sábado, 9 de agosto de 2014

Globalistán —construyendo el archipiélago Gulag del futuro tercermundismo global (I de V)


El mundo va a ser más gris y peligroso de lo que jamás lo ha sido.
(Robert D. Kaplan, analista y geopolitólogo estadounidense). 



ÍNDICE

PRIMERA PARTE
- INTRODUCCIÓN
- LA URBANIZACIÓN
· Aparición del fenómeno
· Las grandes concentraciones humanas
· Revoluciones liberales, revolución industrial y desamortizaciones
· Alemania y la dispersión hacia el Este
· Situación actual

- FAVELISTÁN —EL ASCENSO DE LAS VILLAS-MISERIA
- NORTEAMÉRICA
- EUROPA —EL EUROCIDIO EN MARCHA

- IBEROAMÉRICA
· Las raíces hispánicas de Hispanoamérica —PLVS VLTRA
· La realidad de la América poscolombina: lucha de clases y guerra civil entre españoles
· ECCLESIA versus IMPERIVM —Templo contra Palacio, o Papa contra César
· La farsa indigenista como vector globalista en América —una "alternativa controlada"
· Mitos y verdades de Simón Bolívar y sus émulos —¿libertadores o balcanizadores?
· Bolibananismo moderno, o los hijos de Bentham —conozca usted el rostro británico de la ideología bolivariana
· Contra el victimismo hispanófobo y leyendanegrista
· Las venas abiertas de España Ibérica
· El peor enemigo del atlantismo es… otro atlantismo


En el medio de riachuelos fecales, vertidos tóxicos, productos químicos de las fábricas, aire enrarecido por smog, trozos de plástico chamuscado, chabolas desangeladas, construidas precariamente con los desperdicios de una inundación o huracán, alcantarillado inexistente o disfuncional y agua repleta de agentes infecciosos, un pueblo entero, compuesto de varios millones de personas de color entre marrón y negro, vive como si nada, mutando y evolucionando ―sabe Dios en qué dirección― generación tras generación bajo la presión de una nueva forma de selección ambiental. Se tiene sexo en la calle, se pare en la calle, se duerme en la calle, se come en la calle, se tiene infinidad de hijos, muchos mueren de pequeños, no se les cría y crecen correteando descalzos entre la basura, las migajas y los escupitajos solidarios que llueven desde el gobierno y las ONGs e iglesias occidentales, empeñadas en que estas desafortunadas personas mantengan una natalidad insosteniblemente alta. No hay ambulancia que se meta en este lugar, ni tampoco hay servicios de recogida de basuras o limpieza de plagas. Cualquier espacio, incluso el de una cabina precaria y sucia o el de una alcantarilla abandonada, es escaso y, por escaso, valioso y ansiado. Los millones de habitantes de esta interminable y monótona extensión chabolista, por carecer de derechos de propiedad y no estar integrados en la red municipal de la ciudad propiamente dicha, no computan en las estadísticas y muchos no están censados ni se sabe siquiera que existen. A lo lejos, céntricas, dominantes entre una bruma gris de contaminación o nierda (mezcla de niebla y mierda), se perfilan las siluetas angulosas de los rascacielos de las grandes empresas transnacionales, coronados por complicadas antenas. Toda la ciudad se encuentra bajo el paraguas de la radiación electromagnética que generan. Por la noche, las parpadeantes luces de sus logos, sus señales aéreas y sus oficinas iluminadas se proyectan ominosas sobre la desordenada masa de viviendas suburbanas.

Mumbai (India).

Las bandas de delincuentes abundan y para muchos jóvenes, el tráfico de droga o el hurto es un camino sencillo para medrar y "ser algo", del mismo modo que para las muchachas jóvenes lo es la prostitución ―ejercida, cuanto más alto en la cadena de distribución de droga, mejor. Lo mismo reza para el caso de redes de pedofilia al servicio de turistas enfermizos, o convertirse en informante de la policía y/o la mafia y/o la secta religiosa y/o los servicios de Inteligencia de turno. El infierno suburbano viene a ser el caldo de cultivo perfecto para los instintos más podridos que pueden anidar en el alma humana. En este lugar dejado de la mano de Dios, se ha convertido al ser humano en un animal, pero sólo en el mal sentido de la palabra. Son condiciones de ignorancia y pobreza ―sobre todo pobreza de espíritu― en las que las únicas satisfacciones donde el individuo degradado puede hallar refugio son el dinero, el sexo, las drogas, el fanatismo religioso, el fútbol, el mundo pandillero y la anonimidad ofrecida por las masas: al ser humano le han quitado cualquier anhelo de elevación. La nobleza como cualidad humana es cosa del pasado. Las bandas criminales, orgullosas en su desprecio hacia el trabajador manso y honrado, crecen hasta armarse y tener poder sociopolítico y coercitivo real. Las luchas entre bandas son promovidas por los servicios de Inteligencia porque cumplen una función: desvían ira, dividen a la sociedad y se quitan del medio a muchos elementos bravos y ambiciosos. La policía rara vez se deja ver, pero cuando lo hace, es cruel y la población inocente se lleva la peor parte, tanto por el lado policial como por el lado mafioso. Un delincuente juvenil de poca monta capturado por la policía puede esperar "correctivos" como palizas, ser quemado con cigarrillos, la asfixia con bolsas de plástico, la violación o ser electrocutado en sus genitales.

Las cucarachas son legión y la carne de rata ha llegado a no ser un manjar despreciado. Las cárceles son pavorosas. Las fuentes de nutrición se encuentran en, literalmente, montañas de basura. El calor es asfixiante, pegajoso y ofrece el caldo de cultivo perfecto para las bacterias, los insectos, los parásitos y las enfermedades. Los piojos, los parásitos, los mosquitos y las enfermedades tanto infecciosas ―incluyendo venéreas― como degenerativas, se ceban en la gente, cuya esperanza de vida en algunos lugares particularmente inhabitables no supera por mucho los treinta años. El trabajo, caso de tener uno, suele ser una alienante tarea manual llevada al cabo en la sweatshop de una multinacional occidental. Otros se dedican a desguazar móviles y ordenadores procedentes de Occidente; muchos de ellos contraen enfermedades tras manipular materiales tóxicos durante demasiado tiempo. La vegetación escasea, a veces ver un árbol o una brizna de hierba no es común. La educación es inexistente, como la cultura, y abundan los analfabetos. Ni conocen la historia de su país y de sus antepasados, ni sienten inquietud por conocerla. La vieja aldea campesina de los abuelos ya queda lejana en la memoria ancestral; ahora no se sabe ni dónde está situada, y aunque se supiese, se ha perdido el conocimiento del trabajo de la tierra y del cuidado del ganado: se ha perdido la autosuficiencia. Los que todavía no la han perdido y siguen viviendo en el campo son despreciados como "aldeanos". En muchos casos, aquellas viejas tierras ancestrales han sido convertidas en reservas naturales vedadas, o bien alojan las vastas plantaciones transgénicas de una importante multinacional, o simplemente han caído en desuso y han revertido a su estado salvaje originario. El campo ha dejado de ser una posibilidad, mirar atrás tampoco es una opción, la única opción es un presente irreversible y un futuro impredecible. Después de milenios de vida post-neolítica, parece que al fin el hombre se ha convertido él mismo en un vegetal a cultivar o un borrego a ser pastoreado.

En alguna megaciudad hindú. Foto aparecida en National Geographic.

A pesar de constituir la carne de cañón esclava del capitalismo globalista, el escalón más bajo de la pirámide, los individuos de esta anónima extensión suburbana del sur de Asia llevan al cabo, de tanto en cuando, alegres celebraciones religiosas, donde las pinturas y ropas de colores se mezclan con las aguas contaminadas de algún caudaloso río ―cuyo nacimiento, paradójicamente, se encuentra en las inmaculadas y sempiternamente blancas cumbres del interior asiático. En medio de estas condiciones tristes e inmundas, se pintan la piel, se decoran con flores o se untan de cenizas, se bañan en la tóxica corriente fluvial para "purificarse" y bailan en común, con sonrisas de oreja a oreja, en ceremonias muy visuales, de evidente aroma dionisiaco. Por doquier, la música es mucho ritmo y poca melodía. Es obvio, al contemplar sus rostros, que ninguno está pensando ni remotamente en quitarse la vida por sentido de la decencia o pundonor, ni tampoco en rebelarse contra su situación. Es obvio que ningún interrogante existencial, ideológico, cultural, social o filosófico anida en su cerebro ni atormenta su mente, y que su aceptación fatalista de cualquier devenir ―herencia subconsciente de su multimilenario pasado campesino― les impide convertirse en disidentes, revolucionarios o rebeldes. Los pocos movimientos contestatarios o violentos son farsas que obedecen a intereses estratégicos internacionales. Tienen asumida la esclavitud y tienen asumido que los señores trajeados que se reúnen en las lejanas torres de cristal, acero y, sobre todo, marfil, son sus amos. Todo lo que hacen va encaminado a adaptarse al nuevo mundo que les ha tocado pasivamente vivir. El "es lo que hay" y el "búscate la vida" resumen la filosofía imperante. Luchar contra el orden establecido o intentar cambiar las cosas está fuera de lugar, y si alguien lo sugiriese, sería considerado un loco y un perdedor insatisfecho. Esa característica alegría entre la miseria y la basura, este conformismo de esclavos y esa concupiscencia, que nuestros adoctrinadores medios de comunicación nos intentan vender como "felicidad, pujanza y vitalidad", es uno de los rasgos distintivos de la sociedad tercermundista. Si estás a gusto entre desperdicios, nunca lucharás por salir. La precocidad y promiscuidad sexuales resultan en una demografía explosiva, sobre la que la nueva selección artificial ejerce su magia negra, seleccionando un tipo humano cada vez más cucaracha ―es decir, un tipo humano cada vez mejor adaptado a sobrevivir en la basura.

El rosario de imágenes de miseria que hemos descrito antes sucede en una tierra privilegiada que en otros tiempos era capaz de sostener la vida de miles de tigres. Suelo fértil y bien regado de forma natural, agua de sobra, un clima que permite obtener dos cosechas anuales o más, reservas minerales, biodiversidad, enorme variedad de flora y fauna, excelentes puertos naturales, inmenso espacio marítimo, magnífica y dominante posición estratégica, orografía llana, buenas rutas geográficas. Es cierto que se producen tremendos ciclones e inundaciones, pero fue precisamente la necesidad de controlar las crecidas fluviales lo que hizo organizarse y disciplinarse a sociedades como la mesopotámica o la china ―de hecho, en la escritura china, "orden político" se expresa con los ideogramas "río" (elemento Agua) y "dique" (elemento Tierra). La única condición para que los recursos fuesen suficientes para todos era no reproducirse por encima de las posibilidades naturales del suelo. Hoy ya se ha pasado el punto de no-retorno: lo que podría ser un paraíso tropical edénico ha sido convertido en una infernal y sucia termitera humana. Y la única manera de mantener esta termitera es violar a la Naturaleza, tanto al entorno natural como a la misma naturaleza humana interior.

Más de mil millones de seres humanos viven ya en condiciones suburbanas degradadas. Y el número crece vertiginosamente día a día. Cada año, 60 millones de tercermundistas ―equivale a la población de Reino Unido― abandonan el campo y se instalan en vastos barrios precarios. Esto sin contar el crecimiento natural de la demografía de dichas barriadas debido a su tremenda natalidad. Según la ONU, la población urbana precaria será ya de 2 mil millones en 2035.

En ocasiones, grupos de chavales jóvenes se reúnen en la chabola de un amigo que tiene una antena y una pantalla. Ahí contemplan el inaudito lujo de la sociedad occidental, acceden a material pornográfico donde la mujer blanca es la principal protagonista, comprueban la frivolidad de nuestras series de televisión, nuestra lánguida tolerancia, la castración de nuestros hombres y mujeres, nuestras posesiones materiales, nuestra absoluta falta de instinto tribal, familiar y territorial, nuestra industria del entretenimiento llena de prostitutas, tercermundistas y homosexuales. Nuestra decadencia. Myley Cyrus en la entrega de premios de la MTV [1], la transexual con barba que ganó la última edición de Eurovisión, clasificaciones de fútbol, reality shows, tertulias, series: estos chaboleros creen saberlo todo sobre la Civilización Occidental [2]. Para ellos, Occidente es una ramera abierta de piernas y desafiándoles a la violación, un cadáver descompuesto destinado a ser desayuno de hienas, una carcasa vacía que hay que saquear y ocupar. Carne de cañón para las masas embrutecidas de este mundo, y maricón el último. La TV le da a esta gente una imagen del mundo blanco mucho más degenerada y débil de lo que de hecho es, y el fantasma de dicha imagen les hechizará el resto de sus días formando una relación de amor-odio con Occidente, de forma que mezclarán anti-americanismo de opereta con devoción babosa hacia las marcas de ropa, los símbolos y los trofeos de la Civilización Occidental, deseando hacerlos propios ―lo cual implica que ellos mismos ya han sido globalizados con éxito y ya han renunciado a sentirse orgullosos de sus verdaderas raíces ancestrales. El fetichismo materialista es extremo, cualquier chuchería provoca entusiasmo infantil: unas gafas de sol Ray Ban, una gorra de los Yankees, un chándal Adidas o unas deportivas Nike, son objetos por los que se apuñala, se dispara y se mata.

