanuras de Rusia, cultivadas y pobladas de forma dispersa, supuso su perdición: los hombres y caballos franceses empezaron a morir de hambre y de enfermedades contraídas por ingestión de alimentos podridos o agua procedente de charcos o pozos envenenados.



Napoleón, cuyo objetivo era rodear a los ingleses y atacar sus posesiones en India —sus anteriores campañas en Egipto y Siria habían tenido la misma intención— penetró por tanto en el Heartland, pero el repliegue estratégico de los rusos, más el "General Invierno", obligaron a los franceses a retirarse, siendo hostigados sin piedad en su retirada por unidades rusas tanto regulares como irregulares, a las órdenes del mariscal de campo Kutuzov. Fue con motivo de esta contienda que Napoleón dijo de los cosacos que "tienen las mejores tropas ligeras de todas las que existen. Si los hubiese tenido en mi Ejército, hubiese podido atravesar el mundo entero con ellos". Napoleón había entrado en Rusia con más de 600 mil hombres; gracias en buena parte a los cosacos, se retiró catastróficamente con sólo 11 mil. Al término de las guerras napoleónicas, los cosacos habían entrado en París, donde su exótica imagen acabó asociada en la cultura popular con el pueblo ruso entero.

Este mapa resume la historia de las huestes cosacas, que las llevó desde ser una volátil confederación de hombres y mujeres libres en el convulso y azotado oeste de Ucrania a ser las tropas de élite preferidas del Zar en los confines del Imperio Ruso. Como fichas de algún juego de estrategia, las huestes cosacas se desplegaron en torno al Cáucaso, Asia Central, Mongolia y Manchuria. Los cosacos del Don y del Kubán fueron los más conocidos en Europa Occidental.

En la Guerra de Crimea de 1853-1856, si una cosa estaba clara, era que el derrumbamiento del Imperio Otomano era cuestión de tiempo y que pronto se iniciaría la rapiña por diversos territorios del moribundo Estado. Cuando los rusos amenazaban con reconquistar Constantinopla y conectarla con Grecia, así como dominar la desembocadura del Danubio y hacer "cosas raras" en regiones otomanas como Besarabia, Moldavia, Valaquia y Armenia, los franceses y los ingleses fueron a la guerra contra Rusia y, guiñándole un ojo al Imperio Otomano, ocultaban su ansia por adquirir influencia en sus dominios.

Alejandro II fue un Zar atípico, que esperaba luchar contra las corrientes subversivas en el seno de su Imperio a base de relajar la represión estatal. En 1861 abolió la servidumbre, en buena parte quizás esperando que la oleada de campesinos "emancipados" poblase los barrios proletarios de las ciudades y sirviese de carne de cañón para la aun balbuceante industria rusa. También relajó el tradicional antisemitismo de Estado, haciendo que los judíos comenzasen a filtrarse desde la Zona de Residencia hacia el Este, inmigrando en gran número especialmente a San Petersburgo, Moscú y Odessa, acaparando rápidamente puestos en la banca, en la industria, en el comercio y en el derecho. Este flujo étnico coincidió con la aparición de extrañas corrientes ideológicas en el seno del organismo nacional ruso, como el nihilismo y diversos socialismos revolucionarios. La súbita intromisión judía en la vida social y cultural eslava provocó una no menos súbita reacción antisemita por parte del pueblo. Comenzaron a publicarse periódicos antisemitas (como el "Novoye Vremya") y una ola de nacionalismo paneslavista y "teorías de la conspiración" colocó a los judíos bajo la lupa, acusándoles de formar un estado dentro del Estado, de apoyar grupos revolucionarios y de conspirar para derrocar al Zar y hacerse con el poder. En 1866, los revolucionarios atentaron contra la vida del Zar sin éxito, pero no se puso en marcha ningún programa de represión. Aun así, en 1871, mientras el Imperio Alemán se unificaba bajo la batuta de Prusia, Rusia era la única nación europea que no había "emancipado" a sus judíos poniéndoles en pie de igualdad con el resto de súbditos nacionales. En 1880, tras otro intento de magnicidio contra el Zar y varios atentados con bomba y armas de fuego, se creó la Okhrana, un servicio de inteligencia interno que no pudo evitar el asesinato del Zar (octava tentativa) al año siguiente.

Los tiempos de su sucesor, Alejandro III, fueron diferentes. El magnicidio causó pogromos (palabra de origen ruso) antisemitas en 166 ciudades rusas, especialmente en la Zona de Asentamiento, recrudeciéndose hasta 1884. En 1882, el nuevo Zar, un hombre de gesto determinado e inflexible que había tenido que ver cómo su padre se desangraba después de que una bomba le amputase ambas piernas, promovió las famosas Leyes de Mayo, que confinaban de nuevo a los judíos a la Zona de Residencia en las provincias occidentales del Imperio y les prohibía acceder a una serie de oficios de importancia. En 1886, se decretó un edicto oficial de expulsión de los judíos de Kiev, y en 1892, fueron expulsados formalmente de Moscú. Si en un pasado hubo un claro conflicto "Roma vs. Judea", aquí podemos hablar de un "Rusia vs. Judea", en realidad la forma moderna de la pugna metafísica entre la espiritualidad griega y la espiritualidad semita. Alejandro III era un paneslavista convencido que creía firmemente que, para salvarse, Rusia debía cerrarse ante las influencias subversivas y decadentes procedentes del Oeste, a la vez que estrechaba tentáculos hacia los Balcanes y otros lugares. Influido por su tutor, rechazó nociones occidentales como la democracia, la libertad de prensa y de expresión, las constituciones, las elecciones y los parlamentos, y ejecutó un programa de rusificación del Imperio a través de colonos rusos y afirmación de la cultura rusa. Poco a poco, cientos de miles de judíos emigraron de Rusia con destino a Europa y, especialmente, hacia Estados Unidos. Allí, con el apoyo de influyentes correligionarios suyos en el mundo de las finanzas, el comercio y la industria, fueron fermentando redes subversivas antirrusas, tal y como habían hecho los sefardíes en Holanda e Inglaterra después de 1492, contra España. Rusia se convirtió, con diferencia, en la nación más odiada por la judería en el mundo: los judíos tenían prácticamente vedado el acceso al Heartland.


El mapa de los pogromos en el Imperio Ruso. Amarillo: Zona de Asentamiento, reinstaurada en 1882.

El verdadero beneficiario de las guerras napoleónicas, de la Guerra de Crimea y de las agitaciones en Rusia había sido el Imperio Británico, que se había aprovechado siempre del enfrentamiento entre sus rivales continentales y que pudo seguir profundizando en su dominio del Indostán, compitiendo literalmente contra el Imperio Ruso por el dominio de Asia Central, en una carrera contrarreloj llamada "el Gran Juego" en Gran Bretaña y "Torneo de las Sombras" en Rusia. Gran Bretaña pretendía evitar así que los rusos lograsen por tierra lo que el resto de europeos estaban logrando por mar: establecer una presencia en el este de China. Mientras los ingleses pactaban y guerreaban en India, los rusos arrollaban toda Asia Central. Entre 1857 y 1882 se construyeron casi 25.000 km de vías férreas, que unieron a Moscú con Prusia al Oeste, Nizhny Novgorod al Este y Crimea al Sur. Entre 1879 y 1886, los ingenieros rusos construyeron una vía férrea desde Krasnovodsk (costa este del Caspio) hasta Merv (en la actual Turkmenistán, enfrente de Afganistán y Persia). En 1888, esta vía se extenderá en dirección Noreste, hacia Samarcanda (con un nuevo tramo corto desde Merv hasta la frontera afgana). En 1891 los rusos inauguraron su primer eje de transporte eurasiático completo: el Transiberiano. Para 1904, el Imperio Ruso podía presumir de una red de ferrocarriles que totalizaba 60.000 km de vías.