La mayoría de aquellos que, gracias a las políticas migratorias criminales impuestas por los plutócratas, consiguen llegar al codiciado Oeste, enseguida se dan cuenta de que los métodos de la policía no tienen nada que ver con los de las policías de sus países de origen y rápidamente se introducen en el mundo del crimen organizado, que les brinda una oportunidad fácil para triunfar en el mundo blanco con el menor esfuerzo. Para ellos, el negro del gueto estadounidense es el modelo a seguir, y las películas y la música gangsta —mundillo creado en las probetas de los laboratorios sociales del FBI, la MTV y Hollywood—, conforman los referentes culturales que degluten con fruición. Eh, tú, negro o marrón, get rich or die tryin'. No seas un herbívoro manso que paga sus impuestos y avanza con duro trabajo. Sé un depredador que va al margen del sistema (sólo para lo que te interesa, claro, para todo lo demás estarás tan dentro del sistema como el que más). Un listillo que recolecta lo que otros acumulan y arrebata lo que quiere sin pensarlo. Aprovéchate de la paciente labor rumiante y digestiva de estos herbívoros blanquitos, espera a que hagan el trabajo fastidioso y luego róbaselo. Róbaselo directamente a punta de navaja en la calle o entrando en su casa. Róbaselo echando mano del "Estado del Bienestar" y las ayudas sociales, mediante subsidios y paguitas que proceden de sus impuestos. Róbaselo indirectamente por tráfico de drogas, agresiones, extorsiones, comercio ilegal, violaciones y aprovechándote de la decadencia de sus mujeres y la cobardía de sus hombres. Róbaselo adueñándote de su territorio. Pero sobretodo, asegúrate de que el flujo de beneficios fluya siempre desde ellos hacia ti, no viceversa. Sé un parásito, una garrapata mamona aferrada a las ubres de Occidente y engordada con la sangre y el sudor de la raza blanca, pero recuerda que, según la zoología moderna, el parasitismo no es sino una forma de depredación. Recuerda que tu anfitrión no tiene instinto de territorio ni de tribu. Recuerda que sus mujeres son unas putas y sus hombres unos mierdas. Recuerda que gozas de la bendición de los aparatos burocráticos estatales, de los oligarcas globalistas, de la gran empresa, de la gran finanza y de sus poderosos medios de comunicación, que controlan con puño de acero.


Con este mindset, quien se saca una carrera es excepcional. Quien termina trabajando en condiciones de explotación (mucho mejores que las de su tierra) abunda bastante más, igual que el delincuente ocasional o profesional. Todos maman de las ayudas sociales, es decir, de las arcas del pueblo blanco de turno (británico, francés, holandés, alemán, español, italiano, etc.) que les paga la estancia educadamente, con su legítima ira neutralizada por una educación castrante y por miedo a palabras-tótem como "xenofobia", "racismo", "fascismo" o "nazismo". Y es que, en lenguaje orwelliano, el blanco medio ejerce paracrimen —una autorrepresión refleja, adquirida durante el intenso adoctrinamiento infantil— sobre su propio pensamiento antes de incurrir en el crimental, el pensamiento sucio, impío, herético e impuro que implican dichas palabras-tótem. Parece que la autocensura funciona mejor que la censura convencional.

La Unión Europea viene a ser la Meca de la decadencia y del saqueo, la tierra prometida donde los perros se atan con longaniza y cualquier indocumentado tercermundista, analfabeto e ignorante puede resolverse la vida con prioridad sobre un europeo étnico, al cual se le exigen años de estudios, posgrados, cursillos, oposiciones, etc., que no sirven sino para destruirlo y asegurarse de que suelte dinero en el proceso. En países como Alemania, Reino Unido o los escandinavos, las palabras mágicas political asylum han reemplazado a "abracadabra" y a "ábrete sésamo". Basta pronunciar estas palabras en la aduana, con ademán compungido y humildad fingida, para echar raíces y acceder a toda una gama de subsidios y prestaciones vedadas a los autóctonos. Estos recién llegados muestran una malicia y un instinto de adaptación y territorio muy superiores a los del pueblo blanco indígena, que parece encontrarse abrumado y sobrepasado por la rapidez con la que su mundo ha cambiado y que, a ojos del tercermundista avispado, no es más que un saco de dinero o feromonas con patas, al que hay que expoliar de todas las maneras posibles, especialmente económica y sexualmente. Casi todos los recién llegados son más violentos, resueltos y masculinos que el pueblo blanco al que parasitan. El occidental medio es absolutamente incapaz de imaginar, siquiera remotamente, qué clase de pensamientos y experiencias fermentan en el cacumen de un ser así. Pocos occidentales han llegado todavía a calar realmente el pensamiento del tercermundista típico, pero tarde o temprano les tocará hacerlo.

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No se ha descrito una distopía, sino las condiciones de vida de una extensión chabolista suburbana de alguna megaciudad del sur asiático, y el resultado de la implantación de este degenerado universo social en Europa Occidental. Lo que se ha descrito va más allá de los problemas económicos, políticos o sociales: es un problema evolutivo, genético, biológico, zoológico, cultural y espiritual que amenaza con torcer irreversiblemente el camino evolutivo de la humanidad. Parece que los antiguos textos hindúes fueron siniestramente exactos en sus profecías sobre el advenimiento del tercermundismo. El capítulo 40 del Linga Purana lo muestra:

Son los más bajos instintos los que estimulan a los hombres del Kali Yuga. Ellos eligen preferentemente ideas falsas… El deseo les atormenta. La negligencia, la enfermedad, el hambre, el miedo, se extienden… El número de príncipes y de agricultores disminuirá gradualmente… La mayor parte de los nuevos jefes es de origen sudraLos ladrones llegarán a reyes, los reyes serán ladrones… Los hombres de bien renunciarán a tener un papel activo… Los comerciantes harán operaciones deshonestas… Habrá muchos mendigos y parados… No se podrá confiar en nadie… Numerosos serán los ladrones. Las violaciones serán frecuentes. Muchos individuos serán pérfidos, lúbricos, viles y temerarios… Nacerán muchos niños cuya esperanza de vida no superará los dieciséis años… Los ladrones robarán a los ladrones… Las enfermedades, las ratas y las sustancias nocivas les atormentarán… Los vagabundos serán numerosos en todos los países.

El Vishnu Purana no se quedó atrás:

Los hombres no querrán más que ganar dinero, los más ricos serán los que detenten el poder… Las personas sin recursos serán sus esclavos… Los agricultores abandonarán sus trabajos de labranza y de cosecha para volverse karu-karma (obreros no especializados) y tomarán la conducta de los fuera-de-casta (intocables). Muchos se vestirán de harapos, estarán sin trabajo, dormirán en suelo, viviendo como miserables. Por la falta de poderes públicos, muchos niños morirán… Muchos se suicidarán. Sufriendo de hambre y de miseria, tristes y desesperados, muchos emigrarán hacia los países en los que crece el trigo y el centeno… En el Kali Yuga los hombres no tendrán virtudes, ni pureza, ni pudor, y conocerán grandes desgracias.

Pero la prensa globalista tiene otra opinión. De cuando en cuando se publican, en revistas como la estadounidense National Geographic, artículos sobre las grandes concentraciones de población tercermundista del planeta. El fotógrafo se centra en lo vulgar y lo tétrico, como si quisiese ir familiarizando al lector con la sordidez del Tercer Mundo profundo. Los reportajes de turno, lejos de criticar el camino al que el fenómeno tercermundista ha abocado al planeta, ya no digamos condenar el fenómeno tercermundista como una amenaza para la humanidad, describe esas sociedades degradadas con palabras como "vitales", "vibrantes", "pintorescas", "coloridas", "festivas", "alegres" o "pujantes". Lejos de horrorizarse, aquellos responsables de marcarles las pautas a las revistas (quien paga manda) parece que se maravillan ante la capacidad de adaptación de estas gentes a condiciones de esclavitud, ya que elogian descaradamente la vida que llevan y la mentalidad que adquieren.


Mike Davis, escritor netamente progre del libro "Planet of slums: urban involution and the informal working class" (2006), dice varias mentiras frontales en cierta entrevista a tenor de su libro. Sin embargo, en este inmenso despropósito que es cada respuesta perpetrada por Davis, hay un fragmento particularmente alarmante que merece nuestra atención:

La inviabilidad de una megaciudad tiene menos que ver con el número de personas que viven en ella que con su modo de consumir: si se reutilizan y reciclan recursos y si se comparte el espacio público, entonces es viable. Hay que tener en cuenta que la huella ecológica varía muchísimo según los grupos sociales. En California, por ejemplo, el ala derecha de los movimientos conservacionistas sostiene que hay una enorme marea de inmigrantes mexicanos que es la responsable de la congestión y la polución, lo cual es completamente absurdo: no hay población con menor huella ecológica o que tienda a utilizar el espacio público de forma más intensa que los inmigrantes de Latinoamérica. El auténtico problema son los blancos que se pasean en sus cochecitos de golf por los ciento diez campos que hay en Coachella Valley. En otras palabras, un hombre de mi edad ocioso puede estar usando diez, veinte o treinta veces más recursos que una chicana que intenta salir adelante con su familia en un apartamento del centro de la ciudad. No hay que dejarse llevar por el pánico al crecimiento de la población o a la llegada de inmigrantes; lo que hay que hacer es pensar cómo se pueden fomentar las aptitudes del urbanismo para lograr, por ejemplo, que suburbios como los de Los Ángeles funcionen como una ciudad en el sentido clásico.

Mike Davis.

Davis se cuida muy bien de no despotricar contra el estilo de vida despilfarrador de las plutocracias globalistas, con sus jets y helicópteros privados, yates, limusinas, palacios, giras internacionales, cumbres, banquetes y prostitutas de lujo. En vez de ello, opta sospechosamente por arrojar piedras sobre su propio tejado y el de su pueblo, raza y país ―especialmente contra aquellos que mejor defienden los intereses de dicho conglomerado, que resulta ser el "ala derechista del movimiento conservacionista". Los inmigrantes tercermundistas, en cambio, reciben una edulcoración de imagen y de repente pasan a ser elementos sociales deseables por su capacidad para no dejar "huella ecológica" y para "reciclar recursos". Traducción: se fabrican un hogar a partir de trozos de uralita y coches abandonados, cajas de cartón, tablas de madera, ruinas derruidas y ladrillos sueltos, se lo piensan muy bien antes de tirar algo y aprovechan hasta los huesos todo lo que tocan.

Sucede que si un hombre blanco consume 10-30 veces más recursos que una chicana y encima ésta trabaja encantada con menos derechos, en peores condiciones, con salario mucho menor y sin reducir su natalidad, entonces sería deseable (bajo el punto de vista de la gran empresa y del beneficio económico de la oligarquía capitalista) que los blancos desapareciesen y las chicanas multiplicasen su demografía por 10-30. Se infiere que el crecimiento de la humanidad sólo será "sostenible" a largo plazo si todos nos acabamos convirtiendo en chicanos o algo parecido. La degradación urbana, la suciedad, la delincuencia común, la balcanización social, las drogas, la ignorancia, la violencia, la vulgarización cultural o el crimen organizado son etcéteras mudos en el entusiasta, antiblanco y pro-tercermundista discurso de Davis. Es una respuesta a la pregunta de por qué a los geoestrategas de la élite plutocrática les interesa tanto fomentar el estilo de vida tercermundista y la reproducción de las poblaciones tercermundistas a costa de las clases medias blancas nacionales; éstas acaparan una riqueza, influencia, inteligencia, cultura, formación, identidad, inquietudes, pretensiones, nivel de vida, legado artístico y pasado histórico que ya de por sí constituyen una amenaza al poder de la oligarquía financiera.

Chabolas en la megaciudad de Chongqing (China).

El fragmento de Davis entronca muy bien con el mito moderno del "crecimiento sostenible". Está claro que ningún crecimiento es sostenible indefinidamente y, desde luego, el crecimiento indefinido de las clases medias blancas no es sostenible, se mire por donde se mire, por la enorme cantidad de recursos que consumen —de ahí que las clases medias están siendo "recortadas" tanto en sus números como en su poder e influencia. Sin embargo, si se quitan del medio a las clases blancas y se reduce drásticamente el consumo favoreciendo la implantación del tercermundismo, de repente el crecimiento sí es sostenible y se puede mantener, con los mismos recursos, a una población 10-30 veces mayor pero, a la vez, menos capacitada y por tanto menos amenazante para la élite plutocrática. Ésta y no otra es la verdadera lectura que debe hacerse del término "crecimiento sostenible": una multiplicación indefinida de la humanidad a cambio de degradar sus condiciones de vida cada vez más.

La colaboración de las oligarquías globalistas en el avance del tercermundismo puede comprobarse de nuevo al ver hasta qué punto se está promoviendo la música y la mentalidad [3] tercermundistas desde medios de comunicación totalmente controlados por la gran banca privada. En los países occidentales, la música más escuchada, especialmente entre los jóvenes, es de origen tercermundista y transmite valores tercermundistas; la cultura tercermundista en general goza de una conspicuidad muy por encima de su presencia real y, si enlazamos con el hilo anterior, todo esto parece de nuevo más una estrategia de ingeniería social que una moda aleatoria: existe una voluntad real de allanarle el camino al tercermundismo, asegurarle el éxito social y velar porque la presencia tercermundista esté bien vista en los países blancos. De ahí esta operación mediática, que viene durando décadas (desde la descolonización) para hacerle un concienzudo lavado de imagen al tercermundismo, a la vez que se arrastra por el fango cualquier puntal de identidad inherente a los europeos étnicos y susceptible de vertebrarlos.


Las excusas para justificar la invasión tercermundista en Occidente son variadas, pero las más comunes son nuestro mayor desarrollo económico, el boomerang kármico de la época colonial y el envejecimiento de nuestra población. Todas estas excusas se vienen abajo con el ejemplo de Japón, país de gran desarrollo económico, brutal historia colonialista y demografía desastrosa que, sin embargo, es tremendamente restrictivo con la inmigración. La segunda excusa se viene abajo con el ejemplo de Suecia, país que nunca invadió ni Somalia ni Iraq, sin que ello sea óbice para tener inmigración procedente de dichos países, a pesar de que los obstáculos geográficos entre origen y destino son tremendos. O con el ejemplo del Imperio Otomano, que invadió países a babor y a estribor y esclavizó con gran brutalidad infinidad de pueblos, sin que ahora se vea sujeto a inmigración masiva por parte de dichos pueblos ―ya no digamos a complejo de culpa colectiva. Lo mismo puede decirse del Califato de Damasco, del Califato de Bagdad, del Imperio Mongol, de los almorávides y almohades, de la Horda Dorada, del Khanato de Crimea, de la China Qing o del Imperio Nipón, pero ninguno de esos pueblos eran europeos y, por ende, sus descendientes no tienen que pedir perdón, no tienen que sentirse culpables y quedan excluidos de la campaña de lavado de cerebro endofóbico-pseudocristiano. La inmigración tercermundista masiva, unida a una ideología multicultural y a un complejo de culpa y endofobia del pueblo anfitrión (el famoso white guilt), es un fenómeno único y exclusivo de países blancos. Finalmente, todas las excusas se vienen abajo al comprobar los gastos que la inmigración genera a los Estados (es decir, a los pueblos que los mantienen con su trabajo), que no a la gran empresa, que ha sido la verdadera interesada en promover [4] la inmigración tercermundista y dotarla de una cobertura ideológico-cultural según la cual todo el que critique la tercermundización de Occidente es automáticamente un fascista, un neonazi, un extremista, un xenófobo o un supremacista blanco peligroso.

Cualquier país que luche contra el tercermundismo es puesto en el punto de mira de la globalización. Así, cuando el Estado brasileño decidió emprender una campaña de reconquista policial y municipalización de ciertas zonas de favelas que eran nido de crimen organizado y corrupción política, la llamada "comunidad internacional" puso el grito en el cielo, de modo que en 2012, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU hasta pidió la disolución de la Policía Militar brasileña. Repetimos: la ONU no pidió la disolución ni el desarme de los grupos armados y de las mafias que florecen en las favelas, ni abogó por los "derechos humanos" de aquellos que viven coaccionados en las favelas por el crimen organizado, ni pidió que se procesase a los políticos que mantenían tratos con las mafias… sino que presionó para disolver una unidad policial que combate la expansión del tercermundismo en Brasil.

Serbia, 1999: el pueblo serbio se defiende de la campaña de limpieza étnica y terror llevada al cabo por el grupo terrorista albanokosovar UÇK, apoyado por la OTAN. Washington exige el abandono de Kosovo por parte de los militares y policías serbios, Belgrado se niega a ello porque implicaría entregar a los serbios étnicos a la violencia terrorista. Como respuesta, la OTAN arrasó el pequeño país en múltiples operaciones de bombardeo sobre objetivos civiles. Belgrado, el cerrojo del Danubio y el candado de los Balcanes, fue bombardeada, los serbios fueron criminalizados como genocidas pseudonazis en los medios de comunicación occidentales, sus principales líderes políticos fueron juzgados en La Haya (una ciudad degradada cuyas tasas de delincuencia e inseguridad ciudadana superan con mucho a las de Belgrado debido a la inmigración magrebí y subsahariana) y ahora Kosovo aloja Camp Bondsteel, la mayor base militar estadounidense en el extranjero. Los antiguos terroristas de la UÇK se han convertido en respetables miembros del "gobierno" de Kosovo, han trocado el uniforme de camuflaje por el traje con corbata, y el AK-47 por el apretón de manos. Las mafias balcánicas —muy presentes en Italia, Alemania y Francia— inundan Europa de heroína afgana y ha florecido un sórdido tráfico de órganos de prisioneros serbios entre Albania-Kosovo, Turquía e Israel. 1999 fue un año en que la OTAN se puso claramente de parte del tercermundismo en Europa, como ya hizo en los años 80 con los gitanos y el tráfico de heroína en España, o ahora con la inmigración tercermundista. En 1999, Europa se traicionó a sí misma una vez más, y ha cosechado los resultados que merece por dicha traición.

Por ende, está visto que los tiempos en los que las naciones desarrolladas colonizaban a las subdesarrolladas para organizarlas, han quedado atrás. La moda del momento es que las naciones subdesarrolladas colonicen a las desarrolladas para desorganizarlas ―y así provocar el revoltijo global necesario para que los señores del dinero puedan gobernar sin fronteras, sin cortapisas y sin oposición seria, utilizando bancos y multinacionales para drenar las riquezas de un territorio y un pueblo.

A estas alturas de la globalización, todos nos damos cuenta de que el mundo está cambiando a un ritmo que se acelera cada vez más. Pero ¿estamos cambiando a mejor o a peor? ¿En qué consisten esos cambios y qué resultado pueden arrojar sobre la mesa? ¿Qué clase de mundo nos espera si triunfan las actuales tendencias del movimiento globalista? ¿Hacia dónde nos lleva la ideología progre actualmente hegemónica en la cultura oficial? ¿Existe algún tipo de alianza no-declarada entre la plutocracia globalista y el lumpen tercermundista? ¿Se está forjando una Babilonia mundial? ¿Tienen el fundamentalismo islámico, el crimen organizado, la inmigración tercermundista, las mafias del mundo de la noche, las iglesias y sectas, los grupos terroristas, las grandes empresas transnacionales, los partidos políticos y la comunidad de la Alta Finanza intereses comunes? ¿Trasciende este conflicto lo meramente económico y material? ¿Se trata de una lucha metafísica multimilenaria? ¿Existe una insurgencia evolutiva y genética contra las razas claras del planeta? ¿Existe una ofensiva organizada de lo demoniaco contra lo angelical en el mundo material?

"Globalistán" es un término acuñado por el periodista brasileño Pepe Escobar en su libro "Globalistan: how the globalized world is dissolving into liquid war", obra en la que procura retratar el fenómeno globalista y dejar claro que «no tiene nada que ver con una "mano invisible". Tiene que ver con la maximización del beneficio; una enorme concentración de capital; y el poder desenfrenado de los monopolios». La globalización no sería, por tanto, un suceso espontáneo e inevitable como siempre se nos intenta hacer creer, sino un proceso claramente dirigido.


Lo que vamos a hacer en este artículo es, lejos de la faceta progre de Escobar, abrir la almendra del advenimiento de Globalistán. Ver cómo la globalización ha utilizado y sigue utilizando la urbanización, la inmigración tercermundista, el mestizaje, la ingeniería social, la demografía, la pobreza, la ignorancia, el hedonismo, el nihilismo, el materialismo, el ateísmo (aunque también las religiones), el crimen organizado, los medios de comunicación de masas, el feminismo, la homosexualidad, las crisis económicas, las drogas, las fusiones-adquisiciones del ámbito empresarial y la concentración de población para alcanzar la instauración de Globalistán ―es decir, el caldo de cultivo de la esclavitud global que las élites del mundo de la Alta Finanza tienen preparada para la humanidad. Veremos que lo único que se interpone en este plan son las clases medias de los europeos étnicos de Norteamérica, Europa, Oceanía y otros lugares como Iberoamérica o Sudáfrica, así como los mejores estratos raciales de Estasia. Veremos que películas como "Grupo 7", "Black Hawk derribado", "Ciudad de Dios", "No es país para viejos", "Slumdog millionaire", ambas de "Tropa de élite", ambas de "Distrito 13" o "Elysium" describen la realidad de un mundo globalizado con mucha mayor credibilidad que la ñoña ciencia-ficción que suele acompañar cualquier especulación sobre el futuro de la humanidad. Aportaremos numerosas fuentes que muestran hasta qué punto las élites modernas están interesadas en la tercermundización del planeta.

Veremos también que para aquilatar cuál es la verdadera naturaleza de un sistema organizado de poder, basta con preguntarse qué tipo humano promueve. ¿Quiere el poder elevar a sus hombres, darles cultura, inteligencia, fuerza, salud, buenos genes, independencia económica, patrimonio, autosuficiencia, disciplina, capacidad de autodefensa, unión, horizontes, iniciativa privada, poder y medios de subsistencia? ¿O por el contrario quiere hacerlos paniaguados, vulgares, estúpidos, pobres, ignorantes, dependientes, hedonistas, enfermos, débiles, vulgares, balcanizados y enfrentados entre ellos? ¿Quiere dispersarlos para que a cada uno le corresponda una buena porción de tierra, poder, responsabilidad, autarquía, influencia y capacidad de presión sobre el sistema, o por el contrario pretende concentrarlos para anular su instinto de territorio, impedir su expresión y su desarrollo y tenerlos controlados? Tras terminar con este escrito, seremos capaces de juzgar qué sistemas de poder tienen miedo del hombre y lo odian, y qué sistemas de poder lo aman. Seremos capaces también de encuadrar el actual sistema globalcapitalista y tecnoindustrial en una de las dos categorías.



LA URBANIZACIÓN

Mirar cualquier plano de una gran ciudad es como mirar el plano de un tumor fibroso.
(Frank Lloyd Wright, arquitecto estadounidense).

Click para agrandar. Una vista de Neza-Chalco-Itza, interminable villa-miseria de Ciudad de México en la que malviven 4 millones de personas.


Aparición del fenómeno

Nunca hubo menor densidad de población humana, y por tanto más espacio vital por habitante y más territorio por tribu, que en el Paleolítico. Por ello, los conflictos armados eran probablemente menos frecuentes en esta época que del Neolítico en adelante. El régimen de vida universal era el cazador-recolector, aunque este modus vivendi variaba mucho al tener que adaptarse a las peculiaridades climáticas, ambientales y territoriales de cada zona: no era igual la mentalidad, la dieta, la vida, la cultura y el comportamiento del cazador-recolector europeo que los del indonesio o el centroasiático; estas peculiaridades regionales acababan forjando, tras milenios, códigos genéticos igualmente peculiares y regionales. En Eurasia, las sociedades humanas eran comunidades reproductivas cerradas y nómadas que se desplazaban siguiendo manadas de mamíferos de las que dependía su sustento, así como fuentes de agua. Con una magnífica dieta, sometido a una despiadada selección natural y a un estilo de vida activo a la intemperie, el hombre era una criatura fuerte y conseguida. El asentamiento permanente no era lo común. Lo más probable es que, la mayor parte del tiempo, en buena parte del Hemisferio Norte se viviese en tiendas de campaña e iglús provisionales. Tampoco puede descartarse un importante trabajo de madera. Las famosas cavernas no eran lugares de asentamiento permanente, sino más bien puntos de encuentro, refugio y santuarios de culto religioso. Las rutas comerciales eran también de muy escaso flujo. Sabemos, por ejemplo, que existía comercio de piedra de pedernal (sílex, utilizado para fabricar armas y herramientas y para encender fuego) y de conchas marinas; probablemente también de pieles de animales, huesos, marfil y madera, en rutas de hasta cientos de kilómetros de longitud.


Aunque nunca lo conoceremos con el detalle que sería deseable, sabemos que algo pasó durante el Paleolítico Superior y especialmente después del período del Dryas Reciente en el Levante. La paleoarqueología moderna registra una creciente escasez de recursos de vida, debida a un cambio climático, así como un aumento demográfico, puede que en parte debido a las migraciones y el mestizaje, al ser Israel un nudo crucial de rutas entre tres continentes. Aquí, las sociedades de la Cultura Natufiense (que ya era multirracial) redujeron su dependencia de la caza y la recolección y empezaron a cultivar sistemáticamente cereales —un alimento inferior, considerado antaño "de emergencia"— para alimentarse. El principio de la agricultura marca la sedentarización del hombre, su fin como depredador, su separación súbita de su pasado animal, su autotraición y su caída, el inicio de su degeneración fisiológica y el comienzo de la demografía descontrolada y las grandes concentraciones de población. También la pérdida de las cadenas cinéticas musculares ejercitadas por la vida cazadora, y la reducción de fibras musculares SP en favor de las LP. El hombre, jorobado y encorvado, se va convirtiendo en una bestia de carga.