El ferrocarril Transiberiano conectaba la capital rusa con el Mar de Japón y se estaban construyendo importantes ramificaciones hacia Afganistán, Mongolia, China y el Báltico. Lo que preocupaba a Londres era que si Europa del Este se estabilizaba, el Zar prolongaría el Transiberiano hacia Berlín, Viena, Ámsterdam, París, Roma y los Balcanes, proporcionando línea directa desde el Atlántico, el Mar del Norte y el Mediterráneo hasta el Mar de Japón y el Pacífico: una ruta mucho más rápida, eficaz y estable que la marítima británica de Gibraltar-Suez-Mandeb-Singapur. Hablando en plata, si el Transiberiano se hubiese consolidado en el Oeste con participación alemana y autro-húngara, la enorme flota militar y comercial de Gran Bretaña se habría tenido que transformar en una flota de cruceros para marinos jubilados y marineros licenciados.

Todas estas maniobras rusas, en una macroregión inasequible para el poder marítimo, inquietaban seriamente a Londres, ya que el fin lógico de este movimiento masivo era acabar inundando el Indostán, la "joya de la corona", como habían hecho los indo-arios 35 siglos atrás. Para 1895, los dominios británicos y rusos habían llegado hasta los valles de Chitral (actual Pakistán) y Pamir (actual Tayikistán) respectivamente: ahora sólo un valle afgano, el corredor de Wakhan, separa a la talasocracia de la telurocracia.

Afganistán y Tíbet fueron lo más cerca que llegó el Imperio Británico al Heartland, mientras a la vez intentaba evitar desesperadamente que la influencia rusa llegase al Índico, especialmente en Baluchistán. Mackinder consideraba que la frontera noroeste de los dominios británicos en India (es decir, la actual frontera AFPAK, donde un lord inglés sugirió en 2012 arrojar una bomba de neutrones) era la más peligrosa de todo el Imperio. Entre los valles de Pamir y Chitral, el corredor de Wakhan evitó por un estrecho margen que el Imperio Ruso y el Imperio Británico compartiesen fronteras. Si hubiesen llegado a coincidir las fronteras de Persia, China, Rusia y la India británica, se habría desencadenado un conflicto armado en Asia Central. Tanto los rusos como los ingleses decidieron dejar en paz Afganistán como tierra de nadie para amortiguar los conflictos de intereses entre ambas superpotencias. No se nos escapa que muchas de las plazas situadas en el área de expansión rusa (Samarcanda, Bujara, Merv) eran importantes nodos de la antigua Ruta de la Seda. Los británicos estaban más bien volcados en el dominio de la Ruta de las Especias. La confluencia de conquistas rusas y británicas se inmortalizó en 1889 cuando el capitán inglés Francis Younghusband y el capitán ruso Bronislav Grombchevski coincidieron en el norte de Pakistán y compartieron brandy y vodka durante un encuentro. En esta época, los principales espías eran los topógrafos: más allá del paso de Khyber y de Cachemira se aventuraban los agentes británicos, disfrazados de monjes budistas, escondiendo celosamente sus mapas.

Más al Noreste, el movimiento ruso tampoco se detenía en su imparable marcha hacia las fronteras chinas. Las partes altas de los ríos Irtysh y Bukhtarma pertenecían en un principio a la China de la dinastía Qing, pero antes de que fueran cedidas a Rusia mediante tratados, los rusos ya las habían rusificado de facto con los asentamientos y la colonización. Estos colonos debían ser de un espíritu emprendedor, una determinación y una calidad biológica particularmente destacados. El explorador y arqueólogo Nikolai Yadrintsev escribió que los habitantes rusos del Altai-Sayan (más o menos donde coinciden las fronteras modernas de Rusia, Kazajistán, China y Mongolia) eran "grandes y robustos, con constitución atlética. Un cazador que vive cerca del río Bukhtarma es famoso por su parecido a un bogatyr". En otro lugar escribe "Las personas en estas comunidades eran notables por sus físicos altos y fuertes, su salud robusta y fuerza excepcional. En la región de Altai vimos a una mujer joven con hombros de una arshin [70 cm] de anchura, que podía levantar doce poods [200 kg]". Estas constituciones físicas señalan un pueblo vigoroso y echado para adelante tanto en lo físico como en lo mental —en parte debido a las exigencias de su terreno y clima, y en parte debido a una alimentación privilegiada con gran proporción de carne de caza. Con semejante vanguardia humana, es fácil que un imperio erija fronteras y defienda sus intereses geopolíticos incluso en las regiones más aisladas e inhóspitas de sus dominios.

Es en esta época de conquistas asiáticas que está ambientada la novela de Julio Verne "Miguel Strogoff, el correo del Zar", un libro de gran interés por tratarse de un recorrido por buena parte del Imperio Ruso, desde Moscú hasta la capital siberiana Irkutsk, así como por su descripción de las gentes que lo pueblan. La novela, publicada en 1875, es una verdadera apología de la Rusia zarista y de la familia Romanov como representantes de la Civilización Occidental en plena barbarie asiática, encarnada en los tártaros, en el emir de Bujara y en los rusos renegados que traicionaban al Zar pasándose a las filas de Asia.

El inglés Rudyard Kipling también se hizo eco del "Gran Juego". En su relato "The man who was", describe la llegada del oficial cosaco Dirkovitch a la ciudad de Peshawar (actual Pakistán), que junto con el mortal paso montañoso de Khyber, separaba las posesiones de la India británica del inexpugnable Afganistán. Los desconcertados ingleses especulan de dónde diablos había salido aquel jinete: ¿Balkh? ¿Badakhsan? ¿Chitral? ¿Baluchistán? ¿Nepal? Un capitán de caballería ligera, mientras habla amistosamente con el ruso, calcula cuántos cosacos como él serían capaces de despachar sus hombres en una carga justa. Acogido por la guarnición británica, Dirkovitch se cuida muy bien de elogiar la organización y el aspecto del regimiento de húsares allí acantonado, hablando del futuro glorioso que esperaría a las armas combinadas de Inglaterra y Rusia "cuando sus corazones y territorios vayan de la mano y comience la gran misión de civilizar Asia".

En estos mapas falta la expansión rusa sobre Alaska. El territorio había sido objeto de expediciones rusas desde el Siglo XVII, y para la segunda mitad del Siglo XVIII, los rusos y los españoles ya habían iniciado una carrera para afirmar su dominio sobre el arco de la Norteamérica pacífica. En 1867, el Zar, reconociendo el carácter telúrico de su Imperio, decidió desembarazarse de Alaska, vendiéndola al Gobierno de los Estados Unidos.

Las conquistas rusas en el extremo oriente habían seguido avanzando. En 1860, la Armada rusa había fundado Vladivostok, en el Mar de Japón, y en 1871, la ciudad ya contaba con líneas telegráficas hasta Shanghai y Nagasaki. En 1903 Vladivostok se conectó con el transiberiano… y al año siguiente estallaba la guerra. Y es que cuando la influencia rusa penetró en Manchuria y Corea, amenazando con aislar a Japón de Eurasia, Tokio fue a la guerra, apoyado por el Imperio Británico y por los mismos banqueros que una década después financiarán la revolución bolchevique: Kuhn-Loeb y Jacob Schiff entre otros. La guerra ruso-japonesa, junto con la rebelión rusa de 1905, puso en evidencia que la plutocracia internacional estaba haciendo todo lo que podía para desestabilizar el régimen autocrático del Zar antes de que firmase tratados con el Imperio Alemán y Austria-Hungría para conectarlos con Estasia. Mackinder consideraba que Japón era, junto con Alemania, Rusia y China, un candidato razonable a "organizador del Heartland" y Manchuria era, naturalmente, el puente de Japón hacia la estepa eurasiática.

Para 1903, el Estado ruso parecía ya tener claro que los judíos, tanto en Rusia como en el extranjero, eran los principales promotores de los movimientos sociales desestabilizadores en el seno de su organismo nacional. Ese año vio la publicación de "Los protocolos de los Sabios de Sión", probablemente una creación de los servicios de Inteligencia del Zar, que estaban al tanto de las intrigas y de las ideas que circulaban en el seno de la judería y que pretendían presionar al Gobierno para llevar la represión estatal al siguiente nivel. Nicolas II, sucesor de Alejandro III, declaró directamente que "Los judíos son el alma del movimiento revolucionario en Europa, el cual se halla subvencionado, con gigantescos medios pecuniarios, por los grandes financieros hebreos". Nietzsche había reflexionado que

Los judíos cambian, cuando lo hacen, de la misma forma que el Imperio Ruso lleva al cabo sus conquistas como un imperio que dispone de tiempo y que no surgió ayer: es decir, con la mayor lentitud que pueden. Un pensador interesado por el futuro de Europa ha de contar, en todos los proyectos que elabore interiormente respecto a ese futuro, con los judíos, al igual que con los rusos, considerando que, hoy por hoy, son los factores que con mayor seguridad y probabilidad tomarían parte en el gran juego y en la gran lucha de fuerzas. 

Esta relación entre los judíos y Rusia iba a engendrar años después la Revolución Bolchevique y la Unión Soviética.


Conquistas rusas desde el Siglo XVI. Para finales del Siglo XIX, las principales zonas de expansión de Rusia eran Asia Central (especialmente Afganistán, donde entraba en conflicto con Gran Bretaña) y Manchuria (donde entraba en conflicto con Japón). Mongolia, Uiguristán, Mongolia Interior, Tíbet y el norte de Persia tenían fuerte influencia rusa. Los rusos aporreaban continuamente las puertas del Levante y de India, amenazando a los imperios coloniales francés y británico. No sin dificultades: todavía en 1916, en plena Primera Guerra Mundial y a las puertas de la revolución bolchevique, las autoridades rusas tuvieron que sofocar duramente una revuelta del movimiento musulmán centriasiático Basmachi, en Samarcanda y Semirechye.

La influencia oceánica y atlantista se deja notar mucho en Europa Occidental, entre otras cosas, por la importancia que la historiografía concede a las operaciones militares en el Oeste, cuando las más importantes y determinantes fueron siempre las del Este. Tal es el caso de la Segunda Guerra Mundial, con incontables películas sobre la "resistencia francesa" y los desembarcos de Normandía, pero pocas sobre el Frente del Este. La Primera Guerra Mundial tampoco es una excepción: a pesar de la importancia del frente oriental, nuestra historiografía resume la Primera Guerra Mundial con la guerra de trincheras en Bélgica y Francia, cuando los movimientos en Europa del Este fueron el verdadero plato fuerte de la guerra. La Guerra Mundial fue, ante todo, una lucha de la internacional oceánica contra dos proyectos terrestres: el Transiberiano y el ferrocarril Berlín-Bagdad. La diplomacia inglesa triunfó de nuevo enfrentando a sus rivales continentales y, mientras conspiraba contra Alemania en el Oeste, la apoyaba en el Este, especialmente en sus tentativas de desestabilizar el Imperio Ruso a base de apoyar a los bolcheviques: fue Alemania quien mandó Lenin —un líder bolchevique con sangre tártara y judía— a Rusia para provocar en 1917 la Revolución Bolchevique, gracias a la cual Alemania y Austria-Hungría obtenían inmensos territorios en Europa del Este. Alemania perdería todos estos territorios al año siguiente, cuando de forma inaudita, estando la Reichswehr a punto de tomar París, estalló un levantamiento que hizo que Alemania firmase el armisticio.

Tras la Primera Guerra Mundial, Europa del Este emergió arruinada y mucho más balcanizada. Los grandes imperios tradicionales, centrales y continentales (el Imperio Ruso, el Imperio Alemán, el austro-húngaro y el otomano) habían sido desmantelados y la influencia del Imperio Británico, Francia y Estados Unidos se había afianzado sobre Europa Occidental. Era el fin definitivo del Antiguo Régimen. Como entre Alemania y Rusia no hay barreras naturales importantes, varios Estados artificiales se levantaron en Europa del Este como muro de contención para evitar la aparición de una sola continuidad territorial. Mackinder fue uno de los defensores de la creación de un "cordón sanitario" en Europa del Este para evitar que una potencia europea organizase los recursos del Heartland para constituir un vasto imperio continental.


Los socialismos telúricos

La Revolución Bolchevique fue una suerte de prolongación del cordón sanitario de Europa del Este. En Moscú se instauró un régimen genocida (llamado por Mackinder "reino zarista jacobino") que perfeccionó el terrorismo de Estado a niveles nunca vistos y que, con la ayuda de bancos neoyorkinos, londinenses, parisienses y suecos [8], se puso a exterminar con esmero a la familia Romanov, a los lealistas zaristas del Ejército Blanco, a los aristócratas, a los terratenientes, a los anarquistas ucranianos, a los cosacos y a los campesinos que se resistían a ser saqueados por un Politburó formado en su mayor parte por judíos que parecían estar llevando al cabo una venganza talmúdica contra el mundo eslavo, recreando las antiguas limpiezas étnicas anti-griegas de la época de las revueltas judías y la instauración del cristianismo en el Imperio Romano.

Con una Unión Soviética hostil a Occidente, la constitución de un eje eurasiático no era posible. Sólo el capital estadounidense parecía ofrecer refugio a la expansión del bolchevismo, que guarda muchas similitudes con el actual patrocinio de Al-Qaeda y el yihadismo internacional por parte de las mismas potencias que supuestamente la combaten.

Click para agrandar. Esta caricatura, procedente del ámbito lealista zarista y del Ejército Blanco, representa a León Trotsky, el organizador del Ejército Rojo, como un diablo que ha traido chinos al país para matar rusos.

La principal resistencia al bolchevismo en Asia Central vino de la mano de Ungern Khan, un general zarista que luchó para liberar Mongolia de chinos y comunistas y que, trabando contacto con las autoridades religiosas budistas y musulmanas, pretendió formar un frente tradicional para luchar contra el mundo subversivo y antitético surgido tras la revolución francesa y revitalizado con la revolución bolchevique de 1917. Con apoyo japonés, Ungern logró algunas victorias, como la toma de Urga, la capital mongola, pero traicionado por algunos de sus allegados, fue ejecutado por orden de Lenin en 1921.