La densidad de los nuevos cultivos cerealistas producía más calorías por hectárea que el antiguo régimen cazador-recolector y por tanto, permitía sostener a poblaciones humanas mucho mayores que lo que marcaba la capacidad de carga natural del medio. Sin embargo, como apunta Michael Gross en la revista Current Biology, "Mientras que la eficiencia por hectárea mejoró drásticamente, la eficiencia por persona desde luego no mejoró". Si bien la calidad biológica del ser humano sufrió un impacto brutal al abandonar el estilo de vida cazador-recolector para el que la Naturaleza lo diseñó, la demografía aumentó espectacularmente. Ahora, el truco del éxito evolutivo reside en la fuerza bruta numérica, el peso muerto de la demografía aplastante, la extensión de tierras cultivables y el buen resultado de las siembras. La multiplicación demográfica desbocada, que nunca había sido una característica durante el Paleolítico (las sociedades cazadoras-recolectoras tienen pocos hijos y bastante espaciados en el tiempo para ajustarse a los recursos del entorno) es un fenómeno claramente post-Neolítico. A esto le sigue la aparición de asentamientos cada vez más densos y poblados. La demografía humana, por primera vez, sobrepasa ampliamente las posibilidades naturales del hábitat. Con 11 milenios de antigüedad, Jericó (actual Cisjordania), dotada de murallas y torres defensivas, se considera universalmente la primera ciudad propiamente dicha del registro arqueológico.


Las primeras grandes concentraciones humanas

Los primeros núcleos de urbanización fueron el Levante, Mesopotamia, el bajo Nilo, el valle del Indo, el río Wei y Mesoamérica. En Europa, la urbanización penetrará a través de Grecia (primeros indicios pseudo-urbanos en Sesklo-Dimini) y el corredor del Danubio (yacimiento de Lepenski Vir, Serbia).

El origen de la ganadería no coincide con el origen de la agricultura y debe atribuirse a otro conglomerado de pueblos que el que dio lugar a ésta. En territorios montañosos medio-orientales sometidos a flujos migratorios centroasiáticos, estos pueblos domesticaron varias especies animales, lo cual implica un pasado claramente cazador, con todo el conocimiento proto-ganadero de los animales que esto implica: la ganadería es una degeneración masificada de la caza igual que la agricultura es una degeneración masificada de la recolección. De estos animales extraerá grasa, carne, órganos, leche, abrigo, asta, hueso, otras materias primas y, a no mucho tardar, transporte y potencia. Esta alternativa, si bien más carnívora y más sana que la agricultora, tampoco es la panacea: la nueva sociedad pastoril vive bajo el olor del estiércol, siempre atada a los pastos y a los yacimientos de sal para alimentar a sus vastos rebaños. Su todavía escasa adaptación a los cereales los hará mantener altas tasas de enfermedad celiaca, igual que los pueblos más puramente cerealistas serán intolerantes a la lactosa.

En la Mesopotamia de la Era de los Metales, no tardarán en aparecer las primeras contradicciones geopolíticas y étnicas: los pueblos pastores-montañeses, más aguerridos y con más proteínas y grasas saturadas en su dieta, depredan a los pueblos agricultores de las llanuras y valles fluviales, más mansos, de dieta fuertemente basada en los carbohidratos y ya amontonados en prósperas y pobladas ciudades-estado. Estas poblaciones se encontraban dominadas por tres instituciones que en adelante reaparecerán una y otra vez en la historia de las sociedades civilizadas: el Templo, el Palacio y el Mercado, tal y como vimos en otro artículo. El comercio internacional es ya una realidad: en la antigua Sumeria encontramos oro del valle del Indo, marfil subsahariano, esclavos de Irán, plata, estaño y cobre de Turquía, y resina de Mozambique. En Egipto hallamos lapislázuli de Afganistán, incienso de Sudán, simios de Somalia, aceite de oliva de Grecia y madera del Líbano. Se vislumbra ya la existencia de redes de comercio marítimo nucleadas alrededor de mares interiores como el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental. En el actual Iraq, el imperio acadio será el primero en proteger su producción estatal de trigo con una cadena de fortalezas, especialmente en torno al sistema agrario-fluvial del norte (Asiria), donde la proximidad de las tribus montañesas, mejor dotadas militarmente, era más preocupante.

La sumeria Ur en tiempos.

Estos estados agricultores, aunque prósperos, poblados y económicamente excedentarios, eran vulnerables: sus cosechas podían ser quemadas, y de hecho fueron arrasadas a menudo en las numerosas guerras que se sucedieron en Próximo Oriente desde, como poco, el Neolítico (muchos yacimientos arqueológicos tienen niveles de arrasamiento). Además, en las sociedades agrarias, las diferencias entre ricos y pobres son muchísimo más pronunciadas, igual que la diversidad racial. Con el tiempo, los pastores depredadores convertirán sus razias en invasiones organizadas, se establecerán como nueva aristocracia dominante y finalmente el vicio los corromperá, sentenciándolos a la disolución genética y a ser invadidos por una nueva horda pastoril recién vomitada del horno centroasiático. Las élites oportunistas, apátridas y avispadas que habían crecido en torno a la religión (Templo), la burocracia (Palacio) y el comercio y la finanza (Mercado) probablemente tendían, por su astucia y tradición diplomática, a sobrevivir a estos procesos.

Parece claro que hacia finales de la primera etapa sumeria, hubo varios procesos unificadores de las diversas ciudades-estado mesopotámicas, a cargo de soberanos con pretensiones mundiales como Urukagina y Lugalzagesi, que reclamaban haber conquistado todo cuanto había "entre el Mar Superior y el Mar Inferior" (supuestamente el Mediterráneo y el Golfo Pérsico). Esta unificación de las ciudades-estado de Mesopotamia podría considerarse el primer intento globalizador serio de la Historia.

En general, a lo largo de todo el mundo civilizado, desde China hasta Mesoamérica, aquellos que carecían de la disciplina paciente y mansa del campesino, así como de su fatalismo y alta natalidad, se volvían autodestructivos… y esto incluye a la nobleza guerrera, que durante toda la Historia expresará su malestar de bestia enjaulada en espirales de violencia fratricida, conspiraciones de palacio, juegos geoestratégicos, guerras de clanes, operaciones militares suicidas, expediciones comerciales o exploratorias arriesgadas y otros eventos disgenésicos [5] que, en general, hacían que la aristocracia y otros elementos activos, intrépidos, territoriales y agresivos, tuviesen una altísima mortandad. El derroche del oro genético y la multiplicación del plomo genético se convertirán en la nota dominante en este concierto.

Las primeras ciudades importantes son orientales. Varios nombres van brotando en el registro arqueológico: Ur, Uruk, Nippur, Kish, Lagash, Umma, Tebas, Avaris, Mohenjo Daro, Harappa, Ashur, Nínive… La egipcia Menfis estaba bien por encima de los 30 mil habitantes; hoy sería prácticamente un pueblo, pero en la época era la ciudad más grande del mundo, puesto que conservará hasta ser superada por Acad. Ur, actual Iraq, llegará a rondar los 65 mil. En el Siglo VII AEC, Babilonia es la primera en superar los 400 mil habitantes. Parece claro que Roma llegó a los 450 mil habitantes (algunos hablan de hasta un millón) ochocientos años después. La barrera psicológica del millón de habitantes sólo será superada por la iraquí Bagdad en la Alta Edad Media, durante la época del califato. Sarai (sur de Rusia) llegó a los 600 mil habitantes en la Baja Edad Media. Hasta el comienzo de la industrialización, Lagash (Iraq), Alejandría (Egipto), Pataliputra (India), Xi'an (China), Constantinopla (Imperio Bizantino), Ctesifonte (Iraq), Córdoba (España), Merv (Turkmenistán), Fez (Marruecos), Hangzhou (China), El Cairo (Egipto), Nankín (China) y Beijing (China), además de varias de las que hemos visto antes, llegaron a ser las ciudades más grandes del mundo en un momento dado [6]. En México, Teotihuacán osciló entre los 100-200 mil habitantes durante la Edad Media.

En contraste, la antigua Esparta nunca superó los 20 mil habitantes; hoy no llenarían ni el 30% del estadio de fútbol del Bernabéu en Madrid. Parece que en todo el reino de Laconia no había más de 32 mil espartanos (de los cuales los soldados movilizables eran solo 9 mil), 50 mil periecos (clase media) y 170 mil helotas (clase servil). Todos juntos no sumaban —cuantitativamente, claro está; cualitativamente es otro cantar— la población de algunas de las ciudades más grandes de la época. Su poder político era peculiar, manejado por un consejo de cinco ancianos, dos reyes (diarquía), un senado de 28 ancianos y una asamblea popular a cuyas reuniones tenían derecho a asistir todos los varones de más de 29 años que hubiesen completado satisfactoriamente todas las etapas de su vida militar. La comercial y cosmopolita Atenas representaba un modelo urbano y civilizatorio muy diferente. Con sus 150 mil habitantes, estaba mucho más inflada gracias a la inmigración y la esclavitud, pero su sustento dependía desesperadamente de mercados extranjeros como Egipto, Ucrania, Asia Menor y el sur de Italia. Una nueva contradicción civilizatoria estaba en marcha: las sociedades basadas en el poder terrestre (telurocracias) entraban en conflicto con las sociedades basadas en el poder marítimo (talasocracias).

La lucha entre un modelo favorecedor de las bajas densidades de población (el de los depredadores montañeses y cazadores-recolectores) y uno de altas densidades de población (las civilizaciones urbanas agrarias) se había extendido con el mismo Neolítico hacia Europa, África, Estasia y las Américas. El modelo volverá a entrar en acción en Europa cuando los rurales macedonios, periféricos de la Hélade, conquisten la urbanizada Grecia y se lancen sobre las riquísimas ciudades de Oriente Medio, instaurándose como aristocracia desde Egipto y los Balcanes hasta Afganistán e India. El patrón se repetirá mucho después en Arabia: la rivalidad entre los pastoriles sirios y los agrarios yemeníes heredó esta dicotomía. También en China: los mongoles y otras tribus del Heartland eurasiático tenderán a hostigar las prósperas ciudades de las llanuras chinas, hasta el punto de que las autoridades chinas acometerán la construcción de la Gran Muralla, que no será suficiente para impedir la instauración de una dinastía mongola en China.

Con la caída del Imperio Romano, muy urbanizado para los estándares de la época, (especialmente en su mitad oriental), una nueva horda procedente de entornos de baja densidad de población, los germanos, irrumpió en una Europa romana ya fuertemente transformada por una religión de entornos urbanos, fermentada originariamente entre esclavos de origen tercermundista: el cristianismo. En tiempos de Tácito, sólo las tribus germanas lindantes con Roma practicaban la agricultura, tenían rasgos pseudo-urbanos y llegaban hasta a militar en las legiones. En el resto de Germania dominaba el bosque cerrado inconquistable, las temperaturas eran mucho más bajas que ahora debido a que la espesa vegetación impedía el paso de los cálidos vientos mediterráneos hacia el Norte y se vivía a base de carne y leche.

En Iberia, estaba prohibido el matrimonio entre los invasores germánicos y la población autóctona. Los visigodos y suevos erigieron asentamientos dispersos en zonas rurales y castillos, se mantuvieron apartados de las "villas", donde siguió dominando una mezcla de la aristocracia senatorial y jerarquía eclesiástica hispanorromanas, y se contentaron con llamar "villanos" a sus habitantes, hasta el punto de que la palabra acabó adquiriendo connotación negativa, primero en cuanto a "plebeyo" y después en cuanto a persona de mala ley.

En Italia, la lucha entre gibelinos (partidarios del emperador romano-germánico) y güelfos (relacionados con el Papado y con Venecia), que causó graves conflictos en las florecientes ciudades del norte del país, puede interpretarse en buena medida como una nueva versión de la pugna entre las altas y bajas densidades de población. La poderosa Venecia, talasocracia de manual, no sobrepasó los 150 mil habitantes hasta el Siglo XVII, pero la Serenissima Reppublica, gobernada por una mezcla de la vieja aristocracia senatorial romana, familias mercantes y financieras del mundo antiguo y jerarquía eclesiástica, constituyó una auténtica superpotencia de la navegación, el comercio, la banca, la Inteligencia y la diplomacia, cuyo poder duró un milenio, atravesó Asia Central y llegó incluso a China. Hubo una época en que el único Estado que mantenía embajadas en todas las principales potencias del Viejo Mundo era la república de Venecia, y hasta era discutible si muchos segmentos de la mismísima Iglesia estaban manejados por agentes de la oligarquía veneciana.
  

Las ciudades de antaño estaban lejos de ser esos lugares de cultura y refinamiento que a veces brotan en nuestra imaginación idealizada. Los antiguos asentamientos de la Era de los Metales se encontraban al lado de los talleres donde tenía lugar la metalurgia del cobre, cuyos vapores son fuertemente tóxicos. Atenas era una sucia ciudad atestada de inmigrantes orientales y egipcios, en la que las pestes y las hambrunas campaban a sus anchas, y siempre dependiente de mercados extranjeros. Babilonia es universalmente descrita como un nido de depravación y molicie oriental. Roma, con todo su prestigio, era, según el romano Tácito, la ciudad donde todas las tendencias decadentes se daban cita y encontraban su capital, un lugar "donde llegan y se celebran todas las cosas atroces y vergonzosas que hay en otras partes". Un lugar donde una oligarquía económica tremendamente poderosa confundía sus intereses con los de los mercaderes internacionales del Mediterráneo, empleando a las legiones como vanguardia de operaciones comerciales cuyo objetivo era globalizar la cuenca del Mediterráneo y las regiones europeas tribales. Por supuesto, para que los mercaderes mediterráneos pudieran venderles su basura a las tribus de Germania, el Cantábrico ibérico o el norte de Gran Bretaña, éstas debían ser romanizadas o, en su defecto, cristianizadas. En Mesoamérica, la urbanización estuvo asociada a prácticas de genocidio, canibalismo y sacrificio ritual a una escala nunca vista en el mundo. En Egipto, los generales árabes tuvieron serias dudas en si tomar las decadentes ciudades bizantinas, de modo que acamparon a sus tropas a las afueras y ponderaron si valdría la pena exponer a sus hombres a los vicios y molicie que en tales poblaciones se cocinaban. Las ciudades europeas medievales y renacentistas —lugares insalubres de chinches, de ratas, de "agua va", de pestes y de callejones estrechos con aire viciado estancado— tampoco se quedaban atrás. Madrid, "villa y corte" del Imperio Español, era en su mayor parte un mosaico de tabernas, burdeles, vidas malogradas y callejones oscuros donde las cuchilladas llovían en cualquier esquina o portal y donde los principales alimentos eran el pan y el vino. Sevilla fue descrita por Cervantes como un tablero de ajedrez porque, debido al contraste entre familias de élite y esclavos subsaharianos, sólo había blancos muy blancos y negros muy negros.