Cuando los bolcheviques se hicieron con el control de Rusia, los emporios petroleros de Estados Unidos se apresuraron a asegurar fuentes de combustible que antes les estaban vedadas. Así mientras los criminales de la CHEKA, la GPU, la OGPU y la NKVD torturaban y esclavizaban a los pueblos del Este y el Partido Comunista se enriquecía vendiendo grano al extranjero a la vez que los campesinos del Volga y de Ucrania morían de hambre por millones sin que la "Comunidad Internacional" moviese un dedo, la compañía Standard Oil (alma mater de las posteriores Exxon-Esso, Texaco-Chevvron, ConocoPhillips, Amoco, Marathon, etc.) de John D. Rockefeller, Jr. mantuvo importantes explotaciones petrolíferas en el Caspio. Vacuum Oil (posteriormente Mobil) firmaría un contrato con el sindicato soviético Naphta y le donaría 75 millones de dólares a la URSS. La Anglo-Persian Oil Company (actual British Petroleum, BP) incluso se las ingenió para suministrarle crudo pérsico a la URSS a través de Irán. Por primera vez en la historia, las potencias oceánicas tenían un pie en el Heartland. Gracias a estos movimientos, a la Unión Soviética —a diferencia de Alemania, que tuvo que encontrar maneras de sintetizar petróleo artificialmente— nunca le faltaría crudo durante la Segunda Guerra Mundial, durante la cual además recibiría ayudas masivas por parte de Estados Unidos: 15.000 aviones de combate, 7.200 carros  blindados, 500.000 camiones jeep y tractores, 100 barcos de transporte, 12 millones de pares de botas, el 56% del combustible para aviones, miles de toneladas de explosivos, comida, material de transmisiones, miles de kilómetros de cable telefónico, el 74% de los neumáticos, el 80% del cobre, raíles de tren, locomotoras, vagones y toda clase de mercancías, víveres y municiones. Estados Unidos llegó a transportar fábricas enteras a la URSS, y en cuanto a los vehículos, el Ejército Rojo se limitaba a recibirlos y pintar de rojo la blanca estrella yanqui. El Imperio Británico no se quedó demasiado atrás en sus ayudas pro-soviéticas, con sus 6.500 aviones, 5.000 carros blindados, 4.000 piezas de artillería y materias primas por valor de 45 millones de libras esterlinas de la época. Esta insólita alianza comercial y económica para quitarse del medio a un protagonista regional que se había salido del guión, rara vez es rescatada por la historiografía oficial [9].

El enfrentamiento III Reich vs. URSS tenía muchos ingredientes propios de los antiguos enfrentamientos de la cruz contra la estrella y la media luna.

El ascenso al poder del NSDAP en Alemania fue una reacción directa del organismo nacional alemán contra la pinza capitalista-comunista que la estaba aplastando, así como contra las inauditamente duras medidas del Tratado de Versalles y la idea, generalizada en Alemania y Austria desde el Siglo XIX, de que los judíos tenían mucho más poder e influencia que les correspondía y de que además usaban ese poder para degradar y corromper a los pueblos que les acogían, siempre con fines de dominación. El cambio político en Alemania no hubiese sido posible sin el apoyo de varios grupos económicos y conglomerados de intereses, generalmente correspondientes al ámbito industrial-nacional y productivo (acuden a la memoria nombres como Krupp, Flick, Bosch, Siemens, Junkers, Rheinmetall-Borsig y otros). El NSDAP conquistó mentalmente a las clases obreras y campesinas del país y  la Gestapo aniquiló las estructuras de poder de la Masonería en Alemania y Austria —continuando en cierto modo los asesinatos selectivos que los miembros de la Sociedad de Thule habían llevado al cabo en los convulsos años que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Alemania abolió el patrón-oro, el interés del dinero y la especulación, instauró el patrón-trabajo, entró en los mercados de Europa del Este y Sudamérica con el comercio de trueque, se negó a aceptar empréstitos de instituciones financieras internacionales, alcanzó el pleno empleo y su economía y ciencia despegaron de un modo pasmoso. Toda la sociedad alemana pasó a estar firmemente regimentada e integrada en diversas organizaciones políticas que buscaban vertebrar al pueblo alemán para convertirlo en una falange perfecta y étnicamente coherente: lo opuesto a la balcanización social promovida en nuestros días por la globalización. En el Este, los judíos habían conseguido acceder a Rusia, pero de repente, en su retaguardia, Alemania se revolvía contra ellos, colocándolos bajo la lupa, acabando con su influencia y promoviendo su emigración. Además, varias medidas de carácter racial y eugenésico buscaban mejorar poco a poco la raza del pueblo alemán para incrementar su manpower o capital humano, oponiéndose directamente tanto a las antiguas ideas cristianas como a las nuevas ideas demócratas igualitarias.

Pero a pesar de cosechar muchos éxitos, la Alemania nazi tenía también problemas. El más importante era el del espacio vital o Lebensraum. Matando mucho y bien, el Reino Unido había conquistado un vasto imperio, del que obtenía mano de obra y toda clase de materias primas, especialmente del Indostán. Otro tanto podría decirse de Francia en buena parte de África subsahariana, o de Estados Unidos (que había confinado a los indígenas a reservas) y de Rusia. Incluso países ridículamente pequeños en comparación con Alemania, como Holanda (que poseía grandes territorios en Indonesia y Sudamérica), Bélgica (que dominaba la mayor parte de la cuenca del Congo), Portugal (que seguía controlando Angola y Mozambique, amén de enclaves en India, China e Indonesia) y hasta Dinamarca (en Groenlandia) tenían enormes patios traseros. En cambio Alemania, con sus 80 millones de habitantes, carecía de tal espacio vital desde que en 1919 le arrebataron sus posesiones africanas y todo el territorio que había conquistado en el frente oriental. Estos intentos de los aliados por cortar el acceso de Alemania a fuentes de materias primas estaban claramente diseñados para provocar el estallido de Alemania y por tanto otro sanguinario conflicto en la Europa continental.

El otro problema de Alemania era la masificación de tropas soviéticas en sus fronteras, cuyo objetivo era lanzar una megaofensiva para conquistar toda Europa. Para anticiparse a este ataque, Alemania necesitaba un corredor para transportar efectivos militares hacia la frontera con la URSS. Prusia Oriental ("principalmente de habla alemana y sentimiento Junker") cumplía esta función, pero al estar separada del resto del territorio alemán por Danzig, se precisaba algún tipo de eje para conectarla. Polonia, presionada ferozmente desde Londres y París, se opuso vehementemente a cualquier proyecto que tendiese a romper el cordón sanitario del que formaba parte. El conflicto fronterizo germano-polaco se convirtió en la Segunda Guerra Mundial en el momento en el que Reino Unido y Francia le declararon la guerra a Alemania —la URSS también invadió Polonia por el Este, pero los aliados nunca le declararon la guerra. El pacto Ribbentrop-Molotov, junto con el anterior tratado de Rapallo, fue lo más parecido que hubo a una colaboración germano-soviética a espaldas del mundo oceánico, y estaba sentenciado desde el principio que su duración sería más bien corta.

Todos los movimientos alemanes en Europa del Este eran recibidos con grandes protestas por parte de la "Comunidad Internacional" (es decir, por la Liga de Naciones, a su vez una organización globalista fuertemente controlada por logias masónicas y bancos atlantistas) porque el dominio alemán no se extendía sobre pueblos tercermundistas ni mano de obra pasiva, sino sobre pueblos europeos de gran potencial cuyo valor estaba fuera de toda duda, como los polacos, los checos o los eslovacos, y además se trataba de un territorio con gran cantidad de judíos, que tenían una enorme influencia en la política internacional y en el mundo económico. Dispersas entre estas nacionalidades, las poblaciones alemanas de Europa del Este eran una vanguardia precursora de una nueva marcha europea hacia el Heartland eurasiático. Para poner un dique a esta lenta colonización germánica del Este —que en el pasado ya había organizado Rusia y proporcionado la fuente de su aristocracia—, los aliados crearon una barrera de estados-tapones. Este muro norte-sur, del Báltico al Mediterráneo, debía cortar de tajo el movimiento oeste-este de la llamada Drang nach Osten (empuje hacia el Este de poblaciones germánicas). La idea de las potencias oceánicas era balcanizar Europa del Este y enfrentar a los germanos y los eslavos para debilitar cualquier concentración de poder en la estratégica región, cuyo dominio, siempre según Mackinder, ofrecía en bandeja el control del Heartland.


Click para agrandar. La presencia de poblaciones étnicamente alemanas muestra hasta qué punto Alemania y Austria se estaban empezando a convertir, a principios del Siglo XX, en candidatas a organizar los recursos humanos de Europa del Este y prolongar su penetración hacia el Heartland eurasiático. Entre Alemania y la URSS, el elemento germano y el elemento judío competían por dominar a los pueblos eslavos. Para aislar a estas poblaciones alemanas, los aliados crearon tras la Primera Guerra Mundial todo un cinturón de países artificiales que debían actuar como dique ante la germanización del Este, frustrando toda comunicación entre Europa Occidental y el Heartland. La intención de Hitler era romper este cerco y llevar la colonización germánica del Este al siguiente escalón. En la segunda imagen se muestran las fronteras del Heartland. Recordemos que entre la llanura germano-polaca y el Heartland no existen barreras naturales importantes, es una inmensa llanura desde Berlín hasta los Urales.

En sus "Conversaciones", Hitler creía que un Estado Comercial Cerrado desde el Rhin hasta Vladivostok era perfectamente viable: "Europa es autosuficiente siempre que impidamos que exista otro Estado-mamut que pueda movilizar a Asia contra nosotros". Tales "Estados-mamut" eran, por supuesto, el Imperio Británico y la Unión Soviética.

El plan de Hitler era seguir en cierto modo la estela de Napoleón y colonizar Europa del Este, especialmente Ucrania y el Volga, con granjeros alemanes de estirpe "nórdica" —considerada por los nazis la más fiable y creativa del mundo— gobernados a su vez por la SS como aristocracia militar y política. Era el modelo geopolítico de Blut und Boden, o "sangre y suelo", preconizado por Karl Haushofer, el padre de la Geopolitik alemana. Hitler, que había vivido buena parte de su juventud en Viena, rechazaba el antiguo modelo "multicultural" de Austria-Hungría, que pretendía asimilar y germanizar culturalmente a las poblaciones sometidas. En el Reich agrario y productivo que tenía en mente el líder austriaco para los territorios conquistados a la URSS, la población local eslava se vería reducida a la misma condición que tenían los hindúes en el Indostán británico. Dejándose llevar por su sueño de germanizar el Heartland étnicamente, Hitler decía a sus allegados que

Seremos el Estado más autárquico del mundo, incluso en lo que respecta al algodón. La única cosa que nos faltará será el café, pero ya sabremos agenciarnos alguna colonia que nos lo suministre. Tendremos madera en abundancia y hierro sin restricciones. En cuanto al manganeso, seremos el pueblo más rico del mundo. El petróleo correrá a chorros. Y el potencial de trabajo de los alemanes, utilizado aquí... ¡Dios mío! ¿Qué no nos dará?

Las únicas mercancías que preocupaban a Hitler eran el café, el te y el cacao, para cuyo cultivo esperaba reclamar el Congo Belga. Las poblaciones arrebatadas a la URSS se convertirían en un fabuloso mercado doméstico para exportar todo tipo de productos industriales manufacturados en Europa Occidental. En una conversación con Heinrich O. Abetz, su embajador en Francia, el 16 de Septiembre de 1941, Hitler continuaba visualizando la formación de un bloque geopolítico que, con sus 285 millones de habitantes, superaría en población a la URSS y a EEUU (si bien no al Imperio Británico o a la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental):

Europa tendrá cubiertas sus necesidades de materias primas, y tendrá sus mercados de exportación en los territorios rusos, por lo que dejará de necesitar el resto del comercio mundial. La nueva Rusia, a este lado de los Urales, será nuestra India, aunque más cómodamente situada que la de Inglaterra. El nuevo Gran Reich Alemán tendrá 135 millones de habitantes, y dominará a 150 millones más.

Operación Barbarroja tenía claramente por objetivo arrebatarle a la Unión Soviética el control del Heartland, preferiblemente uniendo fuerzas con el Imperio Nipón, que debía invadir Siberia. También pretendía romper el muro de poblaciones judías que se extendían entre el Báltico y el Mar Negro desde la época de Catalina la Grande. Para ello, el régimen nazi empleó unidades que, como la SS, la SD, los Einsatzgruppen o la policía militarizada, llevaron al cabo masivas ejecuciones de judíos en el Frente del Este, acciones que constituyeron el verdadero holocausto judío de los años 40. A pesar de contar con el ejército más eficaz de la Segunda Guerra Mundial, debido a la fuerte infiltración de la Inteligencia extranjera en Alemania, a las ofensivas del General Invierno, al anillo de espionaje "Lucy" (que pasaba información en un triángulo Berlín-Ginebra-Moscú), al hecho de tener que luchar en muchos frentes, a la chapuza estratégica resultante de la pugna entre las dos posibles operaciones Barbarroja (la conservadora del Estado Mayor de la Wehrmacht, que consistía en marchar directamente hacia Moscú como lo había hecho Napoleón, y la innovadora planteada por Hitler, de lanzar una tenaza a Leningrado y otra a Stalingrado para estrangular Moscú), a la escasez de petróleo y a que los militares alemanes desplegaron menos brutalidad que los soviéticos en el Frente del Este, la ofensiva alemana fracasó exactamente a las puertas del Heartland: en Stalingrado y a un tiro de piedra de Moscú. 

Cuando el avance alemán empezó a amenazar el corazón industrial de la Unión Soviética, Stalin hizo trasladar industrias enteras, con sus respectivos obreros, desde la parte europea de la URSS hasta el Heartland, más allá de los Urales, donde tanto los núcleos productivos como sus rutas de suministro al frente, estaban fuera del alcance alemán.