En cuanto a la bohemia y hermosa Venecia, sus canales no eran sino un sistema de alcantarillado al descubierto, que venía a prolongar el insalubre anillo pantanoso que rodeaba la ciudad. Avanzando sobre inmundicia orgánica, las románticas y pintorescas góndolas proporcionaban el principal transporte en un entorno perfecto para la proliferación de insectos y enfermedades, incluyendo la malaria, el reuma, la artritis, la artrosis y la peste negra. Un paseo en barco por las marismas venecianas era a menudo suficiente para contraer la malaria (según las malas lenguas, la clase dirigente veneciana se quitó del medio al poeta y agente diplomático Dante mandándolo a dar una vuelta por los pantanos). A lo largo de la Edad Media, Venecia perdía rutinariamente al 10% de su población debido a epidemias; durante el Renacimiento, se decía que todos sus habitantes eran extranjeros, aunque gustaban de verse a sí mismos como herederos de Roma. Los carnavales, desvirtuados desde la época clásica, duraban meses enteros y proporcionaban una válvula de escape orgiástica: pan y circo. El clima de codicia, ambición e histeria sociopolítica hacía juego con este cuadro: en el palacio del Dogo de Venecia, un buzón con forma de boca de león recogía las denuncias depositadas por delatores anónimos y fuentes de dudosa solvencia. El denunciado simplemente desaparecía; generalmente secuestrado y estrangulado por agentes de la oligarquía. La policía política y los tribunales secretos eran la única manera de insuflar terror y respeto en los corazones de aquellos que podrían criticar el incomparable poder financiero y comercial del Dogo, su Consiglio y el resto de la oligarquía veneciana, que operaban bajo una bandera de aire claramente babilónico y que no tenían reparos a la hora de aliarse con árabes, turcos, judíos o protestantes. Tanto el inglés Shakespeare como el alemán Schiller fueron conscientes del peligro que entrañaban las redes de Inteligencia del Establishment veneciano neofenicio, y las estudiaron con atención. Entretanto se iban transfiriendo activos financieros y know-how venecianos al Banco de Ámsterdam primero y al Bank of England después.

En estas ciudades va surgiendo poco a poco la nueva casta de los burgueses, organizada en torno a la banca, el comercio y los gremios artesanales, entre los cuales la Masonería no tardará en desvirtuarse (masonería especulativa vs. masonería operativa) y convertirse en un instrumento de subversión en manos de los señores del dinero. El fenómeno de la Alta Finanza nace en las talasocracias italianas (Venecia y Génova) que culminaban la Ruta de la Seda, y va desplazándose lentamente hacia el norte, a lo largo de la Banana Azul: desde Florencia, Pisa, Venecia y Génova hasta Milán, Ginebra, Frankfurt, Amberes, Ámsterdam y finalmente Londres.

En el año 1500, París, con 165 mil habitantes, es la ciudad más grande de Europa… y la sexta del mundo, después de Beijing (China), Vijayanagar (India), El Cairo (sultanato mameluco), Hangzhou (China), Tabriz (imperio timúrida, actual Irán), Constantinopla (Imperio Otomano) y Gaur (India).


Revoluciones liberales, industrialización y desamortizaciones: éxodo campesino, oleada urbanizante y barrios obreros

La revolución americana de 1776 es otro nuevo enfrentamiento entre un modelo social de bajas densidades de población y otro de grandes centros urbanos. Los colonos ingleses de Norteamérica estaban mejor alimentados y solían tener mayor estatura que los campesinos europeos, mejor salud y constitución física, incluso más cultura debido a su alta alfabetización (conocimiento de la Biblia), se casaban a una edad más temprana, tenían más hijos y vivían más tiempo. En Norteamérica no había bosques vetados a la plebe, la caza era una actividad que podía acometer cualquiera. Thomas Jefferson, uno de los revolucionarios, había pronosticado que "Si nos amontonamos en grandes ciudades como los europeos, nos convertiremos en seres corruptos, tal y como ellos lo son ahora, y nos devoraremos los unos a los otros". Irreconciliable enemigo de la banca y de toda concentración excesiva de poder y de población, Jefferson era partidario de un sistema basado en granjeros libres, unidos por intereses comunes, dueños de su propiedad y capaces de defenderla por las armas. William Penn se horrorizó ante el trazado urbano de Londres (saturado y proclive a los incendios) y decidió que la ciudad de Philadelphia debería adoptar una disposición en manzanas amplias y cuadrangulares, con anchas calles perpendiculares.

La revolución industrial de Europa Occidental coincidió con el perfeccionamiento de la medicina, de modo que muchas personas débiles y/o estúpidas que en otras condiciones hubieran sido eliminadas por la selección natural, podían ahora sobrevivir y reproducirse a su vez, empobreciendo la calidad biológica de la colectividad. La degeneración del código genético se empezó a acelerar en los países occidentales que se fueron incorporando al mundo industrial.

"Abolición de la servidumbre", o barriada obrera en la nueva Europa industrial.

Esta nueva revolución tampoco hubiera sido posible sin procesos de reforma del régimen de propiedad de tierras, confiscaciones y desamortizaciones. La nobleza, los monasterios, iglesias, catedrales, etc., representaban un patrimonio inmueble inmenso que no estaba todavía controlado por la nueva casta del dinero, y que debían ser absorbidos por el capital cuanto antes.

En este sentido Inglaterra partía con ventaja: en el Siglo XVI, el rey Henry VIII, bajo la influencia del agente veneciano Francesco Giorgi, había roto con la Iglesia católica y se había dedicado a disolver monasterios y conventos, repartiendo sus tierras entre una nueva aristocracia adicta que las exprimirá sin miramientos: la desamortización ya estaba hecha. Uno de los mayores entusiastas de este proceso fue Thomas Cromwell. Bisnieto de Thomas fue el dictador inglés Oliver Cromwell, puritano fanático que, bien apoyado por capital sefardita procedente de Holanda, hizo decapitar al rey de Inglaterra al siglo siguiente y continuó con las expropiaciones de tierra a los católicos en Inglaterra, Escocia y especialmente Irlanda. Fue notable también su labor de represión del folklore campesino y el imaginario colectivo de la antigüedad. Cromwell bisnieto, sabiéndolo o no, estaba continuando la secuencia lógica iniciada por la revolución neolítica en la Europa cazadora-recolectora y por la revolución cultural cristiana en el mundo grecorromano. Las enclosures (cierre de tierras mediante vallas que suponían su privatización en manos de unos pocos, en oposición a las antiguas tierras comunales, abiertas para todo el campesinado local) comenzaron a proliferar mientras que los pueblecitos comenzaron a desaparecer uno a uno, sus habitantes tragados por las ciudades.

La siguiente potencia en llevar al cabo un cambio drástico en el ordenamiento de tierras y mentes fue Francia durante la revolución de 1789, fuertemente dirigida y financiada por logias iluministas con lazos financieros internacionales. La resistencia de las clases rurales debió ser importante: el 60% de los guillotinados no fueron nobles ni eclesiásticos, sino campesinos. Siendo esta revolución un proceso claramente dirigido por las oligarquías burguesas urbanas, obsesionadas con derribar al Antiguo Régimen, fuertemente rural, esta revolución puede interpretarse justo en sentido contrario que la americana: una insurrección de la ciudad contra el campo. Contrariamente a lo que se suele pensar, en el Antiguo Régimen la proporción de tierras comunales era muy alta, y la cantidad de festivos y días libres de trabajo para el campesino, enorme. Los obsesos del beneficio económico pretendían acabar con este antiguo sistema de fueros y privilegios y darle al proceso el nombre de "emancipación" o "abolición de la servidumbre" para que ofreciese un aspecto amable, pero la realidad es que las masas campesinas fueron despojadas de su identidad ancestral y arrojadas a un mundo de precariedad, explotación, alcoholismo, prostitución y ateísmo. La Masonería tuvo un papel estelar a la hora de coordinar dicho proceso.

En España, los cambios pertinentes en la propiedad de la tierra vendrían de la mano de la desamortización del político liberal Mendizábal (un agente de los Rothschild de Londres), que destruyó un patrimonio artístico incalculable y causó una estampida de labradores hacia las ciudades. Tanto la Iglesia como la aristocracia, los terratenientes (incluyendo altos mandos militares) y los campesinos se iban perfilando como enemigos del nuevo sistema liberal-industrial en España. El triunfo de los liberales en las Guerras Carlistas también contribuyó a liquidar el Antiguo Régimen rural en nuestro país y además implantó en la cornisa cantábrica la red de Inteligencia y finanzas del Imperio Británico. Los dos bancos más importantes de España, Santander y Bilbao, se fundaron con capital británico en las dos ciudades españolas mejor conectadas geográficamente con Inglaterra.

En Prusia y Austria, las confiscaciones y concentraciones de tierra habían sido un proceso de conquista cuyos orígenes se encontraban en las campañas militares de la Orden Teutónica y de los Habsburgo en Europa del Este. La legislación liberal del estadista prusiano masón Von Hardenberg en 1812, favoreció que gran cantidad de campesinos emigrase desde Prusia hacia los centros industriales de Alemania occidental, especialmente el Ruhr. Como veremos en el siguiente apartado, el mundo germano centroeuropeo intentará revertir este proceso en el Siglo XX.

En EEUU, fue la Guerra de Secesión la que favoreció el triunfo del modelo yanqui industrial-liberal, a costa del régimen agrario, aristocrático y neofeudal del Sur. Obviamente, también el "destino manifiesto" o marcha de los anglogermanos hacia el Oeste, a costa de los indios, supuso otro proceso de conquista de tierras mediante la guerra.

Tanto en Rusia como en China, sólo el comunismo logrará, de forma extraordinariamente violenta, un régimen de tierras más apropiado para los intereses de la industrialización y el beneficio económico. La obsesión de Stalin con los kulaks y su abierta hostilidad hacia el campesinado ruso pueden interpretarse como un nuevo episodio de lucha entre altas y bajas densidades de población. Stalin quería convertir a la Unión Soviética en un mastodonte de la industria pesada, y para ello era necesaria la urbanización de su imperio, cayese quien cayese. En cuanto a China, la filosofía tradicional, violentamente purgada por Mao Zedong, jamás hubiese permitido la construcción de rascacielos como los que ahora se yerguen en las grandes ciudades chinas, ni la contaminación industrial masiva del río Amarillo. Acabar con la ideología antigua fue necesario, por tanto, para convertir China en lo que es ahora. Las Guerras del Opio, Sun Yat-sen, Victor Sassoon, Chiang Kai-shek, el general Marshall, Mao Zedong, Sydney Rittenberg, Henry Kissinger y John D. Rockefeller, Jr., fueron meros hitos en la conversión de China a la modernidad.

En Iberoamérica, serán las revoluciones y guerras de independencia a cargo de las burguesías liberales y masonizadas, fuertemente apoyadas por Londres y su aparato masónico y de Inteligencia, las que redistribuirán la tierra a satisfacción del capitalismo.

En Japón hubo dos grandes procesos de reforma de la propiedad de la tierra, el Chisokaisei de 1873, que allanó el camino a una clase capitalista nacional, y el de 1947, que desmanteló casi totalmente el poder de los terratenientes nacionales, cosa que sólo pudo hacerse por la intimidación que suponía la detonación de dos bombas atómicas, la rendición incondicional del emperador y la presencia de una imponente fuerza militar estadounidense de ocupación.

En Sudáfrica, las Guerras Bóers que mantuvo el Imperio Británico contra los granjeros afrikáners fueron decisivas para introducir de forma más rotunda el nuevo sistema industrial-mercantil-capitalista y urbanizante en el país, a costa del modelo productivo-agrario de los bóer —palabra hermana de la alemana bauer (campesino). El proceso se completó con la anexión de las repúblicas bóers a la colonia británica de El Cabo.