La marcha de Alemania en realidad era la repetición moderna de la migración de los alemanes del Volga y otros movimientos alemanes hacia el Este. Las publicaciones SS solían inspirarse en el pasado de la Orden Teutónica y de los godos en Ucrania y Europa del Este para dotar de cobertura histórica e ideológica a sus campañas militares, la misma SS pretendía llegar a ser algún día una vanguardia de colonización y civilización al estilo de las legiones romanas o las falanges de Alejandro Magno. En el seno de las Waffen-SS estaba muy extendida la idea de que, tras la victoria de Alemania, estas unidades, cubiertas de prestigio, volverían a Alemania para ejecutar a los tibios, a los altos oficiales saboteadores y a los restos del poder burgués anterior a 1933. Pero el mundo plutocrático no podía permitir que la historia volviese a repetirse y que surgiese en Eurasia un imperio hostil. En las estremecedoras palabras de Mackinder ("The round world and the winning of the peace", 1943), "una corriente de contra-filosofía limpiadora debe barrer la magia negra de la mente alemana". Escribía el inglés:

Desde Casablanca [10] vino hace poco la llamada para destruir la filosofía alemana dirigente. Eso sólo puede hacerse irrigando la mente alemana con el agua limpia de una filosofía rival. Asumo que, digamos, dos años después de dada la orden de alto el fuego, los aliados ocuparán Berlín, juzgarán a los criminales, fijarán fronteras inmediatamente y completarán otros tratamientos quirúrgicos para que la vieja generación alemana, que morirá impenitente y amarga, no pueda volver a malrepresentar la Historia a la generación joven. (...) Sin embargo, el canal contaminado puede limpiarse de forma muy efectiva si está controlado por fuertes establecimientos de poder a ambos lados poder terrestre al Este, en el Heartland, y poder marítimo al Oeste, en la cuenca del Atlántico Norte.

Mackinder, quizás sabiéndolo plenamente, estaba describiendo la instauración de la Escuela de Frankfurt (alma mater del pensamiento políticamente correcto y "progre"), del Pacto de Varsovia y de la OTAN, con el objetivo de destruir al pueblo alemán como comunidad guerrera y al Estado alemán como nación soberana capaz de albergar su propia voluntad y de vertebrar la Europa continental en contra de los poderes extranjeros. Estas medidas debían completarse con la aniquilación de Prusia, donde se encontraba la fuente de la tradición militar alemana, y la brutal limpieza étnica de prusianos en lo que hoy son territorios polacos. Puesto que el mismo Mackinder decía que el alemán del norte se encontraba "entre las tres o cuatro razas más viriles de la Humanidad", no se podía permitir de ninguna manera que esta raza volviese a organizar el potencial de Europa del Este constituyéndose en un poder alternativo al bolchevique de Moscú y el plutocrático de Nueva York y la City de Londres ambos fuertemente serviles a la internacional judía y a los intereses de la usura globalista. 

En aras de este siniestro plan de ingeniería geopolítica, millones de mujeres, niñas y hasta ancianas alemanas y eslavas fueron violadas, la atrocidad, la hambruna, las enfermedades y el terror se enseñorearon de Europa del Este, se alzaron campos de concentración para prisioneros alemanes, se arrasaron ciudades enteras en Centroeuropa (la doctrina genocida del strategic bombing fue ideada por dos judíos, Solly Zuckerman y Frederick Alexander Lindeman, alias Lord Cherwell, además de Arthur Harris, un inglés enfermizamente germanófobo), millones de ciudadanos fueron privados de sus derechos más básicos, la industria alemana fue aniquilada en un intento de hacer retroceder el país a la Edad Media, el arte nacionalsocialista fue destruido de forma parecida al arte clásico en el Siglo V y los británicos entregaron en masa a los refugiados cosacos a Stalin, a sabiendas de que serían exterminados. Ni el Plan Morgenthau (ideado por el secretario de la Tesorería de EEUU, el judío Henry Morthenthau, Jr.), ni el panfleto "Germany Must Perish" (escrito por el igualmente judío Theodore N. Kaufman), que pedía directamente el desmantelamiento de Alemania y la práctica castración del pueblo alemán, llegaron a ejecutarse al 100% debido a la reticencia de muchos generales aliados, entre ellos el estadounidense Patton, cuya idea sobre el trato que debía recibir un enemigo valeroso vencido no coincidía con el revanchismo de generales genocidas como Eisenhower —también judío, para el cual "desnazificación" era una palabra en clave para "genocidio". Aun así, las políticas de los aliados costaron entre 9 y 12 millones de vidas alemanas.


La Guerra Fría

En la Unión Soviética, se había operado un cambio notable. Stalin, que era un estadista más bien despiadadamente pragmático, se dio cuenta durante la Segunda Guerra Mundial que la "lucha de clases", el ateísmo y la filosofía de "arriba parias de la Tierra" podía resultar atractiva para intelectuales decadentes, judíos de Brooklyn y lumpen callejero descastado, pero no para los millones de campesinos eslavos y ortodoxos que iban a morir por la Patria en la guerra más feroz de la historia de la humanidad. Reconociendo este hecho, Stalin cambió el himno "La Internacional" por un himno nacional, intentó captar para la lucha contra el invasor a la Iglesia Ortodoxa rusa y hasta dio discursos recordando a "nuestros antepasados" Alexander Nevsky y Dimitri Donskoi. Stalin, naturalmente, era un georgiano con algunos ancestros judíos y su linaje paterno G2a1a no tenía nada que ver con el predominante R1a de la mayor parte de rusos, pero se vio obligado a echar mano de estos mitos para inspirar a los eslavos en su lucha contra los germanos.

Este viraje de Stalin sellaba definitivamente su ruptura para con la causa internacionalista, representada por el fantasma de León Trotsky, y convertía a la URSS en un Estado nacional. Cuando en 1948 se estableció en el Levante el Estado de Israel, no tardó en quedar claro que el joven país caería bajo la órbita atlantista. En Octubre de ese año, la embajadora de Israel, Golda Meir, visitó una sinagoga en el centro de Moscú. Reuniéndose por miles para honrar a la dignataria, los judíos alarmaron a las autoridades, que vieron en el sionismo una amenaza hacia el nacionalismo soviético. Diría Stalin en un discurso al Politburó el 1 de Diciembre de 1952 que "Todo sionista es agente del espionaje estadounidense. Los nacionalistas judíos piensan que su nación fue salvada por los Estados Unidos, donde ellos pueden hacerse ricos y burgueses. Piensan los judíos que tienen una deuda con los estadounidenses". El 13 de Enero del año siguiente apareció en el diario "Pravda" (periódico oficial del Partido Comunista) un artículo fuertemente antisemita titulado "Bajo la máscara de médicos universitarios hay espías asesinos y criminales", en el que se denunciaba "una conspiración de burgueses sionistas" organizada por la CIA y el Congreso Mundial Judío.

En la purga antisemita de 1948-1953, "cosmopolitas sin raíces" pasó a ser una frase en clave para "judíos sionistas" y se produjeron varios golpes de mano contra la influencia judía en la Unión Soviética, incluyendo el arresto y ejecución de los miembros del Comité Judío Antifascista (acusados de "nacionalismo burgués", refiriéndose al israelí, y de querer instaurar en Crimea una república judía satélite de Estados Unidos) y la no muy objetivamente llamada Noche de los Poetas Muertos, en la que varios escritores judíos son ejecutados en secreto en la temida prisión moscovita de Lubianka.

En estos extraños hechos del stalinismo tardío existieron razones geopolíticas fuertemente relacionadas con Israel y la formación de la OTAN (1949), pero también hubo otros factores, como la rivalidad entre la GRU (servicio de Inteligencia militar con lazos zaristas) y la NKVD (servicio de Inteligencia política y de seguridad del Estado) y el hecho de que Stalin tuviese siempre esa paranoia emanada de saber que los mismos que lo colocaron en el poder podrían deponerlo cuando quisieran. Las campañas antisemitas de Stalin culminaron con la conspiración de los médicos judíos: según Stalin, un círculo de médicos de Moscú, todos ellos judíos, conspiraban para envenenar a altos mandatarios soviéticos, incluyendo al mismo Stalin, habiendo conseguido ya asesinar a Andrei Zhdanov (quien iba a ser su sucesor). El caso terminó por afectar a los judíos en general, ya que muchos fueron despedidos de sus trabajos, arrestados, mandados al archipiélago Gulag o ejecutados. Durante los juicios, aparecieron publicaciones antisemitas en los medios de comunicación soviéticos y el viejo antisemitismo ruso parecía estar reviviendo: se cerraron escuelas, teatros y museos judíos, se disolvieron coros y la literatura judía, antaño protegida por el régimen, se suprimió de las bibliotecas. ¿Volvían tiempos de pogromos a Rusia? Los judíos empezaron a ser sistemáticamente apartados de puestos dirigentes en el Ejército, la administración, la prensa, las universidades y el mundo judicial. El proceso se expandió a muchos países del futuro Pacto de Varsovia: en la lejana Checoslovaquia, el presidente Klement Gottwald anunciaba que "durante la investigación y juicio del centro conspirativo anti-estatal descubrimos un nuevo canal por el que la traición y el espionaje penetran en el Partido Comunista: el sionismo" [11]. Stalin también firmó sentencias de muerte para Rumanía, Hungría, Alemania Oriental y otros países de Europa del Este.

Esta caricatura, que parece más propia de panfletos antisemitas nazis como "Der Stürmer" que de una publicación soviética, apareció en la revista "Krokodil" en Enero de 1953. Un médico judío, pagado por Estados Unidos, es desenmascarado por los servicios del Estado. En el mismo número, la revista ataca a los banqueros occidentales, a los "reyes del armamento", a los generales nazis, al Vaticano y a la "conspiración sionista".

La comunidad judía empezó a temer que el proceso a los médicos era un pretexto para deportar a todos los judíos de la URSS a campos de concentración en Siberia. Sin embargo, estos planes, ya discutidos en el Politburó, se detuvieron con la misteriosa muerte de Stalin en 1953. El principal beneficiario y probable artífice de su muerte, el judío Lavrenti Beria, sería depuesto meses después por un golpe de Estado dirigido por Nikita Khrushchev, antiguo encargado de las operaciones en Stalingrado, y el mariscal Zhukov. Beria fue interrogado en la Lubianka y luego el general Batitsky le dio un tiro en la frente. Es casi seguro que el turbio asunto de los médicos judíos no llegará a desvelarse nunca del todo. Sin embargo, una cosa está clara: para que la Unión Soviética pasase, de ser un Estado claramente creado y controlado por judíos y de ser el primer país en reconocer al Estado de Israel, a perseguir a los susodichos al más puro estilo zarista y alinearse con potencias anti-israelíes como Egipto y Siria donde era fuerte la influencia de la antigua Inteligencia alemana, algo muy raro tuvo que pasar.

Lo que sí sabemos con certeza es que la URSS se convirtió en un poder nacional y anti-globalización. Es así cómo en el "Diccionario Soviético de Filosofía" de 1965 podemos leer que el Cosmopolitismo es una

Teoría burguesa que exhorta a renunciar a los sentimientos patrióticos, a la cultura y a las tradiciones nacionales en nombre de la "unidad del género humano". El cosmopolitismo, tal como lo propugnan ideólogos burgueses contemporáneos, expresa la tendencia del imperialismo al dominio mundial. La propaganda del cosmopolitismo (de la idea de crear un gobierno para todo el mundo, &c.) debilita la lucha de los pueblos por su independencia nacional, por su soberanía como Estado.

Sin duda, Rusia ha caído muchas veces, pero nunca ha dejado de reciclarse como imperio una vez tras otra. Es curioso que la Guerra Fría terminase en 1991, justo al terminarse la construcción del ferrocarril Baikal-Amur, concebido como alternativa estratégica al Transiberiano en sus segmentos más próximos a China y por ende más vulnerables. 

En la época de la Guerra Fría, dos fueron los movimientos notables en el seno del Heartland: uno es la Ruptura Sino-Soviética, en la que China se alejaba de la URSS para acercarse a EEUU. Tras este suceso, India quedaría alineada con la URSS y Pakistán con EEUU. Varios hitos marcan el acercamiento de China a EEUU y por tanto la consolidación de Chimerica, a su vez imprescindible para la futura globalización. Si el lector gusta, podemos repasar estos hitos en imágenes:







Mackinder había vaticinado en "The round world and the winning of the peace" que

A su debido tiempo, China recibirá capital a una escala generosa como deuda de honor, para ayudarla en su romántica aventura de construir, para un cuarto de la humanidad, una nueva civilización, ni muy oriental ni muy occidental. Entonces el ordenamiento del Mundo Exterior será relativamente fácil, con China, los Estados Unidos y el Reino Unido liderando el camino.

Lo que estos lazos transpacíficos implican es que la Revolución Comunista en China fue en realidad otro episodio más de las Guerras del Opio del Siglo XIX. EEUU pretendía fortalecer el Partido Comunista Chino para luchar contra los japoneses primero, y después contra los nacionalistas de Chiang Kai Chek, retratado por los miembros de la Dixie Mission como "fascista" y "señor feudal". Masivamente financiados por el tráfico de opio [12], los maoístas prepararon China para su futuro tecnoindustrial al servicio de la globalización: las tradiciones chinas fueron aniquiladas, la intelligentsia exterminada y las políticas agrarias e industriales del "Gran Salto Adelante" (1958-1961) produjeron decenas de millones de muertos. La Revolución Cultural de 1966-1971 purgó la mayor parte de los vestigios de la tradición china arremetiendo especialmente contra los maestros, profesores y ancianos: ahora el Antiguo Régimen tocaba a su fin también en China, ahora el gigante asiático estaba al fin listo para converger con la plutocracia occidental, que procederá a "hongkongizar" todo el país gradualmente. 

El término de la Revolución Cultural verá una serie de encuentros entre altos mandatarios de China y Estados Unidos. David Rockefeller, tras haber visitado el país, declaró en el "New York Times" (10 de Agosto de 1973) que "Cualquiera que haya sido el precio de la Revolución China, obviamente ha tenido éxito no sólo en producir una administración más eficiente y dedicada, sino también en exaltar la moral y el propósito de comunidad. El experimento en China bajo el liderazgo de Mao es uno de los más importantes y exitosos en la historia humana". Gracias a la apertura de China, el banco rockefelleriano el Chase Manhattan Bank, se convirtió en el primer socio estadounidense del Banco Nacional de China, y Washington reconoció al régimen chino (en detrimento de Taiwán), permitiéndole entrar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Todas estas operaciones de ingeniería social y económica explican el actual estatus de China como puntal esencial de la globalización capitalista y neoliberal.