La concentración de la propiedad de la tierra tendió a hacer su explotación más efectiva y reportaba mayores beneficios (a cada vez menos personas), a la vez que los antiguos granjeros eran expulsados con compensaciones mínimas. El proceso dio lugar a un incremento de la productividad agrícola que convirtió a muchos campesinos en redundantes y a la vez aumentó su natalidad, transformándolos en carne de cañón proletaria para las industrias urbanas, en deprimentes barrios obreros. Allí, el campesino desarraigado se embrutecía, olvidaba sus tradiciones y era presa fácil del alcohol, de la delincuencia, de los empresarios sin escrúpulos y de las doctrinas subversivas. A caballo de este proceso, en el último cuarto del Siglo XIX, Londres es la primera ciudad en superar los 5 millones de habitantes. En el año 1900, las ciudades más grandes son Londres, Nueva York, París, Berlín, Chicago, Viena, Tokio, San Petersburgo, Manchester y Philadelphia, todas ellas habitadas predominantemente por europeos étnicos… salvo Tokio.


Alemania y la dispersión hacia el Este

Tras la revolución americana, el siguiente intento significativo de fortalecer la posición del campo y del granjero, deteniendo el proceso de masificación social sin por ello renunciar al progreso científico, fue la de la Alemania nazi en su empuje desesperado por dispersar sus enormes concentraciones de población hacia los territorios de la Unión Soviética, buscando una mayor ruralización de su sociedad en lugar de una mayor urbanización. En la ideología nacionalsocialista, las ciudades, llenas de espacios abiertos, parques, monumentos y avenidas anchísimas, debían convertirse en nudos económicos, administrativos, políticos, deportivos, transportistas y culturales, pero en ningún caso en colmenas humanas. En las revistas propagandísticas de las SS, se leía una y otra vez que "un pueblo nace en el campo y muere en las ciudades", junto con gráficos y cifras que apoyaban la teoría [7] y que evidenciaban que los nazis se habían tomado muy en serio el estudio del drama humano asociado al fenómeno urbanizante. Dicho interés tenía sus raíces en los nacionalismos románticos y socialismos utópicos de finales del Siglo XIX y en la estancia de Hitler en la Viena obrera así como en los grupúsculos völkisch, que preconizaban un regreso a la tierra y una vida de campamento, especialmente para la juventud.

Urbanización modelo para obreros en Alemania. La idea era descongestionar los núcleos poblados y proporcionar un terruño mínimo por familia. Cuando la construcción de bloques de apartamentos era ineludible, se procuraba que las calles fueran anchas y que abundasen los espacios verdes. El impacto de la estética del entorno en la psique del habitante urbano era muy tenida en cuenta. La construcción de rascacielos, calles estrechas e interminables bloques de apartamentos era considerada una herejía. Ni siquiera los grandiosos proyectos arquitectónicos para Berlín incluían edificios altos, se prefería la extensión territorial y la descongestión. La filosofía arquitectural urbana nazi para proyectar poder, imposición y admiración era muy distinta de la actual.

La idea de Blut und Boden (sangre y suelo) o Rasse und Raum (raza y espacio) fue tomada del pasado nacional-romántico alemán de finales del Siglo XIX, y defendida por teóricos como Friedrich Ratzel (uno de los padres de la Geopolítica, y acuñador del término Lebensraum o "espacio vital" en 1901), Oswald Spengler, Walther Darré [8], Gottfried Feder [9], Himmler y el mismo Hitler. El general Karl Haushofer, geopolitólogo de la Escuela de Munich y discípulo directo de Ratzel, parece ser quien introdujo la filosofía Blut und Boden en el ideario nacional-socialista. Convencido de que la proliferación de grandes centros urbanos era síntoma de la decadencia de una nación (falta de arraigo al suelo, desplome de la natalidad en las ciudades, derrumbe de la agricultura con la consiguiente dependencia de patios traseros tercermundistas, falta de efectividad de sistemas de poder centralizados), Haushofer defendió un modelo agrario y rural, no basado en el comercio exterior, sino en la autosuficiencia interna (imposible no ver la huella dejada en su pensamiento por el "Estado Comercial Cerrado" de Fichte) y la relación entre el individuo y la tierra: en lo posible, cada ciudadano alemán debía tener un mínimo terruño. Para llevar al cabo este modelo etno-agrario, Alemania debía apropiarse de Lebensraum extranjero, concretamente en las mejores tierras agrícolas del mundo: Ucrania y otros territorios de la Unión Soviética.

Ya durante la Segunda Guerra Mundial, no faltarían las justificaciones a esta política: en el Este, a los nazis les gustaba comparar las desordenadas explotaciones agrarias de los eslavos, considerados de carácter fatalista, con las modélicas propiedades alemanas —cultivadas minuciosa y científicamente— para explicar la implantación de colonos alemanes en Polonia y Yugoslavia. También las políticas criminales del gobierno soviético fueron sacadas a colación: entre confiscaciones de cosechas, represalias de la NKVD y quema de granjas, millones de campesinos morían de hambre en el Volga y en la fertilísima Ucrania —los graneros naturales de Europa— mientras los jerarcas bolcheviques se enriquecían vendiendo grano en el mercado internacional supuestamente denostado por ellos.

Granja rusa en la fértil Ucrania vs. casa de un granjero alemán en tierra ganada al mar. "No es el entorno quien forma a los hombres, son los hombres los que forman el entorno". La publicación pretendía justificar la implantación de colonos germánicos en territorios conquistados a la URSS. Ya durante la guerra, el "Ostacker Programm" buscaba recuperar económicamente las tierras arrasadas por orden de Stalin (en una profundidad de 40-60 km de las líneas alemanas) en su política de tierra quemada.

Pero las más importantes justificaciones se encontrarían en los números: la URSS tenía 21 millones de km cuadrados de superficie y sólo 9 habitantes por km cuadrado; el Imperio Británico 33,7 millones de km² y 16 hab/ km²; el Imperio Francés 12,3 millones de km² y 9 hab/ km²; Estados Unidos 9,2 millones de km² y 14 hab/ km². Los imperios coloniales belga, danés, portugués y holandés superaban todos los 2 millones de km². Alemania, en cambio, tenía sus 70 millones de almas encajonadas en 0,6 millones de kilómetros cuadrados: 110 habitantes por km cuadrado. Alemania era comparable a la Costa Este americana sin el resto del territorio estadounidense, o a Inglaterra sin el resto de su imperio. Esto, en la época pre-globalización, equivalía a una sentencia de muerte por hambre y escasez de materias primas. Cualquier observador imparcial de la época hubiera podido deducir que, desde el Tratado de Versalles, Alemania había sido conducida a una tesitura en la que sus fronteras debían estallar, de una forma u otra.

Aunque la filosofía Blut und Boden puede rastrearse a algunos predicadores destacados, llevaba décadas madurándose debido a la situación estratégica del Estado alemán. Dicha situación se vio especialmente agravada en el período de entreguerras: más población (y más densa) que Reino Unido y que Francia, mayor proporción de población rural que ambas metrópolis imperialistas, peligro de bloqueo naval en cualquier momento, hambruna seria, inflación descomunal, sus zonas industriales y carboníferas ocupadas militarmente, la navegación fluvial en sus principales ríos (Oder, Wesser, Elba y Rhin) sometida al control extranjero, una deuda de guerra surrealista e impagable [10], pérdidas territoriales desorbitantes en regiones particularmente agrarias e industriales, formación de un cordón sanitario de estados hostiles en el Este, amputación de Prusia Oriental, maltrato de las poblaciones alemanas en el extranjero y carencia de patios traseros coloniales en los que establecer su exceso de población, obtener autarquía alimentaria, materias primas, mano de obra barata, etc. Todo esto le sucedía a Alemania en una época en la que países mucho menos importantes —como Bélgica, Holanda, Italia, Portugal o Dinamarca— tenían importantes colonias y una holgada situación comercial. Las condiciones del Diktat de Versalles parecían explícitamente diseñadas para impedir que el pueblo alemán alcanzase un nivel de vida similar al de sus vecinos.

Este gráfico puede ser distribuido libremente por Internet. Click aquí para la versión inglesa. Aquí una versión completada con las estadísticas de China y Japón.

A pesar de tratarse de un país razonablemente extenso, la cantidad real de terreno arable disponible para el granjero alemán per cápita era comparable al de países como Irlanda, Rumanía o Polonia. En 1933, el 75% de las granjas alemanas cultivaban sólo el 19% de la tierra arable del país. La mayor parte de los granjeros alemanes (el 88% de ellos, 12 millones de almas), fuertemente endeudados con la banca, vivían en la pobreza o en granjas insostenibles. A pesar de los esfuerzos del gobierno nacional-socialista por drenar pantanos, construir diques y ganarle terrenos arables al mar, la situación agraria de Alemania era preocupante. Frente a esto, los estrategas nazis proponían conquistar el inmenso potencial agrario de Europa del Este, imitando el "destino manifiesto" de Estados Unidos (marcha de los anglogermanos hacia el Oeste), convirtiendo, en palabras de Hitler, al Volga en un "Mississippi alemán" —y al Mar Negro en un "Mediterráneo alemán" [11]. Aunque el proyecto era claramente alemán, se contemplaba la incorporación de grupos racialmente nórdicos al proyecto: las autoridades nazis consideraban que el 10% de la población polaca y del norte y centro de Rusia era "racialmente germánica" y por tanto apta para la germanización. Entre los checos, el porcentaje era del 50%, ucranianos 35%, bielorrusos 25%. Los croatas eran considerados más germanos que eslavos. En la colonia ucraniana de Hegewald, Himmler planeaba asentar a escandinavos, holandeses y polacos y ucranianos clasificados como germanizables (wiedereindeutschungsfähig).

Las llamadas Blutlanden, Bloodlands o "tierras de sangre" tienen un nombre adecuado, ya que son el suelo más empapado de sangre del planeta. Se corresponden con aquellas zonas adjudicadas al Imperio Alemán, invadidas por la URSS, represaliadas por el bolchevismo, desestabilizadas por guerras civiles nacionalistas, invadidas por Hitler y finalmente ocupadas por Stalin. La vasta región coincide grosso modo con la Zona de Asentamiento decretada por Catalina la Grande en 1791 para controlar el flujo de judíos asquenacíes, y tenía la mayor densidad de población judía del planeta. Las Tierras de Sangre son una bisagra que unen o separan a Europa del resto de Eurasia. Como no existen barreras naturales entre Berlín y Moscú, ambas fuerzas estaban destinadas a convertirse en una sola (Alemania estaba destinada a ser el centro neurálgico y Rusia el cuerpo), por las buenas o por las malas, y las potencias periféricas, marítimas y mercantiles del mundo vieron necesario crear barreras políticas artificiales para compensar la falta de barreras geográficas naturales. El objetivo era evitar la constitución de un poder eurasiático autoritario que hubiese podido disputarles la hegemonía global.

El programa alemán estaba vertebrado de la siguiente manera: se establecerían granjas de 20 a 40 hectáreas (capaces de sostener a familias grandes, de diez miembros o más), nucleadas alrededor de granjas de 120 hectáreas concebidas para la producción excedentaria y el comercio. [100 hectáreas = 1 km cuadrado]. El Este sería prácticamente solo rural, la industria se concentraría en las zonas ya urbanizadas de la Banana Roja en Centroeuropa. Las ciudades eslavas, despreciadas por los alemanes, no se colonizarían y prácticamente serían ignoradas [12]. Probablemente se esperaba que la mayor prosperidad de las granjas alemanas atrajese a los eslavos de las ciudades de vuelta al campo, como mano de obra campesina. El asentamiento alemán medio sería una aldea de 300 a 400 habitantes, y de vez en cuando habría asentamientos de mayor entidad denominados Hauptdorf. Estas constelaciones de aldeas estarían intraconectadas e interconectadas con diversas autopistas (incluyendo una directa desde Alemania hasta Crimea), carreteras y vías férreas contempladas por el Generalplan Ost, que Hitler veía como el intento de establecer la frontera de Europa con Asia para los próximos mil años. Dos estrategias oficiales competían para colonizar el Este: la primera preconizaba oleadas sucesivas de asentamientos dispersos, y la segunda la vertebración de estos asentamientos alrededor de rutas geográficas, a modo de "collar de perlas". De un modo u otro, se pretendía que la colonización germánica del Este brindase suficientes recursos para convertir Alemania en una economía autárquica similar a los mercados internos de Estados Unidos, y capaz de hacer que Berlín compitiese con Washington por la influencia global.

Los territorios ocupados por los alemanes en Europa del Este incluían las mejores tierras agrarias del mundo; en Ucrania, la capa de humus llega en algunos lugares a los diez metros de grosor. Con semejantes ganancias territoriales, era factible descongestionar las abarrotadas regiones de Alemania occidental. El objetivo alemán era controlar el vasto istmo que une a la gran Península Europea con el resto del continente eurasiático. En los lugares razonablemente estabilizados y alejados del frente, Alemania impuso Reichskommisariaten o comisariados del Reich, dictaduras regionales. Además de los señalados en el mapa, existían planes para, como poco, tres comisariados más: Moscovia, Caucasia y Turkestán. El Gobierno General de Polonia quedaba fuera de los planes agrarios nazis: debía convertirse en una cantera de mano de obra barata, un aparcadero de judíos, una plataforma logística e industrial, un centro de confluencia de rutas, una base resguardada para la concentración de tropas y un trampolín para futuras acometidas en el Este.

El proyecto geopolítico alemán, como todos sabemos, fracasó, y los segmentos germánicos destinados a implantarse en el Este fueron exterminados por el Ejército Rojo y los gobiernos polaco, checoslovaco y yugoslavo, con la inestimable colaboración de Washington y Londres. Pero la especulación queda servida: ¿qué hubiera podido hacer con los recursos de Eurasia una nación que, sin colonias, sin materias primas, sin espacio vital, sin mano de obra low-cost, con enormes densidades de población y con gran proporción de población rural, había conseguido convertirse en la segunda potencia industrial del mundo por derecho propio y generar una cantidad apabullante de ciencia, arte, tecnología y filosofía? ¿Sigue siendo Eurasia una posibilidad, aunque su capital, en lugar de Berlín, sea Moscú?

Lo que rara vez rescata la Historia es que el proyecto rural alemán en Europa del Este tenía sus antecedentes. Por un lado, los nazis se inspiraban en la sociedad señorial prusiana, cuyos orígenes se remontaban a las conquistas medievales de la Orden Teutónica. Debido esta base, la nobleza alemana era de carácter militar, provinciano y productivo, en contraposición a la inglesa, que era naval, cosmopolita y comercial. Inspirándose en el carácter de los antiguos junkers prusianos, en las correrías de los godos, en la misma aristocracia rusa (de origen fuertemente germánico), en los cosacos y en los Volksdeutsche o alemanes étnicos del Este, Himmler defendería más adelante el establecimiento de una aristocracia rural y militar en los territorios conquistados, dominada por los veteranos de guerra de las Waffen-SS, que le pondrían la guinda a siglos de Drang Nach Osten (marcha hacia el Este) germánica.

Otro precedente lo constituyen los territorios orientales ocupados por Alemania y Austria-Hungría ya durante la Primera Guerra Mundial. En el Báltico, el mando supremo de las fuerzas alemanas en el Este había establecido en 1914 el Ober Ost, un protectorado por el que combatirían los freikorps alemanes tras la guerra, para defenderlo del bolchevismo. Ober Ost (que era el antepasado del posterior Reichskommisariat Ostland nazi) estaba gobernado de iure por el mariscal de campo Hindenburg, de facto por el general Ludendorff.

La rada de la República Popular de Ucrania, que se encontraba en plena guerra con el bolchevismo soviético, puso a disposición de los austro-alemanes un millón de toneladas de grano y otros productos agrarios (huevos, carne de vacuno, panceta, lino, cáñamo, también manganeso), en un acuerdo de Febrero de 1918 conocido como Brotfrieden o "paz del pan". Esta colaboración germano-ucraniana tendía a minar la posición negociadora de León Trotsky, forzando a los bolcheviques, muy a su pesar, a aceptar las condiciones alemanas del tratado. Por otro lado, permitía a Alemania romper el bloqueo naval de la Entente (que entre otras cosas, la aislaba de sus escasas colonias y socios comerciales), haciéndose autárquica e inmune a los embargos comerciales enemigos, y proporcionaba cereales a Austria, muy necesitada de grano debido a un ridículo conflicto doméstico con Hungría.

A cuento de su increíble potencial granjero, Ucrania era sin duda la porción más golosa del pastel conquistado. Las tropas austro-alemanas entraron en Kiev en 1918, suplantando a las soviéticas que la habían ocupado dos semanas atrás, y los nuevos ocupantes se apoyaron en milicias menonitas (la Selbstschütz, entrenada por los austro-alemanes y los rusos blancos) para imponer su control militar. Los menonitas de origen alemán se habían labrado, desde tiempos de Catalina la Grande, fama de granjeros trabajadores y aplicados, capaces de cultivar y hacer prosperar cualquier territorio. La situación se afianzaría con el Tratado de Brest-Litovsk, firmado en 1918 en la actual Bielorrusia. El tratado le arrebataba a la recientemente establecida República Socialista Federativa Soviética de Rusia el 25% de su población y el 25% de sus cereales y hierro, así como importantes ciudades y centros económicos y vastas extensiones de Europa del Este —incluyendo los tres países bálticos, toda la actual Polonia, Ucrania y una buena mordida de Bielorrusia.

Ganancias germanas en Europa del Este gracias al Tratado de Brest-Litovsk. A pesar de la traición diplomática y burocrática efectuada por los políticos izquierdistas y los movimientos subversivos de retaguardia en Alemania durante el armisticio de Noviembre de 1918 (Dolchstoss o puñalada por la espalda), Alemania no renunciaría a sus ambiciones territoriales en el Este. Yevhen Konovalets, nacionalista ucraniano, conocería a Hitler en los años 20 y posteriormente sería una pieza central del plan alemán para convertir Rutenia Transcarpática (la parte más oriental de la Checoslovaquia anexionada, habitada por rutenos o rusinos, es decir, ucranianos étnicos) y la Galitsia ucraniana en el núcleo de un estado ucraniano títere y un puente para la invasión de la URSS. Konovalets será asesinado por la NKVD y los nacionalistas ucranianos, relacionados con la Abwehr (la Inteligencia militar alemana, fuertemente infiltrada por la británica), no prosperarán.

Los términos de Brest-Litovsk enfurecieron sobremanera a Trotsky, al que Lenin había obligado a firmar argumentando —correctamente— la inminencia del derrumbamiento interno de Alemania y la necesidad de hacer sacrificios temporales para obtener ganancias permanentes. A la larga, la derrota de los proyectos rurales alemanes nos aterriza en el triunfo del rascacielos capitalista, del bloque de apartamentos obreros comunista y del barrio degradado tercermundista. Lo cual nos lleva al siguiente apartado.


Situación actual

El mundo moderno, desde la descolonización hasta la globalización, se ha construido sobre la derrota de las potencias del Eje en 1945. Desde entonces, el proceso de concentración de capital, poder y personas se ha incrementado a un ritmo vertiginoso. A principios del Siglo XX, la población urbana del planeta era del 14%, y en 1990 todavía no rozaba el 40%. Llegamos a este año 2014 con una población urbana de más de la mitad del total mundial. En 2025 "se espera" (porque nadie puede asegurar qué pasará hasta entonces) que sea del 66% y que la cifra siga escalando hasta estabilizarse, en teoría, en torno a un 80%.

Quince de las veinte megaciudades más importantes del mundo se encuentran en una costa o cerca de una. En la actualidad, más de la mitad de los urbanícolas vive en ciudades de 100-500 mil habitantes. Sólo un 10% vive en megaciudades (más de diez millones) pero la tendencia en boga es sin duda la concentración de cada vez más población en cada vez menos núcleos y más grandes. El proceso apunta a que con el tiempo se formarán ―en muchos casos se están formando ya― megalópolis que englobarán varias ciudades juntas. En Europa tenemos ya el ejemplo del área metropolitana de Essen (Alemania). Japón, Holanda, Inglaterra, la Costa Este de China y la Costa Este de EEUU también ofrecen casos comparables.

Los países más urbanizados del mundo coinciden con ciudades-estado (Singapur, el Vaticano), paraísos fiscales (Mónaco, San Marino), oasis financieros insulares (Islas Caimán, Guam) o Estados cuyas zonas rurales están particularmente desertizadas y despobladas (Qatar, Kuwait). Estos estados tienen una proporción de población urbana del 100% o muy cercana a esta cifra. Aparte de estos extraños enclaves, en Europa destaca Bélgica con un tremendo 97,5% y en América, Puerto Rico y Venezuela, con cerca del 94%. En Asia, Japón ronda el 92%, seguida muy de cerca por Corea del Sur. La potencia principal, Estados Unidos, se encuentra en un 83%.

En el otro extremo hallamos países altamente rurales o hasta cazadores-recolectores, como Burundi (11%), Papúa-Nueva Guinea (13%) y Sri Lanka (15%). Encontramos cerca a Etiopía, un gigante de 90 millones de habitantes (más que su contrapartida Nilo abajo, Egipto), con un 17%.

Consideramos oportuno proporcionar datos sobre la urbanización de otros países, redondeados para acercarse a los probables valores actuales. Camboya 23%, Afganistán 23,5%, Bangladesh 29%, Vietnam y Nepal 31%, India 32%, RD Congo 35%, Pakistán 37%, Egipto 44%, Filipinas 49%, Nigeria 50%, Indonesia 51%, Rumanía 53%, Kazajistán y China 54%, Serbia 56%, Corea del Norte 60%, Grecia 61%, Sudáfrica 62%, Italia 68%, Irán 70%, Turquía 71%, Argelia 73%, Rusia, Suiza y Alemania 74%, Colombia 76%, España 75,5%, México 78%, Brasil y Suecia 85%, Francia 86%, Australia 89%.

En 2015, la cantidad de megaciudades (siempre que se trate de poblaciones censadas, ya que en muchos barrios suburbanos el censo no se aplica con rigor y se desconoce su población real), llegará a 40. Al hablar de las urbes más pobladas del mundo, será necesario dejar de pensar en Londres, París o Nueva York; vendrá mucho más a cuento pensar en México DF, São Paulo y Río de Janeiro (Brasil), Buenos Aires (Argentina), El Cairo (Egipto), Lagos (Nigeria), Kinshasa (RD Congo), Estambul (Turquía), Teherán (Irán), Lahore y Karachi (Pakistán), Mumbai, Delhi, Bangalore, Kolkata, Hyderabad y Ahmedabad (India), Bangkok (Tailandia), Yakarta (Indonesia), Manila (Filipinas), Chongqing, Hong Kong, Shanghai, Beijing, Guangzhou, Suzhou, Harbin, Chengdu y Tianjin (China), Seúl (Corea del Sur) o Tokio (Japón). Sólo cuando Reino Unido, Francia o Estados Unidos se "equilibren" y estén en condiciones de "competir en el mercado global de la mano de obra" ―es decir, cuando lleguen a ser países tercermundistas mediante la inmigración y los salarios de risa―, podrán sus ciudades (o mejor dicho, los suburbios tercermundistas de sus ciudades) crecer también descomunalmente y competir con los pesos pesados de la lista. Hasta entonces, casi todo el crecimiento urbano del futuro tendrá lugar en países tercermundistas.

Hong Kong, gracias a sus construcciones desproporcionadamente elevadas (con más rascacielos que ninguna otra ciudad del mundo), concentra una población inmensa en un territorio muy reducido. Podría considerarse el colmo de la urbanización, pero por cada rascacielos que brota en el mundo, es necesario que brote un barrio degradado en otro lugar. La urbanización tiene dos caras.

A estas alturas de la cortísima historia de la urbanización, los judíos llegan a nuestros días como el grupo étnico más urbanizado del planeta. En Estados Unidos, los judíos son, junto con los italianos, la etnia más urbanizada. La mitad de todos los judíos estadounidenses se encuentra en sólo siete urbes: Nueva York, Los Ángeles, Miami, Chicago, Boston, Washington y Philadelphia. Un quinto de ellos se encuentra solo en el área metropolitana de Nueva York [13]. Los judíos en general son también la etnia moderna que lleva más tiempo viviendo en condiciones urbanas, puede que entre otras cosas porque el Talmud enseñó que "la agricultura es la más despreciable de las ocupaciones". Este pensamiento se opone directamente al tradicional romano plasmado en la República temprana, cuando los senadores todavía acudían al Senado con las manos y túnicas manchadas de tierra, como señal de trabajo. Cicerón, miembro de esta tradición, consideraba que "La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre".

A principios del Siglo XXI ya es obvio que el hombre ha abandonado las formas sociales de tipo bosque —es decir, aquellas en las que la Naturaleza llega por sí misma a un clímax de biodiversidad, el tope de capacidad de carga biológica del ecosistema, con enormes animales y árboles plenamente desarrollados, y con la selección natural (la "mano invisible" del mercado ecológico) velando por el equilibrio entre todas las especies. El hombre rompió con el pasado bosque originario y, cegado por su soberbia de querer reorganizar la Naturaleza como si fuera un dios, creó un jardín. Luego olvidó que el jardín, por su misma disposición, precisa de cuidados y es extraordinariamente vulnerable a la infiltración de malas hierbas. Si no se hace nada por atajar dicha proliferación, las malas hierbas se enseñorean del jardín, lo colonizan… y sólo después de muchísimas generaciones de selección natural y libre albedrío será el suelo de nuevo digno para ser colonizado por árboles nobles, alcanzando un nuevo clímax.

Debido a la enorme población que ha alcanzado la humanidad, el modo de vida cazador-recolector —que exige un enorme espacio vital por persona—, sería inviable hoy en día para toda la población mundial. Si cada ser humano hiciese paleodieta, por ejemplo, el planeta no tardaría en quedarse sin biomasa. En esta huida hacia adelante, alimentada por la demografía tercermundista, la deuda financiera, el interés del dinero y una tecnología que evoluciona mucho más rápidamente que el hombre (que de hecho está involucionando), sólo hay una manera de sostener poblaciones cada vez mayores: degradando y masificando sus condiciones de vida en cada vez mayor medida, para acabar convirtiendo el planeta en un archipiélago Gulag de megaciudades-estado, rodeadas de espacios principalmente vacíos, e interconectadas entre ellas por rutas comerciales de flujo tan denso como estrechamente vigilado.

Toca ver la última gran revolución urbana de la historia. Un salto cuántico tan definitivo y arrollador que amenaza con cambiar la faz del planeta entero: la revolución de los suburbios tercermundistas.



NOTAS

[1] La inconfundible decadencia de la MTV tiene una raíz: el consorcio mediático Viacom y sus principales responsables, dos judíos étnicos asquenacíes: Sumner Redstone y Philippe Dauman.