El otro gran movimiento en el Heartland, junto con la Revolución Islámica de 1979 en Irán, fue la relación entre la URSS y Afganistán, que producirá el movimiento del "yihadismo internacional" cuando los servicios de Inteligencia de EEUU, Reino Unido, Arabia Saudí y Pakistán se involucren en el conflicto. Los planes estratégicos del general Shtemenko (que estaba en la lista negra de los "médicos judíos"), uno de los más destacados geoestrategas de la URSS junto con el almirante Gorshkov y el mariscal Ogarkov, incluían una penetración pacífica y cultural en Afganistán, además de la entrada de tropas soviéticas en varias capitales árabes (Damasco, Beirut, El Cairo, Argel). La invasión afgana de 1979 fue un gran error del alto mando soviético, ya que desestabilizó Asia Central, precipitó a Afganistán al fundamentalismo islámico y contribuiría a la sangría económica y al malestar social que a su vez tendrían peso en el derrumbamiento de la URSS o, en palabras de Vladimir Putin, "la mayor catástrofe geopolítica del Siglo XX".


La globalización

Después de la caída del Telón de Acero, la URSS perdió la mitad de su población y un cuarto de su superficie, convirtiéndose en la Federación Rusa. Durante el reinado caótico de Boris Yeltsin de 1991-1999, Rusia fue saqueada por oligarcas mafiosos la mayoría judíos y por multinacionales extranjeras. La OTAN aprovechó para ganar influencia en las repúblicas ex-soviéticas y los servicios de Inteligencia atlantistas establecieron hubs en la misma Federación. Parecía que una cultura y un poder iban a conquistar el mundo: una corriente absoluta y mundial, neomarxista en lo cultural y capitalista-neoliberal en lo económico.

En esa época quedó claro que los globalistas son los internacionalistas de nuestro tiempo, los nuevos "cosmopolitas sin raíces" que pretenden disolver todos los pueblos, Estados, religiones y señas de identidad en aras de un Gobierno Mundial o mundo unipolar, que, controlado por una minúscula élite financiera la cual por supuesto no se disolverá en el maremágnum étnico que promueve para los demás, dominará a un rebaño mundial descastado y sin puntales de identidad colectiva en torno a los cuales organizarse. La deslocalización empresarial, la desertización industrial de Occidente, la deuda, el interés, el narcotráfico, el feminismo, la trata de blancas, la inmigración masiva, los atentados terroristas de falsa bandera y la ingeniería social para modificar el comportamiento de pueblos enteros, son las armas de los nuevos cosmopolitas sin raíces. Es la forma moderna del monoteísmo (pensamiento único, uniformización) contra el politeísmo (diversidad de centros de poder y pensamientos).

Pero estos cosmopolitas son los meros siervos de una entidad que, como los Estados y las multinacionales, se comporta también como un organismo vivo: el Capital. El dinero cuando no equivale a trabajo realizado o productos producidos, siendo él mismo una mercancía y por tanto convirtiéndose en una abstracción extremadamente peligrosa es el Diablo, y las grandes concentraciones de capital tienden demasiado fácilmente a adquirir voluntad propia y luchar por sus propios intereses: concentrarse e incrementarse para apropiarse del trabajo humano, de las mercancías que elabora y de las personas que viven para producirlas y consumirlas. Para ello, naturalmente, el Gran Capital debe expropiar las modestas concentraciones de capital que no se encuentran en sus manos, especialmente los fondos soberanos de los Estados y los ahorros del ciudadano corriente: para que unos pocos puedan ser muy ricos, unos muchos deben ser muy pobres.

La situación en Rusia se ha ido revirtiendo después de 1999, en un lento proceso de reconstrucción del antiguo poderío ruso gracias al cual hoy la Federación vuelve a ser una superpotencia capaz de tratar de tú a tú con el resto de pesos pesados del tablero mundial. Cuando en 2006 el oligarca Mijail Jodorkovsky fue internado en una prisión siberiana, después rajado en la cara por un recluso y después puesto en confinamiento solitario, cuando en 2009 Putin sentó a la mesa a varios oligarcas y forzó a Oleg Deripaska, el hombre más rico de Rusia, a firmar un documento clave, cuando en 2013 Boris Berezovsky fue encontrado muerto en Inglaterra, el mensaje quedó lanzado: Rusia no es un apéndice de la globalización decretada desde la City londinense y Nueva York, es otro poder independiente con sus propios intereses. Los movimientos estratégicos que han tenido lugar tras la caída del Telón se verán en la segunda parte de esta serie de artículos.



NOTAS

[1] Oxo u Oxus era el nombre griego del río Amur Daria (Pamir).

[2] El nombre griego del Syr Daria.

[3] Great Lowland en la versión original.

[4] Iranian Upland en la versión original.

[5] "The Geographical Pivot of History", 428.

[6] Más información:

[7] Como conquistadores de India procedentes del Heartland podemos citar los indo-arios, los macedonios y los mongoles (dinastía Moghul, todavía vigente en el Siglo XVIII). No puede subestimarse tampoco la influencia persa: el persa era en muchos lugares de India el idioma culto de las élites sociales hasta la llegada de los ingleses.

[8] Familia Schiff (Jacob H. y Mortimer L.), hermanos Warburg (Max, Felix y Paul), Armand Hammer, Kuhn Loeb & Co., Otto H. Kahn, JPMorgan Chase, Max Breitung, Jerome H. Hanauer, Isaac Seligman, Solomon y Daniel Gugenheim, Samuel MacRoberts (National City Bank), Lazard Frères (París), Gunzbourg (París, San Petersburgo, Tokio), Speyer & Co. (Frankfurt, Londres, Nueva York), etc. Olaf Aschberg, del banco Svensk Ekonomiebolaget (Estocolmo) tuvo un importante papel de intermediario, estando al frente del Ruskombank (el Banco Internacional soviético, posteriormente Vneshtorgbank) y actuando como agente del neoyorkino Guaranty Trust Company de la familia Morgan. El Gosbank (Banco Central soviético, supuestamente estatal) tenía socios privados: el más importante era Armand Hammer, de Occidental Petroleum (Actual Oxy, representada por Al Gore).

[9] Y ver aquí:

[10] Se refiere a la Conferencia de Casablanca de 1943. Allí los aliados acordaron buscar de las potencias del Eje la rendición incondicional. Que Alemania no aceptase una rendición incondicional significaba que lucharía hasta la aniquilación y que la guerra se prolongaría hasta el corazón del país.

[11] Y ver aquí:
http://jcdurbant.wordpress.com/2007/11/14/guerisseurs-empoisonnneurs-l%E2%80%99etrange-double-statut-des-medecins-juifs-dans-le-discours-antisemite-among-my-doctors-there-are-many-zionists/

[12] La financiación de los maoístas con dinero negro procedente del narcotráfico del opio es un hecho poco mencionado en la historia oficial. En la garganta de Nanniwan, provincia de Shaanxi, los comunistas chinos montaron en 1941 un comité de producción de opio al mando de Ren Bishi, en respuesta al bloqueo económico por parte del ejército japonés y el Kuomintang. El opio financió las primeras repúblicas soviéticas en China: Jiangxi y Yan’an. Más información sobre el tráfico de opio y el movimiento comunista-maoísta en:

"New Perspectives on the Chinese Communist Revolution", The Blooming Poppy Under the Red Sun (Tony Saich, Hans J. Van de Ven).

"The Blooming Poppy under the Red Sun: The Yan’an Way and the Opium Trade", (Chen Yongfa, 1995).

"Diario de Yan’an", Peter Vladimirov (ver aquí).