[2] Aunque en Europa también se comete demasiado a menudo el error de juzgar la sociedad estadounidense únicamente a partir de los productos subculturales que nos llegan del otro lado del Atlántico. Sería como si en EEUU juzgasen España por las películas de Almodóvar. Nuestro continente tampoco se encuentra precisamente en una posición de superioridad moral, ya que ha importado e imitado sólo lo malo de EEUU y nada de lo bueno, y lo ha aderezado con su propia decadencia independiente.

[3] "Work hard, play hard", es decir, deslómate y luego húndete en lo sensorial-superficial para desconectar. Al menos eso es lo que aconseja ―ordena― un éxito musical de 2012. Responsable: la Warner Music Group, otro pulpo del mundo del entretenimiento, gobernado por Edgar M. Bronfman, Jr., también judío asquenací.

[4] En España, la Fundación Empresa y Sociedad promovió el Programa Empresa e Inmigración a partir de 2006. Años después, las empresas adheridas al programa conformaban lo más selecto del capitalismo en España: Accenture, Acciona, Accor Services, Adecco, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, Aguirre Newman, Alcampo, American Nike, AT Kearney, Avon Cosmetics, Bancaja, Banco Urquijo, Banesto, Banco Santander, Bankinter, Barclays España, BBVA, Bilbao Bizkaia Kutxa-BBK, Booz & Company, BT España, Caja Madrid, Caja Navarra, Cajamar, Cajasol, Canal de Isabel II, Celer Soluciones, Citi, Clear Channel España, Coca-Cola España, Compass Group, Contrapunto, Correos, Cuatrecasas Abogados, Deloitte, Deutsche Bank, DKV Seguros, El Corte Inglés, Ericsson, Ernst & Young, Euroconsult, Europa Press, Ferrovial, Ford España, FREMAP, Freshfields Bruckhaus Deringer, Garrigues, General Electric, Genetsis, GMP, Gómez Acbo & Pombo Abogados, Grupo Arturo, Grupo Banco Popular, Grupo Caser, Grupo Cortefiel, Grupo Eulen, Grupo Fundosa, Grupo Hospitalario Quirón, Grupo Inforpress, Grupo Joly, Grupo Konecta, Grupo Lar, Grupo Norte, Grupo Redur, Grupo Siro, Grupo SOS, Grupo Vips, Hewlett-Packard Española, HOSS Intropia, Iberdrola, Iberia, Ibermutuamur, IBM España, Inditex, ING Direct, Instituto de Crédito Oficial, JPMorgan Chase, JT International Iberia, KPMG, La Caixa, Laboratorios Inas, L'Oréal España, MAPFRE, McKinse & Company, Media Responsable, Merrill Lynch, Microsoft España, MRW, Mutua Intercomarcal, ONCE, Penteo ICT Analyst, PeopleMatters, Pérez-Llorca, Phillip Morris Spain, Phillips Ibérica, PricewaterhouseCoopers, Probuilding, Prosegur, Randstad, Red Eléctrica Corporación, Renfe, Repsol, Rochefarma, Sanitas, Schindler, Sol Meliá, Supermercados Sabeco, Telecinco, Telefónica, The Boston Consulting Group, The Royal Bank of Scotland, TNS, TNT, Unidad Editorial, Unilever España, Unión Fenosa, Uría Menéndez, USP Hospitales, Vocento, Vodafone, Willis Iberia.

[5] La Eugenesia ha estudiado atentamente, bajo un punto de vista biológico, reproductivo y evolutivo, hasta qué punto, en condiciones civilizadas, los peores elementos genéticos se reproducen mucho más deprisa que los mejores. Hay algo en las inercias de la civilización que mina sistemáticamente la fertilidad de los especímenes de élite y en cambio lanza a una reproducción descontrolada a los menos valiosos. Los ejemplos disgenésicos abundan en la historia:

- En la antigua Roma, la casta de los patricios prácticamente se autoexterminó en guerras de clanes increíblemente sañudas. Decía George Bernard Shaw que "los fuertes se destruyen entre sí y los débiles continúan viviendo". También los visigodos en España eran muy dados a esta ambición desmedida.

- La nobleza medieval solía constituir cuerpos de caballería con sus hombres jóvenes. Esta verdadera flor y nata genética consideraba una afrenta al honor cualquier tarea que no fuese cargar contra el enemigo en primera fila, misión obviamente muy peligrosa. Demasiado a menudo se olvida que, si bien la nobleza gozaba de muchos privilegios, era también la primera en dar la cara con las armas en la mano, lo que la hizo padecer una mortandad extrema. En la Batalla de Agincourt de 1415, la crema de la nobleza francesa fue masacrada por las flechas de los arqueros ingleses mientras sus caballos se empantanaban en el barro. En 1578, el cogollo de la nobleza portuguesa fue masacrado junto con muchos voluntarios europeos en Alcazarquivir (Ksar el-Kébir), actual Marruecos, tras enfrentarse a un ejército bereber dos veces más numeroso.

- Los templarios y otras órdenes monástico-militares de la Edad Media exigían el voto de castidad a sus hombres y, por tanto, condenaban sus genes privilegiados a la extinción, a la vez que se aprovechaban de ellos. Algo idéntico podemos decir de algunas sectas cristianas modernas muy interesadas en captar personas inteligentes y preparadas y forzarlas a hacer voto de castidad. Los templarios tenían prohibido siquiera tocar a una mujer, aunque fuese de su familia. En el Siglo XX, Escrivá de Balaguer consideraba que "el matrimonio es para la clase de tropa y no para el Estado Mayor de Cristo".

- En Japón, en las buenas familias existía la costumbre de suicidarse por honor y pudor. Una simple bronca de un padre, o ser derrotado en combate, podían bastar para poner fin a la vida de uno. La literatura oriental da fe de hasta qué punto se recurría al suicidio a la mínima. Esta costumbre, si bien proporcionaba un magnífico ejemplo de disciplina y control de la mente, era tremendamente perniciosa en términos evolutivos.

- En la España de la Edad Moderna, en pleno apogeo del Imperio, era común que las buenas familias ingresasen a sus hijas en un convento para no tener que repartir la herencia, para no pagar dote matrimonial y, ya de paso, para quitarse una boca del medio. Es difícil calcular la cantidad de genes españoles privilegiados y valiosísimos que languidecieron en conventos mientras otros se desangraban en Flandes o las Américas.

- Durante la conquista de América, era común que las facciones españolas, depositarias de un legado genético valiosísimo, rivalizasen entre ellas, asesinándose en conflictos fratricidas.

- En India fue muy común el infanticidio femenino entre las castas altas, debido al alto coste de casar a una hija.

- Las aristocracias han estado sujetas a matanzas periódicas relacionadas con intrigas políticas. En la masacre de Verden de 782, Carlomagno hizo ejecutar a 4.500 rebeldes sajones. En 1408, Segismundo de Hungría ejecutó a 200 bogomilos bosnios, la mayor parte de los cuales había luchado contra los turcos. Tanto la revolución francesa como la bolchevique se cebaron en la nobleza.

- Todas las guerras son eventos disgenésicos. En combate, sólo caen buenos elementos genéticos: hombres jóvenes en condiciones de combatir. Si bien desde la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de víctimas de una guerra son civiles, nunca se sobreestimará bastante el desastroso efecto disgenésico de conflictos armados del pasado, como la Guerra de los Treinta Años, las guerras napoleónicas, la Guerra de Secesión o ambas guerras mundiales. Europa en general ha sido el continente más belicoso de la Historia y, como tal, es el que ha sufrido más los efectos disgenésicos de tal belicosidad.

- En la actualidad es más común que un buen elemento genético dilapide su vida en un laboratorio que que se ejercite como hombre o como mujer y propague sus valiosos genes. El mundo de los subsidios, las paguitas sociales y las ONGs también muestra claramente ese apoyo incondicional a la reproducción de los peores, a costa del trabajo de los mejores. El mundo de la moda y de la noche también es altamente disgenésico, ya que atrae a buenos especímenes genéticos y los somete a un estilo de vida anti-fertilidad para extirpar de raíz el problema que sus úteros plantean a los globalistas.

- El comunismo también tuvo un efecto tremendamente disgenésico al exterminar las intelligentsias nacionales de países enteros. También el nacional-socialismo tuvo efectos disgenésicos sobre la población local de algunos países de Europa del Este, como Polonia, Bielorrusia, Ucrania o Rusia.

[6] Tertius Chandler, Four Thousand Years of Urban Growth: An Historical Census.

[7] Otros ejemplos::

"Migración desde el campo a la ciudad": 1) Los granjeros trabajan durante jornadas largas por una paga incierta. El dinero y la jornada laboral de ocho horas atraen a los hijos de los campesinos a las ciudades. 2) La migración fluye hacia las llanuras de los valles. 3) Un pueblo agricultor se convierte en una ciudad industrial. El gráfico muestra el porcentaje relativo de campesinos (verde) y población urbana (rosa) en 1880 y 1930.

"Migración desde el campo - La despoblación del Este": Bajo la legislación liberal de Hardenberg (1812), comenzó una gran migración campesina, desde el Este hacia el Oeste, que se incrementó enormemente por la industrialización de Alemania tras 1870. La sangre eslava fluyó hacia las despobladas regiones orientales.

"De un pueblo agricultor a uno urbano": 1) En 1880, una ciudad pequeña estaba rodeada por aldeas agrarias. En 1930, se había convertido en una ciudad grande, rodeada de ciudades pequeñas, y ya apenas quedaban campesinos. 2) En 1870, Alemania tenía dos granjeros por cada habitante urbano. En 1930, había cuatro habitantes urbanos por cada dos campesinos. En 1870, dos tercios de la población vivían en el campo. En 1930, la proporción se invirtió. 3) Los edificios de apartamentos son criaderos de la miseria. Son un suelo fértil para el bolchevismo. Sin suelo, aire malo, poca luz solar, enfermedades (tuberculosis), paro y hambre, miseria, degradación moral, alta mortandad.

[8] Dos libros de Walther Darré ilustran su pensamiento al respecto: "El campesinado, fuente vital de la raza nórdica" (1928) y "Nueva nobleza de sangre y suelo" (1934).

[9] El economista alemán —deliberadamente ignorado por la historiografía actual debido a sus heréticas teorías sobre el patrón-trabajo-riqueza y la abolición del interés del dinero y del dinero-deuda— acusaba una fuerte influencia de la escuela de geopolítica de Munich cuando afirmaba que los granjeros y la agricultura eran de importancia primordial para Alemania. En el "manifiesto oficial del partido" del 6 de Marzo de 1930, escribe que "Ante todo, es importante la colonización fronteriza en el Este. Pero ésta no puede ser efectuada únicamente mediante la creación de fincas rurales, sino a través del desarrollo de pueblos con poder adquisitivo en combinación con un reagrupamiento de los establecimientos industriales". Añadía más adelante que era necesario llevar al cabo una "renordización" racial del pueblo alemán.

[10] 137,6 mil millones de marcos-oro. Equivalía al cuádruple de las reservas totales de oro del mundo, o al total de los bienes alemanes en 1914. (La cifra no incluía las incautaciones de la flota mercante y de la Armada alemanas por parte de la Entente, las patentes robadas a Alemania, los 11 mil millones de marcos-oro correspondientes al valor de los activos alemanes confiscados en el extranjero, las centenares de fábricas desmanteladas por Francia, la desmilitarización de Renania, el Ruhr ocupado por tropas francesas coloniales tercermundistas, la pérdida de control por parte del Estado alemán de centros tan importantes como Essen, Dusseldorf, Colonia, Mainz o Dortmund, las colonias arrebatadas a Alemania, el saqueo de obras de arte, la declaración de repúblicas soviéticas en varias regiones alemanas y los conflictos armados que siguieron, etc.). Para hacernos una idea del expolio sin precedentes que la deuda de guerra suponía, recordemos que en 1871, Bismarck, le había impuesto a Francia una deuda 34 veces menor: 4 mil millones de marcos-oro. Francia pudo pagarla, con relativa comodidad y ayudada por los banqueros internacionales, en tres años. Irónicamente, Bismarck nunca pretendió haber hecho la guerra "por el derecho internacional", "por la libre navegación", "por la democracia", "por la libertad" ni "por la autodeterminación de los pueblos", sino que se limitó a responder a las hostilidades francesas y, a pesar de haber ocupado París (cosa que la Entente nunca llegó a hacer con Berlín), sus únicas ganancias territoriales consistieron en recuperar Alsacia y Lorena.

[11] Ihor Kamenetsky, "Lebensraum in Hitler's war plan: the theory and the Eastern European reality", American Journal of Economics and Sociology, Vol. 20, Nº3 (Abril 1961). Vejas Gabriel Liulevicius, "War land on the Eastern front: culture, national identity and German occupation in World War I", Cambridge University Press (2000).

[12] El fenómeno germánico de evitar las ciudades de territorio ocupado ya se había comprobado en la Primera Guerra Mundial. Cuando los británicos o alemanes ocupaban una ciudad, sus militares se establecían en casas de campo a las afueras. Cuando lo hacían los franceses, se solían instalar en el centro urbano.

[13] Sheskin y Dashefsky, 2008, citado en Race and Ethnic Relations: American and Global Perspectives.